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02/06/2012

Los cuernos de Venus

Venus ha desaparecido rápidamente del cielo vespertino, encaminándose a su encuentro con el Sol el próximo 5 de junio. Hoy (sábado 2 de junio) ya se pierde en el replandor del Sol, a apenas 4 grados y medio de distancia (más cerca que Mercurio, a 8° del Sol). El lunes pasado, al ponerse el Sol, saqué esta foto, con Venus a 12 grados del Sol. Apenas se distingue en esta escala, así que lo encerré en un círculo.

Cuando Venus se acerca así al Sol, poco antes de pasar por delante (aunque no sea justo delante como ocurrirá esta semana), se convierte en una delicada creciente. Con la misma cámara compacta con la que saqué el paisaje, pero con el zoom al máximo y la cámara apoyada, la fase menguante es claramente visible.

¿Qué tal, eh? Hace 400 años una observación como ésta habría constituido un descubrimiento científico de primera magnitud. Hoy cualquier pelandrún le saca una foto con una cámara de consumo masivo.

Galileo Galilei fue el primero en observar estas fases de Venus, a fines de 1610. Es posible que no estuviese seguro de su observación (cualquiera que haya usado un telescopio de Galileo sabe lo difícil que es observar con él). Así que no publicó su descubrimiento de inmediato. Pero evidentemente comprendió la importancia de lo que estaba observando. Si Venus tenía fases como la Luna, entonces necesariamente Venus giraba alrededor del Sol, y no de la Tierra.

¿Cómo asegurarse la precedencia de semejante descubrimiento, en caso de que fuese cierto? Galileo no podía mandar un preprint al arXiv. Pero era fundamental hacer algo: el telescopio era tan fácil de construir que su monopolio en manos de Galileo duró muy pocos meses. Así que usó un procedimiento habitual en su época: codificó su descubrimiento en un anagrama, y a fines de 1610 se lo mandó al embajador toscano en Praga —sabiendo que éste se lo pasaría a Kepler, Matemático Imperial, y uno de los científicos más prestigiosos de Europa. La carta aclaraba que se trataba de un descubrimiento de suma importancia que concernía a la disputa entre los dos sistemas del mundo. El anagrama decía:
HAEC INMATVRA A ME JAM FRVSTRA LEGVNTVR O.Y.
que significa “Recojo en vano lo que no está maduro o.y.”. ("O.Y.", aparentemente, no significa nada, son letras "sobrantes".) Parece hacer referencia a que se trata de una observación incompleta, que requería confirmación. Y en el propio mensaje había una pista: se trataba de algo sobre la disputa del Copernicanismo. Kepler se esforzó por descifrarlo, cambió una E por una C pensando que Galileo habría cometido un error, y concluyó que:
MACULA RUFA IN JOVE EST GYRATUR MATHEM ETC
que se traduce como: “Hay una mancha roja en Júpiter que gira matemáticamente, etc”. ¡Sorprendente premonición! Como todos sabemos Júpiter efectivamente tiene una Gran Mancha Roja, una gigantesca tormenta descubierta por Cassini en 1665 (o por Hooke en 1664) y que persiste hasta nuestros días. Kepler le escribió a Galileo exasperado, rogándole que descifrara el anagrama. Menos de un mes después Galileo lo hizo, de nuevo no directamente a Kepler sino al embajador:
CYNTHIAE FIGURAS AEMVLATVR MATER AMORUM
O sea: “La madre de Amor imita a Cynthia”. Quería decir que el planeta Venus (la madre del dios Amor) tenía fases cambiantes, como la Luna (Cynthia, uno de los nombres mitológicos de la Luna). Galileo tenía finalmente entre manos la refutación definitiva del modelo geocéntrico del sistema solar, y el espaldarazo para el sistema Copernicano.

El próximo martes, durante la fase de "Venus nuevo", el planeta producirá un mini eclipse, todavía más anular que el que produjo la Luna hace 2 semanas. Si pueden, obsérvenlo. Es un evento que no se repetirá hasta el siglo XXII. Hay montones de explicaciones en la web sobre cómo y cuándo observar el tránsito (que lamentablemente no será visible desde ningún lugar de la Argentina, ni buena parte Sudamérica y la península Ibérica, ni África occidental).

17/04/2010

Galileo y Kepler: anagramas y premoniciones en una relación difícil

Veamos un poco más sobre la curiosa relación entre Galileo y Kepler. Tras la publicación de la Conversación con el Mensajero de los Astros —la carta abierta de Kepler a Galileo en apoyo de los descubrimientos de este último— el embajador toscano en Praga le rogó a Galileo que le enviara un telescopio a Kepler, para que el más respetado de los astrónomos europeos pudiese verificar por sí mismo las observaciones de Galileo, y así lograr más respaldo aún. Galileo no lo hizo. En cambio, mandaba un telescopio tras otro a distintos aristócratas europeos.

Pasaron los meses y ningún astrónomo había podido verificar las observaciones de Galileo. Finalmente Kepler le volvió a escribir: "Le pido, mi querido Galileo, que me designe testigo a su favor, mándeme un telescopio, mire que hay mucha gente que niega lo que ha visto Ud..." (estoy parafraseando para condensar la carta). Ante la perspectiva de perder a su mejor aliado, Galileo respondió: "Gracias por defenderme, blah, blah, blah, ya le mandaré un telescopio [nunca lo hizo], yada, yada, yada, riámonos de la estupidez de las masas...". Fue su segunda y última carta a Kepler, 13 años después de la primera. Ni una palabra sobre el progreso de sus observaciones, ni sobre el trabajo de Kepler. Lamentable. En particular, nada sobre un importante nuevo descubrimiento, que Galileo había comunicado al embajador toscano en Praga mediante el siguiente mensaje misterioso:
SMAISMRMILMEPOETALEUMIBUNENUGTTAUIRAS
¿Mais mil poeta nenug ras? ¿Qué significaba esto?