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12/10/2024

Un anillo para atraerlos a todos

«One Ring to rule them all, one Ring to find them,
One Ring to bring them all, and in the darkness bind them.
»
J.R.R. Tolkien, The Lord of the Rings

El eclipse solar del 2 de octubre pasado fue mi tercer eclipse anular, después del de 2012 y el de 2017. Tras varios días de tempestad, con nieve incluida, el cielo se despejó y los visitantes del Parque Patagonia pudimos disfrutarlo en toda su espectacularidad.

En la foto vemos la silueta de la Luna completamente contenida en el disco solar, en el momento medio del eclipse. Es una cosa preciosa de ver en una foto, y más aún de experimentarla en vivo, con nuestros propios ojos. Una visión casi mágica, increíble, ver el Sol convertido en un anillo dorado durante más de cuatro minutos. 

El eclipse entero duró casi tres horas, desde que la silueta lunar comenzó a reptar sobre el Sol, produciendo dos puntas que fueron separándose durante más o menos una hora, y luego empezaron a juntarse más y más, y cada vez más rápido, hasta fundirse en un punto irregular y formar el anillo.

Y luego, de manera asimétrica, las puntas volvieron a formarse y el eclipse se desarmó...

Este eclipse fue el quinto de una increíble racha de una década con seis eclipses solares, entre totales y anulares, que cruzan el territorio argentino. 


Siete, si contamos el eclipse solar de 2010 que se vio desde El Calafate mientras Iniesta metía el gol que le dio a España su primer Mundial de fútbol, en Sudáfrica. No fui porque era en julio, con el Sol a un grado sobre el horizonte, y quién se iba a imaginar que estaría despejado. Bueno, estuvo. Tampoco pude ir al de la Antártida en 2021: ni la Armada ni el Instituto Antártico quisieron llevarme a la Base Orcadas, por dudosos motivos epidémicos. Pero estuve en cuatro, y seguramente no me perderé el último, en 2027, que pasa muy cerquita de Bariloche. Cuando termine esta racha, vienen décadas y décadas sin eclipses totales en la Argentina, hasta el 2064, si bien hay uno anular en 2034 en el norte del país.

Como se ve en las fotos, la superficie del Sol estaba decorada por muchas manchas el día del eclipse, que hicieron todavía más atractiva la (laaaarga) progresión de la fase parcial. Es la situación normal en los años alrededor del máximo de actividad solar. Revisé las imágenes del Solar Dynamics Observatory, un telescopio espacial dedicado al Sol, que toma imágenes cada 15 minutos, para verlas en detalle. 


Esta imagen está muy reducida, asi que comparto un par de recortes para que se vea la riquísima estructura que tienen estas regiones, donde el campo magnético es más intenso y la temperatura de la materia solar es unos 1000 grados más fría, que es la razón por la cual las vemos más oscuras que el resto del Sol. Primero, un recorte del enorme "archipiélago" que ondulaba una línea de latitud en el hemisferio sur solar:

Y la siguiente es la gran mancha que estaba apareciendo por el borde occidental del Sol el día del eclipse, y que puede verse en la foto del anillo que puse al principio:

Todas estas manchas son inmensas, mucho más grandes que nuestro planeta entero. Son las regiones activas donde se producen las grandes erupciones llamadas eyecciones de masa coronal, como la que vimos en el eclipse total de 2020. El Sol y su energía son muy impresionantes.

Hay más cosas para comentar sobre el eclipse, pero quedarán para la semana que viene. Para terminar elegí esta foto, de algunos de los muchos guanacos que vimos en el Parque Patagonia. Me pregunto si habrán notado algo raro en la luz durante el máximo del eclipse, algo que era evidente para nosotros. Son uno de mis animales favoritos, y están más presentes en mi trabajo científico que el Sol y la Luna.



Las fotos del eclipse, y la de los guanacos, son mías, pero se las presto. Las del SDO son de NASA/SDO. Los mapitas de la década eclipsada son de timeanddate, buenísimo sitio.

Además de guanacos, vimos choiques, zorros, flamencos, cauquenes comunes (distintos de los de Bariloche, que son los reales), loicas, un águila mora, un milano blanco, un halconcito colorado, y algunos otros rapaces no identificados, más las familiares bandurrias, caranchos, chimangos, teros y escarabajos (Nyctelia circumundata, creo).

13/07/2024

Velocidad warp

Por hache o por be, no pude hacer más que una salida de astrofotografía desde que tengo cámara nueva. Por suerte fue una salida muy productiva, la preciosa noche del airglow. Ya mostré todas las fotos buenas, pero me queda una. Cuando ya había terminado de fotear todo lo que había planeado, mientras mi amigo Víctor Hugo hacía unas últimas del centro galáctico, yo hice una que me faltaba de hace rato. Es una exposición larga usando una lente zoom, un poco desenfocada, cambiando la distancia focal durante la foto:

¡Díganmé si no parece un viaje interestelar a velocidad warp! Y como mi amigo Carlos me preguntó más de una vez por el motor warp de Alcubierre, me pareció que era el momento de contar algo. Fui a buscar el paper original, y resulta que fue publicado en mayo de 1994, así que cumplió hace poco exactamente 30 años. Excelente ocasión para comentarlo.

Miguel Alcubierre es un físico mexicano (acento en la primera e, y pronunciando la e final) que publicó este breve trabajo en una revista científica seria. En él propone una métrica, es decir una solución de las ecuaciones de Einstein de la Relatividad General, que permite viajar a velocidad mayor que la de la luz sin violar las leyes naturales. ¿Cómo es posible esto?

La Teoría de la Relatividad dice que la velocidad de la luz en el vacío (los famosos 300 mil kilómetros por segundo) son un límite universal: nada puede viajar más rápido. Esto no es un capricho de Einstein, es una consecuencia del principio de relatividad, que es muy anterior y era ya entendido por Galileo. Dice que todo movimiento es relativo: siempre es con respecto a algo. Es tan sencillo como eso, la experiencia cotidiana de que cuando vamos en auto a 60 km/h con respecto a la calle, y otro auto va paralelo a nosotros a la misma velocidad, nuestra velocidad con respecto al otro auto es cero, el otro auto aparece inmóvil. Y si nos acercamos a un semáforo, el semáforo se acerca a nosotros a los mismos 60 km/h. Durante siglos no hubo problema, y toda la ciencia de la Mecánica se construyó alrededor de este principio, cuya consecuencia matemática es que las velocidades se suman. Si camino a 2 km/h dentro de un vagón de tren que marcha a 60 km/h, hacia adelante, mi velocidad con respecto a las vías es 62 km/h. Si lo hago hacia atrás del vagón, mi velocidad con respecto a las vías es de 58 km/h. Parece una pavada, ¿no? 

Todo funcionó fenómeno durante siglos, hasta que Maxwell desarrolló la teoría del electromagnetismo y la propagación de la luz. Y resultó que las ecuaciones de Maxwell no satisfacen el principio de relatividad. Eso quería decir que la velocidad de la luz es absoluta, no relativa. La luz que sale de los faroles del tren en movimiento no viaja más rápido con respecto a las vías cuando el tren está en movimiento que cuando está detenido. A diferencia de lo anterior, esto no es una pavada. Más bien parece una idea loca e imposible. Pero una serie de experimentos a fines del siglo XIX, cada vez más delicados y precisos, lo confirmaron una y otra vez. Finalmente Einstein dijo que había que dejarse de embromar, tomarlo como un hecho de la naturaleza, abrazar el electromagnetismo tal como era y combinarlo con la mecánica, a ver qué daba. El resultado fue la Relatividad Especial, publicada por Einstein en dos papers en 1905. Es una teoría tan comprobada y que funciona tan bien que no tenemos ninguna duda de que es correcta. Así que sus conclusiones, que son extremadamente anti-intuitivas, son ciertas aunque nos cueste entenderlas. Entre ellas están las más familiares: que un objeto en movimiento se acorta en la dirección del movimiento, y que su tiempo se alarga (ambos, vistos por observadores que lo ven pasar). También, la familiar fórmula "e igual eme ce al cuadrado", la más famosa de la ciencia. Menos conocido es un hecho que, cuando estudiamos Relatividad en tercer año de física, nos resulta más raro todavía: la relatividad de la simultaneidad. Dos eventos que son simultáneos para un observador, no son simultáneos para otro observador, en movimiento con respecto al primero. Es más: dos eventos que ocurren uno antes que el otro para un observador, para otro observador pueden tener el orden invertido, con el segundo antes que el primero. ¡Chan! 


Esto sí que parece imposible, aunque me haya creído la explicación de la "paradoja" de los gemelos. ¿Qué pasa con la causalidad? Si se invierte el orden de los hechos, ¿acaso las consecuencias pueden preceder a las causas? Eso violaría la lógica, y no hay una ley de la naturaleza capaz de violar la lógica, no señor. La teoría de la Relatividad, afortunadamente, preserva la causalidad. Y lo logra, precisamente, gracias a la velocidad de la luz. No sólo es absoluta, sino que es la máxima posible. Eso es suficiente para que ni siquiera la relatividad de la simultaneidad viole el principio de causalidad. Fiú.

La Relatividad Especial no tenía en cuenta la gravedad, ni la caída de las manzanas, ni las órbitas de los planetas. La gravedad de Newton era una fuerza instantánea, una "fantasmal acción a distancia" que viajaba instantáneamente, más rápido que la luz. A Einstein le llevó 10 años completar una nueva teoría que tuviera en cuenta la gravedad en un contexto relativista, y para confusión de los distraídos también la llamó Relatividad, pero Relatividad General. Las trayectorias de los objetos lanzados al aire son las parábolas que conocemos: muchas veces se originan en el botín izquierdo de Messi y terminan en el ángulo. Las órbitas de los planetas también son curvas, en forma de elipses, o de florcitas en el caso de Mercurio. Otro principio también descubierto por Galileo decía que todas esas trayectorias eran iguales, independientemente del objeto. Y si son todas la misma, la Relatividad General permite entender su diversidad proponiendo que, en cambio, es el espacio mismo en el que se mueven el que está curvado.

El descubrimiento de Alcubierre usa precisamente la curvatura del espacio para permitir un movimiento superlumínico, hiper-rápido como dice en su título. Es tan sencillo que no sé cómo a nadie se le había ocurrido, cuando en la ciencia ficción algo por el estilo circulaba desde hacía décadas. De hecho, en alguna entrevista leí que la idea se le ocurrió viendo un episodio de Star Trek TNG. La idea de Alcubierre es que, para que una nave vaya de A a B, hay que achicar el espacio entre la nave y B, y agrandarlo entre la nave y A. ¡Y precisamente la Relatividad General permite deformar el espacio! Así que Alcubierre diseñó una deformación apropiada, por delante y por detrás de la nave.

En la figura el espacio tiene dos dimensiones, porque se usa la tercera para representar la deformación, pero hay que imaginarse una burbuja en 3D rodeando la nave, precisamente como las burbujas warp de Star Trek. Adentro de la burbuja el espacio es "plano", y la nave está en caída libre, y de hecho está "localmente quieta". El borde de la burbuja es el que contiene toda la deformación, de manera que todo lo que está dentro se acerca hacia donde el espacio se contrae, y se aleja de donde el espacio se expande. Conceptualmente no tiene nada nuevo. De hecho, esa expansión  en la "popa" no es muy distinta de la expansión del universo entero, la del Big Bang, en la cual las galaxias pueden alejarse unas de otras a velocidades mayores que la de la luz porque es el espacio el que se dilata, arrastrándolas.

¿Entonces? ¿Podremos viajar entre las estrellas como en las películas, sin las restricciones de la inmensidad del espacio y la limitada velocidad de la luz? Todavía no lo sabemos. El paper de Alcubierre es solamente conceptual. Alcubierre habla de la "nave", pero su trabajo ni presenta el diseño de un motor, y ni siquiera propone un mecanismo de cómo lograr la necesaria deformación del espacio. De hecho, advierte que su métrica (así se dice) viola una condición física importante, y que la materia ordinaria (que dicta cómo se deforma el espacio) no podría hacerlo. En los años transcurridos no hubo muchos avances, pero algunos cada tanto sugieren que algo parecido se puede hacer con materia ordinaria. Por ahora no lo sabemos. Quién sabe si algún día algún chico brillante tendrá una idea de cómo hacerlo, y el motor de Alcubierre se convertirá en un problema de ingeniería, y poco después en prototipo, y habrá un verdadero Zefram Cochrane que lo haga realidad. ¡Qué maravilla que sea siquiera posible!

 


Las fotos son mías. La composición del final incluye un modelo del Enterprise D, que debe ser propiedad de Paramount. La ilustración de la deformación espacial en la métrica de Alcubierre es de Wikipedia (usuario AllenMcC), y recrea la única figura de su paper. La animación de la relatividad de la simultaneidad (usuario Acdx), y la de los conos del pasado y del futuro (versión de Ignacio Icke), también son de Wikipedia, CC BY-SA.

13/07/2019

El Gran Eclipse Argentino

La experiencia de observar un eclipse solar total es difícil de transmitir en palabras. Es una de esas cosas que uno sabe exactamente cómo son, que ha visto en fotos y videos muchísimas veces, pero que llegado el momento hacen que te quedes sin aliento y se te ericen los pelos de la espalda. Me pasó en el Gran Cañón del Colorado y en las Cataratas del Iguazú. Definitivamente, el eclipse es la cosa más impresionante que he visto en mi vida.

Van a encontrar fotos o videos mejores que los míos, pero voy a compartir aquí algunos. Observamos el eclipse en Iglesia, San Juan. El tiempo fue perfecto, completamente despejado y sin viento; incluso tuvimos calor ya que nos habíamos preparado para el invierno cordillerano. Monté la cámara de video detrás nuestro; puede verse el pequeño río Iglesia al fondo de una cañada y la cordillera detrás. El video empieza 3 minutos antes de la totalidad. Véanlo en pantalla grande, completa y a oscuras para lograr un mejor efecto. El que lo mira en el celular se embroma. No es muy largo, pero el que esté apurado puede saltearse los dos primeros minutos.


Dos cosas me sorprendieron especialmente. Por un lado, la rapidez del cambio de la calidad de la luz durante el minuto anterior a la totalidad. Por supuesto, no se aprecia del todo en el video, pero en un momento habrán escuchado a Gastón, uno de mis amigos de Próxima Sur, gritar "¡Se apaga el mundo!" Ésa es la sensación; es escalofriante. No es para nada como un anochecer, con su característica lentitud, su luz dorada y después azul. Luego, en la noche súbita que sigue, el eclipse. El eclipse es grande. Mucho más grande que el Sol y que la Luna, cuyos tamaños en el cielo tenemos grabados en la memoria. La corona es enorme, de una blancura exquisita en medio de un cielo azul oscuro como del comienzo de la noche. Sus filamentos peinados por el campo magnético solar se ven a simple vista, y son increíbles en binoculares. A simple vista se ve también el inesperado rojo de la cromósfera y sus protuberancias ("llamaradas", les decimos en el video). Te quedás sin aliento.

Hice fotos con la Canon T3i en el foco primario de un refractor acromático Orion de 400 mm de longitud focal, montados sobre una montura ecuatorial sin motor, corrigiendo el encuadre a mano con los movimientos finos cada tanto. La secuencia de fotos estaba automatizada en la propia cámara, aprovechando que el sistema Magic Lantern permite correr scripts en Lua y controlar la cámara. Esto fue crucial para no estar pendiente de las fotos y poder disfrutar del eclipse. La fase parcial comenzó a las 16:25 y, sin una miserable mancha solar para pasar el rato, se hizo insoportablemente laaarga. Eso sí, ¡al acercarse el segundo contacto el Sol se hizo muy muy finito!


El rápido segundo contacto reveló súbitamente la corona, y nos dio un hermoso anillo de diamante y fugaces cuentas de Baily...


El espectáculo de la espléndida corona duró dos minutos y medio...


En las fotos de más exposición se puede ver la luz cenicienta: la noche de la Luna tenuemente iluminada por el día de la Tierra:


En esta imagen de corta exposición se ven varias protuberancias de la cromósfera, la mayor de las cuales (arriba a la derecha) podía verse a simple vista o con binoculares.


Finalmente, tuvimos un doble eclipse al ponerse el Sol sobre la cordillera de los Andes...


¿Te lo perdiste? ¡Andá haciendo planes para el Gran Eclipse Patagónico, el 14 de diciembre de 2020!


Las fotos son mías. Las pueden usar citando su origen. Descárguenlas que están en 1080.

09/06/2018

El Mundial, el Barroco, San Pedro y los planetas

Di una charla sobre esta historia en el Instituto Balseiro. Pueden verla aquí.
 
Hace once mundiales (¡once!) el profesor de Historia entró al aula, saludó a los alumnos que lo esperábamos de pie junto a los pupitres ingleses de roble y fundición, miró el pizarrón y preguntó: "¿El profesor de Latín también está con lo del Mundial?" El profesor de Latín había dibujado con tiza esto:


Se parecía, claro, al popular logo del Mundial '78, que en esos días estaba por todos lados. Pero el profesor de Latín no había dicho nada de la Copa del Mundo. Imagino que le interesaba el fútbol, aunque fuera superficialmente: el profesor Abilio Bassets era un hombre culto y se interesaba por todo. Ese día nos había estado explicando el geométrico plan de la Plaza San Pedro, en Roma. Delante de la imponente basílica diseñada por Miguel Ángel, Gian Lorenzo Bernini había construido una magnífica plaza seca, ceñida por una cuádruple columnata monumental con esta forma. El año pasado así la fotografié desde la cima de la cúpula:


Bassets nos explicó que Bernini, genial arquitecto barroco, heredero del Renacimiento, había querido representar a la Iglesia recibiendo con los brazos abiertos a los fieles. La misma idea del artista que creó el logo del Mundial 78, por supuesto: abrazar a los visitantes. Y festejar los goles.

Dos detalles de la explicación me fascinaron: la parte ovalada de la plaza era una elipse, y si uno se paraba en los focos las cuatro filas de columnas resultaban alineadas, quedando visible sólo la más interior. ¿Sería posible? A los 13 años, yo acababa de aprender que las elipses eran las curvas que seguían los planetas en sus caminos alrededor del Sol, y sabía dibujarlas. Entendí, con los años, que las elipses se habían vuelto muy populares en la arquitectura post-renacimiento, seguramente por el rol prominente que jugaban en la astronomía. Y que moverse por una plaza donde lo que parece una muralla inexpugnable se vuelve transparente cuando uno llega al foco, el lugar del Sol, encajaba perfectamente con la teatralidad del Barroco. Así que el año pasado me pasé un buen rato disfrutando del efecto:


Ahora bien, resulta que lo que nos contó Bassets sólo es aproximadamente cierto. Los puntos especiales de la plaza no son los focos (que estarían donde están las fuentes), sino que están más cerca del obelisco central, marcados con adoquines especiales de mármol blanco y pórfido, donde dice "centro del colonnato ~".

Lo comprobé tratando de verificar la definición geométrica de la elipse: que la suma de las distancias de cada foco a cualquier punto de la curva es la misma. No era. Lo hice caminando, esquivando turistas y vallados, pero no daba. Desde las fuentes, que parecían mejor posicionadas, daba un poco mejor, pero tampoco. Me pregunté si sería porque no podía caminar desde el centro de la fuente, así que intenté hacerlo en Google Earth:


Me fui sin saber lo que pasaba. Pasó un año, y me acordé de googlearlo. No me costó descubrir la verdad: la plaza no es elíptica. Hay un uso informal de las palabras óvalo y elipse como si fueran lo mismo, pero los óvalos en realidad son curvas trazadas con arcos de círculos, con distintos centros y radios, parecidas a elipses pero más fáciles de dibujar. Encontré un trabajo presentado en una conferencia de matemática que discute precisamente el caso de la Plaza San Pedro. Una elipse y un óvalo con las mismas proporciones que la plaza son casi idénticos:


La elipse es la curva azul y el óvalo, trazado con cuatro círculos, es la negra. Bernini eligió el óvalo, y puso las fuentes en los lugares donde hubieran estado los focos de la elipse:


El plano de la izquierda (A) muestra los cuatro círculos usados para trazar el óvalo. Uno de los grandes, además, abarca hasta la escalinata de San Pedro (seguro que a propósito). Las columnatas recorren algo más que la curva de los círculos más pequeños. Además, sus centros están en los puntos marcados con los adoquines de pórfido, centros de las columnatas. Ésta es la clave. Resulta que, siendo la curva circular, sus perpendiculares son radios y permiten alinear las cuatro columnatas de manera que todas las filas se crucen en un punto, el centro del círculo (izquierda en la figura de abajo). Si la curva fuera una verdadera elipse, ¡las perpendiculares no se cruzarían en un punto! Dibujarían, en cambio, esta complicada envolvente:


Es decir, al caminar por la plaza uno vería que la columna interior oculta las otras tres sólo en una dirección, cambiante al movernos alrededor del obelisco. No tendría el efecto realmente sorprendente de desmaterialización que produce la conjunción simultánea de toda la columnata, cuando el bosque de columnas parece desaparecer. Bernini sacrificó la geometría y la astronomía por el arte.


La construcción de la plaza terminó en 1667. Al mismo tiempo, en la campiña inglesa, el joven Isaac Newton se tomaba un año sabático en casa de su madre a causa de la peste, durante el cual inventó el cálculo infinitesimal, descubrió la ley de la gravitación, y demostró que las órbitas de los planetas tenían que ser las elipses que había descubierto Kepler. ¿Cómo se compara la "elipse" de Bernini con las órbitas de los planetas? Salta a la vista que es demasiado excéntrica: midiendo en Google Earth el cociente entre la distancia entre las fuentes y el eje mayor me da una excentricidad de 2/3. El planeta más excéntrico conocido en tiempos de Bernini era Mercurio, con una excentricidad apenas mayor que 1/5. Plutón no llega a 1/4. Dibujadas, la órbita de Mercurio (naranja), la columnata (azul) y un círculo (verde) se comparan así:


Al comenzar un nuevo Mundial en condiciones precarias, nos encomendamos a Messi...


El artículo citado, de donde tomé algunas de las figuras, es:

Carlini & Magrone, Ellipses and ovals in the physical space of St. Peters Square in Rome, Proceedings of the 16th Conference of Applied Mathematics APLIMAT 2017, Bratislava.

Las fotos son mías.

14/04/2018

El mundo al revés

En noviembre estuve en el Planetario de Buenos Aires, visitando a mi amigo Diego Hernández. Aprovechando que no había funciones por ser lunes, me llevó a la sala de proyección para mostrarme el nuevo sistema de control y operación del modernísimo proyector que ha reemplazado al viejo Zeiss de nuestra infancia.

En un momento me acerqué al instrumento, que es como una cruza entre R2-D2 y BB-8, un cilindro redondeado recubierto de lentes por todos lados. Cuando uno se acerca a una de ellas se ve así:


A la pucha, qué brillante. Parece que uno se estuviera acercando al ojo de buey de una nave espacial cerca de una estrella. "Asomate", me dice Diego, "es una experiencia única". Así que me asomé. Lástima que no hay efectos de sonido para acompañar la imagen:

¡Oooooohhhhh! ¡Aaaaaahhhhhh! La foto no alcanza a transmitir la experiencia. ¿Qué estoy viendo? Son las estrellas, pero es tan distinto del cielo estrellado... Cuando uno se mueve un poco a los lados ve como una esfera plagada de estrellas, pero vista desde afuera. Un cielo estrellado visto desde afuera. Como si uno estuviera fuera del universo, y mirando hacia adentro. Como una versión astronómica del Aleph borgiano. Esa parte más densa debe ser la Vía Láctea. Y esa estrella brillante ¿podría ser Sirio? Andá a saber. ¿Se podrían reconocer las constelaciones, al revés?

Me pareció reconocer la Cruz del Sur en esta lente, pero no a los Punteros. Es confuso, y sobrecogedor. Miré hacia la cúpula buscando algo identificable, y encontré la Nube Mayor de Magallanes. Miré de nuevo el R2-D2 tratando de identificar la lente correspondiente, y me asomé, como se asomaría Dios a ver qué onda el universo...


My God, it's full of stars, diría Dave Bowman hace 50 años. No recuerdo más. Me fui, muy impresionado. Diego me debe haber dado un montón de Si Muoves para repartir en Bariloche, porque me encontré la mochila llena de revistas.


10/03/2018

La galaxia y el molino

En octubre, en el bonito hotel donde el Instituto Copérnico y Miradas al Cielo organizaron el 8o Encuentro de Jóvenes Astrónomos, pude disfrutar un par de noches del claro y calmo cielo mendocino. Había un fotogénico molino de viento, así que era irresistible hacer una foto como ésta, aprovechando la Vía Láctea bajita sobre el Oeste:


Hice también una panorámica ensamblando varias tomas, que me quedó ideal para hacer un señalador:


Cuando vi esta imagen, que muestra la Vía Láctea casi recta (sin el habitual arco), tan densa en el centro y plena de filamentos oscuros, no pude evitar la comparación con un panorama famoso hecho por el Observatorio Europeo Austral con la cámara infrarroja VISTA en uno de los Telescopios Muy Grandes. Recorto un pedacito con las proporciones de la mía (pero recomiendo fuertemente ir a explorar on line la imagen gigapixélica original):


Como dije, se trata de una imagen infrarroja. Así que la asignación de colores es arbitraria, y nada me impide usar la magia de Photoshop para recolorearla con los tonos de mi foto (Image > Adjustments > Match color):


Y finalmente, por qué no, imaginar que vemos en infrarrojo desde el valle del río Atuel:



Con las dos fotos juntas se ve el parecido, y por qué una me hizo recordar la otra.

Un poco más tarde me acerqué más al molino y pude fotografiar hacia arriba, donde se lucía la Nube Mayor de Magallanes. Una preciosidad:


Como puede verse, enfoqué el cielo y el molino quedó un poco desenfocado, a pesar de que estaba bastante lejos. Es un efecto de usar la apertura máxima de la lente para reducir el tiempo de exposición y que no salgan movidas las estrellas. Pero tal vez convenga reducir un poco el diafragma y enfocar en el objeto cercano. En abril se realizará en el mismo sitio la Star Party Valle Grande, así que puedo volver a intentarlo.


La imagen de la Vía Láctea en infrarrojo es un recorte de la imagen original, de ESO/VVV Survey/D. Minniti.

30/09/2017

El pueblo de los relojes de sol

Una más del verano italiano...

Visité Aiello, un pueblito en medio de la llanura friulana, una tarde de verano que ardía como la superficie de Venus. No me resultó fácil llegar, como visitante de a pie. Aunque está a pocos kilómetros de una gran autopista y de una importante línea ferroviaria, el pésimo transporte público de Italia me hizo preguntarme una y otra vez si valía la pena. ¿Por qué fui? Porque Aiello del Friuli es il paese delle meridiane, el pueblo de los relojes de sol. Y mi estancia en Trieste, que queda muy cerca, coincidía con la anual Festa delle Meridiane.

La Festa fue una típica fiesta de las que casi todos los pueblos italianos organizan en verano: comida, bebida, venta de artesanías, y alguna manifestazione cultural. Que, en Aiello, son los relojes de sol. El pueblo está repleto de relojes de sol. Hay de todo tipo, todos ellos muy lindos, que marcan horas solares de distintos tipos, al sol o con espejitos para reflejar sus rayos en las paredes del lado norte, en las esquinas para capturar soles de mañana y de tarde, monumentales en lugares públicos, verticales en paredes, horizontales en plazas, esféricos, planos... Han enloquecido con los relojes de sol.

Una de las actividades fue una visita guiada a una selección de relojes, contándonos sus características y su funcionamiento. Hice un collage con algunos de los que vi:


Lo más entretenido fue lo siguiente. Cada año se abre un concurso de nuevos relojes, y en la Festa se elige el ganador. El público puede votar, de manera que se organiza una presentación, con un maestro de ceremonias, unas chicas que leen un texto sobre los relojes participantes, la entrega de una placa recordatoria para el artista que lo ejecutó... Aquí vemos al Conde del pueblo, en cuyo patio se concentraban las actividades, entregando una de las placas. El reloj que está detrás es una semiesfera cóncava en sombras, con un agujerito por donde pasa la luz del Sol que marca la hora como una manchita luminosa.

Los relojes participantes están en los muros de las casas donde los pintaron, así que teníamos que ir a visitarlos. El método fue bien italiano: había una banda, que nos llevaba a todos en cortejo, tocando música y a paso vivo en la canícula, hasta cada reloj participante donde se repetía la pequeña ceremonia. La banda era encantadora, con niñitos tocando los tambores al frente:


Uno se pregunta cómo llegaron a esto. ¿Acaso hay una tradición antiquísima de fabricar relojes de sol en el Friuli? Nada de eso. El primer reloj fue éste, hace veintipico años. Lo hizo el dueño de casa para celebrar el nacimiento de su hijo. Cuando lo estaba pintando pasó el cura y dijo "Ah, quiero uno para la parroquia". Meridiana veo, meridiana quiero, y el pueblo se cubrió de relojes de sol!... Me despiertan una sana envidia los pueblos donde pasan estas cosas.