sábado, 26 de marzo de 2011

Superlunas

¿Vieron la superluna del fin de semana pasado? Algunos amigos me preguntaron por qué no había hecho comentarios sobre el fenómeno. La razón principal es que tuvo tanta cobertura en los medios que me pareció innecesario. Claro que la presentación mediática tuvo un tono exagerado, como suele ocurrir. Y ni hablar de las predicciones apocalípticas, tan irresponsables como infundadas, sobre terremotos y otras calamidades que la superluna iba a ocasionar y que, desde luego, brillaron por su ausencia. Pero fue un hermoso espectáculo, como se ve en esta foto.

Por otro lado el fenómeno es casi imperceptible a simple vista. Como ya saben los habitués, el diferente tamaño de la Luna en el cielo se debe a que su órbita elíptica (ovalada) la trae a veces más cerca y la lleva a veces más lejos de la Tierra. Esto se repite cada 28 días y medio, de manera que todos los meses hay lunas de perigeo, o sea más cercanas a la Tierra y de apogeo (más lejanas). Lo que pasa es que no siempre coinciden con las lunas llenas. Cuando la luna llena ocurre cerca del perigeo tenemos una luna llena bien grande —podríamos decir una "superluna". Cuando ocurre cerca del apogeo es una luna llena chica, digamos una "miniluna". La diferencia de tamaño entre superlunas y minilunas es de aproximadamente un 15%. Es poquito pero apreciable, como se puede ver en esta foto, tomada con una superluna y una miniluna en 2009. A simple vista, viendo una junto a la otra, claramente se las distingue.

Otra cuestión es si uno puede darse cuenta de la diferencia viendo sólo una de ellas (esta foto muestra la superluna del 2009, la de la foto anterior, saliendo sobre la cordillera). La única comparación sería con el recuerdo que uno tenga de lunas de meses anteriores. A menos que la "mida", claro, comparándola con un objeto en el horizonte todos los meses (¡y se acuerde de la comparación mes a mes!). Estoy seguro de que más de uno debe haber visto la salida de la Luna el sábado pasado y dicho "¡Guau, es enorme!" porque sabía que era una superluna, pero en realidad estaba siendo engañado por la ilusión de la luna saliente (aquí en inglés, un poco más completo).

Por otro lado, la diferencia de tamaño entre distintas superlunas es realmente ínfima. La de la semana pasada fue "vendida" por los medios como la más grande de los últimos 20 años, o algo así. Esto es estrictamente cierto, pero es todavía más imperceptible que la diferencia entre superlunas y minilunas. En la primera foto, tomada durante la súper-superluna de la semana pasada, las condiciones eran las siguientes:

2011-03-19 19:47 - distancia: 356418 km - tamaño: 33,53 minutos de arco

Y en la segunda, las circunstancias de la superluna eran:

2009-01-09 22:37 - distancia: 356614 km - tamaño: 33,51 minutos de arco

O sea, la de la semana pasada estaba apenas 0,05% (sí, cero coma cero cinco por ciento) más cerca que la del 2009. ¡Corresponde a 1 segundo de arco más grande, completamente imperceptible a simple vista! Definitivamente muy poquito como para hacer aspaviento. ¡Todas las superlunas son más o menos iguales! Y todos los años hay más o menos una superluna y una miniluna. Quienes quieran saber las fechas no tienen más que usar esta calculadora de perigeos y apogeos, que está siempre disponible en la sección de Documentos de este blog. La calculadora produce una tablita para el año que uno le pida. Junto al perigeo del 19 de marzo de 2011 se verá el símbolo ++, indicando que es una muy buena "superluna". En cambio, el perigeo del 19 de febrero no está marcado, o sea: poco interesante. La luna llena fue el día anterior, 18 de febrero, ocasión en que saqué esta última foto. Esta luna mide 33,39 minutos de arco. ¡Es tan sólo un 0,4% más chica que la famosa súper-superluna de la semana pasada, y ni siquiera califica como superluna!


Nota sobre las fotos. La foto de la superluna del 19 de marzo fue tomada con mi compacta Panasonic Lumix TZ5, que tiene un buenísimo zoom. Las fotos en perigeo y apogeo del 2009 fueron tomadas con la Canon Rebel XTi montada en el foco primario del Meade LX10. La foto siguiente es la misma luna de perigeo del 2009, fotografiada desde el Cerro Tronador. La foto de febrero de 2011 es una composición de "gran rango dinámico" de tres exposiciones, con lo cual se logra una representación muy parecida a lo que se observa a simple vista. Ambas tomadas con la Canon.

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sábado, 19 de marzo de 2011

Las dos estaciones de Bariloche

Mañana, 20 de marzo, termina el verano y empieza el otoño en el hemisferio sur. Un amigo me preguntaba hace poco si el hecho de que febrero tenga 28 días, y agosto 31, no hacía que los veranos de nuestro hemisferio fuesen más cortos que los del hemisferio norte. La codicia de los emperadores romanos por acumular días en julio y agosto no tiene nada que ver, pero ¡ay! nuestro verano sí es bastante más corto que nuestro invierno. ¿Cómo? ¿Será verdad lo que dice el viejo chiste: que en Bariloche hay sólo dos estaciones, el invierno y la del ferrocarril?

Acá están las fechas para este año:

Equinoccio vernal: 20/3/2011
...seguido por 93 días de otoño hasta el...
Solsticio de invierno: 21/6/2011
...seguido por ¡94 días de invierno! hasta el...
Equinoccio de primavera: 23/9/2011
...seguido por 90 días de primavera hasta el...
Solsticio de verano: 22/12/2011
...seguida por ¡89 días de verano! hasta el siguiente...
Equinoccio vernal: 20/3/2012

El próximo invierno va ser ¡un 5,6% más largo que el próximo verano!

La razón de esta desigualdad no obedece a razones geopolíticas, sino a la fría ciencia astronómica. La explicación tiene dos partes: la forma de la órbita de la Tierra, y la ubicación de los solsticios y equinoccios en esta órbita. Vayamos por partes.

Parte 1: La forma de la órbita. La órbita de la Tierra alrededor del Sol no es un círculo sino una elipse. Ya han aparecido las elipses por aquí, desde la nota sobre Kepler (descubridor de las órbitas elípticas) hasta las lunas llenas de distinto tamaño (como la superluna de hoy). Una elipse es como un círculo con dos centros, llamados focos. En esta imagen están representadas las órbitas de los planetas interiores en Celestia (click para agrandar si no se ve bien). La órbita de Mercurio es más ovalada todavía (se dice más excéntrica), y se nota a simple vista. El Sol está en uno de los focos de cada órbita planetaria; en el otro foco no hay nada. El momento de máximo acercamiento al Sol se llama perihelio, y el de la Tierra ocurre el 5 de enero. El máximo alejamiento es llama afelio, y el de la Tierra ocurre el 4 de julio. La Tierra, claro, se mueve un poco más rápido cuando está más cerca del Sol, y más lento cuando está más lejos, siguiendo las leyes de Kepler.

Parte 2: La Tierra inclinada. Los solsticios y equinoccios no tienen relación con la forma elíptica de la órbita. Dependen de la inclinación del plano del ecuador de la Tierra con respecto al plano de la órbita. Estos dos planos se cortan, obviamente a lo largo de una recta, que apunta por un lado a la constelación de Piscis y por el otro a Libra. Es una recta fija (bueno, va rotando muuuuy lentamente) y apunta todo el año p'al mismo lado, a medida que la Tierra la "arrastra" a lo largo de la órbita. Mañana, el día del equinoccio, esta recta pasa, además, por el Sol. En este diagrama está representada la órbita de la Tierra exagerando su excentricidad, para que se vea mejor el efecto (en la verdadera órbita los dos focos están más juntitos). Mañana a las 23:31 hora universal la Tierra estará donde marca el circulito celeste en el diagrama. En ese momento el plano del ecuador terrestre corta el plano de la órbita a lo largo de la línea roja (el Sol, entonces, brilla directamente sobre el ecuador). Así dando toda la vuelta, la relación entre el ecuador y la órbita determina las estaciones, cuyos comienzos están marcados con la línea roja y la línea verde en el diagrama.

Juntando las partes: Una desafortunada coincidencia. ¡Miren las fechas! El perihelio ocurre pocos días después de nuestro solsticio de verano. Como resultado, la Tierra recorre nuestro verano al trotecito, mientras que nuestro invierno lo recorre al paso. Y nos tocan 8 días más de otoño-invierno que de primavera-verano...

Alguien dirá: "Ah, pero en nuestro verano el Sol está más cerca, y calienta más. Así que será corto, pero bueno." Tal vez. El Sol está un 3% más cerca en nuestro verano que en el del hemisferio norte (¡mucho menos que lo que se ve en el diagrama!). Es muy poquito, y su efecto es casi imperceptible frente a otras cuestiones que afectan la temperatura de nuestras estaciones, como la distribución de los océanos y continentes, las corrientes marinas, la meteorología, etc. Así que no hay tutía: acá el invierno es más largo.


Nota sobre la foto. En otoño los bosques que cubren las laderas de los cerros de la Patagonia, mayoritariamente de lengas (Nothofagus pumilio), toman este increíble matiz, a medida que sus hojas van pasando de verdes a rojas. Bájense la imagen de alta resolución, hace un lindo fondo de pantalla.

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sábado, 12 de marzo de 2011

Venus y Diana

Me encantan las conjunciones astronómicas, como ya conté aquí más de una vez. Apenas dos planetas están a menos de unos 4° en el cielo mi cerebro hace ¡bang! y no puedo dejar de mirar. Sobre todo cuando involucran una Luna cercana a la luna nueva, en el cielo del amanecer o del atardecer, con ese color azul intenso que se pierde en la banda rosada o anaranjada que separa el día de la noche. En la madrugada del 1 de marzo una hermosa conjunción de la Luna y el planeta Venus adornó el cielo del Este, y no me la iba a perder. Así se la vio en el cielo de Bariloche, sobre la silueta de la estepa más allá de la ciudad. La Luna era una delgadísima menguante, 3 días antes de la luna nueva. El planeta Venus, en cambio, presentaba una fase gibosa bien gruesa, que favorecía su intenso brillo a magnitud -4, mucho más brillante que las estrellas más brillantes. La fase de Venus, sin embargo, no se podía apreciar a simple vista (el planeta, del tamaño de la Tierra, estaba 400 veces más lejos que la Luna). Las fases de Venus fueron descubiertas por Galileo en 1610, un hecho decisivo en la consolidación del modelo heliocéntrico del sistema solar. Se puede clickear la foto para agrandarla. Si miran con atención podrán ver la luz cenicienta en la Luna: la parte nocturna de la Luna, iluminada por luz del Sol reflejada en la Tierra. En la foto siguiente se ve aún mejor este fenómeno.

Estas conjunciones son preciosas de observar a simple vista, y también muy fáciles de fotografiar incluyendo parte del paisaje. En esta ocasión saqué también una foto con un pequeño teleobjetivo, y el resultado también me gusta. Aquí está. Click, obviously. Se ven las regiones oscuras de la Luna (los mares) en su cara nocturna. Lindo, lindo. Los rayitos que salen de Venus son un artificio del diafragma de la cámara, y enmascaran su fase.

El día anterior, 28 de febrero, la conjunción también era atractiva, y aproveché para hacer algo inusual: observar Venus de día. Este planeta es generalmente tan brillante que casi siempre se lo podría observar de día... si uno supiera dónde mirar.  Cuando la Luna está cerca, como en estas conjunciones, sirve de indicador y se puede observar sin problema. Saqué una foto, inclusive, también bonita. Acá está. Noten que la Luna estaba del otro lado, con el borde convexo iluminado del lado del planeta. La Luna se mueve unos 50° cada día en el cielo, hacia el Este. (Otra foto interesante del 28 de febrero muestra la conjunción junto a la Tetera de Sagitario; la pueden ver acá y en versión anotada acá.)

Es una experiencia extraña la de observar una estrella de día (a simple vista Venus se ve como una estrella brillante). Así que al mediodía monté mi telescopio chico en la plaza frente a la Administración del Centro Atómico e invité a la gente. Todos los que se acercaron lograron ver a Venus a simple vista en el cielo celeste, y se emocionaban. También observamos el Sol y las lindas manchas solares que se veían. He aquí una foto del mini-evento.

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sábado, 5 de marzo de 2011

Los colores de la Cruz

A veces una foto sale bien de casualidad. El día que saqué la foto que ilustró la nota de la semana pasada, sobre la Vía Láctea austral, saqué también ésta. Es una foto de la misma región, completamente fuera de foco. Se ve también parte del paisaje.

Técnicamente es un desastre, una foto para tirarla. Pero igual me gusta. El desenfoque hace que sólo se vean las estrellas más brillantes. Es más fácil reconocer el paisaje estelar que con los miles de estrellas puntuales de las fotos de larga exposición como la de la semana pasada. La familiar forma de la Cruz y su Puntero saltan a la vista de inmediato. Uno diría que, astronómicamente, no es una foto muy valiosa. Pero se ven muy bien los colores de las estrellas, que a simple vista o a través del telescopio son aparentes, y que son tan difíciles de captar en fotografías. Gamma Crucis (Gacrux), la estrella de la cabeza de la Cruz, es una gigante roja y su color se destaca. Las otras estrellas de la Cruz son gigantes azules. Alfa Centauri, la estrella más brillante del puntero, es una estrella doble cuya componente principal es muy parecida al Sol, y brilla con el color blanco amarillento de nuestra estrella (también se la llama Rigel Kentaurus, o Tolimán). La otra estrella roja en cerca del borde derecho de la imagen es Atria, Alfa Triangulum Australis, también una gigante roja (menos roja que Gacrux, y menos gigante). Se percibe la banda difusa de la Vía Láctea y un "nudo" más brillante marca la posición de la nebulosa de Eta Carinae. La escena parece vista a través de un tejido: es un artificio del dispositivo electrónico de la cámara, usualmente invisible, que se manifestó cuando forcé el brillo de la escena para ver algo. A mi juicio, no le quita encanto sino que le agrega.

Las estrellas de la Cruz forman parte de un cúmulo estelar ya muy abierto y desparramándose (se llama una asociación OB, pero nada que ver con Johnson&Johnson), a través del cual está pasando nuestro sistema estelar. Es algo súper interesante que comentaré en algún momento.

Nota sobre Alfa Centauri: Tal como anotó el amigo Rodolfo la semana pasada, hay una tercera estrella que tal vez forma parte de Alfa Centauri. Se llama Proxima Centauri. Es una enana roja difícil de ver (magnitud 11), apenas 50% más grande que Júpiter y con un décimo de la masa del Sol, y no es seguro que esté ligada gravitacionalmente al sistema formado por Alfa Centauri A y B. En el cielo se encuentra a unos 2° de Alfa Cen (cuatro lunas, no muy cerca, como se ve), y a 0,2 años luz de su centro de masa, y más cerca de nosotros. A 4 y un cuarto años luz de distancia, es la estrella más cercana a nuestro Sol (de allí su nombre, claro). Tal vez, en un futuro lejano, el primer viaje interestelar tenga por destino a Proxima. Con tecnología disponible actualmente el viaje podría durar apenas un siglo. El Sol, visto desde allí, se vería como una estrella brillante de Cassiopea, cambiando su característica forma de W de tal modo que Cassiopea se parecería a la cicatriz en forma de rayo en la frente de Harry Potter.

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