sábado, 15 de agosto de 2015

Si es de Bayer es bueno

Johann Bayer fue un abogado y astrónomo alemán. Es justamente famoso por su obra de cartografía celeste publicada en 1603 con el nombre de Uranometria, palabra derivada de Urano, no el planeta sino el dios cielo de los antiguos griegos. Fue el primer atlas en cubrir el cielo entero, incluyendo las regiones australes que estaban fuera del alcance de los astrónomos griegos, y que los navegantes del Renacimiento hicieron conocer en Europa.

Uranometria está compuesta por una colección de mapas más una tabla de posiciones estelares. Para catalogar sus estrellas, inclusive las que no tenían nombre propio, Bayer inventó una nomenclatura que, si bien es demencial, nos negamos a desechar hasta hoy en día. Cada estrella de Bayer está designada por una letra griega minúscula seguida del genitivo (es decir, el posesivo) en latín de la constelación en que se encuentra. La figura muestra un detalle de la constelación de Orión, donde vemos la estrella del hombro, Betelgeuse, α (alfa) Orionis, acompañada por μ (mi) en el bíceps, ω (omega) en el omóplato y φ (fi) en el cuello. Muchas de las estrellas más pequeñas están en las cartas pero no en la tabla, y quedaron anónimas. Los grabados, hay que decir, son preciosos.

Suele creerse que el orden alfabético corresponde al brillo de cada estrella dentro de su constelación. ¡Ojalá fuera así! Bayer no tenía manera de medir el brillo de las estrellas con precisión (ni siquiera tenía un telescopio), así que acomodó las estrellas en las seis categorías tradicionales: primera a sexta magnitud. Después asignó los nombres de manera ordenada por magnitud, pero no hizo ningún esfuerzo en ordenar por brillo a las estrellas de la misma magnitud. Betelgeuse (alfa), por ejemplo, es ligeramente menos brillante que Rigel, β Orionis. Encima, en ocasiones, abandonó esta regla y las designó de acuerdo a su posición en el cielo, o en la constelación, o por cuestiones tiradas de los pelos. Por ejemplo, la estrella más brillante del Dragón es gamma (nombre propio Eltanin), mientras que Thuban recibió la letra alfa porque hace 4000 años fue la Estrella Polar. ¡Ah, mirá qué bien! Como resultado de este despiplume hay 16 constelaciones de Bayer donde alfa no es la estrella más brillante.

No me puedo imaginar el estupor de Bayer cuando se encontró con constelaciones que tenían más de 24 estrellas, que son las letras del alfabeto griego de alfa a omega. ¡Cómo no se me ocuguió! debe haber exclamado en alemán. No sé si en broma o en serio decidió agregar otras 24 letras:  A (mayúsucula) sería la vigesimoquinta estrella, siguiendo después ¡con minúsculas! de la be a la zeta (sin la jota ni la ve). En fin.

Con el uso del telescopio quedó claro que usar letras era una tontería, porque había muchísimas estrellas para catalogar. En el siglo XVIII John Flamsteed publicó un atlas muy completo de las estrellas visibles desde Gran Bretaña usando números en lugar de letras, también seguidos del genitivo de la constelación (se los llama números de Flamsteed aunque parece que no los inventó él, sino algún otro en reediciones de su catálogo). 61 Cygni, la estrella cuya distancia midió Bessel (como conté en Viaje a las Estrellas), es una de ese catálogo. El cielo austral fue catalogado en detalle recién en el siglo XIX por Benjamin Gould, el primer director del Observatorio de Córdoba fundado por Sarmiento, en su Uranometria Argentina, también usando números. Para entonces las figuras de las constelaciones, los dioses, héroes y monstruos de los mitos, ya se habían desvanecido de la astronomía científica. Sólo quedaban las estrellas, sus posiciones y sus identificadores. Este recorte muestra la misma región de Orión que el de Uranometria que puse más arriba.

Hoy en día cada nuevo catálogo asigna una nueva etiqueta a cada estrella, pero la informática nos libra de tener que memorizar las equivalencias. Si uno busca en el catálogo on-line Simbad, que es una referencia estándar mundial, la estrella pi Puppis (que es mi estrella favorita), encuentra que tiene 42 identificadores en sendos catálogos:


¡Y no empecemos con las designaciones de estrellas variables o dobles, porque ponen los pelos de punta!


Notillas. La mayoría de las posiciones estelares de Bayer, con precisión y exactitud de menos que un grado, están basadas en las mediciones del gran Tycho Brahe, que estaban circulando en forma manuscrita en la época. Revisadas y "reducidas" por Kepler fueron publicadas por primera vez en forma de catálogo en 1625, con el nombre de Tabulae Rudolphinae. Ya contaré sobre éstas.

Todas estas cosas están contadas en un delicioso libro clásico, que se puede leer gratis en la web: Star Tales, de Ian Ridpath.

La carta moderna muestra la misma región que Uranometria, alrededor de la cabaza de Orión. La recorté de SkyAtlas 2000.0, uno de los atlas favoritos de los aficionados.

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