sábado, 16 de marzo de 2013

Tan lejos, tan cerca...

Un objeto cercano le agrega un poco de vértigo a una foto astronómica. Esta imagen del cometa Lemmon tomada desde el patio de mi suegro en Las Grutas no es mi mejor foto del verde astro (ver las de la semana pasada), pero sirve de ejemplo.

Arriba vemos la Nube Menor de Magallanes, una (pequeña) galaxia satélite de la Vía Láctea, a 200 mil años luz de nosotros. Sí: desde Las Grutas todavía se ven galaxias a simple vista. La integran algunos cientos de millones de estrellas que, naturalmente, en esta foto no se ven individualmente sino como una nubecita. Nubecula minor, para los astrónomos clasicistas.

Bien fuera del delgado disco de estrellas de nuestra galaxia, pero formando parte de nuestro halo, está el cúmulo estelar globular 47 Tucanae. Tiene denominación de estrella porque este bicho del espacio profundo se ve a simple vista como una estrellita. Pero ¡ah! a través de binoculares o telescopios se destaca como una de las joyas del cielo austral. Aprendan a encontrarlo, aún desde una ciudad. Está diez veces más cerca que la Nube, y tiene algunos millones de estrellas.

Las estrellas individuales de la foto están mucho más cerca. Marqué una, Beta Octantis (tiene un brillo similar al de 47 Tucanae en el cielo) que está 100 veces más cerca que el cúmulo, 150 años luz. Octans (el Octante, un instrumento astronómico de hace siglos) es una constelación tenue y desapercibida, cuyo único mérito es alojar el Polo Sur Celeste, alrededor del cual gira todo nuestro cielo diariamente.

Más, mucho más cerca, está el cometa Lemmon, de verde fama. Miembro de la lejana nube de cometas del sistema solar, nos visita en estos días tal vez por única vez. Acá lo vemos a apenas 150 millones de kilómetros, una distancia equivalente a la que nos separa del Sol. Ni hablar de años luz, claro está.

Y ahí nomás, a pocos metros de la lente, la parra que nos dio sombra y fruta en las vacaciones.

Y todos, galaxia, estrellas, cúmulos, nebulosas, planetas, cometas, plantas y la mar en coche hasta nosotros mismos, girando alrededor del centro de la Vía Láctea. Controla el vertiginoso periplo una misma fuerza, la misma que hace caer las uvas de la parra hace que giremos sin parar alrededor de Sagittarius A*. Vertiginoso y unificante.

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