sábado, 12 de marzo de 2016

Orión de pies a cabeza

No puede terminar el verano sin que le dediquemos al menos una noche a Orión. Pero no el arquero de Boca: me refiero a la constelación de Orión, el Cazador.

Orión es la constelación paradigmática del verano en nuestras latitudes australes. Todavía durante todo marzo, abril y también mayo, podremos verlo sobre el cielo del noroeste al caer la noche. A medida que pasen los días estará cada vez más cerca del horizonte y más acostado, como un arquero volando al poste. Es una constelación muy grande y una de las más fáciles de reconocer. Inclusive el observador ocasional del cielo sabe identificar a las Tres Marías, que forman el cinturón de la figura humana estilizada del personaje mitológico. Las rodean cuatro estrellas brillantes, que representan sus hombros y piernas. Una de ellas es de un color notablemente anaranjado: es Betelgeuse, el hombro derecho. En el vértice opuesto está Rigel, la pierna izquierda, de un color completamente distinto. La figura, claro, está patas arriba porque la vemos desde el hemisferio opuesto a donde vivían quienes la imaginaron por primera vez, hace miles de años.

En el mes de febrero hice esta foto de Orión poniéndose detrás de las torres del cerro Catedral. La Luna acababa de salir a mis espaldas e ilumina el paisaje.


A un lado del Cinturón ("colgando", en la representación tradicional) hay otro grupito de tres estrellas, mucho menores y más compacto que las Tres Marías. Es la daga del cazador. A simple vista parecen tres estrellas, pero cualquiera que las observe a través de binoculares o telescopio se deslumbrará con un complejo sistema de nebulosas y apretados racimos de muchísimas estrellas. La nebulosa mayor, en el centro de la Daga, es la Gran Nebulosa de Orión, un vivero de estrellas jovencísimas que, con su intensa radiación, hacen brillar la nube de gas de la que nacieron. El año pasado escribí una nota sobre la Daga en el blog. Y también hay una nota sobre sobre la Nebulosa.

Toda la constelación, en realidad, forma parte de un inmenso complejo de gas brillante, polvo oscuro y estrellas llamado Complejo Molecular de Orión, una gran región de formación estelar distante unos 1500 años luz de nosotros. En esta foto de Orión en primer plano que hice en el Anfiteatro del río Limay pueden verse varias de las nebulosidades, que anoté en una copia de la imagen que se encuentra debajo. Inclusive algunas imposibles de observar a ojo en el telescopio, como el Bucle de Barnard, la serpenteante nebulosa oscura B36, o la pequeñísima Cabeza de Caballo. ¡Descarguen la foto a resolución completa para poder verla donde está señalada!



Como en todas las regiones de intensa formación estelar, el nacimiento, la vida y la muerte de las estrellas se despliegan ante nuestros ojos. En el centro de la Gran Nebulosa (y responsable en gran medida de su brillo), hay una extraordinaria estrella múltiple llamada popularmente el Trapecio. Son estrellas bebé, nacidas hace apenas 300 mil años de la misma nebulosa que hoy iluminan.

En cambio Bellatrix (el hombro izquierdo), con sus 8 masas solares viene fusionando hidrógeno desde hace 20 millones de años. Es todavía una estrella joven. Pero Mintaka (la María de la derecha izquierda (gracias, Diego Galperin), cuando miramos al Norte), 24 veces más pesada que el Sol, con sus 3 millones de años ya tiene una edad avanzada. Es que la evolución de las estrellas está determinada casi exclusivamente por su masa: las más pesadas brillan más ferozmente, envejecen rápido, y terminan sus vidas de manera violenta.

Rigel y Betelgeuse están cerca de ese final. Ambas son supergigantes, una azul y la otra roja. Rigel ha agotado el hidrógeno en su núcleo. Betelgeuse incluso ya ha comenzado a transmutar helio en carbono y oxígeno. En un millón de años Betelgeuse, dos o tres millones Rigel, explotarán como supernovas dispersando los átomos que forjaron. Materia enriquecida que acabará formando parte de futuras nebulosas oscuras o brillantes, y de las que nacerán nuevas estrellas y planetas en sucesivas generaciones estelares. Nuestro Sol, nuestro planeta y nuestros propios átomos son un eslabón en este reciclado permanente de materia en la galaxia.

Cuando Orión se pone en el horizonte occidental, cada noche más temprano a medida que avanza el otoño, por el Este se alza Escorpio, su eterno enemigo mitológico. Así como Orión es nuestra constelación del verano, Escorpio es la más representativa del invierno. Ya nos ocuparemos de ella.

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5 comentarios:

  1. Amazing and perfect! Like the all Universe <3

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  2. Gracias por acercarnos a esta belleza de la pasarela de la noche Guillermo ...!!!...inmejorable toma desde tan majestuoso anfiteatro Catedral...!!! ...felicitaciones y abrazo cósmico...!!!

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  3. Que lindas cosas que nos contás. Cada vez que leo tus notas me apasiono más por la astronomía.
    Gracias.
    Saludos desde Rosario.

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