sábado, 10 de enero de 2015

Feliz año nuevo

Empezó un nuevo año. Todos sabemos, desde niños, que un año es el tiempo que le lleva a la Tierra dar una vuelta en su órbita alrededor del Sol. ¿Correcto? Bueno, no.

El 31 de diciembre, mientras terminaba de cocinar el pavo y el pan dulce, me llamaron de Metro y Medio (Radio Metro) para comentar sobre el evento desde un punto de vista astronómico. Como suele pasar en estos casos, hablamos de un montón de cosas y al final no estoy seguro de si quedó claro lo que quería decir. Así que lo repetiré brevemente acá.

El tiempo que le lleva a la Tierra completar una órbita se llama año sideral, y NO ES el año del calendario, cuyo final celebramos el 31 de diciembre. Lo podemos medir con respecto a una estrella lejana, por ejemplo. O a partir de algún punto especial de la órbita, si uno quiere, como el punto de máximo acercamiento al Sol (el perihelio). El perihelio ocurrió el domingo pasado, 4 de enero, pero su cercanía al Año Nuevo es completamente casual. Como el año sideral NO ES el del calendario, el momento exacto del perihelio se va corriendo. Lo podés festejar, pero nadie va a tirar cohetes. Vale la pena aclarar: el hecho de que la Tierra esté más cerca del Sol no tiene ninguna relación con el verano. ¡En la mitad del mundo es invierno, después de todo!

Nuestro calendario está basado en el año trópico, que es el tiempo que le lleva a la Tierra recorrer de un equinoccio de marzo al siguiente. Como los equinoccios (y los solsticios intermedios) marcan las estaciones, resulta que nuestro calendario está atado a las estaciones. Esto es importante: bien se puede decir que el único propósito de nuestro calendario es que las estaciones empiecen siempre en la misma fecha del año.

¿Por qué? Porque hay fiestas religiosas atadas a las estaciones. Nuestro calendario es el resultado de una reforma impulsada por el Papa Gregorio XIII en el siglo XVI, que modificó el calendario romano de Julio César que llevaba 1600 años en uso. El calendario de los romanos también pretendía estar atado a las estaciones. De hecho, empezaba en marzo (y los meses de septiembre, octubre, noviembre y diciembre eran el séptimo, octavo, noveno y décimo, como sus nombres indican). Pero no estaba bien calculado, así que la fecha del equinoccio empezó a correrse. ¿Y qué? pregunta uno. Bueno, Pascua tenía que caer a principios de la primavera (del hemisferio norte). Y se estaba corriendo. Así que se reformó el calendario. La reforma fue sencillísima y funciona extraordinariamente bien. Pero eso lo contaré otro día. Aunque me parece que ya lo conté.

Bueno, pero si el equinoccio es un punto de la órbita (cuando el Sol está en la intersección de la eclíptica y el ecuador) ¿el año trópico no debería ser igual al año sideral? ¡Ajá! Esa es la cuestión. Resulta que no. El fenómeno fue descubierto por el astrónomo griego Hiparco hace 2500 años, y se llama precesión de los equinoccios. La razón la explicaré otro día, pero la cuestión es que ¡el año trópico es 21 minutos más corto que el año sideral! 21 minutos, no parece mucho, pero se acumulan y se acumulan...

Pero lo que celebramos cada año el 31 de diciembre no es siquiera el año trópico, es el cambio de año calendario. ¿Por qué? Porque el año trópico no dura una cantidad entera de días: tenemos la cuestión de los bisiestos (que recién cada 4 años vuelven a poner al calendario en alineación con el año trópico). Encima, hay efectos de la Luna, de la duración del día, irregularidades de la órbita por efecto de los planetas, reacomodamientos de la Tierra misma, bamboleos raros y la mar en coche. Así que, en realidad, cada 31 de diciembre a medianoche la Tierra está en un lugar distinto de la órbita...

Muchas actividades científicas y tecnológicas de hoy en día requieren que todos esos efectos menores sean tenidos en cuenta para saber exactamente en qué lugar del espacio se encuentra el planeta, y apuntando para qué lado, en cada fecha exacta del calendario. Así que existe un organismo internacional, con el fascinante nombre de Servicio Internacional de Rotación de la Tierra y Sistemas de Referencia, que monitorea cuidadosamente la posición y el movimiento del planeta. ¿A qué hora festejarán ellos? ¿Tendrán prendido Crónica, como hacemos todos?


Nota para fans de Game of Thrones. En el planeta de Game of Thrones las estaciones son completamente irregulares. Así que su calendario debe estar basado en el año sideral, no en las estaciones. ¿Cómo hace una civilización medieval para tener un buen calendario basado en la órbita del planeta, si acaso saben que viven en un planeta? ¡Esa gente ni siquiera llegó al Renacimiento! Bueno, no es tan difícil. Los antiguos egipcios tenían un calendario sideral, no trópico, basado en la posición de la estrella Sirio (con la idea del primer gráfico que puse ahí arriba). De hecho, Hiparco descubrió el fenómeno comparando el año trópico que midió él mismo con el año egipcio. 

Las figuras son mías mías, pero se las presto.


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