sábado, 9 de mayo de 2015

Campo del Cielo

Los pueblos qom, mocoví y otros habitantes ancestrales del Gran Chaco tienen un mito de tipo apocalíptico sobre una lluvia de fuego. En el siglo XVIII el jesuita José Guevara lo relata así:
“Segunda vez cayó el sol [...] Entonces fue cuando por todas partes corrieron inundaciones de fuego, y llamas que todo lo abrasaron y consumieron; árboles, plantas, animales y hombres. Pocos mocobis, por repararse de los incendios, se abismaron en los ríos y lagunas, y se convirtieron en capiguarás y caimanes. Dos de ellos, marido y mujer, buscaron asilo en un altísimo árbol, desde donde miraron correr ríos de fuego que inundaban la superficie de la tierra; pero impensadamente se arrebató para arriba una llamarada que les chamuscó la cara y convirtió en monos...”

El evento habría ocurrido en la región que hoy, apropiadamente, se llama Campo del Cielo, en la frontera entre las provincias de Chaco y Santiago del Estero. Es casi seguro que el mito se refiere a la caída de un gran meteoro hace unos 4000 años. Sus restos son los conocidos meteoritos de Campo del Cielo. Se han hallado miles, totalizando unas cien toneladas: más que de cualquier otra caída conocida. El fragmento más grande es El Chaco, que con sus 33 toneladas es el segundo más pesado del mundo. Y es posible que haya todavía no descubiertos muchos meteoritos grandes y hasta enormes.

En la entrada del Planetario de Buenos Aires hay varios grandes meteoritos de Campo del Cielo. Uno de ellos es éste, llamado La Perdida. Es increíblemente pesado, como puede comprobarse fácilmente tratando de moverlo. No lo lograrán.

Hay algo mágico en tocar un meteorito. Aunque sean un pedazo de roca o de metal, los hace especiales el hecho de que hayan sido planetitas surcando por su cuenta el espacio interplanetario, hasta que la Tierra se los llevó por delante y acabaron en segundos su milenaria vida de vagabundos. Afortunadamente son inmunes al tacto humano, así que los meteoritos en exhibición casi siempre se pueden tocar a piacere.

Los meteoritos de Campo del Cielo son tantos, y se los conoce desde hace tantos siglos, que hay muchos en los museos del mundo. Éste, llamado Otumpa, está en el Museo Británico. He leído que un gran meteorito, de una tonelada, fue trasladado al Fuerte de Buenos Aires a principio del siglo XIX, y que las tropas inglesas se lo robaron durante la primera invasión. Pero creo que no es éste, que aparentemente fue donado al Museo algún tiempo después. También por esos años otro meteorito de un par de toneladas fue fundido para hacer armas para la Guerra de Independencia, y Manuel Belgrano recibió de regalo una pistola meteorítica. Ignoro si estará en el Museo Histórico Nacional, o si habrá sido robada junto con el reloj de oro que le regaló el Rey de Inglaterra, y que Manuel usó para pagar los honorarios de su médico en sus últimos días, al deberle el Gobierno de Buenos Aires muchos meses de sueldo.

En la Argentina está prohibido remover meteoritos sin autorización, y completamente prohibido comercializarlos o llevárselos del país. En otros países no está prohibido y se los vende para coleccionar. Así que en el Museo Británico aproveché para comprar mi propio meteorito de Campo del Cielo. Lo repatrié, podríamos decir, aunque el concepto de patria aplicado a un pedazo de asteroide es por lo menos dudoso. Acá está. Es una de las llamadas chispas, una de las "gotas del sudor del Sol" del mito qom, que se esparcieron por el Campo cuando el meteoro explotó. Debe haber cientos de miles, millones, mezcladas con el suelo del monte chaqueño.

El 95% de los meteoritos son rocosos. Apenas un 5% son de puro metal, hierro y níquel, como los de Campo del Cielo. Son los metales pesados que forman el núcleo de la Tierra. ¿Qué conexión hay entre estos raros objetos metálicos que vienen del espacio exterior y el núcleo del planeta, oculto bajo miles de kilómetros de roca y manto de minerales livianos? La conexión está en los orígenes del sistema solar. Durante las etapas iniciales de formación planetaria (apenas unos millones de años), en lugar de unos pocos planetas grandes había muchísimos objetos similares a los actuales asteroides (que son sobrevivientes de esa época). Los minerales y las rocas empezaron a formarse por reacciones químicas cuando estos objetos eran muy pequeños, y fueron transformándose a medida que crecían pegoteándose y se despedazaban al chocar unos con otros. A la larga los elementos más pesados fueron pasando al interior de los cuerpos más grandes. Hoy en día un buen ejemplo es el asteroide Vesta, que con sus 500 km de diámetro es como un planetita de tipo terrestre en miniatura: tiene un núcleo metálico y un manto de roca. Algunos de esos asteroides con núcleo metálico fueron despojados de la roca por colisiones posteriores y, con el tiempo, algunos de ellos acaban cayendo a la Tierra. Lo que tengo en mis manos es el núcleo desnudo de un protoplaneta.

El primer hierro usado por la humanidad (no mucho antes de la caída de Campo del Cielo, hay que decir) es de origen meteorítico. Sólo mucho después se empezaron a explotar vetas metálicas en minas subterráneas. La palabra siderurgia (la industria del acero) no por casualidad suena como "sideral", tal como ya hemos comentado...


La primera foto (del meteorito El Chaco) es de Edgardo Scheihing (CC-BY). Las otras son mías. Hay algo raro en llamar "meteorito", que suena a diminutivo, a una piedra del tamaño de El Chaco, ¿no?

La obra de Guevara se llama Historia del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán. Se la encuentra en la web googleando el título. Hay una nota sobre los mitos de Campo del Cielo en Ciencia Hoy, abril-mayo de 2002.

Una nota en Cielo Sur relata que la pistola de Belgrano se fabricó con parte del meteorito Otumpa. Si miran la foto de Otumpa, verán que le falta un extremo, que parece recortado (donde está el cartel). Puede ser. Pero también es una práctica habitual recortar un pedazo para exponer y poder estudiar los minerales que no se calcinaron durante el ingreso atmosférico, y también compartirlo con otras instituciones.

Una nota en Aire Libre sostiene que las únicas pistolas que se conservan de Belgrano son un par de fabricación inglesa, subastadas en 2006. La de hierro meteorítico, si bien documentada, está perdida.

Campo del Cielo es un lugar que me gustaría visitar y recorrer y, quién sabe, descubrir un meteorito gigante a la sombra de un quebracho...

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