sábado, 20 de febrero de 2021

El colapso de Medusa

El 2 de julio de 1816 la incompetencia del capitán (un acomodado de la política) hizo encallar la fragata francesa Méduse en la bahía de Arguin, en Mauritania. El 5 de julio, a punto de hundirse el barco, algunos pasajeros (al menos 146) trataron de salvarse en una balsa improvisada, ya que los botes alcanzaban para menos de la mitad de los náufragos. Mientras la voz de Francisco Narciso de Laprida declaraba la libertad de estas crueles provincias, las cosas más espantosas ocurrían a bordo de la balsa. El 17 de julio fueron rescatados sólo 15 sobrevivientes.  

Uy, ¿me equivoqué de blog? 

No. No vamos a hablar del trágico y escandaloso naufragio, que dio lugar a uno de los cuadros más notables (y espeluznantes) del romanticismo francés, La balsa del Medusa, de Géricault. Vamos a hablar del cúmulo Medusa y su propio colapso. En pleno confinamiento, cuando en Bariloche no nos permitían salir de casa a pesar de que había 10 veces menos covid que ahora, observé desde el balcón el lindo cúmulo globular Messier 30 en Capricornio. La foto salió un poco desenfocada, pero igual está buena. Aquí lo tenemos, junto a la estrella de quinta magnitud 41 Cap, que sirve para encontrarlo en el cielo.

Los cúmulos globulares son sistemas gigantes de estrellas, mucho mayores que los cúmulos en los cuales nacen las estrellas (también llamados cúmulos abiertos, o cúmulos galácticos en libros viejos), que hemos comentado muchas veces. Los globulares están llenos de estrellas viejas, tan viejas como las galaxias. De hecho, muchos de ellos tal vez sean núcleos de otras galaxias, que han sido devoradas por la Vía Láctea.

Cuando revisé las fotos me pareció que las estrellas eran demasiado azules, algo anormal para un cúmulo globular, porque estrellas azules significa estrellas jóvenes. Así que cargué la foto en uno de mis programas de astrofotografía favoritos, Regim, que es capaz de identificar solito las estrellas y calibrar el color de la imagen accediendo a datos de catálogos on-line. El resultado en general es fantástico, da colores muy naturales incluso para fotos hechas en medio de la contaminación luminosa de la ciudad. Aquí está con el cúmulo más grande:

Podemos ver muchas estrellas del color cremita típico de las estrellas antiguas: las más brillantes forman dos patitas rectas y una curva, que le han ganado el sobrenombre de cúmulo Medusa. Pero también se ven estrellas mucho más pequeñas de tono azul. Así que ese tono que noté al principio es real. El núcleo de M 30 es muy compacto, a diferencia del de Omega Centauri, y más parecido al de 47 Tucanae. William Herschel, poco antes de la Revolución Francesa, lo describía así:

"The stars about the centre are so much compressed as to appear to run together. Towards the north, are two rows of bright stars 4 or 5 in a line. In this accumulation of stars, we plainly see the exertion of a central clustering power, which may reside in a central mass, or, what is more probable, in the compound energy of the stars about the centre."

Evidentemente este cúmulo ha sufrido un fenómeno típico de algunos globulares: el colapso gravitacional del núcleo. En estos casos es posible que algunas estrellas se fusionen y rejuvenezcan, formando las que se llaman blue stragglers, rezagadas azules, que también hemos observado en NGC 6752, el fantástico cúmulo del Pavo. APOD mostró el fenómeno la semana pasada en el cúmulo M53, que tiene una morfología completamente distinta. Es algo que no tiene una explicación completamente satisfactoria. Messier 30 es un caso extremo de colapso del núcleo. A pesar de que mide casi 100 años luz de diámetro, la mitad de su masa está apretujada en un espacio como el que hay entre nuestro sistema solar y Sirio, un milésimo del volumen total. El cielo nocturno en los planetas de esas estrellas debe ser una cosa de locos. 

Messier 30 se encuentra a 27 mil años luz de nosotros, la misma distancia que el centro galáctico, pero lo vemos a unos 45 grados del ecuador galáctico, y a más de 50 de éste. Así que sigue una órbita muy inclinada, que además gira de manera retrógrada con respecto a la rotación de la galaxia. Todas estas características dinámicas apuntan a que es un inmigrante, y que llegó a la Vía Láctea acompañando a otra galaxia, en algún remoto día cuando el universo era más joven y no había covid.



A propósito del tono azul de Messier 30: Howell, Guhathakurta and Tan, Radial color gradient and main sequence mass segregation in M30 (NGC 7099) (1999).

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