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22/12/2012

2012: Yo sobreviví

Hoy es 22 de diciembre de 2012. El mundo no ha terminado. ¿Alguien va a pedir disculpas? No, seguramente no. Apenas una profecía incumplida caduca, ya se está cocinando otra. Otras, en plural. La tasa actual de crecimiento de predicciones apocalípticas es insostenible. De seguir así, la economía mundial colapsará a mediados del siglo XXI, ya que la mitad del producto bruto planetario estará destinado a formular profecías, y la otra mitad a refutarlas. La civilización se extinguirá en un tremendo empacho de profecías. ¡Aaaaaaaaahhhhh!


En el cielo las estrellas no se toma vacaciones. Dejo notas programadas para cada sábado. No se pierdan la del sábado que viene, está buenísima. Y mientras tanto:

¡Feliz Cuenta Larga Nueva, Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo!


Créditos de las imágenes
Vía Láctea: European Southern Observatory (CC BY)
El Castillo de Chichén Itzá: Daniel Schwen (CC BY SA)
Composición: Guillermo Abramson (CC BY SA)

01/09/2012

Cosmofobia

Se extiende por el mundo una nueva enfermedad contagiosa: la cosmofobia, el miedo irracional a los fenómenos cósmicos.

La cosmofobia es alentada por los canales de televisión originalmente creados para la divulgación científica, tales como Discovery, NatGeo y History, lamentablemente devenidos en propagadores de catástrofes imaginarias. La increíble calidad de la animación cinematográfica moderna, indistinguible de la realidad, más la facilidad de transmitir a muchísima gente cada pavada de la que uno se entera, no hacen más que acelerar el proceso epidémico en cada brote.

Los agentes infecciosos de la cosmofobia son variados, y abarcan un enorme rango de verosimilitud. Están por un lado las burradas totales (apocalipsis mayas, planetas gigantes en curso de colisión con la Tierra, alineaciones planetarias destructoras de continentes), cosas que realmente ningún adulto medianamente educado debería creer tras 2 minutos de reflexión.

Por otro lado hay fenómenos rarísimos, aparentemente cataclísmicos: explosiones de supernovas en la vecindad del sistema solar, hipernovas capaces de esterilizar un planeta en milisegundos, colisiones con universos paralelos que vienen de la quinta dimensión, y cosas por el estilo. Algunas de estas cosas son súper interesantes, desde un punto de vista u otro, pero nadie debería preocuparse por ellas más que lo que se preocupa de que lo parta un rayo. Mucho menos. Increíblemente mucho menos. Todavía menos. Yo diría: no preocuparse en absoluto.

Hay una tercera categoría, la de los fenómenos que tienen un barniz de verosimilitud. Ésta viene, en general, de que se trata de cosas que ya ocurrieron alguna vez, o que probablemente ocurieron, y que podrían repetirse peor. Un ejemplo de esta categoría es la caída de meteoritos. Otro, de reciente aparición, son las tormentas solares. Estas cosas realmente podrían afectarnos en alguna medida. Son fenómenos que vale la pena estudiar de cerca con los mejores recursos de la ciencia y la ingeniería, para comprenderlos y saber cómo prepararse en caso de que ocurran. Pero nada justifica que la población en general se preocupe, ni que acapare agua o alimentos.

Ya que podrían afectarnos, ¿alguien hace algo? Bueno, existen programas dedicados a detectar, catalogar y rastrear todos los asteroides que podrían caer a la Tierra y causar algún daño. Hay programas de ingeniería y astronáutica diseñando sistemas para desviarlos cuando llegue el momento. ¡Los dinosaurios se extinguieron porque no tenían un programa espacial!

En cuanto al Sol, existen observatorios astronómicos, en Tierra y en el espacio, observándolo sin pausa. Hay una enorme comprensión científica de los fenómenos solares y su interacción con la Tierra. Son fenómenos que sí, podrían causar algún inconveniente, pero para los cuales se pueden tomar medidas de ingeniería a tiempo, o reemplazar las cosas que fallen: transformadores eléctricos, satélites, nada muy dramático, después de todo. Bueno, a lo mejor a alguien se le corta la luz. ¡Vamos, en Bariloche se corta la luz un par de veces por semana!

Antes de aburrirlos y que no lleguen a la línea final, la única que realmente importa, termino:

Disfruten del cosmos. No nos destruirá.


La foto de Einstein escribiendo (cualquier cosa) en el pizarrón puede generarse acá.

¿Querés volver a leer mi nota sobre el fenómeno 2012? Click acá. ¿Querés leer sobre Betelgeuse y su "inminente" explosión como supernova? Click acá. ¿Querés saber realmente lo que pasa en el Sol? Visitá Spaceweather.

El próximo sábado, la tercera parte de El enigma de Turing... 

31/12/2011

2012

Y bue, llegó el 2012, con sus profecías apocalípticas que nos acompañarán durante 366 días. Antes de entrar en detalles, y para que quede clara mi posición:

NO VA A PASAR NADA

¿Alguien quiere apostar? APUESTO 100 PESOS A QUE NO SE ACABARÁ EL MUNDO, NI CAERÁ NINGÚN METEORITO CATASTRÓFICO, NI SE INVERTIRÁN LOS POLOS MAGNÉTICOS. No sé si River ascenderá o seguirá en la B, eso sí que no lo apuesto. El que quiera perder 100 pesos, mándeme un mensajito y arreglamos.

Desde hace años circulan alarmantes rumores de eventos catastróficos que ocurrirán en el año 2012, específicamente el 21 de diciembre de 2012, coincidiendo con el solsticio de verano del hemisferio sur. La creencia de que algo terrible ocurrirá ha sido diseminada a través de libros, programas de televisión, cadenas de emails y otros medios contagiosos. En 2009 se estrenó una película del género catástrofe, cuyo póster vemos aquí. Y en las charlas de divulgación astronómica surge una y otra vez la pregunta. ¿Qué va a pasar en el año 2012?

¿Hay algo de cierto en todo esto? ¿Qué desastre (etim.: mala estrella) nos aguarda? ¿Será 2012 el año del Apocalipsis, del Ragnarok, del Fin del Mundo de los Mayas? ¿Habrá una alineación cósmica con cataclismos geológicos que destruirán nuestra civilización? ¿Vendrán los extraterrestres a salvarnos? ¿Habrá que refugiarse en el Uritorco? ¿Deberán los productores de la película gastar sus pingües ganancias antes de ser arrasados por tsunamis de un kilómetro de altura?

Calendario Maya. ¿Y qué tienen que ver los mayas en todo esto? Los mayas tuvieron una astronomía bastante desarrollada, en particular un calendario muy bueno. En el calendario maya hay ciclos, parecidos a los de nuestro calendario. En nuestro calendario la sucesión de días da lugar a meses, 12 meses hacen un año, 100 años un siglo, 10 siglos un milenio... Los mayas usaban un sistema de numeración basado en el número 20, de manera que acumulan de a 20: 20 días hacían un uinal, 18 uinales un tun (casi un año), 20 tuns un katun, 20 katuns un baktun...

Al igual que en nuestro calendario, cada tanto termina un ciclo largo. Es equivalente a lo que ocurre en nuestro sistema decimal cuando aparece una ristra de ceros, un milenio por ejemplo. Es algo para festejar, más que para preocuparse. Pero recordemos que en Europa en el año 1000, y en todo el mundo en el 2000, a más de uno se le pusieron los pelos de punta, como sabemos. El 21 de diciembre de 2012, dicen algunos, coincide con el final de la Cuenta Larga del calendario maya, el final de uno de estos ciclos, equivalente a una ristra de ceros en nuestro sistema de numeración decimal. Esto tal vez sea cierto, y tal vez no. Yo no soy un experto en arqueología maya, y la verdad que no sé con cuánta evidencia se cuenta para afirmarlo. Además, es por supuesto posible (aunque también incierto) que los mayas creyesen que al final de la Cuenta Larga sobrevendría alguna catástrofe. Esto no significa que vaya a ocurrir, así como no termina el mundo cuando cambia el milenio. Lamentablemente para los mayas y para su civilización la catástrofe les llegó mucho antes, hacia el año 900 de nuestra era. Sin necesidad de alineaciones planetarias.

Con el cuento del calendario maya se mezclan una cantidad de creencias apocalípticas de origen incierto, todas ellas falsas. Permítanme mencionar algunas.

Alineación planetaria. Se dice que se alinearán los planetas. Es falso. El 21 de diciembre los planetas de nuestro sistema solar no estarán alineados ni siquiera aproximadamente (ver las figuras). Y aunque lo estuvieran, no pasaría nada. Todos los años se producen alineaciones planetarias, y cada tantos años se alinean aproximadamente varios planetas (como en mayo de 2000, cuando hubo también predicciones apocalípticas incumplidas). No hay ninguna consecuencia en la Tierra. Absolutamente ninguna. La principal acción gravitatoria sobre la Tierra es la de la Luna, que produce las mareas y un par de fenómenos más, mucho menos perceptibles. Por más que se acomoden el Sol, Júpiter y Saturno, a la Tierra no se le mueve un pelo. Los gigantes del sistema solar son mucho más masivos que la Luna, pero están muchísimo más lejos.

Extraordinaria alineación galáctica. El Sol se alineará con el agujero negro que está en el centro de la Galaxia, lo cual producirá desde catástrofes geológicas hasta transformaciones espirituales en la Humanidad. Nada de eso. El Sol pasa todos los años frente al centro de la Galaxia: es la intersección entre el plano de la eclíptica y el ecuador galáctico, que está en la constelación de Sagitario. Esta alineación es casual y no produce ningún efecto, ni catastrófico ni benéfico. Por otro lado, el Sol no pasa exactamente frente al agujero negro supermasivo que nuestra Galaxia aloja en su centro, sino a unos pocos grados de distancia (en la ilustración el centro galáctico está señalado con una crucecita roja cerca del borde derecho; el Sol es la estrella brillante y amarilla). El calendario maya, por supuesto, ignora todo sobre alineaciones galácticas, ya que los mayas ignoraban que viviésemos dentro de una. Es posible que notaran que el Sol cruzaba la parte más gruesa de la Vía Láctea (que es la dirección del centro de la Galaxia), y que este evento tuviese algún significado en su sistema de creencias, pero no hay consecuencias planetarias a raíz de ello.

El baile de los polos. También dicen que se invertirán los polos magnéticos. Puede ser. El campo magnético terrestre cambia de polaridad cada tanto. La última vez fue hace 780 mil años. El cambio no ocurre de un día para el otro, de todos modos, sino que probablemente lleve unos miles de años. Los geólogos tienen catalogadas todas las inversiones, y no coinciden con eventos catastróficos del pasado (extinciones en masa, por ejemplo).

Chocan los planetas. Como si fuera poco, parece que un planeta desconocido chocará con la Tierra. La "evidencia" de este fenómeno es una supuesta transmisión telepática proviniente de unos extraterrestres que están tratando de avisarnos. O una profecía de Nostradamus. Por favor. Cualquier planeta que fuese a pasar cerca de la Tierra en 2012 ya habría sido observado sin dificultad. Ciertamente podría existir un planeta aún no observado en el sistema solar. Los astrónomos lo han buscado infructuosamente, y han calculado (a partir de las propiedades de las órbitas de los planetas conocidos) que ningún planeta del tamaño de Marte o mayor existe a una distancia menor que 62 unidades astronómicas (Plutón orbita el Sol a 39 unidades astronómicas en promedio). Por otro lado, un planeta aún pequeño como Plutón podría ser observado a una distancia de 300 unidades astronómicas. De manera que es bastante seguro que no hay ningún planeta grande a menos de, digamos, un par de cientos de unidades astronómicas. Y aún si lo hubiera, no hay manera de que semejante objeto llegue a la Tierra en dos años. Lo único que pasará cerca de la Tierra en 2012 será el romántico asteroide Eros, uno de los pocos asteroides "grandes" (más de 10 km) cercanos a la Tierra, que a fin de enero de 2012 pasará a 26 millones de kilómetros (70 veces la distancia a la Luna, lo cual es bastante cerca en términos planetarios). En un futuro más lejano algún asteroide de estos podría chocar con la Tierra, razón por la cual los astrónomos los están catalogando a todos y los vigilan de cerca. Asteroides pequeños son más difíciles de rastrear, pero no representan ningún peligro global: en octubre de 2009 uno de 10 metros explotó a 20 km sobre Indonesia, con gran estruendo. Estos asteroides caen cada un par de años, sin más consecuencias que ocasionales meteoritos si algo de roca o metal sobrevive al impacto contra la atmósfera.

¿No va a pasar nada? ¿Pero entonces en 2012 no va a pasar nada? Claro que va a pasar. 2012 va a ser un año muy interesante. El 6 de junio se producirá un raro tránsito de Venus delante del Sol, evento que no se repetirá hasta el 2117. Habrá Juegos Olímpicos en Londres. Se celebrará el Año de Turing en el centenario de su nacimiento, genial matemático británico creador de buena parte de la ciencia computacional. El Sol pasará por el máximo de su ciclo de actividad de 11 años de duración (durante el máximo se invierte el campo magnético del Sol, pero esto me parece que se les escapó a los catastrofistas). Habrá eclipses solares y lunares, y muchos más eventos astronómicos interesantes.

¿Ningún desastre? Si quieren seguir en tiempo real los desastres naturales que se produzcan, pueden usar esta herramienta de Google Earth que recomienda mi amigo Ariel Torres. 

La película, por lo demás, estuvo bastante mala. Feliz Año Nuevo.

07/05/2011

Betelgeuse

En los últimos meses ha habido noticias desproporcionadamente sensacionalistas acerca de la posibilidad de que una estrella cercana explote como supernova. Diarios, portales y cadenas de email repitieron hasta el hartazgo que "la Tierra podría tener dos soles en 2012" y cosas por el estilo. ¿Hay algo de verdad en todo el asunto?

Algo.

La estrella en cuestión se llama Betelgeuse. A pesar de su designación como Alfa Orionis, actualmente es la segunda estrella más brillante de la constelación de Orión, y octava más brillante del cielo. Su brillo es variable, y en ocasiones ha brillado más que su vecina Rigel, Beta Orionis, que es la más brillante de la constelación gigante. Estoy seguro de que la han visto, inclusive desde una gran ciudad: es la estrella roja en el familiar rectángulo de estrellas brillantes que rodea a las Tres Marías.

Betelgeuse es una estrella ENORME. Su masa es 20 veces mayor que la del Sol. Las estrellas tan pesadas viven sus vidas rápidamente (a diferencia del Sol, que a mediana edad ya lleva brillando casi 5 mil millones de años). Actualmente Betelgeuse se encuentra en una etapa avanzada de su evolución, llamada supergigante roja. Es realmente GIGANTE: si estuviera en lugar del Sol, ocuparía hasta la órbita de Júpiter. Es un volumen millones de veces mayor que el del Sol, pero su masa —como dije— es sólo 20 veces mayor. Así que es gigante, pero súper-tenue. En su superficie es miles de veces más tenue que nuestro aire.

Está relativamente cerca, a unos 500 años luz de distancia. Su enorme tamaño y su proximidad permiten que los mejores telescopios logren vislumbrar su disco, el contorno de su difusa superficie, cosa que no ocurre con casi ninguna otra estrella. En estas fotos se ve que tiene partes más calientes que otras y que está rodeada de una atmósfera muy asimétrica monstruosamente grande, mucho mayor que nuestro sistema solar entero.

Las estrellas tan pesadas terminan sus vidas explotando como supernovas: eventos cataclísmicos que destruyen a la estrella. Su núcleo colapsa en una estrella de neutrones (una especie de núcleo atómico gigante) o un agujero negro. Sus capas exteriores se inflan con la explosión, formando una nebulosa que pasa a integrar el material interestelar del cual se formarán nuevas estrellas, en generaciones sucesivas.

¿Hay algún peligro? Para verse tan brillante como el Sol, una supernova típica tendría que estar a un par de años luz de nosotros, y por suerte no hay ninguna candidata tan cerca. A distancias menores que algunas decenas de años luz una supernova podría causar un daño apreciable en nuestro planeta. No hay ninguna posibilidad de esto tampoco. Betelgeuse podría causar daño si explotase de manera muy "enfocada", expulsando casi toda la radiación en chorros polares. Pero su eje de rotación no apunta hacia la Tierra, así que tampoco hay peligro por este lado.

Durante la explosión la estrella aumentará muchos millones de veces su brillo. Una estrella como Betelgeuse, cuando explote, alcanzará en nuestro cielo un brillo comparable al de la Luna llena. Definitivamente no será tan brillante como el Sol, pero de todos modos será un espectáculo digno de verse. ¡La luz de la Luna llena concentrada en un puntito como una estrella! Hará sombras en el piso, se podrá leer de noche a su luz, y se la verá sin dificultad en pleno día. El brillo exacto que alcanzará Betelgeuse es incierto. La estrella tiene esa superficie difusa que hace que las mediciones de su distancia sean imprecisas: podría estar a 300 años luz de distancia, o al doble. El brillo de las supernovas de este tipo (tipo II), además, es variable (a diferencia de las de tipo Ia, que además son más brillantes). Todo el evento es bastante rápido en términos astronómicos. La explosión ocurrirá en segundos, pero alcanzará su brillo máximo en un par de semanas, y luego irá extinguiéndose con el transcurso de los meses. (Algo del tamaño de una estrella que colapsa sobre sí mismo en una fracción de segundo pone un poco la piel de gallina, ¿no?)

Bueno, pero ¿cuando la veremos explotar? Betelgeuse se encuentra al final de su vida. Podría explotar en cualquier momento durante el próximo millón de años. Podría ser esta semana. O en 2012 (uy, qué miedo). O en el siglo XXXI. O cuando ya no haya gente en la superficie de nuestro planeta. Los astrónomos no saben lo suficiente sobre estas estrellas como para predecirlo con más exactitud. Las observaciones de sus encogimiento, de su poderoso viento estelar, de sus zonas calientes, no aportan información sobre su núcleo, que es donde ocurrirá toda la acción. Ojalá que sea pronto, ya que será un espectáculo sin igual y una oportunidad sin precedentes para la estronomía (no se ve una supernova en nuestra galaxia desde 1604 (la Supernova de Kepler, brillante como Venus). Y ojalá que sea en nuestro verano, así la vemos de noche, cuando Orión está alto en el cielo.


Nota sobre la pronunciación. Los gringos pronuncian Beteljuice o Beetlejuice. La palabra es de origen árabe, y la pronunciación llana en castellano, así como está escrito: Betelgeuse, es mucho más correcta. No tengan miedo de decirlo. Betelgeuse, Betelgeuse, Betelgeuse.