sábado, 23 de enero de 2016

Clase de canto

Las galaxias son un descubrimiento relativamente reciente de la astronomía: apenas en 1923 Edwin Hubble reconoció que la "nebulosa" de Andrómeda era un gigantesco sistema estelar a millones de años luz de nosotros, comparable a toda la Vía Láctea.

El propio Hubble clasificó las galaxias en elipsoidales y espirales, según su forma. Para el astrónomo ocasional o aficionado, las espirales son definitivamente las más hermosas de observar. Hay que decir que lo que mejor las caracteriza no son los brazos que le dan el nombre a la categoría, sino el disco: la mayor parte de sus estrellas están en un disco muy chato, con las proporciones aproximadas de un CD: 100 a 1 es el diámetro respecto al espesor. Cuando nuestro punto de vista desde la Tierra nos muestra el disco justo de canto su aspecto es muy distinto que cuando las vemos de frente o apenas inclinadas. Los brazos resultan imperceptibles, ya que aparecen todos superpuestos. Lo que domina su aspecto es la gran cantidad de polvo frío y oscuro, que también está concentrado en el disco.

Esos filamentos oscuros trazan las regiones más densas de material interestelar. Sus granos son tan finos que, más que polvo, es como un humo formado por partículas de apenas 1 micrón. Está compuesto de materiales ordinarios: silicatos, agua, monóxido y dióxido de carbono, sustancias orgánicas como alcoholes, formol, aminoácidos... nada de otro mundo (jejé). Son el material del que se formarán nuevas estrellas y planetas.

En algunas de estas imágenes vemos puntitos rojos o rosados: son regiones donde han nacido estrellas, generalmente en racimos, y su joven radiación está haciendo brillar el gas y el polvo de los que se formaron. Al mismo tiempo, la presión de esta radiación empuja y disipa el material interestelar. Las estrellas bebés son las escultoras de sus propias nurseries, y van conformando la estructura filamentosa que vemos en las fotos.

Casi todas estas galaxias son objetos telescópicos muy tenues. Para observar sus detalles se requieren telescopios grandes y largas exposiciones fotográficas. Salvo una: la nuestra, la Vía Láctea. La única espiral de canto que podemos disfrutar a simple vista. Ahí está, es la de más abajo en esta composición. Nuestra posición relativamente periférica en el disco nos permite verla, aunque estemos dentro, como una más de esta categoría.

En general la percibimos como un arco de horizonte a horizonte. En esta imagen rectifiqué su forma a costa de distorsionar el paisaje. Además eliminé las estrellas individuales, para que parezca una visión telescópica. Aquí abajo está la imagen completa, con el paisaje. Las dos fotos son de una resolución mucho mayor que la que aparece aquí en esta columna. Pueden descargarlas para disfrutarlas mejor.



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