sábado, 5 de septiembre de 2015

El corazón de las tinieblas

Aunque parezca mentira, el centro del Sol es oscuro como el carbón. En el núcleo, de donde viene toda la energía que mantiene brillando la superficie del Sol, la luz visible es poquitísima. Si nos teletransportaran al centro del Sol no veríamos nada. Eso sí: nos cocinaríamos rápidamente en radiación X y gamma. Cada uno de esos fotones súper energéticos es absorbido y reirradiado a longitudes de onda mayores a medida que recorre su camino hacia la superficie, hasta que sale una mezcla de radiaciones, principalmente luz visible e infrarrojo, con máximo en el verde.


El núcleo ocupa el cuarto central del diámetro solar, apenas el 1,5% de su volumen pero alberga más de la tercera parte de toda la masa de la estrella. A una densidad enorme, de 162 gramos por centímetro cúbico, sorprendentemente es todavía un gas debido a la tremenda temperatura. Lleva 5 mil millones de años convirtiendo hidrógeno en helio, seicientas mil toneladas de hidrógeno cada segundo, así que a esta altura su composición es mitad y mitad. Dentro de otros 5 mil millones de años será puro helio y el horno nuclear se apagará. El núcleo se contraerá por su propio peso y, expuesto en forma de estrella enana blanca tras la expulsión de las capas más superficiales, brillará intensamente por muchísimo tiempo más a medida que se enfríe. Tras una cantidad insondable de miles de millones de años estará finalmente tan frío que será, definitivamente, negro de toda negritud.


La imagen del Sol sobre la que superpuse el tamaño del núcleo es del Solar Dynamics Observatory, una imagen ultravioleta de mayo de 2015 que elegí un poco al azar en su vasta galería.

Parece mentira que el cuarto central de una esfera ocupe una fracción tan pequeña del volumen total. Pero el volumen de una esfera crece con el cubo del diámetro, y 1/4×1/4×1/4 = 1/64 ≈ 0.016 = 1.6%.

Compartir:
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...