sábado, 14 de noviembre de 2015

Top of the World

Such a feeling is coming over me 
There is wonder in 'most everything I see 
Not a cloud in the sky, got the sun in my eyes

Uno siempre está on top of the world, en la cima del mundo: mirando hacia abajo y alrededor, el planeta entero está ahí, debajo de uno. Si liberamos el globo terráqueo de su soporte eclíptico, como pretendía Mafalda, podemos orientarlo como más nos plazca. Por ejemplo, poniendo hacia arriba el punto que representa el sitio donde uno está parado. Como en esta Bola del Mundo, que un artista anónimo instaló aquí, en los Jardines de Piquío de Santander, hacia 1930. La Bola está apoyada sobre las antípodas de Santander, en Nueva Zelanda, exactamente debajo nuestro. El mini-yo que imagino encaramado a la Bola es paralelo a mí mismo. De golpe es fácil imaginar cómo está parada la gente en cada lugar del mundo con respecto a mí: todo está ahí, a la vista. Sudamérica, Argentina, Bariloche... están ahí, parados casi perpendiculares a mí, un cielo distinto sobre sus cabezas.

El eje del globo es además paralelo al eje de la Tierra. Cuando brilla el Sol sus rayos bañan la Bola del Mundo del mismo modo que iluminan el planeta. Es de día donde la Bola está iluminada. Es de noche donde la bola está en sombras. Cuando saqué la foto el Sol ya se había puesto, así que robo una foto de una linda nota de otro bloguero para ilustrarlo. Puede verse que, a lo largo del ecuador, están marcadas unas franjas horarias. Así que el globo funciona como reloj de Sol: en la foto se ve que son casi las 11, hora solar. La línea que separa la mitad iluminada de la mitad en sombras es la línea de amaneceres y atardeceres, un círculo que existe permanentemente en el planeta. Estamos acostumbrados a pensar en el amanecer y el atardecer como momentos del día, pero en realidad son lugares. Todo el tiempo hay un círculo en la Tierra donde está amaneciendo o atardeciendo. En la Bola vemos que está amaneciendo en Colombia y en ese momento, en la Colombia de veras, está amaneciendo. Este círculo, en astrojerga, se llama terminador. Algún lector atento sabrá calcular la fecha observando la inclinación del terminador con respecto al ecuador. O por lo menos la estación del año, ¡vamos!

Un globo orientado así, con su eje paralelo al eje terrestre, se llama (obvio) globo terráqueo paralelo. Hay uno en la entrada del Planetario de Buenos Aires. Es un excelente instrumento para la enseñanza de la astronomía, como ilustra mi amigo Alejandro Gangui en esta nota de la Revista Latino-Americana de Educação em Astronomía, que recomiendo.

Ese mismo atardecer pude ver, en el mismo sitio, el fascinante vuelo de los estorninos, que comenté (creo) en la nota sobre sincronización hace unos años. Los estorninos forman compactos grupos de vuelo sincronizado al atardecer, antes de posarse. Aunque le sorprenda a más de uno, es un activo campo de investigación de los físicos desde hace un par de décadas.


En el mismo parque hay también una linda rosa de los vientos, con representaciones de edificios característicos de todo el mundo alrededor de los cuatro vientos, y una flecha que señala su dirección. Uno de ellos es el Congreso de la Nación en Buenos Aires, que queda hacia allá... a ver... sí, coincide con la dirección según la Bola. Exactamente del otro lado vemos la Torre Eiffel. Así que las tres ciudades, Buenos Aires, Santander y París, se encuentran sobre un gran círculo de la Tierra. ¡Interesante! Me pregunto cuántos de los muchos argentinos que han visitado el Instituto de Física de Cantabria se habrán dado cuenta. ¡Yo lo descubrí recién en mi cuarta visita!


El Sol iluminaba todavía la entrada de la bahía de Santander mientras regresaban las naves de una regata, así que pongo una fotito más para terminar de recrear el momento...



La foto de la Bola del Mundo iluminada por el Sol es de Lito, bloguero de playas cántabras hoy ya inactivo.

La nota que recomiendo es: A Gangui, Liberar al Globo Terráqueo, RELEA, accesible aquí.


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5 comentarios:

  1. Me pegó lo de la línea de amaneceres y atardeceres como lugar y no momento. Me imagino que podría haber un tren que viajando un rato sobre esa línea permita ver a sus pasajeros largos amaneceres y atardeceres.
    Saludos y gracias por el blog!

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    Respuestas
    1. ¡Claro! Lo más rápido que se mueve el terminador es unos 1600 km/h, apenas más que la velocidad del sonido. Y acercándose a los polos es cada vez más lento. En las regiones polares ni siquiera es necesario moverse: el Sol, durante los equinoccios, gira alrededor de uno por todo el horizonte.

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    2. Me encantó lo de los equinoccios en las regiones polares; nunca lo había pensado. Un deconcierto total en orientación y en horario!

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  2. Me permito agregar que la foto fue tomada en invierno (en Santander; hemisferio norte), ya que está iluminado el polo sur. En el verano boreal, con la línea de la eclíptica mucho más alta en el cielo, el sol iluminaría a la misma hora el polo norte dejando al sur en sombras.

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