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09/05/2026

Mortadella alla Galileo

Además de su obra, sabemos una cantidad de cosas de la vida de Galileo: que su padre era comerciante y le enseñó a dibujar, que estudió medicina en Florencia, que era pendenciero, que nunca se casó con su pareja de toda la vida (Marina Gamba, con quien tuvo tres hijos), que cuando le trajeron un catalejo de Holanda lo copió y perfeccionó, transformándolo en el telescopio con el cual revolucionó la astronomía y la visión del mundo de la humanidad toda... Conté varias de sus anécdotas en Viaje a las Estrellas, hace añares. Lo que nunca conté es cómo sabemos todas esas cosas. Hoy es el momento de revelarlo.

Casi todo lo que sabemos sobre Galileo tiene apenas tres fuentes: Viviani, Nelli y Favaro. El primero fue su último alumno, Vincenzo Viviani, quien escribió su primera biografía y heredó su abultada colección de cartas y manuscritos, a los 22 años, cuando el maestro murió en 1642. Cuando Viviani murió, la colección de papeles pasó a su sobrino, y al morir éste, a los sobrinos del sobrino. Parece que estos no tenían la misma admiración por Galileo que su antepasado, a pesar de que para entonces su buen nombre ya había sido razonablemente repuesto, y lo habían sepultado en un sitio honorable en la iglesia de Santa Croce de Firenze, junto a Miguel Ángel y Maquiavelo. 

Giovanni Batista Nelli, por su parte, era un hombre de letras florentino. Un día de primavera de 1750, su amigo Giovanni Lami, célebre director de la Biblioteca Riccardiana, lo invitó a un picnic en su casa de campo. Le sugirió además que, al pasar por el mercado, comprase un par de libras de la mortadela del señor Cioci (se pronuncia "Chochi"), que no tenía parangón. La mortadella italiana es una cosa extraordinaria. Por empezar, la pieza es inmensa, he visto en el supermercado mortadelas de un par de metros de largo y unos 30 cm de grosor, casi siempre incrustada de pistachos y granos de pimienta. La cuestión es que Nelli llegó a la quinta de su amigo, y al disponer las fetas de mortadela en un plato, se percató de que el papel en que se la habían envuelto ¡era una carta de Galileo! Sin decir una palabra, le limpió la grasa lo mejor que pudo con una servilleta y se la guardó en un bolsillo. A la noche, al regresar a la ciudad, voló al negocio de Cioci: «¿de dónde sacaste este papel, mascalzone?», le debe haber dicho. El fiambrero le dijo que lo había comprado a un tipo que venía cada tanto. Un reciclador urbano, se podría decir. Nelli le compró a Cioci todos los papeles que le quedaban, con la promesa además de que le guardara los que le trajeran en el futuro, y que le averiguara de dónde salían. 

Pocos días después recibió un grueso fajo, con la información de que los preciosos documentos provenían de un granero (una "buca de grano", sospecho que es un granero subterráneo), propiedad de descendientes de los Viviani. Los sobrinos del sobrino los habían sacado del armario donde estaban guardados, "para poner blanquería", y los habrían "arrojado" al pozo. Nelli los visitó y les compró todo: manuscritos de Galileo, de Viviani, de Torricelli y otros, así como una cantidad de instrumentos científicos y hasta un anillo de esmeralda de Galileo, todo por 88 escudos (unos 150 mil dólares actuales). Nelli incluso pudo rastrear parte de los papeles ya vendidos por los sobrinos, y recuperarlos. 

Nelli usó su tesoro para escribir una nueva biografía de Galileo, y legó la colección de manuscritos a los archivos florentinos. Allí los consultó un siglo más tarde el más grande de los biógrafos galileanos, Antonio Favaro, que publicó en 20 volúmenes, entre 1890 y 1909, la Edición Nacional de las Obras de Galileo Galilei. Favaro fue muy meticuloso e infatigable, y casi todo lo que sabemos hoy en día sobre Galileo, Favaro ya lo sabía. Pero no fue un biógrafo imparcial: trabajó para defender la reputación de Galileo como científico y como piadoso católico, cepillando y puliendo detalles para que se los viera con la mejor luz. 

Todo, gracias a que un charcutero envolvía la mortadela con galileos, y que un tipo capaz de identificar su valor la compró de casualidad para hacerse un sanguche. Moralejas: nunca rechaces una invitación a un picnic, siempre llevá algo, revisá el papel de la mortadela y, por qué no, el del jamón y el salame también. La vida te da sorpresas.

 


La anécdota de cómo se recuperaron los manuscritos de Galileo la cuenta Favaro en sus Documenti Inediti per la Storia dei Manoscriti Galileani (1886). Allí menciona que es una historia bien conocida, y cita varias fuentes anteriores. El recorte del texto que puse es de allí.

Llegué a Favaro a través de Galileo, watcher of the skies, de David Wooton (2010).

05/09/2020

El prescubrimiento de Neptuno

En el otoño de 1609 Galileo perfeccionó el telescopio recientemente inventado en los Países Bajos, construyendo los que finalmente usaría para observar el cielo. Durante los años 1610 a 1613 sus descubrimientos revolucionaron no solamente la ciencia de la astronomía, sino la percepción de nuestro lugar en el universo. Galileo descubrió que en la Luna había montañas y valles, que cuatro lunas orbitaban alrededor del planeta Júpiter como un sistema solar en miniatura, que Venus tenía fases y que había muchas más estrellas que las que el ojo desnudo percibía. Cuatrocientos años después hice una réplica del telescopio de Galileo, con características similares de diseño. Quería vivir la experiencia de observar el cielo como Galileo. El resultado: ¡por el telescopio de Galileo se veía muy mal! El experimento sólo logró aumentar mi admiración por la dedicación del toscano.

Una vez publicados sus primeros descubrimientos Galileo se dedicó a observar sistemáticamente para descubrir las nuevas regularidades del cielo. Observando, dibujando y anotando en sus cuadernos el movimiento de los satélites de Júpiter aprendió a predecir sus posiciones. En la noche del 27 de diciembre de 1612 observó lo siguiente:


Júpiter es el circulito central. Vemos tres de sus satélites y las distancias medidas en radios del planeta. Hacia el Este Galileo dibujó una estrella fija ("fixa") como referencia. Está indicada con una línea de puntos porque estaba más lejos y no cabía en la página. Hoy en día podemos reconstruir lo que observó:


Lo que Galileo marcó como estrella fija era el planeta Neptuno ¡234 años antes de su descubrimiento!

Galileo observó Júpiter casi todas las noches durante ese invierno, y dejó señalada la posición de Neptuno varias veces más. A principios de enero los dos planetas se acercaron muchísimo, y Galileo los podía observar simultáneamente en el campo de su instrumento (15 minutos de grado). El 3 de enero, incluso, ¡Júpiter ocultó a Neptuno! Durante estas semanas los dibujos, sin embargo, no lo muestran, tal vez para no confundir su posición con los satélites, que era lo que estaba estudiando.

Pero a fin de mes Neptuno vuelve a aparecer en el cuaderno, en una observación memorable.


Nuevamente vemos una línea punteada para señalar la dirección de una estrella fija, marcada a, a 29 radios jovianos. Y una anotación dice que después de ella ("post stella fixa a") había otra, que agregó en un dibujo auxiliar a la derecha, indicada b. El texto termina diciendo que también la había observado la noche precedente, pero que estaban más separadas entre sí ("sed videbat remotiones inter se"). La estrella a es HD105374, una magnitud más brillante que Neptuno, que es la estrella b. El movimiento que observó Galileo es el siguiente:


Sabemos que la precisión de las posiciones de los satélites registradas por Galileo es de 0.1 radios de Júpiter o mejor (¡unos 5 segundos de arco!). Así que no hay ninguna duda de que registró correctamente el movimiento de Neptuno (la estrella b) con respecto a la verdadera estrella fija a.

O sea: Galileo observó Neptuno, y observó que se movía con respecto a las estrellas fijas. ¿Por qué nunca reportó el descubrimiento de un nuevo planeta? ¿O acaso lo hizo, y lo dejó escondido en algún anagrama o adivinanza, como solía hacer, y nunca nadie lo reconoció? Tal vez nunca lo sabremos.


El descubridor del descubrimiento es el astrónomo Charles Kowal. El trabajo está publicado como:
Kowal and Drake, Galileo's observation of Neptune, Nature 287:311 (1980). Yo recuerdo haberlo leído por esos años en Scientific American.

Kowal cuenta la historia del descubrimiento del descubrimiento en: Kowal, Galileo's observation of Neptune, Int. J. Sci. Hist. 15:3 (2008).

Standish y Nobili, en Galileo's observation of Neptune, Baltic Astronomy 6:97 (1997), argumentan que un punto dibujado en otra observación también es Neptuno, lo cual permite refinar la calidad de su observación y compararla con las efemérides actuales. David Jamieson argumenta que ese punto delata que Galileo volvió sobre sus notas y las revisó, notando el movimiento de Neptuno.

En inglés se llaman precovery (de prediscovery recovery) estos registros anteriores a un descubrimiento. Son muy comunes en astronomía, y particularmente útiles en la observación de asteroides y otros cuerpos menores, ya que permiten refinar las órbitas en base a observaciones muy separadas en el tiempo. Mike Brown, en un seminario al que asistí recientemente, dice que cree que su Planeta 9 ya está fotografiado en algún survey. En Wikipedia en español también dicen precovery, y existe predescubrimiento, pero tal vez podríamos decir prescubrimiento, como puse en el título.

05/08/2017

La Inmaculada y la Maculada

En Roma hay cuatro basílicas papales, las del más alto rango entre las iglesias católicas: San Pedro (en el Vaticano), San Giovanni in Laterano (la catedral de Roma, una archibasílica que ostenta el título de Madre y Cabeza de Todas las Iglesias de la Ciudad y del Mundo, niente meno), San Pablo Extramuros (un poco lejos, como su nombre lo indica, así que no fui), y Santa María Maggiore, muy cerca de Roma Termini, que parece una iglesia incrustada en un palacio.

Lo que me llevó a visitarla fue un detalle particular: la cúpula de la Capilla Paulina, pintada al fresco por Ludovico Cigoli. Me encontré con que estaba destinada a la oración de los fieles, así que me quedé afuera para poder sacar fotos. No pude ver la cúpula entera, pero por suerte sí la parte que me interesaba. Ahí en medio vemos una Inmaculada, ahora se las muestro más grande.

Como corresponde a una iglesia de semejante categoría, todo es enorme. De manera que para verla en detalle tuve que recurrir a un artilugio popularizado por un amigo del artista: tuve que usar un pequeño telescopio. Sí, Cigoli era gran amigo de Galileo Galilei, quien lo consideraba el mejor pintor de su época.

La Virgen aparece representada, según una iconografía habitual desde la Edad Media, como la Mujer del Apocalipsis: "En esto apareció un gran prodigio en el cielo, una mujer vestida del sol, y la luna debajo de sus pies, y en su cabeza una corona de doce estrellas" (Revelación, 12).

Efectivamente, está parada sobre la Luna. Pero no cualquier luna. Cigoli pintó LA Luna, la que su amigo había mostrado, a través del telescopio, en toda su rugosa mundanidad.

La representación habitual de esta escena muestra siempre una Luna lisa, una Luna celestial, hecha de una materia perfecta, divina y distinta de la Tierra. Las evidentes manchas de su superficie, que vemos incluso sin telescopio, se atribuían a que por su proximidad su superficie impoluta reflejaba las imperfecciones terrestres. Aquí hay varias que fui fotografiando en Roma. La de Cigoli bien podría ser la única del mundo con una Luna realista.


He aquí el detalle, rotado y conformado para recuperar la esfericidad perdida por la perspectiva. Podemos ver numerosos cráteres en la parte iluminada, inclusive algunos con sus macizos centrales, y especialmente a lo largo del terminador (la línea que separa el día de la noche lunares). Y en medio de la oscuridad de la noche sobresalen los picos iluminados de las montañas, las que Galileo midió con notable exactitud como más altas que los Alpes. Vemos, inclusive, que la noche lunar no es tan oscura como los pliegues más oscuros del vestido: es tal vez la luz cenicienta, que Galileo también señaló en sus observaciones.

A mí me parece que la Luna representada por Cigoli no es ninguna de las cinco que figuran en Sidereus Nuncius, donde Galileo da cuenta de sus primeros descubrimientos astronómicos. Ésas son cuatro lunas en cuarto y una creciente de cuatro días. Para mí que es esta otra, una luna de cinco días que aparece en segundo lugar en las acuarelas cosidas al manuscrito de Sidereus Nuncius. Es probablemente una observación del 1 de diciembre de 1609, tal vez la segunda a través del telescopio.

Reproducida en el Virtual Moon Atlas se ve así. Dos grandes cráteres en el terminador podrían estar en la pintura de Cigoli: Picolomini o Fracastorius.

La naturaleza de la Luna como un mundo con montañas, valles y planicies fue uno de los mayores descubrimientos de Galileo. Al observar que la Luna era como la Tierra, naturalmente eso quería decir que la Tierra era como la Luna: un astro vagabundo, un planeta, aunque montados sobre ella no lo notemos. El copernicanismo cobraba ímpetu al recibir evidencia física. En pocos años llevaría a Galileo a escribir el Diálogo sobre los dos Sistemas del Mundo, y al consiguiente juicio y condena a prisión domiciliaria de por vida, fijate un poco. Mientras tanto la manifiesta injusticia de su condena quedaba plasmada artísticamente allí arriba, en un rinconcito de una de las iglesias más sagradas de la Cristiandad.


La datación de las observaciones de Galileo es complicada. Mi favorita es la de Whitaker, Galileo's Lunar observations and the dating of the composition of "Sidereus Nuncius", J. His. Astron. 9:155-169 (1978).

También es interesante The Virgin and the Telescope: The Moons of Cigoli and Galileo, de Booth y van Helden, Science in Context 14:193-216 (2001).
 
Las fotos son mías. La acuarela de la Luna es de Galileo. La simulación de la Luna está hecha con el Virtual Moon Atlas

27/05/2017

Qui visse

En una especie de peregrinaje científico-astronómico, la semana pasada fui a Padua, la ciudad donde Galileo vivió 18 años, "los más felices de su vida". Quería conocer su casa, ver la Luna desde su jardín, caminar sus calles. Fue un lindo paseo. Pero la casa es hoy una casa de familia, llovió todo el día, y las calles están cambiadas. Claro, en 400 años...

Visité la Universidad, que fundada en 1222 es la segunda más antigua de Italia. La visita guiada nos llevó al Aula Magna y al notable Teatro Anatómico (Andreas Vesalio, William Harvey, Falloppio y otros fundadores de la medicina moderna se graduaron aquí). El Aula Magna probablemente no es muy distinta que en tiempos de Galileo, cuando ya tenía 400 años. Era originalmente el comedor del hotel donde un grupo de estudiantes refugiados de Boloña establecieron la universidad. Antes de que la guía anunciase que no se podían sacar fotos (vaya uno a saber por qué), alcancé a hacer ésta.


Lo que seguro no estaba en tiempos de Galileo era el telescopio en la decoración trompe-l'oeil del cielorraso, que marqué aquí con una flecha. Ni el retrato de un Galileo anciano que está un poco más arriba, mucho mayor que la edad que tenía cuando se fue para siempre de Padua en 1610. 

Allí donde está hoy la pantalla de proyección se alzaba (creo que hasta mediados del s. XIX) la Cátedra de Galileo. Sus clases de Matemática y Física eran tan populares que tuvieron que construirle una tarima de madera para que pudiera ver y estar a la vista de todos. También está prohibido fotografiarla (ay ay ay), pero yo ya había hecho ésta (y una selfie que salió medio movida). 


Parece de madera reciclada, con tablas desiguales y sin ornamentos de ningún tipo, aunque imagino que la cubrirían de mantos y cortinas para los actos académicos. Desde aquí Galileo seguramente les contó a sus alumnos, antes de las vacaciones de Navidad de 1609, sus observaciones telescópicas de la Luna. Habrá mostrado el telescopio y explicado su funcionamiento. Imagino que daba las clases en latín, porque los alumnos eran de toda Europa. ¿Existirán las notas de clases de alguno de ellos?

Pero Galileo no hizo su trabajo astronómico en la Universidad, sino en su propia casa, que está muy cerca de la gran iglesia de San Antonio. Entonces se llamaba Via dei Vignali (era un suburbio de huertas). Hoy, por supuesto, se llama Via Galileo Galilei.

La casa es enorme. Sufrió muchas modificaciones en 400 años, pero era grande ya cuando Galileo vivía aquí con su personal de servicio, sus alumnos a quienes alquilaba habitaciones, su mujer Marina Gamba y los tres hijos de ambos, Virginia, Livia y Vincenzo. Hice una panorámica para que se vea el tamaño del edificio. 


Actualmente es una casa de familia, donde viven los Bressanin y los Gasparetto. No toqué el timbre, cosa que sí hizo un notero de la televisión japonesa, uno de los pocos que ha podido entrar. Vale la pena ver el video. Pasando el frente del edificio (que era la caballeriza) se llega a un jardín. Desde allí Galileo observó la Luna creciente el 30 de noviembre de 1609, usando uno de los telescopios fabricados por él mismo en su taller/laboratorio. Yo no llegué al jardín, que puede verse a vuelo de pájaro en Google Maps. En Earth puede uno incluso pararse dentro. Pero no es lo mismo.

Lo único que puede ver el visitante es esa placa de mármol entre las ventanas del primer piso. Dice: "Durante los últimos de sus refulgentes años padovanos (1592-1610) aquí vivió Galileo Galilei; de aquí dio al mundo el presagio de nuestra nueva era; y aquí fue su ocio la lengua de Ruzzante, la cual nadie de quien no fuese la lengua materna supo escribir como él." Ruzzante fue un actor y autor teatral y musical que escribía en dialecto véneto, una lengua extranjera para Galileo. Galileo era un científico, pero también era un artista: dibujaba, tocaba el laúd y cantaba muy bien. Y de su jardín una puertita le permitía pasar directamente a la casa de un amigo vecino, donde se hablaba véneto y se representaban obras. Galileo era un humanista y un intelectual. Lo que vio a través del telescopio no fue solamente lo que el telescopio le mostraba. Otros habían observado la Luna a través de aquellos primitivos instrumentos. Galileo vio con el ojo entrenado de un artista.  La mitad de su éxito seguramente estuvo en su talento de hombre culto.

02/06/2012

Los cuernos de Venus

Venus ha desaparecido rápidamente del cielo vespertino, encaminándose a su encuentro con el Sol el próximo 5 de junio. Hoy (sábado 2 de junio) ya se pierde en el replandor del Sol, a apenas 4 grados y medio de distancia (más cerca que Mercurio, a 8° del Sol). El lunes pasado, al ponerse el Sol, saqué esta foto, con Venus a 12 grados del Sol. Apenas se distingue en esta escala, así que lo encerré en un círculo.

Cuando Venus se acerca así al Sol, poco antes de pasar por delante (aunque no sea justo delante como ocurrirá esta semana), se convierte en una delicada creciente. Con la misma cámara compacta con la que saqué el paisaje, pero con el zoom al máximo y la cámara apoyada, la fase menguante es claramente visible.

¿Qué tal, eh? Hace 400 años una observación como ésta habría constituido un descubrimiento científico de primera magnitud. Hoy cualquier pelandrún le saca una foto con una cámara de consumo masivo.

Galileo Galilei fue el primero en observar estas fases de Venus, a fines de 1610. Es posible que no estuviese seguro de su observación (cualquiera que haya usado un telescopio de Galileo sabe lo difícil que es observar con él). Así que no publicó su descubrimiento de inmediato. Pero evidentemente comprendió la importancia de lo que estaba observando. Si Venus tenía fases como la Luna, entonces necesariamente Venus giraba alrededor del Sol, y no de la Tierra.

¿Cómo asegurarse la precedencia de semejante descubrimiento, en caso de que fuese cierto? Galileo no podía mandar un preprint al arXiv. Pero era fundamental hacer algo: el telescopio era tan fácil de construir que su monopolio en manos de Galileo duró muy pocos meses. Así que usó un procedimiento habitual en su época: codificó su descubrimiento en un anagrama, y a fines de 1610 se lo mandó al embajador toscano en Praga —sabiendo que éste se lo pasaría a Kepler, Matemático Imperial, y uno de los científicos más prestigiosos de Europa. La carta aclaraba que se trataba de un descubrimiento de suma importancia que concernía a la disputa entre los dos sistemas del mundo. El anagrama decía:
HAEC INMATVRA A ME JAM FRVSTRA LEGVNTVR O.Y.
que significa “Recojo en vano lo que no está maduro o.y.”. ("O.Y.", aparentemente, no significa nada, son letras "sobrantes".) Parece hacer referencia a que se trata de una observación incompleta, que requería confirmación. Y en el propio mensaje había una pista: se trataba de algo sobre la disputa del Copernicanismo. Kepler se esforzó por descifrarlo, cambió una E por una C pensando que Galileo habría cometido un error, y concluyó que:
MACULA RUFA IN JOVE EST GYRATUR MATHEM ETC
que se traduce como: “Hay una mancha roja en Júpiter que gira matemáticamente, etc”. ¡Sorprendente premonición! Como todos sabemos Júpiter efectivamente tiene una Gran Mancha Roja, una gigantesca tormenta descubierta por Cassini en 1665 (o por Hooke en 1664) y que persiste hasta nuestros días. Kepler le escribió a Galileo exasperado, rogándole que descifrara el anagrama. Menos de un mes después Galileo lo hizo, de nuevo no directamente a Kepler sino al embajador:
CYNTHIAE FIGURAS AEMVLATVR MATER AMORUM
O sea: “La madre de Amor imita a Cynthia”. Quería decir que el planeta Venus (la madre del dios Amor) tenía fases cambiantes, como la Luna (Cynthia, uno de los nombres mitológicos de la Luna). Galileo tenía finalmente entre manos la refutación definitiva del modelo geocéntrico del sistema solar, y el espaldarazo para el sistema Copernicano.

El próximo martes, durante la fase de "Venus nuevo", el planeta producirá un mini eclipse, todavía más anular que el que produjo la Luna hace 2 semanas. Si pueden, obsérvenlo. Es un evento que no se repetirá hasta el siglo XXII. Hay montones de explicaciones en la web sobre cómo y cuándo observar el tránsito (que lamentablemente no será visible desde ningún lugar de la Argentina, ni buena parte Sudamérica y la península Ibérica, ni África occidental).

18/12/2010

Luna borealis, luna australis

A comienzos del invierno comenté la cuestión de la salida de la Luna llena. Decía que, como la Luna llena está en el punto opuesto al Sol, la vemos en el lugar del cielo que el Sol ocupará seis meses después. Por eso la Luna llena más próxima al solsticio de invierno era la más austral: estuvo en donde va a estar el Sol al comienzo del verano. Esto es así en el hemisferio sur. En el norte, mutatis mutandis.

Bueno, han pasado seis meses. El próximo martes 21 de diciembre es el solsticio de verano. ¡Y justo es la Luna llena! Así que será una Luna llena súper boreal. Sale casi justo por el Nordeste poco antes de las 21 horas del martes 20 (observando desde Bariloche). Pero atención, que esta vez, al final de su viaje nocturno, poco antes de ponerse por el Noroeste ¡se mete dentro de la sombra de la Tierra! Nadie debe perderse este eclipse total de luna de la madrugada del 21 de diciembre. A pesar del madrugón, la Luna eclipsada cerca del horizonte es un hermoso espectáculo y una ocasión excelente para sacar lindas fotos (como ésta que tomé en el invierno del 2007, en la que parece que la Luna estuviese rodando por la ladera del cerro Bella Vista). Habrá algunas acá en Navidad... (PS: Aquí están.)

Más datos sobre la Luna y el eclipse en el resto de la nota...

15/07/2010

Luna, Venus y Colón

Uno tiende a pensar que las maravillas del cielo están definitivamente vedadas para los habitantes de una gran ciudad como Buenos Aires. Pero algo se ve. Hay que estar atentos para capturar eventos como el de anoche: una magnífica conjunción de una delicada Luna creciente y el planeta Venus, capturada desde el Teatro Colón en la noche de ayer. Aquí se la ve junto a una de las históricas luminarias, tras uno de los inmensos gomeros de Plaza Lavalle. Hágale click para agrandarla. Prestando atención se puede ver el fenómeno de la luz cenicienta: una tenue iluminación de la cara nocturna de la Luna. ¿Por qué no es completamente negra la noche de la Luna? La explicación la dio por primera vez Galileo: cuando la Luna está casi nueva en el cielo de la Tierra, la Tierra está casi llena en el cielo de la Luna; y la Tierra es muy brillante, de manera que ilumina la noche de la Luna intensamente. La luz cenicienta es luz del Sol dos veces reflejada: la primera vez en la Tierra, la segunda vez en la Luna. La segunda foto muestra la conjunción junto a la impresionante base de la luminaria, que ostenta el monograma TC del teatro.

Y un rato después saqué esta impresionante panorámica de la sala. El concierto estuvo muy bueno. La Orquesta Filarmónica, impecable, como en sus mejores épocas. El director mexicano, muy pero muy gracioso. La solista inglesa en el violoncello, pasable. Y el teatro, apenas restaurado en su totalidad, es impresionante: las butacas, los barnices, las alfombras, los decorados, las obras de arte...

17/04/2010

Galileo y Kepler: anagramas y premoniciones en una relación difícil

Veamos un poco más sobre la curiosa relación entre Galileo y Kepler. Tras la publicación de la Conversación con el Mensajero de los Astros —la carta abierta de Kepler a Galileo en apoyo de los descubrimientos de este último— el embajador toscano en Praga le rogó a Galileo que le enviara un telescopio a Kepler, para que el más respetado de los astrónomos europeos pudiese verificar por sí mismo las observaciones de Galileo, y así lograr más respaldo aún. Galileo no lo hizo. En cambio, mandaba un telescopio tras otro a distintos aristócratas europeos.

Pasaron los meses y ningún astrónomo había podido verificar las observaciones de Galileo. Finalmente Kepler le volvió a escribir: "Le pido, mi querido Galileo, que me designe testigo a su favor, mándeme un telescopio, mire que hay mucha gente que niega lo que ha visto Ud..." (estoy parafraseando para condensar la carta). Ante la perspectiva de perder a su mejor aliado, Galileo respondió: "Gracias por defenderme, blah, blah, blah, ya le mandaré un telescopio [nunca lo hizo], yada, yada, yada, riámonos de la estupidez de las masas...". Fue su segunda y última carta a Kepler, 13 años después de la primera. Ni una palabra sobre el progreso de sus observaciones, ni sobre el trabajo de Kepler. Lamentable. En particular, nada sobre un importante nuevo descubrimiento, que Galileo había comunicado al embajador toscano en Praga mediante el siguiente mensaje misterioso:
SMAISMRMILMEPOETALEUMIBUNENUGTTAUIRAS
¿Mais mil poeta nenug ras? ¿Qué significaba esto?

12/04/2010

Camarada Yuri, ¡salud!

Johannes Kepler tenía un enorme respeto y admiración por Galileo. Me parece que este respeto no era del todo retribuido, aunque no entiendo bien por qué. Muchas veces le escribió cartas, y pocas veces recibió respuesta. Cuando Galileo publicó El Mensajero de los Astros en 1610, relatando sus primeras y revolucionarias observaciones telescópicas, le envió por supuesto una copia a Kepler. Verbalmente, a través del embajador toscano en Praga, le pidió su opinión (¿por qué no mediante una carta personal?). Kepler le había pedido comentarios sobre sus propias obras, sin obtener respuestas. Aunque Kepler no tenía un telescopio y no podía verificar por sí mismo las observaciones de Galileo, decidió apoyarlo. Publicó una especie de carta abierta, la Conversación con el Mensajero de los Astros, defendiendo las tesis del toscano.

La Conversación no tiene mayor contenido científico, pero de todos modos tiene cierto interés. Kepler apela a Galileo para que comente su reciente Astronomia Nova, y para que retomen un intercambio epistolar interrumpido 12 años antes. Después salta apurado de un tema a otro, y hay finalmente un párrafo notable que quiero recordar hoy, mientras celebramos el aniversario del primer vuelo espacial realizado por Yuri Gagarin a bordo de la Vostok 1, el 12 de abril de 1961. Kepler dice:

"No faltarán pioneros cuando hayamos dominado el arte del vuelo. ¿Quién habría pensado que la navegación a través del vasto Océano era menos peligrosa y más tranquila que en los estrechos golfos del Adriático, o del Báltico, o de la Gran Bretaña? Construyamos naves y velas adecuadas para el éter celestial, y habrá abundantes candidatos sin temor de cruzar esos desiertos vacíos. Mientras tanto preparemos, para los valerosos viajeros del cielo, mapas de los cuerpos celestes. Yo lo haré con la Luna y Ud., Galileo, con Júpiter."

Esta noche se celebra en todo el mundo Yuri's Night, la Noche de Yuri, una ocasión para brindar por la memoria del primer valiente en lanzarse a cruzar el vacío, cuatrocientos años después de Kepler. ¡Poyéjali, Yuri!

22/01/2010

El legado de Galileo

En noviembre de 1609 Galileo Galilei tomó uno de los catalejos que había fabricado para el Senado de Venecia y lo dirigió al cielo. Lo que vio transformó la ciencia de la astronomía y cambió para siempre nuestra percepción del Universo y de nuestro lugar en él. En ocasión del cuarto centenario de este evento celebramos en todo el mundo el Año Internacional de la Astronomía en 2009.

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