sábado, 23 de mayo de 2015

Colibrí peculiar

El picaflor garganta blanca (Leucochloris albicollis) es el único miembro del género Leucochloris. Se lo encuentra en el noreste de Argentina (pero también en el litoral atlántico, como este ejemplar que fotografié en Mar de Cobo), sureste de Brasil, Paraguay y Uruguay.
El macho del picaflor común (Chlorostilbon aureoventris) se caracteriza por su pico bien rojo con punta negra y plumaje esmeralda. Como su nombre permite imaginar, es muy común en vastas zonas de Sudamérica.

La hembra de la misma especie es bien distinta, con un pico gris (rosa en la base), verde más pálido en el plumaje dorsal y grisáceo en la zona ventral, con una raya blanca tras el ojo. Los picaflores hacen unas maniobras rapidísimas con la cola, que a veces la fotografía permite apreciar. La presencia de abejas no le impide libar desde lejos proyectando la lengua, como se ve aquí.
El picaflor bronceado o zafiro bronceado (Hylocharis chrysura) es de un verde dorado, con la cola cobriza. Se lo puede observar en un amplísimo rango del cono sur, desde Bolivia hasta el Atlántico.

¿Me habré equivocado de blog?, pensará alguno a esta altura.
Este picaflor peculiar (NGC 2936) es el más grande de los colibríes. Con un cuerpo de más de 100 mil años luz de largo se cierne desafiando la gravedad de NGC 2937 (el "huevo"). El par conforma el grupo interactuante designado Arp 142. Su plumaje turquesa delata intensa formación estelar. Delicadas filigranas de polvo frío lo decoran, formando unos anteojos y líneas dorsales. El batir de las alas es tan veloz que parecen desconectadas del cuerpo, y se las designa separadamente como UGC 5130. Su remoto hábitat se encuentra en el noreste de la Hydra (nada que ver con el Capitán América ni los Vengadores, eh) . Según T. Narosqui se trataría del único ejemplar de su especie.





Las fotos de los picaflores fueron tomadas en la Posada Cobo de Mar, un lugar excelente para disfrutar de la abundante y variada fauna de la zona de Mar Chiquita. La de NGC 2936 es del telescopio espacial Hubble (NASA/ESA/STScI).

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sábado, 16 de mayo de 2015

La maravillosa estrella de Carina

Estaba revisando viejas astrofotos, entre ellas un par que ya comenté acá: mi primera y mi segunda fotos, tomadas en 1999. El montaje muestra la aparición, en mayo, de una estrella que no estaba en marzo: la Nova Velorum 1999. He visto estas fotos centenares de veces, así que grande fue mi sorpresa al ver algo nuevo: ¡había otra estrella que aparecía y desaparecía! ¿Acaso había fotografiado dos novas en dos fotos? La recorto para que se vea mejor.

Acá la marqué. No me costó nada identificarla en Cartes du Ciel: se trata de la estrella S Carinae. No es una nova, como la otra, sino una estrella variable de tipo Mira. Las novas son explosiones cataclísmicas que se producen en sistemas binarios. Una de las estrellas le aporta materia a su compañera hasta que, finalmente, la acumulación desata una reacción termonuclear en la superficie, que vemos como una explosión.

Mira es el nombre propio de una estrella variable de la constelación de Cetus, la Ballena, y es el prototipo de su clase. Desde la Antigüedad se sabe de la variación de su brillo, que oscila entre el de una estrella de segunda magnitud hasta la invisibilidad total en un ciclo de 332 días. Johannes Hevelius, el gran astrónomo polaco del siglo XVII, la bautizó Mira, que significa "maravilla" en latín. Las variables de tipo Mira son pulsantes, muy regulares, con períodos de cientos de días y enorme amplitud de brillo entre el mínimo y el máximo. El cambio de brillo se produce porque la estrella entera se infla y se desinfla prodigiosamente. Son estrellas ancianas, gigantes rojas en las últimas etapas de su evolución antes de expulsar por completo su envoltura gaseosa y convertirse en preciosas nebulosas planetarias.

La comparación en la foto de S Carinae con estrellas cercanas de magnitud conocida me da, para el día 26 de mayo, una magnitud 9.4, y para marzo una de 5.3. Números que hay que tomar con un grano de sal, porque la foto no está calibrada de ninguna manera. Pero resulta que son muy razonables. Una curva de luz que preparé en el sitio de la AAVSO muestra que a fines de mayo de 1999 estaba en el mínimo, a magnitud 9.5. No tengo la fecha exacta de la primera foto, pero recuerdo que fue en marzo, que resulta coincidente con el máximo, a magnitud 5.5, en el borde de la visibilidad a ojo desnudo. Con un período de 150 días, fue una enorme casualidad que mi primera y mi segunda astrofotos capturaran la estrella maravillosa en el máximo y en el mínimo, ¡además de la nova!



Un sesudo análisis de S Carinae está en: The Mira variable S Carinae, de Donna Shinkawa, The Astrophysical Journal Supplement Series 25:253-276 (1973).

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sábado, 9 de mayo de 2015

Campo del Cielo

Los pueblos qom, mocoví y otros habitantes ancestrales del Gran Chaco tienen un mito de tipo apocalíptico sobre una lluvia de fuego. En el siglo XVIII el jesuita José Guevara lo relata así:
“Segunda vez cayó el sol [...] Entonces fue cuando por todas partes corrieron inundaciones de fuego, y llamas que todo lo abrasaron y consumieron; árboles, plantas, animales y hombres. Pocos mocobis, por repararse de los incendios, se abismaron en los ríos y lagunas, y se convirtieron en capiguarás y caimanes. Dos de ellos, marido y mujer, buscaron asilo en un altísimo árbol, desde donde miraron correr ríos de fuego que inundaban la superficie de la tierra; pero impensadamente se arrebató para arriba una llamarada que les chamuscó la cara y convirtió en monos...”

El evento habría ocurrido en la región que hoy, apropiadamente, se llama Campo del Cielo, en la frontera entre las provincias de Chaco y Santiago del Estero. Es casi seguro que el mito se refiere a la caída de un gran meteoro hace unos 4000 años. Sus restos son los conocidos meteoritos de Campo del Cielo. Se han hallado miles, totalizando unas cien toneladas: más que de cualquier otra caída conocida. El fragmento más grande es El Chaco, que con sus 33 toneladas es el segundo más pesado del mundo. Y es posible que haya todavía no descubiertos muchos meteoritos grandes y hasta enormes.

En la entrada del Planetario de Buenos Aires hay varios grandes meteoritos de Campo del Cielo. Uno de ellos es éste, llamado La Perdida. Es increíblemente pesado, como puede comprobarse fácilmente tratando de moverlo. No lo lograrán.

Hay algo mágico en tocar un meteorito. Aunque sean un pedazo de roca o de metal, los hace especiales el hecho de que hayan sido planetitas surcando por su cuenta el espacio interplanetario, hasta que la Tierra se los llevó por delante y acabaron en segundos su milenaria vida de vagabundos. Afortunadamente son inmunes al tacto humano, así que los meteoritos en exhibición casi siempre se pueden tocar a piacere.

Los meteoritos de Campo del Cielo son tantos, y se los conoce desde hace tantos siglos, que hay muchos en los museos del mundo. Éste, llamado Otumpa, está en el Museo Británico. He leído que un gran meteorito, de una tonelada, fue trasladado al Fuerte de Buenos Aires a principio del siglo XIX, y que las tropas inglesas se lo robaron durante la primera invasión. Pero creo que no es éste, que aparentemente fue donado al Museo algún tiempo después. También por esos años otro meteorito de un par de toneladas fue fundido para hacer armas para la Guerra de Independencia, y Manuel Belgrano recibió de regalo una pistola meteorítica. Ignoro si estará en el Museo Histórico Nacional, o si habrá sido robada junto con el reloj de oro que le regaló el Rey de Inglaterra, y que Manuel usó para pagar los honorarios de su médico en sus últimos días, al deberle el Gobierno de Buenos Aires muchos meses de sueldo.

En la Argentina está prohibido remover meteoritos sin autorización, y completamente prohibido comercializarlos o llevárselos del país. En otros países no está prohibido y se los vende para coleccionar. Así que en el Museo Británico aproveché para comprar mi propio meteorito de Campo del Cielo. Lo repatrié, podríamos decir, aunque el concepto de patria aplicado a un pedazo de asteroide es por lo menos dudoso. Acá está. Es una de las llamadas chispas, una de las "gotas del sudor del Sol" del mito qom, que se esparcieron por el Campo cuando el meteoro explotó. Debe haber cientos de miles, millones, mezcladas con el suelo del monte chaqueño.

El 95% de los meteoritos son rocosos. Apenas un 5% son de puro metal, hierro y níquel, como los de Campo del Cielo. Son los metales pesados que forman el núcleo de la Tierra. ¿Qué conexión hay entre estos raros objetos metálicos que vienen del espacio exterior y el núcleo del planeta, oculto bajo miles de kilómetros de roca y manto de minerales livianos? La conexión está en los orígenes del sistema solar. Durante las etapas iniciales de formación planetaria (apenas unos millones de años), en lugar de unos pocos planetas grandes había muchísimos objetos similares a los actuales asteroides (que son sobrevivientes de esa época). Los minerales y las rocas empezaron a formarse por reacciones químicas cuando estos objetos eran muy pequeños, y fueron transformándose a medida que crecían pegoteándose y se despedazaban al chocar unos con otros. A la larga los elementos más pesados fueron pasando al interior de los cuerpos más grandes. Hoy en día un buen ejemplo es el asteroide Vesta, que con sus 500 km de diámetro es como un planetita de tipo terrestre en miniatura: tiene un núcleo metálico y un manto de roca. Algunos de esos asteroides con núcleo metálico fueron despojados de la roca por colisiones posteriores y, con el tiempo, algunos de ellos acaban cayendo a la Tierra. Lo que tengo en mis manos es el núcleo desnudo de un protoplaneta.

El primer hierro usado por la humanidad (no mucho antes de la caída de Campo del Cielo, hay que decir) es de origen meteorítico. Sólo mucho después se empezaron a explotar vetas metálicas en minas subterráneas. La palabra siderurgia (la industria del acero) no por casualidad suena como "sideral", tal como ya hemos comentado...


La primera foto (del meteorito El Chaco) es de Edgardo Scheihing (CC-BY). Las otras son mías. Hay algo raro en llamar "meteorito", que suena a diminutivo, a una piedra del tamaño de El Chaco, ¿no?

La obra de Guevara se llama Historia del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán. Se la encuentra en la web googleando el título. Hay una nota sobre los mitos de Campo del Cielo en Ciencia Hoy, abril-mayo de 2002.

Una nota en Cielo Sur relata que la pistola de Belgrano se fabricó con parte del meteorito Otumpa. Si miran la foto de Otumpa, verán que le falta un extremo, que parece recortado (donde está el cartel). Puede ser. Pero también es una práctica habitual recortar un pedazo para exponer y poder estudiar los minerales que no se calcinaron durante el ingreso atmosférico, y también compartirlo con otras instituciones.

Una nota en Aire Libre sostiene que las únicas pistolas que se conservan de Belgrano son un par de fabricación inglesa, subastadas en 2006. La de hierro meteorítico, si bien documentada, está perdida.

Campo del Cielo es un lugar que me gustaría visitar y recorrer y, quién sabe, descubrir un meteorito gigante a la sombra de un quebracho...

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sábado, 2 de mayo de 2015

Magallánica

No todas las galaxias son grandes y hermosas como la nuestra. Algunas son pequeñas y hermosas. En general estas galaxias enanas son satélites de las grandes. La mayor de nuestras satélites es la Nube Mayor de Magallanes, una favorita de EECLE. Es una enana bastante grande, que tiene una barra central y hasta un bracito. Y también una forma aplanada de disco, como muchas galaxias grandes, que no resulta evidente porque la vemos de "arriba".

En el cúmulo galáctico de Sculptor (donde vive otra vieja conocida, la Moneda de Plata) hay una enana parecida a este tipo "magallánico". Pero la vemos de lado, así que nos da una cierta idea de como se vería la Gran Nube de costado. Es la galaxia NGC 55, una preciosidad que pasa casi por el cenit de Bariloche. Aquí está.


A diferencia de la Nube de Magallanes, que está a 160 mil años luz, NGC 55 está a 7 millones de años luz de nosotros, y a mí me recuerda a una ballena. La vemos cruzada por una tenue filigrana de nubes de polvo oscuro. Muchas veces estas estructuras se ven mejor en una imagen negativa, así que la invertí y quedó así:


Efectivamente, se ve bien la textura. ¡Pero lo mejor de todo es que apareció una multitud de galaxias lejanísimas! Identifiqué un montón, con ayuda de Cartes du Ciel y Simbad. Pongo un recorte, con las magnitudes entre paréntesis:


La más lejana de estas galaxias es PGC 124777. Con una magnitud de 17.96 es 63 millones de veces más tenue que Sirio. La base de datos reporta un corrimiento al rojo de 0.125, que corresponde a una distancia de... (contener la respiración)... ¡mil setecientos millones de años luz! Asomarse despacito:


Estas galaxias no son gran cosa visualmente, ya sé. Pero ¿a quién no se le erizan los pelos de la nuca cuando intercepta un puñado de fotones que han estado viajando desde tiempos precámbricos y los almacena para compartirlos?


La foto de NGC 55 es una composición de 8 frames de 240s, dando 32 minutos en total. Tomadas a través del Meade LX10 (20cm @F/6.3), en foco principal con la Canon T1i @ISO 800. Tomada desde mi balcón en el centro de Bariloche, aunque parezca mentira. Con cierto esfuerzo lumbar, eso sí.

Las galaxias de tipo magallánico actualmente se clasifican como espirales barradas magallánicas, una categoría intermedia entre las enanas propiamente dichas y las irregulares más grandes. La Nube Menor es una enana irregular.

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sábado, 25 de abril de 2015

Omega Centauri, o el canibalismo galáctico

Las galaxias parecen tan lejanas unas de otras, tan metida cada una en su propia dinámica, que no fue sino hasta décadas recientes cuando reconocimos que, a diferencia de las estrellas, las galaxias se pasan la vida chocando y devorándose entre sí. Claro, sus vidas son tan leeeentas que no vemos estas cosas ocurriendo ante nuestros ojos. Más bien, lo que vemos son instantes de estos megachoques, congelados en el tiempo desde nuestra perspectiva humana. Como si fueran los fotogramas de una misma película desparramados al azar por todo el universo.

En nuestra propia galaxia hay varios de estos fotogramas. Tenemos uno del inicio de la película, con la Galaxia de Andrómeda empezando a caer sobre la Vía Láctea. La colisión ocurrirá en un futuro lejanísimo, tan lejano que uno no puede imaginarse qué habrá sido de la Humanidad.

Y tenemos varios fotogramas del final: galaxias que han sido devoradas por la Vía Láctea, sus estrellas formando tenues colas a medida que se mezclan con las de la nuestra. Ninguna de esas galaxias era muy grande, así que esas colas, ese efecto de mareas que ya hemos comentado, no es notorio para el aficionado con un telescopio modesto.

Lo que sí podemos ver son los restos compactos de algunas de esas galaxias, sus núcleos que han sobrevivido a la colisión. El cúmulo globular más grande de la Vía Láctea, y que además es el más grande y brillante en el cielo, Omega Centauri, es con buena chance el núcleo de una de esas galaxias fagocitadas por la nuestra. Es posible que varios de los cúmulos más grandes de la Vía Láctea también lo sean. Y, quién sabe, tal vez todos los cúmulos globulares de las grandes galaxias vengan de un proceso jerárquico de fusión de galaxias pequeñas y medianas a lo largo de la larga historia del universo.

Durante todo el otoño y el invierno estará magníficamente ubicado para su observación desde casi cualquier sitio del hemisferio sur. Se ve a simple vista, pero el instrumento ideal es un telescopio mediano de 15 o 20 cm. En un instrumento más chico no llegan a distinguirse sus lejanísimas estrellas. En uno más grande el gigante excede el campo visual y no se aprecia toda su gloria. Esta foto la tomé desde el balcón en febrero, y me quedó bastante linda.


Pueden compararlo con el tercer cúmulo más brillante, NGC 6752, que comentamos el mes pasado a propósito de su gran población de estrellas azules rezagadas. Omega Cen no tiene tantas azules, o no son tan notorias en medio del denso enjambre de estrellas blancas, doradas y antiquísimas. Es una belleza.

Omega Centauri es inmenso: 4 millones de masas solares, 10 millones de estrellas, cifras que aumentan con cada medición que se hace con métodos más y más precisos. Se encuentra a casi 16 mil años luz de nosotros, y por completo fuera del plano del disco de la Vía Láctea donde vive la inmensa mayoría de las estrellas como el Sol. Todos los cúmulos globulares tienen ciertas características similares a las de Omega Cen: decenas de miles o hasta millones de estrellas de Población II, antiguas, con pocos elementos más pesados que el hidrógeno y el helio, formando un enjambre globular y compacto orbitando la galaxia de manera inclinada.

Al observarlo a través del telescopio se aprecia de manera muy distinta a la que produce una foto, aunque sea una muy buena foto. El rango dinámico de la visión humana supera largamente al papel o el monitor de la computadora. Pero algunos detalles que valen la pena destacarse de la observación visual se ven en mi foto. El primero es que la region central no es del todo homogénea: se ven regiones menos densas en estrellas. Yo veo como un par de ojos más oscuros. Esfumando un poco la foto se aprecia que es un hecho real: dos partes más oscuras cerca del centro del glóbulo.

La segunda característica que yo siempre observo son cadenas de estrellas, formando una especie de red alejándose del centro hasta terminar en unas patas de araña en la periferia. Me han escarnizado diciéndome que era una ilusión, pero si uno busca en la web encontrará muchas referencias sobre el tema. Aparentemente la dinámica del enjambre naturalmente produciría estos trenes de astros. En la foto, si uno resta la versión esfumada de la original parece destacarse un poco lo que digo. Observen con cuidado.

La tercera y última característica que quiero mencionar es que, a pesar de la primera impresión que produce, Omega Centauri no es redondo sino ligeramente achatado. En la foto, la mejor manera de verlo es duplicando la imagen y rotando una de las copias 90 grados. Quedan así, y se destaca la asimetría.



Los siguientes trabajos argumentan a favor del origen extragaláctico de los cúmulos globulares, empezando por uno de colegas de la Universidad de La Plata.

Are globular clusters the nuclei of cannibalized dwarf galaxies? LP Bassino et al., The Astrophysical Journal 431:634-639 (1994).

Are globular clusters the remnant nuclei of progenitor disk galaxies? T Böker, The Astrophysical Journal 672: L111–L114 (2008).

Contribution of stripped nuclear clusters to globular cluster and ultra-compact dwarf galaxy populations, J Pfeffer et al., Mon. Not. R. Astron. Soc. 444:3670-3683 (2014).

Omega Centauri hasta parece tener un agujero negro de masa intermedia en su centro: Gemini and Hubble Space Telescope evidence for an intermediate mass black hole in Omega Centauri, E Noyola et al., arXiv:0801.2782v1 (2008).

Sobre la lenta mezcla de las estrellas de estas colisones (en particular las de ω Cen) puede verse: Exploring halo substructure with giant stars: Substructure in the local halo as seen in the grid giant star survey including extended tidal debris from ω Centauri, SR Majewski, arXiv:1202.1832v1 (2012).

Sobre la lejanía de las galaxias: si las estrellas fueran como granos de arena, serían granos de arena a kilómetros unos de otros. Y la siquiente galaxia estaría varias veces más lejos que la Luna...

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