sábado, 30 de marzo de 2013

El Papa, el equinoccio y la Pascua

La semana pasada fue el equinoccio, y mañana es Pascua. No es una casualidad: la fecha de la Pascua, tanto en el calendario hebreo como en el calendario litúrgico católico, está ligada al equinoccio de marzo, comienzo de la primavera en el hemisferio norte. Esta relación fue la que condujo a la reforma del calendario decretada por el papa Gregorio XIII en el año 1582. El calendario gregoriano, el que usamos hoy.

La cosa fue así: el calendario en uso desde tiempos de Julio César tenía un pequeño error. La duración del año era incorrecta, no por mucho, pero incorrecta al fin. El año era unos 11 minutos más largo que el tiempo que tarda la Tierra en recorrer su órbita, de equinoccio a equinoccio. ¡Once minutos en un año! Es un error de apenas un cero coma cero cero dos por ciento. No parece mucho. Aún así, a lo largo de los siglos, esos 11 minutos se acumularon. Once minutos por 1600 años, 11×1600 minutos, son 17600 minutos, que son 10 días.

¿Y qué problema hay? Hoy en día vivimos sometidos rigurosamente a la medición del tiempo. ¿Pero en es siglo XVI? ¿A quién le importaba? Bueno, le importaba a los astrónomos, y le importaba a los curas. A los astrónomos, obviamente, por razones científicas. Y a los curas, por la Pascua. Con un calendario demasiado largo, el equinoccio se había corrido al 11 de marzo. El Concilio de Nicea lo había fijado en el 21 de marzo. Pero el testarudo Sol ignoraba por completo los decretos conciliares. Así que la situación se complicó. Si se dejaba que el equinoccio se moviera a lo largo del año, con él se moverían las estaciones, imagínense, Navidad en verano, qué barbaridad. ¿Y la Pascua, cruzándose con la Navidad cada tantos siglos? O se podría independizar la Pascua de la primavera. Un gran lío. Así que los astrónomos y los curas aficionados a la astronomía lo convencieron al Papa de que resolviera las dos cosas de un plumazo, como hacen los papas.

La reforma requería dos cosas: una mejor duración del año, y la corrección del error de 10 días que se habían acumulado. La primera resultaba sorprendentemente fácil, según calcularon los astrónomos. Bastaba con eliminar tres días bisiestos cada 4 siglos. Por eso los años múltiplos de 100 no son bisiestos (1900 no fue bisiesto), salvo que sean múltiplos de 400 (el 2000 fue bisiesto, pero el 2100 no lo será).

El otro ajuste requería volver a poner el equinoccio en el 21 de marzo, para celebrar la Pascua como corresponde. ¿Cómo hacerlo? ¿Eliminando un día por año durante varios años? ¿Salteándose los bisiestos durante 40 años? ¿O de golpe, 10 días perdidos? Gregorio eligió esto último. En los países católicos, en octubre de 1582 la gente se fue a dormir el día jueves 4 y se depertó el día viernes 15. ¡Zas! ¿Cómo se habrán enterado en Buenos Aires, una aldea fundada dos años antes?

La reforma no se aplicó de inmediato en los países fuera del alcance del poder papal, a pesar de la evidente inexactitud del calendario juliano. Los gobiernos se resistían por razones políticas, y algunos lo hicieron durante mucho tiempo. En Gran Bretaña se adoptó el nuevo calendario recién en 1752. Esto produjo una rareza literaria: Miguel de Cervantes y William Shakespeare, los máximos exponentes de las literaturas clásicas española e inglesa, murieron en la misma fecha, el 23 de abril de 1616, ¡pero no el mismo día!

La gente era más mansa en esas épocas. Si bien en 1582 nadie dijo ni mus, en Londres del siglo XVIII hubo manifestaciones populares reclamando que el gobierno devolviera los 11 días "perdidos". ¿Se imaginan lo que podría llegar a ser hoy? Facebook y Twitter hervirían con protestas. #devuelvanlos10dias, #noalareforma, la gente etiquetando como loca al papa y los astrónomos, gustando cada post de bisiestos, compartiendo cada chiste de fechas inexistentes... Por suerte las correcciones que se necesitan hoy en día para mantener el calendario sincronizado con el movimiento de la Tierra son de apenas 1 segundo cada tanto, y nadie se preocupa. Otro día lo cuento.

Post scriptum. Hace unos años escribí sobre la fecha de la Pascua y cómo calcularla si no tenemos un almanaque a mano. Aquí está.

Post scriptum 2. Buenos Aires fue fundada el 11 de junio de 1582, y siempre se celebró esa fecha. ¿Por qué no se corrigieron los 10 días? Para celebrar una número entero de años habría que prender las velitas el día 21 de junio, no el 11. No es tan disparatado como parece. George Washington, por ejemplo celebraba su cumpleaños el 22 de febrero aunque había nacido el día 11, en 1732, antes de la reforma calendárica en Inglaterra y sus dominios, que fue en 1752 como dijimos. No lo sé.

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2 comentarios:

  1. Muy buena la información, Guillermo. Por lo que noto en la imagen, veo que no soy el único que ha logrado erguir el producto de la gallina de esa forma equilibrante luego de varios minutos de paciencia. Saludos

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    1. Gracias, Mariano. La verdad que no es tan difícil parar el huevo. Como decís, se necesita paciencia y buen pulso. La referencia de la foto el doble: por un lado el símbolo de la Pascua, y por el otro el mito de que sólo se puede parar el huevo en el equinoccio. El año pasado hice un video de la huevada.

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