sábado, 28 de junio de 2014

Luna gibosa et al.

La semana pasada mostré imágenes de la Luna gibosa creciente, y me entretuve comentando tres grandes cráteres, parecidos y diferentes: Tycho, Copérnico y Platón. Estos tres cráteres son los más notables de la región bien iluminada de esta Luna gibosa. Pero, como suele ocurrir, la iluminación rasante cerca de la línea que separa la noche del día (se llama terminador) siempre revela detalles interesantes del suelo lunar. Aquí está el recorte del terminador (rotado, con Tycho a la izquierda y Platón a la derecha). Observen a mitad de camino entre Platón y Copérnico, pero sobre el terminador. Un mar redondito con un gran cráter en sus costas:


Se trata del gran cráter Gassendi, que se planta sobre el borde de uno de los mares pequeños de la Luna, el Mar de los Humores (¿de las humedades?). Gassendi también es grande y muy antiguo, como Platón, y su fondo también está inundado de lava pero es más rugoso. El pico central, triple, sobrevivió a la inundación. El borde es muy irregular, y por momentos desaparece en el Mar mientras que en otros lados se alza a más de 2000 metros de altura. Tiene adosado, y parcialmente superpuesto, un cráter más chico que le da un aspecto de muñeco de nieve. La iluminación rasante muestra algo interesante en el Mar: largas y sinuosas líneas donde la lava aparece "arrugada". No es difícil imaginar por qué ocurre esto. Basta iluminar cualquier pared con una linterna de manera rasante, y se destacan hasta las mínimas irregularidades. Cerca del terminador lunar vemos que hasta las planicies aparentemente tan chatas de los mares tienen arrugas. El basalto se arrugó cuando la Luna se contrajo al enfriarse, igual que se arruga la corteza del pan cuando se enfría.

Y tengo un par de yapas. Durante la misma sesión, además de la Luna pude hacer un par de buenas imágenes de los planetas Saturno y Marte. Aquí está Saturno, que teníamos en esos días a algo menos de 9 unidades astronómicas de nosotros, brillando con magnitud 0, y abarcando casi 19 segundos más los anillos. Es prácticamente la condición más favorable para observar Saturno desde la Tierra, cuando se encuentra en la dirección opuesta al Sol, en su máximo acercamiento a nuestro planeta. Los anillos se encuentran en esta ocasión bien desplegados hacia nosotros. Podemos ver claramente que hay un anillo interior más brillante (el anillo B), rodeado de otro menos brillante (el anillo A). Se llega a distinguir que entre ambos hay un espacio todavía más oscuro: es la División de Cassini, una región casi libre de anillos. Allí donde el sistema de anillos pasa delante del planeta, vemos también una delgada línea oscura: es la sombra de los anillos (a 7000 km de altura) sobre el planeta. No podemos ver la sombra del planeta sobre los anillos porque el Sol está exactamente a nuestras espaldas, así que esa sombra queda detrás del planeta. Finalmente, se distingue una banda de nubes marroncitas separando las regiones ecuatoriales (más amarillas) de las polares (con un tinte verduzco). Muchos, muchísimos más detalles, por supuesto, se ven desde cerca, tal como comentamos hace algún tiempo. Y también en fotos de aficionados que tienen equipos similares al mío pero mejores cielos... 

Por último, aquí está Marte, también cerca de su máxima aproximación del año. A pesar de encontrarse muchísimo más cerca que Saturno (0.7 unidades astronómicas) abarca menos de 14", menos que el gigante anillado. Marte es una gran decepción para muchos aficionados principiantes que se frustran tratando de ver su superficie a través de un pequeño telescopio. La técnica de apilado de los fotogramas de un video, sin embargo, deja ver sorprendentes detalles de su geografía. Debo decir que no es éste el caso. ¡Justo Marte nos mostraba su cara más aburrida! pero bueno, algo se ve. El puntito blanco de arriba a la izquierda son los hielos del casquete polar norte. A la derecha del disco del planeta también se ve una manchita blanquecina, más grande y más difusa que el hielo. Son nubes cubriendo la región del pantagruélico Valle del Mariner. La inmensa meseta de Tharsis, coronada por los tres volcanes gigantes: Arsia, Pavonis y Ascraeus, está en el borde de estas nubes. Y el descomunal Monte Olympo, de 600 km de ancho y 22 de altura, está justo en el centro del planeta. Por supuesto no podemos ver ninguna de estas formaciones. Apenas se ven unas regiones más oscuras (una cerca del borde derecho, otra entre las nubes y el hielo), pero no estoy muy seguro de qué son. El simulacro hecho con Celestia muestra exactamente la vista de esa noche (sin las nubes, claro).

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