sábado, 30 de mayo de 2020

Espejito, espejito

Los espejos, además de para construir telescopios, sirven para entretenerse durante la cuarentena del COVID-19. Recuerdo que en una clase de física del Colegio, el profesor Imbrogno preguntó qué tamaño tenía que tener un espejo para vernos de cuerpo entero. Me pasé días pensando y calculando sin éxito. La clase siguiente el profesor preguntó si alguien había resuelto el problema. Mi amigo Gonzalo pasó al pizarrón y demostró, para mi asombro, que alcanza un espejo de la mitad de la propia altura, independientemente de la distancia a la que lo pongamos.

Podemos demostrarlo con un teléfono celular frente al espejo del baño: vamos a encontrar el tamaño del espejo necesario para reflejar el celular entero, visto por su propia cámara. Nos ponemos frente al espejo, a cualquier distancia pero suficiente para dibujar sobre el vidrio con comodidad. La idea es mantener el celu bien quieto y, mirando en la pantalla su imagen reflejada, dibujar el contorno del celu reflejado con un marcador.

Ese rectángulo que dibujamos es el pedazo de espejo que refleja el celular entero. Podemos verificar que la imagen del celular cabe exactamente dentro del mismo rectángulo, independientemente de la distancia al espejo. Podemos sacar fotos como éstas, a distintas distancias, que lo muestran.
Una vez satisfechos de que dibujamos bien el rectángulo (tal vez tenemos que borrar y volver a empezar varias veces), dibujamos un segundo rectángulo igual al primero. Alcanza con copiarlo a ojo, más o menos. Tienen que quedar tocándose por una esquina. Los dos rectángulos nos ayudan a visualizar, en el espejo, una superficie que es el doble de ancha y el doble de alta que la que nos había alcanzado para reflejar el celular entero, visto por su propia cámara. Si hicimos todo bien, esa superficie debería ser igual al tamaño del celular...

Así que lo apoyo sobre el espejo y verifico (en este caso tuve que sacar la foto con otra cámara, como se ve). ¡Sí, alcanza un espejo de la mitad de alto (y de la mitad de ancho) para que el celular se vea entero a si mismo! Lo mismo vale para una persona: le alcanza un espejo de la mitad de ancho y la mitad de alto para verse entera.


Podemos hacer un trazado de rayos, por supuesto, que es lo que Gonzalo dibujó en el pizarrón. Los rayos de luz se reflejan en un espejo plano con el mismo ángulo con que incidieron, así que es fácil de dibujar. Así podemos comprobar además a qué altura tenemos que poner el espejo: la parte de arriba justo entre los ojos y la parte de arriba de la cabeza, y por lo tanto la parte de abajo a la mitad de la altura de los ojos desde el piso. Y funciona a cualquier distancia:

Es una creencia habitual que la imagen que nos devuelve el espejo tiene invertidas la izquierda y la derecha. ¡No es verdad! Aprovechen, ya que están jugando frente al espejo, para pensarlo bien. ¿Cómo podría el espejo invertir izquierda y derecha pero no arriba y abajo? Si lo giro y lo pongo de costado, ¿cómo hace para seguir "pareciendo" que invierte izquierda y derecha, usando las partes de espejo que antes estaban arriba y abajo? Claramente, no puede ser. La creencia proviene de imaginar que hay una persona (nuestro reflejo) del otro lado, como si fuera una ventana. Entonces, cuando yo levanto la mano izquierda, la otra persona parece levantar "su" mano derecha. Pero esto no es verdad. La persona del reflejo levanta la mano que está del mismo lado que "su" corazón, así que es la izquierda.

¿Entonces, si no invierten izquierda y derecha, qué invierten los espejos? Invierten atrás y adelante. Dejo una foto para que lo piensen.


En física, esta operación se llama paridad. Para los aficionados a la matemática: la transformación de paridad tiene determinante -1, mientras que si uno va y se pone del otro lado del espejo como si fuera una ventana, la transformación sería una rotación (alrededor de un eje vertical), que tiene determinante +1. Aunque los espejos de baño parezcan sugerir lo contrario, sabemos que el universo reflejado en el espejo no es el mismo que nuestro universo. Algunos experimentos, reflejados, dan resultados distintos. Es como si pudéramos ver dentro del cuerpo reflejado y decir ¡ah, no, tiene el corazón del otro lado, esa no es una persona, es un reflejo! Todo esto está relacionado con el lamentable caso de la noticia del universo paralelo que seguro todos leyeron. No sé si vale la pena agregar algo. Mejor vayan y vean la conversación entre mi amigo José Edelstein y Javier Santaolalla, quienes hicieron un vivo en Instagram que vale la pena. La parte física empieza por la mitad, al principio charlan sobre la cuestión periodística.

sábado, 23 de mayo de 2020

El cúmulo de Virgo

"Leo, a roaring Lion lies in the path [...]; we escape
and hail Virgo, the Virgin! that's our first love."
Herman Melville, Moby Dick

En el cielo hay objetos únicos, que capturan el interés tanto de astrónomos profesionales como aficionados: la Luna, Saturno, la nebulosa Homúnculo... Entre Denébola, la Cola del León, y Vindemiatrix la Vendimiadora, está el cúmulo de galaxias de Virgo.


Los ladrillos del universo no son las estrellas ni las galaxias, son los cúmulos de galaxias. Son grandes conglomerados de galaxias ligadas gravitacionalmente entre sí, dinámicos, alejándose unos de otros arrastrados por la expansión del universo. Forman una especie de espuma, como se ve en este relevamiento, donde los cúmulos son como paredes de burbujas que encierran grandes vacíos. En el universo, el cúmulo de Virgo es uno más. Pero en nuestro cielo es especial porque, a 50 millones de años luz, es el más cercano, y nuestro Grupo Local de galaxias siente su gravedad*. Para los astrónomos, es un laboratorio único con miles de galaxias de todos los tipos y luminosidades, todas a la misma distancia para conveniencia de su estudio. Para los aficionados, es el único lugar en el cielo donde pueden verse montones de galaxias, incluso varias en el mismo campo, con telescopios medianos de 15 o 20 cm. Es también una oportunidad única para fotografiarlas con equipos modestos.

Esta foto la tomé en la Star Party Valle Grande 2019, con la Canon T3i y teleobjetivo Canon de 100 mm F/2 stoppeado a F/2.8. Aquí no hay telescopio. La cámara, eso sí, está sobre una montura motorizada iOptron SkyTracker, que me permitió hacer exposiciones de 2 minutos. Con 23 de ellas compuse esta imagen de 46 minutos de exposición:


Las galaxias son tenues, y como el campo abarca 13 grados de ancho hay muchas estrellas de nuestra propia galaxia que confunden. Hice una versión en negativo para que las galaxias se vean mejor, y con etiquetas mostrando las más notables.


El cúmulo tiene varias partes. La principal, más grande y más masiva, es la que ocupa la parte inferior de mi imagen. Está dominada por la gigantesca elíptica M87, la galaxia de la famosa foto del agujero negro central del año pasado. La segunda componente es la que está al sur (arriba), dominada por la galaxia M49. Voy a mostrar algunos recortes al 100% de resolución, porque la foto del cúmulo completa está muy reducida en esta columna. Igual están achicadas, para verlas al 100% van a tener que clickearlas cada una.

Esta es la región central del cúmulo de Virgo, donde encontramos la enorme M87 y el notable grupo de galaxias alineadas llamado Cadena de Markarian:


En un telescopio mediano con un campo visual grande la Cadena de Markarian puede verse entera o casi, lo cual es una vista única y sobrecogedora. Podemos identificar algunas de ellas en una imagen en negativo:


Las más brillantes de la cadena son M84 y M86, dos galaxias elípticas que junto a las espirales vistas de canto NGC4388 y NGC4402 forman una linda cara, con una sola ceja, que en la foto general se ve invertida, y que aquí al lado acomodé mejor. La nariz también es una galaxia, la pequeña elíptica NGC4387. El centro de masa del cúmulo no se encuentra en la galaxia dominante M87, como suele creerse, sino en la mejilla derecha de esta carita. M86 no tiene un redshift sino un blueshift: se mueve hacia nosotros a más de 400 km por segundo, reflejando la dinámica interna del cúmulo.

La alineación de estas ocho o más galaxias es un efecto de perspectiva. M84 no está tan cerca de M86 como parece, sino bastante más atrás. La galaxia grande más cercana a M86 es la gigante M87. De hecho, puede verse que mientras M84 es bien redondita, M86 parece estirada, precisamente en la dirección de M87. Tiene también una larga cola de gas, producida por su movimiento supersónico en el medio intergaláctico. En negativo se ve mejor el estiramiento, en la dirección que indica la flecha:


Curiosamente el famoso jet relativista de M87, que surge de su agujero negro central, apunta exactamente hacia M86. ¿Cómo sabe el agujero negro dónde está M86? Es un misterio. O una casualidad. 

En el cúmulo hay muchos otros ejemplos de galaxias en interacción, en distintas etapas de colisión y fusión. Uno de los más famosos está también en la Cadena de Markarian: las galaxias NGC4435 y 4438, que forman los Ojos de Copeland por su aspecto en el telescopio. Aquí seleccioné cuatro lindos ejemplos:


NGC4302 y 4298 son una preciosura pero no tienen nombre propio, pobrecitas. Forman un par muy contrastante, una espiral de canto y una casi de frente. Busquen sus fotos del Telescopio Hubble, son impresionantes. Están en una linda región del cúmulo, donde encontramos otra gran espiral de frente, M99, y otra más, M98, de canto:


Otra de las grandes galaxias del cúmulo es NGC4216, una espiral con un núcleo muy brillante (o un disco poco brillante: es una galaxia anémica, con poco gas), más grande que nuestra vecina la galaxia de Andrómeda. Dos espirales chiquitas con la misma inclinación la acompañan:


Identifiqué una manchita insignificante cerca de NGC4216 como una galaxia enana en interacción con ella, en medio de una larga cola de gas visible en algunas fotos. Es como nuestras Nubes de Magallanes. Tiene magnitud 19, lo cual me deja boquiabierto, la lente tiene 58 mm de apertura.

M49 es la galaxia más brillante del cúmulo (magnitud 9.4), y es la que domina el subcúmulo B. Es una gran elíptica, en cuyo campo se encuentran dos lindas espirales, NGC4535 de frente (la Galaxia Perdida de Copeland, que increíblemente en mi foto muestra varias de sus regiones de formación estelar) y 4526 de canto:


En una tierra de nadie entre ambas componentes del cúmulo está M58, una gran espiral barrada (que muestra algo de su polvo en mi foto, aunque no se distinguen los brazos), y las Siamesas que ya mostré, y que son como deben haber sido las Antenas hace unos 100 millones de años:


Si tenés un telescopio mediano o grande, y acceso a un lugar oscuro, no dejes de observar el cúmulo de Virgo en las noches del otoño austral. Ahora es la mejor época: está directamente al Norte un par de horas antes de la medianoche. Recordá que cada una de sus miles de galaxias, que te parecerán manchitas de luz, tiene cientos de miles de millones de estrellas y planetas.

"We recognize how every object has a divine beauty in it; 
every object still verily is a window through which 
we may look into Infinitude itself."
Thomas Carlyle


La imagen del sondeo de galaxias es del 2dF Galaxy Redshift Survey. Muestra dos rodajas del cielo, hasta una profundidad de 2500 millones de años luz, una de cada lado del plano de la Vía Láctea, como se ve en esta ilustración.

* El cúmulo de Virgo es la mayor componente del supercúmulo de Virgo, o supercúmulo local, que abarca un centenar de cúmulos y grupos (como nuestro Grupo Local). La estructura llamada Laniakea abarca varios supercúmulos vecinos pero, a diferencia de estos, no está ligada gravitacionalmente y se desarmará en el futuro. Estas estructuras, como se ve en el sondeo 2dF, no tienen bordes nítidos sino que forman un continuo de filamentos y burbujas.

sábado, 16 de mayo de 2020

El agujero más negro

El 6 de mayo el Observatorio Europeo Austral anunció el descubrimiento del agujero negro más cercano a la Tierra, en un sistema estelar visible a simple vista. Esa misma noche salí al balcón para tratar de verlo. Con magnitud 5, y muy bajito sobre el horizonte, no tenía chance de verlo a simple vista. Pero con el avance del mal tiempo no podía arriesgarme, así que aproveché igual para fotografiarlo (y fue la última noche despejada desde entonces). Esta es la foto de ángulo amplio, con el zoom a 18 mm. La estrella es QV Telescopii, en la constelación del Telescopio (una más de las constelaciones olvidadas del cielo sur), señalada como QV Tel. Para encontrarla conviene buscarla más bien entre el Pavo y Ara, que son más fáciles de localizar. En las fotos no tuve dificultad para identificarla, aun en ésta, aunque seguramente les costará encontrarla incluso si descargan la imagen, que es una versión reducida de la original. (Los símbolos superpuestos son de la calibración de astrometry.net.)

Hice fotos también a 46, 100, 200 y 270 mm para enmarcarla. Voy a poner aquí sólo la de 270 mm. El campo es unas 10 veces menor que el de la foto de arriba, sólo 4 grados de ancho. Allí está QV Tel, una estrellita que no dice gran cosa. La designación QV delata que es una estrella variable. Otras designaciones de catálogo son HR 6819 y HD 167128. Aunque aparece como una estrella única incluso a los telescopios más poderosos, el análisis espectral de su luz mostró hace algunos años que se trata de dos estrellas de tipo espectral B, una en órbita de la otra. Una de ellas es una gigante azul, una estrella muy masiva que ya ha abandonado la secuencia principal de quemado de hidrógeno y está fusionando helio. La otra es una estrella menos evolucionada, también de tipo B pero de un subtipo raro: es una estrella Be (se pronuncia "be e"), es decir una estrella B (de secuencia principal), con líneas de emisión que delatan la existencia de material caliente en órbita. Son estrellas que rotan muy rápido y centrifugan una buena cantidad de gas, que queda formando un anillo, quizás como un Saturno estelar. ¡Qué lindas deben ser de cerca! (Varias de la Pléyades son estrellas Be, y también la brillante Achernar.)

La cuestión es que, haciendo un espectro muy preciso con el telescopio de 2.2 metros de La Silla, descubrieron una modulación de 40 días de una de las estrellas, pero no de la otra, que delata la presencia de un tercer objeto. Observen cómo algunos de los colores bailan y otros no, en estos espectros desplegados en el tiempo:

Esas líneas onduladas, más la física de la gravedad, permiten calcular la órbita y la masa del tercer cuerpo. Así se estudian, por ejemplo, los planetas alrededor de otras estrellas. Pero éste resultó que no es un planeta: la masa calculada es por lo menos 4 veces la del Sol. Debería ser una estrella. Pero no brilla. Así que es un agujero negro. Hubo una tercera estrella en el sistema, más masiva que las dos sobrevivientes, que por lo tanto envejeció más rápido y ya explotó, dejando tras de sí el agujero negro.

El sistema QV Tel es entonces triple. Triple jerárquico, precisamente: QV Tel A está formada por la gigante azul QV Tel Aa y el agujero negro QV Tel Ab, en órbita apretada cada 40 días. La otra componente, QV Tel B (la estrella Be), orbita más ampliamente alrededor de las dos componentes QV Tel A.



La inmensa mayoría de los agujeros negros conocidos se han identificado por ser fuentes intensas de rayos X, que se originan en el disco de materia supercaliente a su alrededor. Esto ocurre tanto en los residuos estelares de explosiones de supernovas (como el primero descubierto, Cygnus X-1), o en los supergigantes en el centro de las galaxias. Pero si un agujero negro no tiene materia alrededor, no emite radiación (salvo el tenue resplandor de Hawking) y es realmente negro. Los autores dicen que los modelos de evolución estelar permiten deducir que habría unos mil millones de agujeros negros de masa estelar en la Galaxia, y que sin embargo se conocen unos 200 objetos binarios como Cygnus X-1, muchos de los cuales ni siquiera tienen un agujero negro, sino una estrella de neutrones. Así que es un misterio dónde estarían esos agujeros negros negros. Bueno, aquí hay uno, dicen. A apenas 1000 años luz de nosotros, en una estrella visible a simple vista. El paper menciona la similitud de este sistema con otro, llamado LB-1, que cuando se anunció parecía tener un agujero negro raro, de 70 masas solares, pero que según ellos se podría reinterpretar como el de QV Tel, con masa estelar. Y seguramente haya unos cuantos así de cercanos o más, que podrán ser descubiertos y estudiados, como éste, si se encuentran en sistemas estelares múltiples.

En mis fotos el cielo nocturno se ve azul porque, encima, había luna llena. Ya que estaba en el balcón, también aproveché para fotografiarla con el Tamron a 270 mm:



El paper (de donde saqué el espectro) es:

Rivinus et al. A naked-eye triple system with a nonaccreting black hole in the inner binary, Astronomy & Astrophysics, manuscript no. 38020corr (2020).

La nota de prensa está en: ESO Instrument Finds Closest Black Hole to Earth.

sábado, 9 de mayo de 2020

La distancia al Sol

¿A qué distancia está el Sol? ¿A qué distancia están los planetas? ¿Y las estrellas? ¿Cuánto mide el universo? Los astrónomos se lo preguntaron desde la Antigüedad. Aristarco de Samos incluso midió la distancia a la Luna y al Sol, hace 2500 años, con instrumentos muy precarios y resultados más o menos. Después de la Revolución Copernicana la cuestión se hizo apremiante, porque la distancia al Sol se convirtió en el ingrediente crucial para calcular el tamaño del sistema solar. La Tercera Ley de Kepler del movimiento planetario permitió calcular la relación entre las órbitas de los planetas comparando sus períodos, que se podían medir directamente. Por ejemplo, el año de Marte dura 687 días, 1.9 veces más que el año terrestre. Kepler dice entonces que la distancia de Marte al Sol es 1.92/3 = 1.5 veces la de la Tierra. Genial, pero ¿a qué distancia está la Tierra del Sol?

En el siglo XVII Edmond Halley, de cometaria fama, se dio cuenta de que se podrían utilizar los tránsitos de Mercurio y de Venus, esos minieclipses que podemos ver cuando los planetas interiores pasan delante del Sol. Con la fuerza de su prestigio promovió campañas internacionales, especialmente durante los raros tránsitos de Venus, para combinar observaciones desde todos los rincones del mundo y medir, de una vez por todas, la famosa unidad astronómica, la distancia de la Tierra al Sol. Hubo tránsitos de Venus en 1761 y 1769, cuya observación arrojó un resultado de 153 millones de kilómetros (400 veces más que lo que le había dado a Aristarco). Más de un siglo después, los tránsitos de 1874 y 1882 permitieron refinar ese valor a 149.59 millones de kilómetros.

Hoy en día conocemos la distancia al Sol con precisión de algunos metros, y la verdad que no necesitamos seguir midiendo. Pero los tránsitos de Mercurio, mucho más frecuentes que los de Venus, son una oportunidad para medir el tamaño del sistema solar de manera directa y al alcance de los aficionados de hoy en día. Así que durante el tránsito de noviembre de 2019 me uní a un proyecto coordinado por el Prof. Udo Backhaus desde Essen, Alemania, para hacerlo. La idea del método es tratar de medir este ángulo:


El ángulo βS está relacionado con la distancia dS mediante una sencilla fórmula trigonométrica. Por supuesto, uno no puede medir directamente βS porque uno no está en el Sol, está en la Tierra. Ahí es donde aparece el tránsito: en lugar de medir la paralaje del Sol, uno mide la paralaje de Mercurio:


Claro que uno tampoco mide directamente el ángulo βM, porque uno no está en Mercurio. Pero observando simultáneamente Mercurio contra el Sol desde dos sitios en la Tierra, conocidas sus latitudes y longitudes, todo puede calcularse con trigonometría. Así que el 11 de noviembre me dispuse a fotografiar el tránsito a intervalos regulares, con la cámara montada al telescopio:


Estos eventos diurnos siempre producen un poco de ansiedad. ¿Me habré equivocado, habrá sido ayer? Pero no, el tránsito empezó con precisión astronómica:


Estos tránsitos duran horas, parece que no terminan más. Hubo algunas nubes en la segunda mitad, pero logré juntar unas cuantas imágenes útiles. Lo más difícil para comparar las imágenes tomadas por dos telescopios aficionados, montados de manera portátil en muchos casos, y con cámaras acopladas de manera impredecible, era saber cómo están orientadas estas fotos. A falta de manchas solares, a Udo se le ocurrió hacer dos fotos en cada toma, apagando el motor de seguimiento del cielo entre una y otra. La eclíptica, y por lo tanto la orientación absoluta de las imágenes, queda determinada por la deriva del Sol. Así:


Udo nos pidió que hiciéramos esto, que midiéramos las posiciones de Mercurio en las fotos, y que le mandáramos los resultados. En el mejor estilo de las campañas de los siglos XVIII y XIX, él se encargó de procesar los datos de todos y combinarlos para calcular la paralaje solar. Por ejemplo, la paralaje entre Gifhorn, Alemania, y Bariloche, puede apreciarse en esta imagen combinada de las 13:00 UT. Conocido el tamaño del disco solar (medio grado, 1938" ese día), cada una de estas combinaciones permite medir directamente la paralaje de Mercurio para nuestras ciudades, y calcular un valor de la paralaje solar. En este caso resulta ser de 12.9", un poquito grande con respecto al valor correcto de 8.79", pero nada mal ya que, como se ve, Mercurio es muy chiquito y difícil de enfocar y medir.

Udo usó, además de nuestras observaciones, las que tomó el Solar Dynamics Observatory en órbita de la Tierra, que son de mucha mejor calidad. La combinación de sus imágenes con las mías, por ejemplo, es esta secuencia:


Una serie de observaciones así permite fitear los valores de la posición de Mercurio, obteniendo un mejor resultado que con pares de observaciones individuales. En este caso la paralaje solar da 9.0" ± 0.4". ¡Vamos Bariloche!

Combinando todos los resultados de todos los participantes, Udo finalmente calculó una paralaje solar de 9.1". Con respecto al valor exacto de 8.79" nuestra medición resultó errada en apenas un 2.3%. Esta paralaje corresponde a una distancia al Sol de 145 millones de kilómetros.

Termino esta nota con las palabras finales de Udo:

Por supuesto, ya lo sabíamos antes del proyecto. Pero ahora no sólo tenemos la distancia, sino un método para determinarla nosotros mismos. Y conocemos las dificultades de obtener un resultado satisfactorio, incluso con equipos y comunicaciones modernos. Edmond Halley tuvo esta idea durante el tránsito de Mercurio de 1677. Para sucesivas generaciones de astrónomos resultó extremadamente difícil llegar a un resultado (e incluso a un acuerdo). Ahora podemos entender por qué la recopilación y evaluación de estos resultados necesitaba décadas. Nos paramos sobre las espaldas de gigantes. 

Uno de los participantes, Aldo Kleiman, de Rosario, respondió: Hay belleza en una vista del cielo, en el estudio científico de una fórmula matemática, y sin duda en el Transit of Mercury Internet Project

¡Gracias Udo, y gracias a todos los participantes!


Para los quisquillosos: la distancia de la Tierra al Sol no es un número fijo, porque la órbita no es redonda. Pero la unidad astronómica sí, ya que desde 2012 se la define exactamente como 149597870700 metros. Por otro lado, las distancias que entran en la Tercera Ley de Kepler son la mitad del eje mayor de las elipses que siguen los planetas en sus órbitas medias. Finalmente, la paralaje solar se define como paralaje horizontal media, que es el ángulo βS de la figura, cuando los sitios 1 y 2 están separados un radio ecuatorial medio terrestre y la Tierra está a su distancia media al Sol.

Las ilustraciones de la paralaje son de Udo Backhaus y están tomadas del sitio del proyecto.

La foto del tránsito de Mercurio desde Gifhorn es de B. Brandt, quien dijo: "Fue una experiencia increíble, una tensión de locos, pero al final más momentos de felicidad que de estrés." (¿Será el futbolista noruego? Tengo que averiguar.) (P.D.: Björn se comunicó conmigo, y resulta que no, no es el futbolista noruego que sospechaba.)

sábado, 2 de mayo de 2020

Constelaciones perdidas del sur

Durante la fugaz visita a Piedra del Águila, y durante la misma noche que hice la foto del quasar PKS 0405-123, hice también esta foto de las Nubes de Magallanes, perdidas en el tapiz de estrellas del cielo austral.


Las Nubes de Magallanes son galaxias satélites de la Vía Láctea, y seguramente serán fagocitadas por ella en el futuro. Están a 160 y 170 mil años luz de nosotros, y sus estrellas no se distinguen a simple vista. Las vemos como nubecitas difusas, y como magníficas galaxias en fotos y con instrumentos. Son la envidia de nuestros colegas aficionados del hemisferio norte, que no tienen nada siquiera parecido a esto.

Esta foto abarca un campo muy ancho en el cielo, unos 60 grados. Se ve aumentar la densidad de estrellas hacia arriba y la izquierda, porque allí empieza la banda de la Vía Láctea. La única estrella destacable en esta inmensidad es Canopus (arriba a la derecha), la estrella más brillante de la constelación de Carina y la segunda más brillante del cielo. Junto a la Nube Pequeña, lo que parece una estrella es el cúmulo globular 47 Tucanae, otra de las maravillas del cielo austral. Se le nota un color blanco cremita, carácterístico de las estrellas extremadamente antiguas de los cúmulos globulares. Canopus, por contraste, es una estrella blanco-azulada de tipo espectral A. Por lo demás, no se distinguen constelaciones en este mar de estrellas. Pero están ahí, a ver quíen las conoce:


No son los seres mitológicos que estamos acostumbrados a ver en el cielo de los pueblos de la Antigüedad clásica. Son bichos y cosas, constelaciones inventadas durante los viajes de descubrimiento del Renacimiento, o incluso la Revolución Científica y la Ilustración. Está Octans (el Octante), donde se encuentra el Polo Sur Celeste (sin estrella brillante que lo marque). A su alrededor el Pavo (donde también hay un líndo cúmulo globular), el Tucán, Hydrus (la Serpiente Acuática), Mensa (el cerro Mesa en Ciudad del Cabo), Volans (el Pez Volador), el Retículo (de un ocular de de Lacaille, mirá qué piola), el pez Dorado (¿el del Paraná?), el mutante Camaleón (donde vemos unas nubes oscuras, que forman parte de su complejo de formación estelar, el más cercano a nosotros), Apus (el Ave del Paraíso, aparentemente "sin pies"), la Mosca, Horologium (el Reloj de Péndulo) y Pictor (el Caballete del Pintor, aunque perdió el caballete del nombre en el camino). ¿Las conocías? El mapa de aquí al lado es la carta 49 de la Uranometría de Bayer, de 1603. La roté para que tenga más o menos la orientación de mis fotos.


La foto es un stack de 11 frames de 120 segundos cada uno, F/2.8, menos darks, Canon T3i, Tokina 14-20 F2.0 sobre iOptron SkyTracker.