sábado, 19 de mayo de 2012

Los cometas de mi vida

El cielo nocturno es hermoso e inspirador. Es uno de los mejores espectáculos naturales, gratuito y al alcance de todo el mundo. Casi todas las noches podemos disfrutarlo, pero en raras ocasiones hay eventos especiales que uno atesora en la memoria. Los cometas son eventos de este tipo. El que ha visto un gran cometa no se lo olvida jamás. Si bien hay cometas "telescópicos" casi todo el tiempo, los cometas brillantes, o hasta modestos, son raros. Los Grandes Cometas, los que son evidentes al observador casual, son muy raros, alrededor de una docena por siglo. Yo he tenido bastante suerte, y aquí los repaso.

Para empezar, algunos que no vi, pero que me gusta recordar. El año en que yo nací, 1965, se vio uno de los cometas más brillantes de la Historia, el cometa Ikeya-Seki. Nadie de mi familia recuerda haberlo visto; no sé, tal vez no se vio desde Buenos Aires. ¿Alguien recuerda haberlo visto desde algún lugar de la Argentina? Esta es una foto típica del Ikeya-Seki (de Mike Jewell). Este cometa forma parte de una familia llamada Kreutz sungrazers, cometas rasantes del Sol que, se conjetura, son descendientes de un enorme cometa que se partió en pedazos hace siglos. Varios miembros de la familia han sido grandes cometas, como el Ikeya-Seki y el Lovejoy, que cerrará esta nota.

El primer cometa cuyo nombre recuerdo es el Kohoutek, de 1973. Recibió mucha publicidad, anunciándose que sería enormemente brillante, el proverbial "cometa del siglo". Yo recuerdo haber mirado el cielo intensamente, a ver si lo encontraba. Kohoutek fue una desilusión pública porque no alcanzó el brillo prometido, pero fue sin embargo un buen cometa. Yo, mirando el cielo al azar sin saber dónde ni cuándo buscarlo, no vi nada. Tenía más o menos la edad que tenía Kepler cuando vio el Gran Cometa de 1577, que lo puso en el camino de la astronomía. Esta es una foto de la NASA que encontré en Wikipedia.

El último de los cometas perdidos de mi infancia es el fabuloso cometa West, de 1976. Pobre, tras el fiasco del Kohoutek los medios periodísticos lo ignoraron, pero fue un cometa extraordinario. Yo no supe nada de este cometa hasta años después, pero me fascinaba. Como se ve en esta foto de Kunihiro Shima, tenía una cola que parece una crin de caballo. Recuerdo haber mirado estas fotos con una mezcla de incredulidad y bronca por habérmelo perdido. Tuve mi revancha con el cometa McNaught años más tarde, que fue muy parecido.

En 1986 regresó el famoso cometa Halley. Con unos amigos nos fuimos en marzo a Villa Gesell para observarlo desde algún lugar más oscuro que Buenos Aires. Fue una desilusión, ya que no alcanzó el brillo esperado. Apenas se lo veía, pero fue muy lindo. No puedo encontrar ninguna de mis fotos de entonces, así que pongo ésta, tomada por Damián Zanette desde Bariloche. Yo mismo me mudé a Bariloche en agosto de ese año, que se convirtió en una de las bisagras de mi vida.

La siguiente bisagra fue en 1995, cuando me mudé a Trieste, Italia. El cometa Hyakutake adornaba los cielos del hemisferio norte, fácilmente visible a ojo desnudo. No tengo fotos propias, pero recuerdo nítidamente cómo se veía. Con Gabriela nos tirábamos en la terraza de este edificio en el ICTP (en ese entonces una obra en construcción) para observarlo. Se veía más o menos como en esta composicón. Nos acomodábamos panza arriba detrás de esos mástiles.

En 1997 no hubo ninguna bisagra, pero el cometa Hale-Bopp fue realmente extraordinario. Se veía sin dificultad desde Trieste, desde el balcón de nuestro departamento. Hicimos un par de excursiones a sitios más oscuros, y era impresionante. Tengo un par de lindas fotos, tomadas con la cámara fija en un trípode, que capturaron las dos colas del cometa, la blanca de polvo y la azul de plasma.

En los primeros días de 2007 supe de este cometa, que parecía brillante desde el hemisferio norte, pero que rápidamente estaba cambiando de hemisferio. Apenas estuvo en una posición favorable nos quedamos un día hasta tarde en la playa. Lo vi ponerse sobre el Cerro Catedral al atardecer, con el cielo bien iluminado todavía. Inmediatamente me di cuenta de que sería un cometa extraordinario, así que saqué fotos y mandé notas al diario digital de Bariloche, para que la gente no se lo perdiera. Durante varias semanas, cada vez más notable a medida que se alejaba del Sol (¡llegué a verlo al mediodía!), el cometa McNaught extendió su increíble cola sobre la Cordillera de los Andes. Saqué algunas lindas fotos con mi cámara compacta. No tenía todavía una réflex digital y lo lamenté, así que apenas pude me compré una.

Siguieron varios años de cometas intrascendentes, pero no me los iba a perder. El cometa Holmes es un cometa periódico que se conoce desde el siglo XIX. Durante su paso en octubre de 2007 aumentó su brillo de golpe un millón de veces, la erupción más grande registrada en un cometa, que formó a su alrededor una cabellera grande como el Sol. No estaba bien ubicado para Bariloche, pero alcancé a fotografiarlo tenuemente. ¿Lo verán en la foto? Es muy tenue, cerca de las copas de los árboles, perdiéndose en el resplandor del atardecer. Arriba brillan las Pléyades. Es una linda foto, a pesar del casi invisible cometa.

¿Y el cometa periódico Tuttle? Es la nubecita verde en medio de las estrellas de Piscis, en esta foto de 26° de ancho, de enero de 2008. Lindo color, pero no muy vistoso...

El Año Internacional de la Astronomía 2009 no podía pasar sin un cometa brillante. El cometa Lulin no fue muy popular, pero en esta foto tomada durante una visita al observatorio del Hotel Galileo en Villa Catedral salió bastante lindo. También es verdoso.

La más reciente de las agradables sorpresas de las regiones lejanas del sistema solar llegó para la Navidad de 2011. El cometa Lovejoy, un sungrazer que sobrevivió a su vuelo rasante sobre el Sol, alcanzó la categoría de Gran Cometa al hacerse visible a ojo desnudo. Lamentablemente, creo que por verse durante la madrugada mucha gente se lo perdió. Aunque se veía desde Bariloche me fui a lugares más oscuros para sacar fotos. Ya las mostré aquí, pero vaya ésta de recuerdo. El cometa se destaca sobre las nubes de estrellas y de polvo de la Vía Láctea austral.



Casi todas las fotos son mías, salvo donde he indicado otras fuentes. Si quiere usarlas, por favor pídalas. Tengo versiones de más resolución, también. Del McNaught y del Lovejoy tengo unas cuantas más, todas muy lindas. Pueden verse en mi galería de astrofotos (nueva dirección).

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