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23/11/2024

El cráter de Bajo Hondo

Cuando nos dirigíamos a Santa Cruz para ver el eclipse anular pasamos por Esquel, Y cada vez que paso por Esquel miro los campos aledaños y me pregunto "¿estará ahí el resto del meteorito?". La palasita de Esquel es uno de los meteoritos más extraordinarios del mundo. Tuve la suerte de ver un corte, y es una cosa increíble, una matriz metálica incrustada de cristales amarillos transparentes:


Nunca se supo dónde exactamente se había encontrado el meteorito, mientras hacían un pozo de agua. Un traficante de meteoritos se lo llevó clandestinamente a Estados Unidos y dice que pagaría cualquier cosa por el resto. Se conjetura que podría haber más fragmentos, vaya uno a saber dónde, en los campos que rodean la ciudad de Esquel. 

Y a propósito de la Patagonia, hace algunos meses me llamó la atención una nota sobre un notable cráter simple, el Bajo Hondo, a la altura de Esquel pero bastante hacia el Este, en un lugar muy inhóspito y remoto de la meseta de Somuncurá:

No se sabe si es el resultado de un impacto, o si es una caldera volcánica. Si fuera un crater de impacto, sería el más grande conocido en la Tierra. ¡Mide casi 5 km de diámetro! En comparación, el familiar Meteor Crater en Arizona, que mide poco más de 1 km de diámetro, aparecería ahí perdido en el fondo. ¡Y tan grande que se lo ve cuando estás parado en el borde!

Hay gente que cree que Bajo Hondo es un crater de impacto, y en marzo de este año lo exploró una expedición del INTA de España (no es agropecuario como el nuestro, es el instituto de técnica aeroespacial). Tomaron mediciones, y la forma del cráter realmente es compatible con un cráter de impacto, como los que vemos en la superficie de la Luna y de Marte. Pero mejor que esto, tomaron muestras. El análisis microscópico tal vez pueda determinar el origen de Bajo Hondo, ya que el impacto producido por un meteoro deja huellas en el material sometido a las ondas de choque. Quizás encuentren incluso algunos minerales provenientes del objeto que lo produjo. ¿Habrá fragmentos esparcidos o enterrados en el fondo?

Dan ganas de visitar Bajo Hondo, pero es un lugar muy difícil de llegar. Apenas más accesible es otro sitio de impacto, mejor documentado, un campo de numerosos cráteres unos 70 km al sudeste de Bajo Hondo, en el borde de la meseta de Somuncurá, llamado Bajada del Diablo. Está 200 km justo al oeste de Puerto Madryn. Es como Campo del Cielo, pero con los cráteres a la vista:

Y hay otro, bastante más accesible, a unos 13 km de la ruta nacional 40 cerca de Zapala, que es súper parecido al Meteor Crater, tanto en morfología como en tamaño:


Si me entero de los resultados de Bajo Hondo, lo contaré. Si encuentro el resto del meteorito Esquel, no sé si lo contaré...
 


La foto del meteorito de Esquel es de Wikipedia (Doug Bowman, CC BY). Yo vi un fragmento en el Museo de Historia Natural de New York; en Argentina creo que no hay ninguno. La foto del cráter de Bajo Hondo (42°18'05.46" S  67°55'34.80" W) es de la nota de Xataka que cité. La de Meteor Crater es mía. La vista de Bajada del Diablo (42°49'21.81" S  67°26'49.98" W) está hecha en Google Earth, así como la de la meseta Barda Negra (39°10'28.25" S  69°52'58.58" W). 

Robert Haag, el traficante que se llevó el Esquel, en otra ocasión quiso robarse el Chaco, que pesa 37 toneladas, en Campo del Cielo. Por suerte lo agarraron a tiempo. Actualmente el tipo está prófugo de la justicia chaqueña.

04/11/2023

🎃 Bólido 🎃

Esta semana fue Halloween, así que contemos algo de miedo. 🎃👻🕷🕸

El NEOCC de la ESA (Centro de Coordinación de Objetos Cercanos a la Tierra), reportó recientemente el descubrimiento de un nuevo asteroide cuya órbita lo trae cerca de nuestro planeta. Se llama 2023 NT1, y fue descubierto el 15 de julio ¡dos días después que pasó a apenas 100 mil kilómetros, un cuarto de la distancia a la Luna! No es un asteroide grande, no es que si cae es el fin del mundo. Pero tampoco es moco de pavo: mide 30 metros. El que explotó sobre Chelyabinsk el 15 de febrero de 2013 medía menos de 20 metros, y su medio megatón a 30 km de altura rompió todos los vidrios de la ciudad y dejó miles de heridos. Si hubiera llegado con otro ángulo, podría haber arrasado la ciudad (la bomba de Hiroshima fue de 0.15 megatones). 2023 NT1 explotaría con unos 2 megatones. Imaginen.

¿Por qué no lo vieron antes? Existen varios sistemas robóticos que escudriñan el cielo para descubrir los asteroides potencialmente peligrosos, y un puñado de veces los han descubierto algunas horas antes de que ingresaran a la Tierra. Pero este llegó del lado del Sol (igual que el de Chelyabinsk) y los robots no pueden apuntar cerca del Sol. Para aliviar ese problema, la ESA tiene planeado un observatorio espacial ubicado entre la Tierra y el Sol, que podría detectar la mayor parte de estos. Se llama NEOMIR, y podría dar un aviso con varios días de anticipación, tal vez suficiente para, al menos, evacuar una ciudad. 

Todos los días la Tierra se lleva por delante algún asteroide, más grande o más chiquito. ¡Se calcula que el planeta gana unas 100 toneladas por día! Algunos son apenas estrellas fugaces, pero a veces los meteoros son tan brillantes que iluminan el cielo y el paisaje nocturno y, más raramente, el diurno. Se los llama en general bólidos, y hay una página de la NASA que cataloga los más grandes, llamados en inglés fireballs:

Vean cómo se destaca el evento de Chelyabinsk, en Siberia. La escala de energía es logarítmica, así que la veintena de amarillos, que parecen apenas menores que ese, en realidad son varios cientos de veces menos energéticos. Zoom a la Argentina:

El más grande es el evento de la noche del 21 de abril de 2013, que vio mucha gente porque ocurrió durante un recital de Los Tekis en Salta. Vayan a verlo y vuelvan, yo espero acá. Justo se les corta el sonido y la gente se enoja, pero no creo que tenga que ver con el bólido.

El bólido que sorprendió a los barilochenses en la noche del 9 de septiembre de este año no aparece en el mapa. En realidad, esperé a escribir sobre esto para ver si en algún momento lo cargaban, pero no. Donde sí aparece es en el sistema de detección de rayos de los satélites meteorológicos GOES (cosa que circuló en las redes el día del bólido). El sistema GLM, que observa tormentas eléctricas, de yapa detecta muchísimos meteoros. Estos son todos los que van en 2023, desde el 1 de enero hasta hoy 31 de octubre, Halloween:

El 9 de septiembre hubo 4 bólidos (es más o menos el promedio diario):


Y ahí está el que explotó sobre la cordillera de los Andes (flecha), más o menos sobre el cerro Tronador. El sistema da bastante información de cada evento. Por ejemplo, aquí está la trayectoria:

Fue casi exactamente de norte a sur. En realidad es una recta: las desviaciones laterales son errores de la identificación del sitio exacto, debido a las explosiones, que fueron dos principales, y que se ven en la curva de la energía:

Fíjense qué breve fue todo: la escala horizontal abarca unos 2 segundos. Es impresionante la cadencia de las mediciones. Lamentablemente, el sistema no está calibrado para medir bólidos, sino rayos de tormentas. Así que la escala vertical en joules no nos dice mucho acerca de la verdadera energía cinética del meteoro. Por lo que vi en los videos, y algunos documentos que encontré en el sitio, debe haber sido más bien pequeño, como una pelota de fútbol.  

Actualmente se conocen unos 32000 asteroides que pasan cerca de la Tierra. De ellos, 853 son mayores que un 1 km (catastróficos), y se estima que faltan unos 50. Mayores que 140 m (devastadores), se conocen 10500, ¡y se estima que faltan 14000 más! Ni hablar de los menores que 140 m, que también podrían causar un daño enorme. En todo caso, si bien nadie debería perder el sueño temiendo que le caiga encima un asteroide, es algo para tener en cuenta. De los desastres naturales, es el único que podemos predecir y hasta evitar. No podemos apagar un volcán, ni desviar un huracán, ni hablar de predecir un terremoto. Pero la caída de un asteroide sí. Así que todos los esfuerzos para lograrlo me parecen bien usados.

 


Cuando digan Halloween, por favor, pongan el acento en la i, no en la a.

16/09/2023

A correr, que chocan los planetas

«Siempre algún terremoto apareceY al atardecer llueven meteoritos.»
Les Luthiers, Añoralgias

A veces Bariloche parece el calamitoso pueblito de la zamba Añoralgias: terremotos, erupciones, exceso de nieve, falta de nieve, inundaciones, fieras salvajes, epidemias... ¡meteoritos! La semana pasada los barilochenses fueron sorprendidos por un descomunal destello a medianoche, que iluminó los cerros nevados como si fuera de día. Mucha gente sintió el ruido de la explosión y temblaron puertas y ventanas.


En unos pocos videos de cámaras de seguridad se llega a ver el cielo, y se puede ver que la luz provino de una traza brillante que cruzó el cielo y explotó en varios destellos sucesivos. Por ejemplo, en éste se la puede ver reflejada en una piscina en el Hotel Apartur Catedral:

Las imágenes no dejan lugar a dudas. Fue un bólido: un meteoro muy brillante. Como las familiares estrellas fugaces, pero muchísimo más brillante. Se producen cuando ingresa a la atmósfera un pequeño asteroide, es decir una roca que venía siguiendo su propia órbita alrededor del Sol (las estrellas fugaces son producidas por rocas mucho más pequeñas, del tamaño de granos de arena). No es del todo correcto decir que "caen"; más bien, la Tierra se las lleva por delante. 

¿Y por qué explotan, si son de roca? Una roca no es explosiva. A veces se dice que se calientan por la fricción con el aire, pero no es tan así. Es el aire, pero no es fricción. La principal razón es la tremenda velocidad con la que ingresan a la atmósfera, que puede ser de 20 mil kilómetros por hora, o incuso mucho más. Cuando el asteroide se encuentra con el aire empieza a sentir una resistencia, como la que sentimos en el cuerpo cuando andamos en bicicleta. Pero debido a la inmensa velocidad, la situación es muy distinta de cuando nosotros nos movemos a través del aire a una velocidad modesta. El aire no alcanza a correrse “de costado” para dejarlo pasar. La roca funciona más bien como un pistón comprimiendo el aire frente a sí. Lo comprime muchísimo y muy rápido. Lo comprime, y lo comprime, y lo comprime. Cuando el aire se comprime se calienta, y cuando se comprime mucho, se calienta mucho. El calor tampoco tiene tiempo de irse a ningún lado, y se acumula en el aire (es una compresión adiabática). La enorme temperatura hace brillar el aire (eso es mayormente lo que se ve brillando) y calcina la superficie de la roca. 

Pero eso no es todo. En general, cuando uno comprime bruscamente el aire (como en un aplauso) la presión que se produce se aleja en forma de sonido en todas direcciones. Pero la roca se está moviendo (mucho) más rápido que el sonido, así que la presión no tiene tiempo de alejarse hacia adelante, y se acumula tanto en el aire como en la supeficie de la roca, formando lo que se llama una onda de choque. Y finalmente la rompe. La fractura produce más superficie, más onda de choque, más fractura... es un efecto multiplicativo, o sea una explosión. Eso es lo que se ve en la trayectoria del bólido: una sucesión de explosiones en medio de vapores supercalientes. Cada molécula con la que choca le roba un poquito de impulso, y la roca se va frenando, y el calor finalmente se disipa. Todo esto ocurre a más de 30 km de altura, así que la onda de choque tarda incluso minutos en llegar a la superficie, para que se escuche la explosión, pero si es grande, finalmente llega. También, si la roca es suficientemente grande (1 metro, ponele), algunas piedras sobreviven y caen a tierra en forma de meteoritos. Sólo si la roca es muuuy grande (cientos de metros), podría llegar a golpear el suelo antes de desintegrarse, formando un cráter. Y si no, sólo queda polvo y moléculas flotando en el viento.

El fenómeno no es tan raro. Si googlean, encontrarán relatos similares más o menos frecuentes: el 18 de mayo de 2016 en Pinamar, el 30 de julio de 2015 en Buenos Aires, el 18 de febrero de 2014 en Santa Fe, el 21 de abril de 2013 durante un recital de Los Tekis en Salta... La NASA mantiene un sitio que cataloga los bólidos detectados por sensores americanos, en todo el mundo, y son muchísimos:

También, los más modernos satélites meteorológicos, que tienen sensores para detectar los rayos de tormenta, pueden verlos desde el espacio. Detectan casi 1500 por año, es decir entre 3 y 4 por día:

El que se vio desde Bariloche fue observado por el satélite GOES 16, y se lo ve explotando un poco al sur del cerro Tronador:

En ocasiones, cuando la caída está bien documentada, se han podido recuperar los meteoritos. En este caso, por tratarse de una región relativamente remota en la cordillera, cubierta de bosques y todavía en invierno, tengo mis dudas de que se pueda recuperar algún pedazo.

 


El primer video no sé de qué fuente es. El segundo, es del Apartur Catedral. El mapa de bólidos de la NASA es de su sitio de Fireballs (al día de hoy, todavía no está actualizado hasta el 9 de septiembre, pero voy a seguir revisándolo). El otro es de su sitio de Bolides (tampoco llega al 9 todavía). Las imágenes satelitales son del GOES Image Viewer. Hay otro video lindo que identificó Denis Martinez en una cámara de Cipoletti:

Y uno desde el Cerro Bayo en Villa La Angostura, donde el brillo de la bola de fuego produce un halo similar al solar y al lunar (en los cirrus que se aprecian en la imagen satelital):


La masa depositada por meteoros en la Tierra es bastante grande, unas 50 mil toneladas por año, de las cuales la inmensa mayoría es polvo, y sólo una pocas toneladas son meteoritos de tamaño macroscópico.

12/12/2015

Double trouble

¿Quién no ha oído hablar del asteroide que cayó a la Tierra hace 66 millones de años, marcando el fin de la Era Mesozoica y el comienzo de la Cenozoica? El evento desencadenó (o terminó de producir) una de las mayores extinciones masivas de la historia de la vida en la Tierra. Barriendo, junto al 75% de todas las especies animales y vegetales del planeta, a todos los dinosaurios salvo las aves.

Mucho menos conocidos son otros dos grandes impactos, ocurridos hace 35 millones de años: los que causaron los cráteres de Popigai, en Siberia, y de la Bahía de Chesapeake, en Norteamérica. Yo los conocí recién hace unos meses, al leer un sugestivo trabajo que los relaciona de una manera inquietante. Importantes extinciones y cambios climáticos ocurrieron justo en ese momento: es el final del período Eoceno, que pasó de un fuerte efecto invernadero a una glaciación global.

Los dos cráteres son muy grandes, de los mayores del mundo (100 y 85 km de diámetro), siendo sus asteroides progenitores algo menores que el de 10 km que liquidó a los dinosaurios. Lo más curioso es que se formaron con apenas 10 mil años de diferencia uno del otro. Un tercer gran cráter, de 22 km, se formó también en la misma época (Toms Canyon, mar adentro frente a Atlantic City). Para ser eventos tan inusuales, que deberían ocurrir separados por decenas de millones de años, estos son casi simultáneos. ¿Tal vez un asteroide mayor se fragmentó y los pedazos cayeron cada uno por separado? Podría haber sido, ya que sabemos que muchos asteroides no son rocas monolíticas sino pilas de escombros que apenas se mantienen unidas por la propia gravedad que ellas mismas generan (como el asteroide Itokawa, aquí al lado). Un paso cercano a la Tierra podría haberlo desarmado. Cada fragmento habría seguido su propia órbita alrededor del Sol, pero muy parecidas entre sí, hasta que la Tierra finalmente se los habría llevado por delante.

El paper que leí argumenta que no pudo ser así. Un análisis detallado de los sedimentos depositados por los impactos en todo el mundo muestra que (al menos los dos grandes) corresponden a rocas de distinto tipo (condritas H y L, se llaman). Al mismo tiempo, observan, hubo un depósito inusual de polvo extraterrestre por tiempos muy prolongados. Es decir: hace 35 millones de años hubo una verdadera lluvia de asteroides sobre la Tierra. ¿Qué pudo producirla? Tal vez las órbitas de los asteroides, que vemos tan redonditas y estables allá en el cinturón principal, podrían no serlo tanto. Sugieren que algún evento astronómico perturbó las órbitas de muchos de ellos. Durante un período de algunos millones de años se habrían producido colisiones entre ellos, que acabaron mandando una cantidad inusual de fragmentos y polvo en órbitas de colisión con los planetas interiores.

Pero lo más inquietante es que la perturbación en el cinturón de asteroides pudo deberse a efectos caóticos de las órbitas de los planetas interiores. La estabilidad del sistema solar es una cuestión que ha interesado a los físicos, matemáticos y astrónomos desde la época de Newton. Si bien las órbitas parecen estables en la escala temporal de la Historia humana, ¿quién sabe? El sistema solar contiene muchos cuerpos en interacción, y sabemos que en tales casos el caos es más bien la norma que la excepción. Y las trayectorias caóticas son, por supuesto, impredecibles. ¿Podrá volver a pasar algo como lo que desencadenó la lluvia de asteroides del fin del Eoceno?

Aprovecho para comentar que ya salió el nuevo libro de los Cafés Científicos del Instituto Balseiro, Ciencia soluble en café, donde aparece la versión en texto de mi contribución al ciclo del 2014: Grandes bolas de fuego, justamente sobre el tema de la caída de asteroides, bólidos, meteoros y otros cascotes espaciales. Por si no lo consiguen, pueden descargar mi capítulo de la sección de divulgación en mi página web, o directamente en este link.


El paper es Schmitz et al., Fragments of Late Eocene Earth-impacting asteroids linked to disturbance of asteroid belt, Earth and Planetary Science Letters 425:77-83 (2015).

Double trouble es una expresión común en inglés, aplicada a situaciones inusualmente complicadas. Además es el nombre de uno de los mejores grupos de jazz de fines del siglo XX, Stevie Jay Vaughan and Double Trouble.

La imagen del asteoride Itokawa es ©JAXA, y se la reproduce aquí con intención de fair use. La otra imagen es de la NASA/JPL.

09/05/2015

Campo del Cielo

Los pueblos qom, mocoví y otros habitantes ancestrales del Gran Chaco tienen un mito de tipo apocalíptico sobre una lluvia de fuego. En el siglo XVIII el jesuita José Guevara lo relata así:
“Segunda vez cayó el sol [...] Entonces fue cuando por todas partes corrieron inundaciones de fuego, y llamas que todo lo abrasaron y consumieron; árboles, plantas, animales y hombres. Pocos mocobis, por repararse de los incendios, se abismaron en los ríos y lagunas, y se convirtieron en capiguarás y caimanes. Dos de ellos, marido y mujer, buscaron asilo en un altísimo árbol, desde donde miraron correr ríos de fuego que inundaban la superficie de la tierra; pero impensadamente se arrebató para arriba una llamarada que les chamuscó la cara y convirtió en monos...”

El evento habría ocurrido en la región que hoy, apropiadamente, se llama Campo del Cielo, en la frontera entre las provincias de Chaco y Santiago del Estero. Es casi seguro que el mito se refiere a la caída de un gran meteoro hace unos 4000 años. Sus restos son los conocidos meteoritos de Campo del Cielo. Se han hallado miles, totalizando unas cien toneladas: más que de cualquier otra caída conocida. El fragmento más grande es El Chaco, que con sus 33 toneladas es el segundo más pesado del mundo. Y es posible que haya todavía no descubiertos muchos meteoritos grandes y hasta enormes.

En la entrada del Planetario de Buenos Aires hay varios grandes meteoritos de Campo del Cielo. Uno de ellos es éste, llamado La Perdida. Es increíblemente pesado, como puede comprobarse fácilmente tratando de moverlo. No lo lograrán.

Hay algo mágico en tocar un meteorito. Aunque sean un pedazo de roca o de metal, los hace especiales el hecho de que hayan sido planetitas surcando por su cuenta el espacio interplanetario, hasta que la Tierra se los llevó por delante y acabaron en segundos su milenaria vida de vagabundos. Afortunadamente son inmunes al tacto humano, así que los meteoritos en exhibición casi siempre se pueden tocar a piacere.

Los meteoritos de Campo del Cielo son tantos, y se los conoce desde hace tantos siglos, que hay muchos en los museos del mundo. Éste, llamado Otumpa, está en el Museo Británico. He leído que un gran meteorito, de una tonelada, fue trasladado al Fuerte de Buenos Aires a principio del siglo XIX, y que las tropas inglesas se lo robaron durante la primera invasión. Pero creo que no es éste, que aparentemente fue donado al Museo algún tiempo después. También por esos años otro meteorito de un par de toneladas fue fundido para hacer armas para la Guerra de Independencia, y Manuel Belgrano recibió de regalo una pistola meteorítica. Ignoro si estará en el Museo Histórico Nacional, o si habrá sido robada junto con el reloj de oro que le regaló el Rey de Inglaterra, y que Manuel usó para pagar los honorarios de su médico en sus últimos días, al deberle el Gobierno de Buenos Aires muchos meses de sueldo.

En la Argentina está prohibido remover meteoritos sin autorización, y completamente prohibido comercializarlos o llevárselos del país. En otros países no está prohibido y se los vende para coleccionar. Así que en el Museo Británico aproveché para comprar mi propio meteorito de Campo del Cielo. Lo repatrié, podríamos decir, aunque el concepto de patria aplicado a un pedazo de asteroide es por lo menos dudoso. Acá está. Es una de las llamadas chispas, una de las "gotas del sudor del Sol" del mito qom, que se esparcieron por el Campo cuando el meteoro explotó. Debe haber cientos de miles, millones, mezcladas con el suelo del monte chaqueño.

El 95% de los meteoritos son rocosos. Apenas un 5% son de puro metal, hierro y níquel, como los de Campo del Cielo. Son los metales pesados que forman el núcleo de la Tierra. ¿Qué conexión hay entre estos raros objetos metálicos que vienen del espacio exterior y el núcleo del planeta, oculto bajo miles de kilómetros de roca y manto de minerales livianos? La conexión está en los orígenes del sistema solar. Durante las etapas iniciales de formación planetaria (apenas unos millones de años), en lugar de unos pocos planetas grandes había muchísimos objetos similares a los actuales asteroides (que son sobrevivientes de esa época). Los minerales y las rocas empezaron a formarse por reacciones químicas cuando estos objetos eran muy pequeños, y fueron transformándose a medida que crecían pegoteándose y se despedazaban al chocar unos con otros. A la larga los elementos más pesados fueron pasando al interior de los cuerpos más grandes. Hoy en día un buen ejemplo es el asteroide Vesta, que con sus 500 km de diámetro es como un planetita de tipo terrestre en miniatura: tiene un núcleo metálico y un manto de roca. Algunos de esos asteroides con núcleo metálico fueron despojados de la roca por colisiones posteriores y, con el tiempo, algunos de ellos acaban cayendo a la Tierra. Lo que tengo en mis manos es el núcleo desnudo de un protoplaneta.

El primer hierro usado por la humanidad (no mucho antes de la caída de Campo del Cielo, hay que decir) es de origen meteorítico. Sólo mucho después se empezaron a explotar vetas metálicas en minas subterráneas. La palabra siderurgia (la industria del acero) no por casualidad suena como "sideral", tal como ya hemos comentado...


La primera foto (del meteorito El Chaco) es de Edgardo Scheihing (CC-BY). Las otras son mías. Hay algo raro en llamar "meteorito", que suena a diminutivo, a una piedra del tamaño de El Chaco, ¿no?

La obra de Guevara se llama Historia del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán. Se la encuentra en la web googleando el título. Hay una nota sobre los mitos de Campo del Cielo en Ciencia Hoy, abril-mayo de 2002.

Una nota en Cielo Sur relata que la pistola de Belgrano se fabricó con parte del meteorito Otumpa. Si miran la foto de Otumpa, verán que le falta un extremo, que parece recortado (donde está el cartel). Puede ser. Pero también es una práctica habitual recortar un pedazo para exponer y poder estudiar los minerales que no se calcinaron durante el ingreso atmosférico, y también compartirlo con otras instituciones.

Una nota en Aire Libre sostiene que las únicas pistolas que se conservan de Belgrano son un par de fabricación inglesa, subastadas en 2006. La de hierro meteorítico, si bien documentada, está perdida.

Campo del Cielo es un lugar que me gustaría visitar y recorrer y, quién sabe, descubrir un meteorito gigante a la sombra de un quebracho...

11/02/2012

¿Sitios de impacto en Australia?

No deje de leer el update al final de la nota...


Mientras jugueteaba en Google Earth encontré algo llamativo en medio del vasto páramo desértico que llaman Outback, en Australia. Algo que, desde 1 kilómetro de altura, se ve como el sistema de rayos habitual alrededor de los cráteres recientes en muchos mundos del sistema solar. Este es el lugar, exagerando el contraste para que se vea mejor. Las coordenadas del centro son 30°44'04.76" S 143°01'43.67" E. No se distingue un crater obvio en el centro.

En la Luna, por ejemplo, estos rayos son comunes. Así se ven, por ejemplo, alrededor de un crater pequeño. Algunos sistemas son tan grandes que se ven con binoculares de poco aumento durante la luna llena: los que están alrededor de Copérnico, Tycho, etc. durante la luna llena. Me parece un poco raro que, en un impacto terrestre, sólo se vean los rayos. Tengo la impresión de que no deben ser muy estables, geológicamente hablando, y deben desaparecer rápidamente por erosión. Es también posible que haya habido una gran explosión, en lugar de un impacto. El Reino Unido hizo pruebas nucleares en el desierto australiano en la década del '50 (pero muy lejos de este sitio). Por otro lado, si uno revisa otros sitios de pruebas nucleares (en el sudoeste norteamericano, por ejemplo) no se ve nada de este tipo.

El lugar es muy inhóspito, según puede verse en las fotografías aéreas, pero no está completamente aislado. Muy cerca, junto a la ruta Wanaring Rd., puede verse un grupo de edificios rurales. Éste es el color natural tal como se lo ve en Google Earth. Las manchitas oscuras parecen arbustos, y el resto, suelo pelado.

Unos pocos kilómetros al sur hay un (muy) pequeño pueblo llamado White Cliffs, que se dedica a la minería del ópalo.

Apenas 3 kilómetros al sur del primer sitio encontré otro sistema de rayos. Las coordenadas son: 30°45'37.18" S 143°02'30.00" E. Es un sistema más chico (notar que el punto de observación es más bajo en Google Earth), y parece tener algo circular en el centro. La resolución es insuficiente para distinguir de qué se trata. Los dos rayos prominentes que se ven "a las 10" y "a las 2" parecen ser caminos rurales, que pasan directamente por el centro del sistema.

Si alguien tiene idea de lo que hay en estos lugares, o lo que pueda haber producido estos patrones de rayos, avise. Yo le escribiré a algún geólogo australiano a ver si saben algo. No sería la primera vez que alguien descubre un impacto de meteorito con Google Earth. Inclusive en Australia. En Wikipedia hay una lista de cráteres de impacto en Australia, pero ninguna posición coincide con la de estos.

UPDATE IMPORTANTE
Me comuniqué con el Prof. Arthur Hickman, geólogo del Australian Centre for Astrobiology, y le consulté sobre estos patrones de rayos. Su respuesta fue rápida y desalentadora: no son sitios de impacto, ¡son potreros de ganado! Los rayos son huellas de animales que se acercan a beber a un abrevadero central. El suelo es tan pelado que quedan las huellas visibles así. Arthur me dijo que no conocía estos en particular, pero que vio estos sistemas de rayos muchas veces desde el aire. Nunca vi nada por el estilo en la Argentina, me parece que ni siquiera los suelos patagónicos son tan pelados. En fin, seguiremos buscando.