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17/03/2012

Twinkle, twinkle, little star

Todo el mundo sabe que las estrellas titilan. Mucha gente, además, sabe que los planetas no titilan, y saben usar este hecho para identificar los planetas en el cielo nocturno.

Desde hace algunas semanas se puede ver el planeta Saturno cercano a la estrella Spica, la Espiga en manos de Virgo, alrededor de la medianoche en el cielo del Este. No están muuuuy cerca, pero lo suficiente para llamar la atención. Ambos brillan con la misma magnitud, así que aproveché para sacar una foto demostrando esta cuestión de titilar vs. no titilar.

Contradiciendo toda la explicación de la semana pasada acerca de la importancia de seguir con toda precisión el movimiento del cielo, he aquí una foto astronómica tomada con la cámara en la mano, sin preocuparme en absoluto de mantenerla estable. Más bien todo lo contrario. Con el teleobjetivo de 100 mm ambos, el planeta y la estrella, caben juntos en la misma foto. Por el temblor de la cámara ambos dejaron exactamente las mismas trazas caóticas. Aquí las muestro juntitas (aunque en el fotograma estaban más separadas, las acerqué para no desperdiciar el espacio negro en medio). Guau. ¿Qué es lo que salió?

Lo que vemos es, justamente, el titilar de la estrella y el no titilar del planeta. Como la exposición es larga (6 segundos), a medida que pasa el tiempo la imagen de la estrella se mueve por la foto. Así que vemos sus cambios temporales de brillo (¡y de color!) extendidos a lo largo de la traza. La imagen de Saturno hace el mismo recorrido, pero su brillo se mantiene prácticamente constante y no cambia de color. Para los detallistas: con la cámara en la mano, la velocidad de la imagen a lo largo de la traza no es constante, y por eso algunos rulos de la traza de Saturno se ven un poco más brillantes que otros, porque están más expuestos. Pero claramente el efecto es distinto en la estrella que en el planeta. La estrella titila, el planeta no.

¿Por qué titilan las estrellas y los planetas no? 

Es un fenómeno conocido desde la Antigüedad, y durante siglos se creyó que era una ilusión óptica. Aristóteles en su libro Sobre el Cielo decía que los planetas no titilan porque están cerca y nuestra visión los alcanza sin problema, mientras que las estrellas están muy lejos y la vista flaquea para alcanzarlas. Recuerden que se pensaba, incorrectamente, que la visión funcionaba al revés del verdadero mecanismo, con "algo" que salía de los ojos a "tantear" el objeto observado. Análogo al tacto, pero con dedos invisibles. Qué raro, ¿no?

El primero en sostener que no era una ilusión sino un verdadero fenómeno fue Kepler, cuándo no. Y fue Newton quien lo explicó correctamente en su tratado de Óptica. Newton dice que la causa del titilar de las estrellas es el temblor del aire. Y que para poner un telescopio, lo mejor sería ponerlo en una montaña alta (como se hace hoy en día, pero que se empezó a hacer recién a fines del siglo XIX, por razones logísticas). Nada dice sobre los planetas.

¿Y cuál es el mecanismo? 

Los rayos de luz que vienen de las estrellas viajan casi inalterados por el vacío interestelar durante milenios. Y de golpe, en el último centésimo de segundo de su largo viaje, tienen que atravesar la delgada capa de aire que nos mantiene vivos. El aire, aunque tenue, refracta la luz como si se tratara de una lente. En la atmósfera hay regiones de distinta temperatura y densidad, que refractan la luz un poco más o menos que otras. Estas celdas, que tienen unos pocos centímetros de ancho, se mueven para un lado y para otro de manera turbulenta, interceptando nuestra línea visual. Cuando la refracción aleja el rayo de luz de nuestra pupila la intensidad disminuye. Cuando lo acerca, el brillo aumenta. Nuestro ojo no alcanza a detectar el movimiento de la estrella para un lado y para otro. Pero mirando a través de un telescopio con mucho aumento se puede ver a la estrella bailando de lo lindo, y muy deformada (como en esta imagen de ε Aquilae). Hoy en día existen sistemas electrónicos capaces de compensar en tiempo real estas deformaciones. O si no, se pone el telescopio directamente por encima de la atmósfera, en órbita terrestre.

¿Y los colores iridiscentes? 

Resulta que cada color que compone la luz se refracta en un ángulo ligeramente distinto. Entonces, de la misma manera que un vidrio dispersa la luz en colores, la refracción en el aire también separa los colores de la luz estelar. Así que vemos no sólo cambios de intensidad sino de color. Cuando la estrella es muy brillante, y cuando está muy baja en el cielo, el efecto puede ser impresionante, y más de uno lo confunde con un OVNI de luces multicolores. Especialmente si van en auto, cuando las estrellas parecen "seguirnos" por falta de paralaje. A propósito, en un par de libros del siglo XIX encontré la observación, hecha por el famoso astrónomo francés François Arago, de que algunos pueblos árabes llamaban a Sirio, la estrella más brillante, Barakesch, que significaría "la estrellas de mil colores", probablemente aludiendo al titilar multicolor que aquí hemos demostrado fotográficamente. ¿Hay algún lector que sepa árabe por aquí?

¿Y por qué los planetas no titilan? 

Resulta que, aunque a simple vista tanto estrellas como planetas se ven como puntitos de luz, los planetas son mucho más grandes. Más grandes en el cielo, quiero decir; en realidad son más chicos que las estrellas, pero se ven más grandes porque están muchíiiiiisimo más cerca. Por eso, a través de un telescopio, un planeta se ve como un disquito pero una estrella se sigue viendo como un punto. Ese tamaño extendido de los planetas en el cielo es suficiente para "promediar" la refracción, ya que el movimiento de los rayos es menor que el tamaño del disco, eliminando en su mayor parte el titilar.

¿En serio? ¡Pero los planetas se ven tan chiquitos!

¡ALERTA! ¡SE APROXIMA UNA CUENTA! Si Ud. es matematicofóbico puede adelantarse hasta el último párrafo, que empieza "Es  decir".

Bueno, hagamos una cuenta sencilla, apelando a los triángulos semejantes que aprendimos en la escuela secundaria. Los rayos de luz que vienen de la estrella o planeta y que entran por la pupila forman un cono, que se va abriendo muy ligeramente a medida que nos alejamos del ojo. Queremos calcular el ancho del cono en la región más turbulenta de la atmósfera, típicamente a 12 km de altura, donde están las "celdas" de aire que distorsionan la luz y que miden unos 10 cm de ancho. Miren este dibujo, que representa los rayos de luz que entran por la retina y forman la imagen de la estrella o planeta (ojo, no está a escala, claro, si no no se ve nada). Los triángulos que nos interesan son los que se ven marcados con colores. Uno tiene su base en la fuente de luz, otro a 12 km de altura, y otro en la pupila (pongamos a = 5 mm). Los otros lados coinciden, de manera que coincide el ángulo inferior. Así que son triángulos semejantes y sus partes correspondientes son proporcionales. ¿OK? ¿Cómo que no? Es como en el Teorema de Tales, de Les Luthiers...

Lo que digo es que el cociente entre, por ejemplo, las bases, es igual al cociente entre, por ejemplo, los lados. Es decir:

b / a = (d+e) / d      (ecuación 1)

Y también:

c / a = (d+e+f) / d      (ecuación 2)

Estas son dos ecuaciones con dos incógnitas, b y d. Aunque d no nos interesa y b sí tenemos que despejar las dos. Empecemos por la ecuación 2, que tiene una sola de las incógnitas, la d. Primero pasamos la d, de abajo a la derecha a arriba a la izquierda:

(c/a) d = d+e+f

De aquí es sencillo depejar d:

d = (e+f) / (c/a - 1) = (e+f) a / (c-a)   (acomodando el denominador)

Antes de poner este valor de d en la ecuación 1 observemos lo siguiente. La distancia astronómica f es mucho mayor que la altura atmosférica e. Así que en la suma (e+f) no perdemos prácticamente nada si dejamos sólo f. Del mismo modo, el tamaño de la estrella o planeta, c, es enorme comparado con el diámetro de la pupila, a. Así que en la resta (c-a) podemos dejar alegremente c. Así hacemos las cuentas los físicos, porque somos muy vagos. La verdad es que queda mucho más fácil:

d = f a / c

Ahora podemos poner este valor de d en la ecuación 1 (el primer paso distribuye el denominador d):

b/a = (d+e)/d = 1+ e/d = 1 + (e c) / (f a)

Pasando a del denominador del lado izquierdo al numerador del lado derecho y simplificando: b = a + e c /f. Éste es el resultado importante. Notemos que el ancho del haz en la alta atmósfera es igual al tamaño de la pupila más algo. Es decir, el haz de luz se ensancha hacia arriba, como esperábamos. Good. ¿Cuánto se ensancha? Depende de e, c y f. Veamos Spica y Saturno. Hay que poner todo en las mismas unidades.

Para Spica:

c = 7 diámetros solares = 9.7×109 metros
f = 260 años luz = 2.46×1018 metros

Obtenemos: b = 5.05 mm (apenas más grande que la pupila: como la estrella está tan lejos, el cono de luz se va abriendo muuuuy ligeramente; ésta es la clave del fenómeno).

Para Saturno:

c = 1.14×108 metros
f = 9 unidades astronómicas = 1.32×1012 metros

Obtenemos: b = 1 metro y monedas (abarcando varias celdas de aire).

Es decir, mientras el haz de rayos de Spica es mucho más angosto que una típica celda de turbulencia, el haz de rayos de Saturno es mucho más ancho, así que aunque bailen las celdas en su interior casi no afecta la luz total que llega a la pupila y forma la imagen. De todos modos, si el aire es muy turbulento (cosa que suele ocurrir en Bariloche por efecto de la Jet Stream) hasta los planetas pueden titilar.

PS: En 2014 hice algo similar con Marte y Antares: Ares vs Anti-Ares.


Notas varias

Hace como un año salió una foto como ésta en la APOD. El tipo la sacó colgando la cámara de un elástico, me parece, así que le quedó una linda figura de Lissajous. Con la cámara en la mano es más fácil, pero habría que probar...

Libros antiguos con la referencia de Arago: Curiosities of science, past and present: a book for old and young, de John Timbs, y: Arts and sciences: or, Fourth division of "The English encyclopedia", v. 8, editada por Charles Knight.

Cita de Newton: For the Air through which we look upon the Stars, is in a perpetual Tremor; as may be seen by the tremulous Motion of Shadows cast from high Towers, and by the twinkling of the fix’d Stars. [...] The only Remedy is a most serene and quiet Air, such as may perhaps be found on the tops of the highest Mountains above the grosser Clouds.

¡Ah, Google Books!

El título de la nota hace referencia a una canción de cuna en inglés, que empieza:
Twinkle, twinkle, little star,
How I wonder what you are.
Y que lleva una música tradicional muy conocida porque Mozart escribió unas famosas variaciones para piano (KV 265), que todo el mundo sabe tocar con un dedo: do do sol sol la la soool... fa fa mi mi re re dooo...

La canción sigue:
Up above the world so high,
Like a diamond in the sky.
Un diamante, que brilla con luces multicolores como una estrella titilando. Como Lucy in the sky with diamonds, también. Es un tema recurrente en la cultura, como se ve. Si no recuerdo mal, Tycho Brahe comparó su Stella Nova con un diamante, también.

Los astrónomos se refieren al titilar como seeing, y lo miden en segundos de arco correspondientes al diámetro de la imagen de la estrella. Hay otros factores que afectan el seeing, tales como la transparencia del aire, el brillo del cielo, etc. Hay un artículo de nuestro propio Gaviola sobre el tema: On seeing, fine structure of stellar images, and inversion layer spectra, Enrique Gaviola, Astr. Jour. 54, 155 (1949).

La imagen de la estrella a través del telescopio está basada en una de Wikipedia, autor Rnt20. La foto de Saturno y Spica es mía mía mía. Si la quieren usar, me la tienen que pedir.

30/01/2021

Sirio en technicolor

Sirio, la destellante, la abrasadora, es la estrella más brillante del cielo nocturno. Domina espléndida las noches sin luna del verano austral y del invierno boreal. Es casi 10 veces más luminosa que una estrella estándar de primera magnitud. A través de un telescopio Sirio es extraordinariamente brillante, de un color blanco con un tinte azulado. Sin embargo, precisamente por ser una estrella tan brillante, su titilar es particularmente colorido. El efecto es especialmente notable cuando la estrella se encuentra cerca del horizonte, y es posible que este efecto sea el origen de los nombres que cité al principio, que vienen de la antigüedad clásica.

Estas imágenes fueron hechas con un zoom (zoom es un tipo de lente, no una videoconferencia) de 270 mm, con Sirio apenas sobre el horizonte oriental al caer la noche a fines de octubre. Son fotos rápidas, de 1/500 s, tratando de capturar el fugaz cambio de colores. Los puntitos blancos son ruido de la fotografía digital, que está apenas procesada para armar esta animación que muestra a la estrella elevándose sobre el horizonte. En esta versión fui dejando las imágenes anteriores. Me encanta el desordenado arcoiris que se produce. 

Hice también una versión desenfocada, porque a veces los colores de las estrellas se ven mejor fuera de foco. La verdad que en este caso el resultado no es mucho mejor, hasta diría que es peor, tal vez porque Sirio es tan brillante. O porque son exposiciones mucho más lentas, de medio segundo, para capturar la imagen extendida de la estrella, y el efecto se borronea porque es dinámico. Aquí está:

Hay que aclarar que estos colores son un fenómeno puramente atmosférico. Los verdaderos colores de las estrellas corresponden principalmente a sus temperaturas, siendo más azules las más calientes y más rojas las menos calientes (para horror de las profesoras de Plástica). Normalmente las estrellas tienen un color definido que no cambia sino en cientos o miles de millones de años a medida que la estrella vive su vida. Los colores fluctuantes de Sirio, en cambio, se deben a su tembloroso titilar, un fenómeno que ya hemos explicado hace años. Se origina en celdas de distinta densidad de aire, que funcionan como una pila de prismas dispersando la luz de manera desigual. Los fotones de Sirio recorren todos juntos los 8 y pico años que tardan en llegar a la Tierra, y en el último diezmilésimo de segundo se encuentran con nuestra turbulenta atmósfera y se vuelven locos. 

El nombre de Sirio viene del latín Sirius, y éste del griego Seirios, que además de ser el nombre de la estrella (y del perro de Orión), significa destellante o algo así. Su primera aparición en el cielo del amanecer es muy cercana al solsticio de verano del hemisferio norte, y está asociada a los días de máximo calor, la canícula. En muchas culturas Sirio marca momentos importantes del año, relacionados principalmente con la agricultura. Hesíodo la menciona tres veces en Los Trabajos y los Días, registrando en el siglo VII AEC su primera aparición escrita. El artículo de la Wikipedia en español incluso dice que Hesíodo califica a Sirio como poikilos, que vendría a ser manchada, o variegada, o también de varios colores. He revisado la obra en español, en inglés y en griego, y la expresión no aparece en ningún lado. Si alguien sabe qué quisieron decir, avise. La cita es de un libro de Comellas, que no tengo.

Mientras tanto, aprovechen para observar a Sirio, que dura todo el verano. 



Como de costumbre, revisé el Burnham's Celestial Handbook al escribir esta nota. Las fotos son mías.

13/12/2014

Ares vs Antiares

Ares, el dios tracio, es amante de la batalla por el puro placer de la lucha. Su sed de sangre es insaciable. Su antagonista es Atenea, la diosa sabia asociada a la "guerra justa". Aunque a veces Ares resulta humillado, o toma el lado de los perdedores, a él no le importa: mientras haya violencia y horror la pasa bien. En el relato homérico, por ejemplo, Atenea tomó el partido de los aqueos, los vencedores, mientras que Ares protegió a los troyanos.

En el panteón romano Ares es Marte, y goza de un lugar más digno (claro, es el padre de Rómulo y Remo). Ambos dioses fueron asociados, desde tiempos muy antiguos, con la estrella vagabunda roja y ardiente: el planeta Marte. Y, en el cielo, el planeta también tiene una rival: la estrella roja que marca el corazón del Escorpión, Antares, anti-Ares. En septiembre pasado tuvo lugar un nuevo encuentro de esta milenaria batalla.

Sus recurrentes encuentros son siempre encantadores. Antares es una de las estrellas más brillantes, y como su color anaranjado es casi idéntico al del planeta, tradicionalmente es una de las conjunciones más esperadas. Además es una buena oportunidad para fotografiar ambos a la vez e ilustrar uno de los hechos más notables de las estrellas y los planetas tal como los vemos a ojo desnudo en el cielo: las estrellas titilan, los planetas no. 

Para hacerlo basta esperar que el planeta y la estrella se encuentren suficientemente cerca como para poder fotografiarlos a ambos a la vez con un teleobjetivo. Y entonces hay que hacer exactamente lo contrario de lo que uno hace habitualmente en la fotografía astronómica: ¡hay que sacudir la cámara! El resultado es, para cada estrella o planeta, una traza luminosa siguiendo el movimiento de la cámara. El tiempo queda congelado en esta breve trayectoria, de modo que podemos ver las variaciones de brillo a lo largo de las trazas. Como los planetas no titilan sus trazas son nítidas y constantes. En cambio las estrellas producen trazas de brillo y color cambiante.

Tomé estas fotos el 26 de septiembre, con Marte y Antares separados por apenas 3°. Sostuve la cámara en la mano para una exposición de 1 segundo. En lugar de esforzarme para mantenerla quieta la hice oscilar para acá y para allá. En las fotos vemos, además de Marte y Antares, la estrella de tercera magnitud Sigma (σ) Scorpii, una estrella azul que titila todavía más que Antares. En la foto de aquí arriba las acomodé una encima de otra. En la de abajo las vemos tal como aparecían en el cielo.



Hace un par de años hice algo similar con Saturno y la estrella Spica, también ambos de brillo similar como Marte y Antares, pero de colores muy contrastantes. Ya las he mostrado, pero el resultado me gusta tanto que reproduzco aquí la foto. Spica, que es una estrella azul, se ve cambiando de color como loca. En Antares el efecto no es tan notable. No sé si fue una casualidad de ese día (el titilar depende de la turbulencia de la atmósfera, de modo que cambia noche a noche), o si las estrellas rojas simplemente titilan menos. Habrá que seguir probando.

19/12/2020

Sorpresas del Gran Eclipse Patagónico

El Gran Eclipse Patagónico fue de una preciosura inigualable. A pesar del viento de 60 km/h, y de varias dificultades de hardware y software, el setup fotográfico funcionó razonablemente bien y me permitió disfrutar de la observación mientras las fotos se hacían casi solas. Como me pedí toda la semana de vacaciones me la pasé revisándolas, procesando y seleccionando imágenes para revivir y reforzar el recuerdo del evento, y para mostrarlas aquí.

Me salteo la aburrida fase parcial (la de los anteojitos), durante la cual vimos la silueta de la Luna cubriendo la cara de un Sol sin manchas. Justo antes del eclipse total mucha gente vio luces y sombras danzantes, que alguien me describió como "la sombra del viento". Se trata del mismo fenómeno del titilar de las estrellas, pero mucho más brillante (googleen shadow bands). Inmediatamente después, el anillo de diamante:

El "diamante" es el último pedacito de fotósfera, la superficie brillante del Sol, mientras alrededor de la silueta de la Luna ya se empieza a ver la corona, que es la dinámica atmósfera solar.

Como la Luna no es una esfera lisa, sino que tiene montañas y valles, antes de desaparecer la luz de la fotósfera se desgrana brillando por los valles lunares, y vemos unas perlas o cuentas de Baily engarzadas al anillo de la corona:

Al terminar la fase total, por supuesto, ambos fenómenos vuelven a verse, invertidos. Y distintos, porque el relieve lunar es diverso. Y lo mismo ocurre en cada eclipse, de manera que hoy en día algunos aficionados eligen el sitio de observación basado en cómo se verán estas perlas de luz, ya que conocemos el relieve lunar con enorme precisión y podemos predecirlas con exactitud.

En la foto, a ambos lados de las cuentas de Baily, ya vemos las grandes prominencias rojas, que son parte de la cromósfera. Se las veía perfectamente a simple vista, y eran gloriosas en los binoculares.


Las prominencias fueron una de las grandes diferencias con el eclipse del año pasado, ya que fueron numerosas, enormes (mayores que la Tierra entera) y todo alrededor de la silueta lunar.

Aunque parecen llamaradas las prominencias son solamente gas caliente, ya que, como sabemos, el Sol no es de fuego. El color rojo es el característico de la emisión del hidrógeno cuando su electrón salta del nivel energético 3 al 2. Se llama H-alpha en la serie de Balmer, tiene una longitud de onda de 656 nanómetros, y es bien conocido por los aficionados ya que es responsable del rojo de las nebulosas brillantes.

Por encima de la cromósfera se extiende la corona solar, la inmensa atmósfera del Sol, hecha de una substancia eléctrica que el campo magnético solar peina en filamentos y pétalos. La corona también se vio muy distinta que el año pasado, mucho más simétrica alrededor de la estrella, lo cual delata que el Sol está saliendo del mínimo de actividad.


Algo que no sale en las fotos es que la corona se vio de un blanco plateado furioso, muy distinto del nacarado del año pasado. Pero algo que sí sale en las fotos, aunque no llegué a reconocerla en el momento, es esa estructura en forma de gota grande como el Sol. Preparé unas versiones con un procesamiento más fuerte para que se destaque su aspecto de burbuja en la corona:

Esta estructura es una eyección de masa coronal. Son eventos extremadamente violentos y energéticos, que se producen como resultado de fulguraciones. Cuando se dirigen hacia la Tierrra pueden desatar tormentas geomagnéticas en nuestro planeta, con abundancia de auroras polares, radiación que afecta los satélites artificiales, astronautas y tripulaciones aéreas, e incluso redes eléctricas y oleoductos en la superficie. Algunos días antes, en una charla o una entrevista, justamente había mencionado la posibilidad, ya que la corona se había visto bastante activa. ¡Tuvimos suerte y ocurrió una eyección de masa coronal durante el eclipse! La produjo una fulguración de categoría C4.0 (mediana) en la región activa 2792. La eyección puede verse en las imágenes del telescopio espacial solar SOHO, que tiene un coronógrafo que produce un eclipse artificial. La hora indicada es UT (nuestro eclipse total comenzó a las 16:08UT). El círculo blanco representa el disco del Sol. Como se ve, los eclipses naturales permiten observar una parte de la corona y sus fenómenos que estos instrumentos no muestran. Por esta razón los eclipses siguen teniendo un interés científico en el estudio del Sol.

La fulguración ocurrió en la región que se ve activa en el centro de esta exquisita imagen de otro telescopio solar espacial, el SDO:

En el limbo del Sol está la gran prominencia que vimos a simple vista. El color es distinto porque es una imgen en radiación ultravioleta de 171 Å, convertida a dorado. Veamos también un video. La fulguración y la resultante eyección se ven (fugazmente) apenas pasada la mitad del video. Coincidió con el comienzo del eclipse en nuestro sitio de observación, a las 14:45UT:

La eyección de masa coronal fue la primera sorpresa del eclipse. ¡La segunda fue un cometa! Durante el eclipse busqué brevemente y sin éxito el cometa C/2020 S3 Erasmus, que pasó por su perihelio el día antes. Mi campo fotográfico no alcanzaba hasta su posición a 11 grados del Sol (no sé si alguien lo habrá capturado). Pero revisando con lupa mis fotos encontré otro. Un cometita anónimo sungrazer (rasante del Sol), de los que habitualmente se ven en los coronógrafos del SOHO. Apenas se ve en mi foto, pero revisé de nuevo las imágenes de SOHO y allí estaba. 

En mi foto hice un recorte, porque es difícil de ver, y más difícil si se quedan con la imagen de esta columna, y peor aún si la leen en el teléfono. Pero allí está. Los otros puntitos que se ven en la imagen de SOHO son casi todos rayos cósmicos. Hice un gif para que se vea su movimiento y, según me parece, su desaparición (¿tal vez al encontrarse con la onda de choque de la eyección?).

Durante los dos minutos de totalidad hice varias ráfagas de fotos, abarcando cada una de ellas 11 stops de exposición para crear imágenes de gran rango dinámico. El cometa se ve claramente en una de ellas, y en las demás aparece movido (así como las estrellas), tal vez por el viento. Así que no pude hacer un apilado para tener una foto mejor. Si consigo rescatar algo más, ya sea del cometa o de la eyección de masa coronal, ya lo contaré aquí.

Ahora he visto, con mis propios ojos, una supernova y una eyección de masa coronal. ¿Qué tul? 


PD: El cometa tiene nombre: C/2020 X3 (SOHO). Ah, y la foto de la sombra es del satélite GOES-16.

25/05/2013

Seeing is believing

Estuve de visita en el Complejo Astronómico El Leoncito, en la provincia de San Juan. El CASLEO es un excelente observatorio, mantenido y operado mediante un convenio entre el CONICET y las tres universidades nacionales donde se estudia Astronomía: La Plata, Córdoba y San Juan. Hay unos cuantos instrumentos, uno más lindo que el otro, y otros en proceso de instalación. La estrella es el enorme telescopio Jorge Sahade, con un espejo de 215 cm. Sí, más de dos metros de diámetro. ¡Mira el cielo como si fueran cien mil pares de ojos! Se aloja en una enorme cúpula, que aquí fotografié contra un panorama de estrellas en movimiento. ¿Reconocen alguna constelación?


En las próximas semanas voy a mostrar y comentar algunas de las fotos que tomé allí. El observatorio está en una sierra de la precordillera sanjuanina, sobre el valle de Calingasta. Del otro lado del valle, hacia el oeste, se alzan inmensos los Andes, con el imponente cerro Mercedario (aquí iluminado por los primeros rayos del Sol la mañana siguiente) y el valle del río Los Patos, por donde cruzó San Martín con sus tropas.

¿Por qué ponen los observatorios astronómicos en lugares remotos y arriba de alguna montaña? No es para estar más cerca de las estrellas, como creía yo cuando era chico. Por un lado se busca un sitio oscuro, lejos de las luces de las ciudades. Pero esa tampoco es la principal razón. Los astrónomos buscan sitios donde el cielo se vea mejor, algo a lo que se refieren usando la palabra en inglés seeing. La luz de las estrellas debe atravesar toda la atmósfera antes de llegar a la superficie terrestre. Y, aunque parezca tenue, el aire afecta bastante esta luz, en particular el aire turbulento de la estratósfera. Esa turbulencia es responsable del titilar de las estrellas, del que ya nos hemos ocupado, y deteriora muchísimo la calidad de las imágenes astronómicas. Por eso buscan reducir la cantidad de aire entre uno y el universo: a 2500 metros de altura o más, o directamente en la órbita terrestre, por encima de todo el aire.

Si nos quedamos en la superficie, entonces, hay que buscar los lugares con mejor seeing. Son pocos los lugares en la Tierra con condiciones óptimas de poca turbulencia, que además sean secos (porque el vapor de agua absorbe mucha radiación infrarroja) y relativamente accesibles. Y parece que la precordillera sanjuanina es uno de estos lugares. En El Leoncito hay otro importante observatorio, el observatorio Cesco de la Universidad de San Juan, que comentaré otro día. La cuestión es que la calidad del cielo es impresionante a simple vista. Las estrellas se ven clavadas en el cielo. La Vía Láctea se ve densa y hace sombras. Es muy notable si uno está acostumbrado a mirar el cielo nocturno desde un suburbio, como hago yo habitualmente. En el CASLEO tienen un precioso telescopio para los visitantes, de 35 cm computarizado, muy fácil de usar. Me tomé a mí mismo esta foto usándolo, y parece que estuviera mirando el centro de la Vía Láctea que se alza sobre la precordillera. Los que descubrieron a los Canes en la primera foto seguro que van a encontrar Escorpio en ésta...

¿Querés saber la calidad del seeing astronómico en tu ciudad? El sitio Meteoblue tiene información completísima, no sólo de datos meteorológicos sino de interés astronómico. Ir a Charts & Tools > Miscellaneous > Astronomy seeing v2. Por supuesto, está también Calsky, que ya he recomendado.

¡Gracias a toda la gente del CASLEO, y en particular a nuestra guía Celina Brizuela, que me trataron tan bien durante la visita!