sábado, 16 de junio de 2012

Las lunas de Barsoom

Hace unos meses fui a ver John Carter, una película basada en el Marte de fantasía imaginado por Edgar Rice Burroughs (sí, el creador de Tarzán) a principios del siglo XX. No es una buena película, pero no es eso lo que quiero comentar hoy. Quiero mencionar una barbaridad astronómica que me llamó la atención, y que es inaceptable aún en una historia fantástica donde hay perros extraterrestres que parece que tomaron Red Bull. Seré breve.

Las lunas de Barsoom

John Carter, de la Tierra, viaja mágicamente a Marte, cuyos habitantes llaman Barsoom. Marte, como sabemos desde la escuela primaria, tiene dos lunas: Fobos y Deimos (Temor y Terror, los hijos de Ares o Marte, dios de la guerra). Así que a nadie (imagino) le sorprende que en varias escenas se vean las dos lunas en el cielo. Lo que debería llamarle la atención a cualquiera es que, escena tras escena, noche tras noche, las dos lunas estén en el mismo lugar en el cielo, y ambas en la misma posición una con respecto a la otra. Eso es, para decirlo de una vez: ¡ridículo!

Las lunas de 1Q84

Poco antes había leído la más reciente novela de Haruki Murakami: 1Q84. En el mundo de 1Q84 también hay dos lunas: la Luna, la nuestra, y otra, más chiquita y verdosa. Y de nuevo lo mismo: los protagonistas las ven, noche tras noche, en el mismo lugar del cielo. Siempre la chiquita un poco abajo y a la derecha de la otra. Me daba bronca cada vez que lo leía. Estoy dispuesto a suspender mi incredulidad para enterarme de la crisálida de aire, pero no tolero que se violen así las leyes de Kepler.

Se me dirá que son historias fantásticas, y que no puedo pedir que valgan las leyes de Kepler si hay princesas en Marte y crisálidas de aire. No se me malentienda: soy un entusiasta de las historias fantásticas, desde las de calabazas que se convierten en carruajes hasta las de monstruos extraterrestres que se crían dentro de señoritas. Mientras la historia sea buena, la mala ciencia me preocupa poco. Aún así, puedo perfectamente trazar un límite. Hasta las historias fantásticas tienen que tener leyes. Y yo la línea la trazo ahí: en las leyes de Kepler. Dos lunas en órbita de un planeta, dos lunas cada una en su órbita, necesariamente se mueven a velocidades distintas. La más baja se mueve más rápido y la más alta se mueve más lento. Cualquiera diría que en el siglo XXI, cuatrocientos años después de Kepler, esto tendría que ser parte de la cultura general. En fin.

Las lunas de Marte

Para apoyar mi argumento, observen lo siguiente. Cien años después de Kepler, 50 después de Newton, el escritor satírico, ensayista, poeta y clérigo irlandés Jonathan Swift "inventó" dos lunas de Marte, que en su época no se conocían. En 1726, en los Viajes de Gulliver, relata el viaje del protagonista a Laputa (sin chistes, por favor), cuyos habitantes:
...han descubierto dos estrellas menores, o "satélites", que orbitan alrededor de Marte, de las cuales la más interior dista del centro del planeta exactamente tres de sus diámetros, y el más exterior cinco; el primero orbita en diez horas, y el segundo en veintiuna y media; de modo tal que los cuadrados de sus períodos están casi en la misma proporción que los cubos de sus distancias al centro de Marte, lo cual evidentemente muestra que los gobierna la misma ley de gravitación que influye a los otros cuerpos celestes.
Y esto, observesé, dicho por un hombre con una cultura astronómica modesta, comparable a la de un novelista japonés o la de un guionista de ciencia ficción, ojo. Sus lunas marcianas inventadas no sólo se mueven en sus órbitas a distintas velocidades (de modo que día tras día cambiarían sus posiciones en el cielo), ¡sino que cumplen las leyes del movimiento planetario de Kepler!

Fobos y Deimos

Bueno, pero aprovechemos para comentar algo más sobre las lunas de Marte. Su mención en la obra de Swift es una sorprendente curiosidad, porque Fobos y Deimos no fueron descubiertas sino hasta un siglo y medio después, en 1877. No sólo eso, sino que sus características orbitales son muy similares a las que habían observado los astrónomos de Laputa:

Marte. Radio: 3400 km, duración del día: 24.5 horas.

Fobos. Radio orbital: 9400 km, período orbital: 7.7 horas.

Deimos. Radio orbital: 23500 km, período orbital: 30.4 horas.

Nótese que los períodos orbitales son muy parecidos a los que da Swift, y que los tamaños de las órbitas son más o menos 3 y 5 veces el radio de Marte, en lugar de su diámetro. ¿Es, o no es, sorprendente?

Los movimientos de Fobos y Deimos en el cielo de Marte son muy distintos de los de nuestra Luna. Fobos va tan bajito, y se mueve tan rápido (en menos de un día marciano) que sale por el Oeste y se pone por el Este. Como la Estación Espacial Internacional en órbita de la Tierra, por ejemplo. ¡Y varias veces al día! Deimos no: sale por el Este y se pone por el Oeste, como nuestra Luna. Pero como está apenas por encima de las órbitas geoestacionarias (¿arestacionarias?) se mueve muy despacito, y tarda varios días en recorrer el cielo de horizonte a horizonte. En 2005 el robot Spirit, desde el cráter Gusev en Marte, sacó varias fotos de Fobos y Deimos en el cielo nocturno, que están montadas en esta peliculita. Fobos se ve como un tercio de nuestra Luna, y Deimos apenas como un punto brillante. El tiempo total es de menos de una hora. ¿Reconocen las estrellas que se ven detrás? Otra cosa: en esta animación las dos lunas parecen moverse para el mismo lado, ¡aparentemente contradiciendo lo que expliqué antes! ¿Por qué?

Hay notables excepciones al caso de dos lunas moviéndose a velocidades claramente distintas. Una de ellas son los troyanos, de los que ya hemos hablado acá. Otra excepción son lunas en la misma órbita (como Jano y Epimeteo en Saturno). Algún día contaré algo, pero hoy ya me extendí demasiado.

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3 comentarios:

  1. Un intento de respuesta a una de tus preguntas: La dos lunas giran en el mismo sentido, lo que hace que una salga por el oste y otra por el este, es su velocidad orbital.

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    1. Así es, Pedro. Las dos lunitas giran en el mismo sentido en sus órbitas. De manera que, con respecto a las estrellas, se las ve moverse a ambas en la misma dirección. Sólo se mueven en sentidos opuestos en relación a, digamos, el horizonte de Marte.

      ¡Gracias por los comentarios!

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  2. Genial el artículo. No todos los directores de cine iban a a ser como el director de Titanic que en su última versión ha puesto el cielo de verdad.
    Me llevo el artículo a nuestro programa de radio de www.unpuntoazul.com me parece como te digo, genial. Un saludo!!!

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