lunes, 12 de abril de 2010

Camarada Yuri, ¡salud!

Johannes Kepler tenía un enorme respeto y admiración por Galileo. Me parece que este respeto no era del todo retribuido, aunque no entiendo bien por qué. Muchas veces le escribió cartas, y pocas veces recibió respuesta. Cuando Galileo publicó El Mensajero de los Astros en 1610, relatando sus primeras y revolucionarias observaciones telescópicas, le envió por supuesto una copia a Kepler. Verbalmente, a través del embajador toscano en Praga, le pidió su opinión (¿por qué no mediante una carta personal?). Kepler le había pedido comentarios sobre sus propias obras, sin obtener respuestas. Aunque Kepler no tenía un telescopio y no podía verificar por sí mismo las observaciones de Galileo, decidió apoyarlo. Publicó una especie de carta abierta, la Conversación con el Mensajero de los Astros, defendiendo las tesis del toscano.

La Conversación no tiene mayor contenido científico, pero de todos modos tiene cierto interés. Kepler apela a Galileo para que comente su reciente Astronomia Nova, y para que retomen un intercambio epistolar interrumpido 12 años antes. Después salta apurado de un tema a otro, y hay finalmente un párrafo notable que quiero recordar hoy, mientras celebramos el aniversario del primer vuelo espacial realizado por Yuri Gagarin a bordo de la Vostok 1, el 12 de abril de 1961. Kepler dice:

"No faltarán pioneros cuando hayamos dominado el arte del vuelo. ¿Quién habría pensado que la navegación a través del vasto Océano era menos peligrosa y más tranquila que en los estrechos golfos del Adriático, o del Báltico, o de la Gran Bretaña? Construyamos naves y velas adecuadas para el éter celestial, y habrá abundantes candidatos sin temor de cruzar esos desiertos vacíos. Mientras tanto preparemos, para los valerosos viajeros del cielo, mapas de los cuerpos celestes. Yo lo haré con la Luna y Ud., Galileo, con Júpiter."

Esta noche se celebra en todo el mundo Yuri's Night, la Noche de Yuri, una ocasión para brindar por la memoria del primer valiente en lanzarse a cruzar el vacío, cuatrocientos años después de Kepler. ¡Poyéjali, Yuri!

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