sábado, 18 de agosto de 2018

Cuando se alinean los planetas

Hace muy poquito ocurrió una alineación notable, y no me refiero al eclipse lunar más largo en no sé cuánto tiempo. El Sol, la Tierra y el lejano Plutón estuvieron tan exactamente alineados que, mirando hacia el Sol desde Plutón, podríamos haber visto la Tierra (¡y la Luna!) pasando por delante del disco solar. Tremenda sizigia. Nadie estaba allí para verlo, pero para eso tenemos Celestia:



En la segunda imagen vemos la silueta de Plutón y su tenue atmósfera, en dirección al sistema solar interior, donde se aprietan Mercurio, Venus, la Tierra y Marte.

Estos tránsitos (así se llaman) son mini-eclipses, y ya hemos mostrado el raro tránsito de Venus que pudimos observar en 2012 y algunos de los más frecuentes de Mercurio. Los tránsitos de la Tierra desde Plutón son extremadamente infrecuentes. Requieren, en primer lugar, que Plutón esté en oposición: opuesto al Sol, desde la Tierra. La Tierra da una vuelta al Sol por año, y Plutón se mueve muy lentamente, así que esta oposición se alcanza casi una vez por año. Pero la órbita de Plutón está tan inclinada con respecto a la de la Tierra que se requiere, además, que Plutón esté en la línea de nodos, que es la línea de intersección de su órbita con la de la Tierra. Es como las temporadas de eclipses lunares y solares, que ocurren dos veces por año. Pero la órbita de Plutón es tan grande que estos cruces se producen muy espaciados.


Ocurrió en 1931, pocos meses después de que Clyde Tombaugh descubriera Plutón cuando, precisamente, escudriñaba la eclíptica en busca del noveno planeta. Ocurrió el 12 de julio pasado, 87 años después. Y no volverá a ocurrir hasta dentro de 161 años, porque la parte de la órbita que tiene que recorrer Plutón hasta volver a cruzar la eclíptica es todavía más larga.

Esta alineación, "con el Sol a la espalda", es particularmente importante para los astrónomos. Resulta que cuando un planeta está iluminado de esta forma exacta su brillo cambia notablemente, de una manera que depende de propiedades de la superficie. Es el fenómeno que contamos hace años en la nota Luz de Luna. Vean por ejemplo estas fotos de Saturno en 2005, las dos primeras tomadas en días consecutivos y la tercera muy poquito después:


Cuando New Horizons visitó Plutón en 2015 su trayectoria no le permitió observarlo bajo esta iluminación especial, de manera que las observaciones desde la Tierra el 12 de julio de este año serían un complemento de aquellas, y permitirían sacar nuevas conclusiones sobre la superficie de Plutón y de Caronte. Tengo entendido que los astrónomos de New Horizons tenían planeado hacerlo, pero por ahora no he leído resultados. Estaremos atentos, para eso están las Google Alerts.

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sábado, 11 de agosto de 2018

Miniluna y supermarte

La luna llena que se eclipsó el viernes 27 de julio fue una "miniluna", una luna llena cercana al apogeo: el punto más lejano de su excéntrica órbita alrededor nuestro. En el momento máximo del eclipse estaba a 406 099 km (del centro de la Tierra, de nosotros en Bariloche estaba un poco más lejos aún). Es casi el valor máximo que puede tener al apogeo, y por supuesto contribuyó en alguna medida a que el eclipse fuera extraordinariamente largo, como se lo anunció con bombos y platillos. La principal razón, de todos modos, fue que la alineación (la sizigia se dice, si quieren una palabra para el ahorcado) fue casi exacta, de manera que la Luna pasó casi por el centro de la sombra de la Tierra y estuvo más tiempo en la fase total. Fue un supereclipse de una miniluna.


La órbita de la Tierra también es ligeramente excéntrica, y el máximo alejamiento fue hace poco, el 6 de julio. Así que el Sol es en esta época un cachito más chico, y la umbra de la Tierra un poco más ancha, lo cual también contribuyó al supereclipse.

El próximo eclipse, el del 21 de enero del año que viene, no será tan largo. Pero estaremos mejor posicionados para verlo en las Américas.


Un par de días antes del eclipse estaba completamente despejado en Bariloche, y aproveché para hacer unas fotos de alta resolución de la luna de 12 días. Aquí está, en colores naturales y saturados, como nos gusta hacer para destacar los distintos minerales del suelo lunar.


Por supuesto, no sólo la Luna y la Tierra tienen órbitas ovaladas. Marte también, y la oposición del planeta este año se produce justo del lado del perihelio marciano, cuando se encuentra más cercano al Sol. Es la razón por la cual Marte se ve extraordinariamente brillante estos días. Búsquenlo opuesto al Sol (por eso se llama oposición): alzándose por el sudeste al anochecer, y poniéndose en el sudoeste al amanecer. El día de esta foto le apunté y en una exposición única logré capturarlo así, lo cual es una rareza. Primero porque Marte es muy chiquito (un centésimo de la Luna), y segundo porque estaba todavía envuelto en una tormenta de polvo global. Pero se distinguen el casquete polar austral (donde justo ese día se había anunciado el descubrimiento de un lago líquido subterráneo) y una bandita oscura en latitudes meridionales. La técnica correcta para fotografiar Marte no es ésta, por eso me llamó la atención la claridad de estos detalles.



Las imágenes de los eclipses lunares son del sitio de Eclipses de la NASA, eclipse.gsfc.nasa.gov. La imagen de las oposicines de Marte está tomada de Brane Space.


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sábado, 4 de agosto de 2018

Eclipse lunar y oposición de Marte

Vimos el eclipse. Es decir, el final del eclipse parcial (la totalidad terminó antes de que la Luna asomara sobre el horizonte). Estuvo nublado desde temprano, pero el pronóstico anunciaba que se despejaría justo para la hora del eclipse, al caer la noche. Y así fue. Apenas. En todo caso, las nubes le agregaron dramatismo al siempre precioso espectáculo natural de la luna llena en sombras.


Nótese el color rosado que todavía tenían los cerros nevados de la estepa, allá lejos. En esta imagen acercada se llega a distinguir apeeeeenas el color rojo característico de la parte eclipsada, que es más bien un anaranjado oscuro o ladrillo, y no el color de la sangre que en los últimos tiempos promocionan los medios sensacionalistas.


La verdadera explicación es tan bellamente poética que no sé para qué hay que recurrir a la sangre. Ya lo hemos dicho más de una vez: es la luz de todos los amaneceres y atardeceres del mundo a la vez, que tiñen de rojo la sombra del mundo. El color, de todos modos, hay que verlo para conocerlo, es muy difícil de reproducir en fotos. Si te perdiste el eclipse (por mal tiempo, como en Buenos Aires) tendrás revancha en enero próximo.

El planeta Marte, súper brillante, ya había asomado sobre las delgadas nubes.


Uno de estos días, por la mañana, ya lo había fotografiado poco antes de amanecer, sobre el cerro Catedral: el planeta Marte en el Cinturón de Venus.


Ojo: ¡si estás leyendo el blog en el teléfono, no esperes ver a Marte! Descargá la imagen en la pantalla de la computadora para apreciarla.

Hay tanto para contar, pero tan poco tiempo. Sigo otro día.

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sábado, 28 de julio de 2018

Las doradas manzanas del sol

The captain stared from the huge dark-lensed port,
and there indeed was the sun, and to go to that sun
and touch it and steal part of it forever away
was his quiet and single idea.
Ray Bradbury, The golden apples of the sun

Dentro de pocos días, en lo más álgido de la ola de calor que abrasa el verano septentrional, se lanzará la Sonda Solar Parker. No va a "tocar el sol y robarle una parte", como pretende el capitán del Copa de Oro en el relato de Bradbury. Tampoco llevará a bordo "dos mil limonadas y un millar de cervezas para el viaje". No es necesario: no viaja nadie a bordo, y los robots (salvo Bender) no beben.

El viaje en sí mismo no será sencillo. Bradbury lo dice poéticamente: "Falling, thought the captain, like a snowflake into the lap of June, warm July, and the sweltering dog-mad days of August." Pero no es fácil caer al Sol. ¡Es casi tan difícil como escapar del sistema solar! La razón es que, en la Tierra, nos movemos con una enorme velocidad orbital, justamente para no caer. Parker deberá perder casi toda esa velocidad para aproximarse al Sol. Para lograrlo usará no sólo un par de cohetes muy poderosos, sino además el mismo truco de "honda gravitacional" en práctica desde las Voyager, pero al revés: para "bajar" en vez de "subir". Siete encuentros cercanos con Venus, a lo largo de siete años, irán modificando su órbita permitiéndole acercarse cada vez más al Sol en el punto más cercano de una órbita muy ovalada. Habrá 24 de estos pasos cercanos al Sol, logrando a partir de 2024 varias pasadas a apenas 6 millones de kilómetros, el 4% de nuestra distancia a la estrella.


"The Cup dipped into the sun. It scooped up a bit of the flesh of God, the blood of the universe, the blazing thought, the blinding philosophy that set out and mothered a galaxy, that idled and swept planets in their fields and summoned or laid to rest lives and livelihoods."

La NASA es mucho menos poética. Parker no lleva una Copa para tomar una muestra. Si bien sobrevolará el Sol a poco menos que 9 radios solares, no tocará el globo incandescente, su superficie brillante. Volará en cambio, una y otra vez, dentro de la corona interior del Sol, esa atmósfera tenue que sólo vemos durante los eclipses totales, y que veremos desde la Argentina dentro de un año (el 2 de julio de 2019), y después nuevamente el 14 de diciembre de 2020.


"In this ship were combined the coolly delicate and the coldly practical. Through corridors of ice and milk-frost, ammoniated winter and storming snowflakes blew."

Parker no está refrigerada como el Copa de Oro de Bradbury, pero combina eficazmente "lo frescamente delicado con lo fríamente práctico". Lleva un parasol de 11 cm de grueso, de un compuesto de carbono, que mantendrá siempre apuntando hacia el Sol. Eso es todo. Bueno, eso y una electrónica reforzada para el ambiente radiactivo en el que vivirá 7 años. ¿Su fuente de energía? Solar, por supuesto. Pero durante los perihelios deberá retractar los grandes paneles fotovoltaicos para no freírlos y asomar apenas unas orejitas, que serán suficientes.

La Tierra toda vive dentro de la atmósfera del Sol, de manera que es importantísimo entender cómo funciona. La sonda lleva una cantidad de instrumentos para analizar la corona solar como nunca antes: instrumentos para medir campos electromagnéticos, temperatura y partículas del viento solar. Lleva incluso dos telescopios, aunque no logro imaginarme lo que podrán fotografiar. Los datos se obtendrán durante la parte de la órbita cercana al Sol, y se transmitirán a la Tierra durante la parte lejana. Además de los instrumentos la sonda lleva también una placa conmemorativa de Eugene Parker (la primera persona viva en tener su nombre en una misión de la NASA) y una tarjeta de memoria con los pdf's de los papers de Parker sobre el viento solar y los nombres de todos los que nos anotamos para mandar nuestro nombre ¡al Sol!



Las imágenes son de NASA/Parker Solar Probe. Salvo la foto del eclipse, que es de Damian Peach.

Si querés saber cómo funciona la honda gravitacional (no ONDA, honda), revisá mi Mecánica Clásica, sección 3.7.

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