sábado, 19 de julio de 2014

Las montañas de la Luna

Esta semana varias casualidades me hicieron recordar a Anaxágoras, el filósofo griego. No es uno de los más famosos. No tiene ni de lejos la popularidad de Sócrates, Platón y Aristóteles, pero fue enormemente influyente. Casi puede decirse, como de Tales, que es uno de los fundadores de la ciencia: la concepción de que la explicación de los fenómenos naturales hay que buscarla en la naturaleza misma, y no en la superstición. Nació en Asia Menor, emigró a Atenas en su juventud, y fue uno de los primeros filósofos de la ciudad que se convertiría en líder del mundo helénico durante el Siglo de Oro. Fue maestro de Pericles, y probablemente también de Sócrates (el filósofo, no el zaguero de Grecia). Cuenta mi amigo Miguel Hoyuelos en Ciencia y Tragedia que Anaxágoras fue procesado y condenado a muerte por impiedad, como Sócrates. Pero, a diferencia de éste, parece que Pericles consiguió que se conmutase la pena por una multa y un exilio forzoso.

Anaxágoras me vino a la mente esta semana cuando vi esta preciosa foto en la Image of the Day del Earth Observatory. Es la intrincada península del Peloponeso, donde se encontraba la antigua ciudad de Esparta (de donde deben ser originarios los Mascherano #maschefact). Anaxágoras sostenía que el Sol no era un dios, sino una esfera de fuego varias veces más grande que el Peloponeso. Y tenía razón. También decía que las estrellas eran como el Sol, pero que brillaban menos simplemente porque estaban muy lejos. Y también tenía razón.

Cuando la foto del día me hizo recordar a Anaxágoras se desató una cadena de asociaciones libres. El griego también decía que la Luna era un mundo, como la Tierra, y que brillaba reflejando la luz del Sol, y que tenía montañas. Todo dos mil años antes del primer telescopio, entiendasé. Las montañas de la Luna, o la falta de ellas, me llevaron a recordar la Luna llena, la superluna del fin de semana. Durante la Luna llena las montañas de la Luna parecen desvanecerse, porque no vemos sus sombras. Como en esta foto que había compartido en Facebook mi amigo Eric González, del Observatorio de la Universidad de La Punta. La región oscura de abajo es el Mar de las Lluvias, y las manchas claritas (las "islas") son montañas, aunque no parezcan.

Lo que me llamó la atención cuando vi esta foto fue este cráter, tan brillante y rodeado de rayos. No conseguía recordarlo. Me fijé en la referencia obligada, el Virtual Moon Atlas, y me pareció identificarlo como Goldschmidt. Dato que fue confirmado por otro observador en los comentarios de la foto en FB cuando lo consulté. No quedé satisfecho, de todos modos. Los datos de Goldschmidt no parecían corresponder a mi cráter, a pesar de que la posición era la correcta. Según el VMA medía 120 km de diámetro, aún más que el gran cráter Platón, el óvalo oscuro que vemos al frente. Y no parece tan grande, aunque esté más lejos. Además, decía el VMA que Goldchmidt es muy antiguo, como Clavius. Y los cráteres tan antiguos no están rodeados de rayos, debido a la erosión de miles de millones de años de meteorización. No podía ser Goldschmidt.

Mi foto de la Luna gibosa, la que compartí el mes pasado, me permitió zanjar la cuestión. La luz oblicua permite ver las montañas de la Luna, las que imaginó Anaxágoras. El relieve destaca cada cráter, como cuando iluminamos una pared con una linterna rasante y vemos cada granito de la superficie. Perdemos esos brillos intensos que tienen algunos cráteres en Luna llena, como el que me intrigaba, pero la identificación fue sencilla. No era Goldschmidt. Era un crater más pequeño, claramente más moderno, montado sobre sus paredes. El VMA ya me había alertado en la descripción de Goldschmidt, pero no había prestado atención: una de las características principales del enorme y antiguo cráter es otro cráter, grande y reciente, superpuesto en su pared oeste: Anaxágoras. Nada menos.

Revisando la foto de Eric pude distinguir el erosionado Goldschmidt, vean. Apenas se insinúa su óvalo. Aquí puse una versión anotada, con los nombres de otras de las formaciones interesantes.

Hay una preciosa foto de Anaxágoras tomada desde la órbita lunar en la era Apollo. Es un cráter muy septentrional, muy cercano al Polo Norte. Por tal razón, y por tener una profundidad de 3000 metros, su fondo está iluminado sólo en los días alrededor de la Luna llena. Y en el fondo vemos un notable macizo montañoso, bastante corrido del centro (hacia arriba y la izquierda en esta foto). Parte del material revuelto en la colisión parece haber fluido hacia el lado opuesto (abajo y la derecha), volcándose incluso sobre las pared de la formación y derramándose fuera. Las paredes mismas son complejas, con partes derrumbadas formando terrazas, y otras muy pendentudas e intactas. Un cráter precioso. Búsquenlo.


La foto del Peloponeso es de la NASA, tomada por un astronauta de la Estación Espacial Internacional el 21 de marzo de 2014, cámara en mano. La foto de Anaxágoras y otras formaciones lunares en luna llena es de Eric González. La del cráter Anaxágoras es de la NASA, tomada desde el Lunar Orbiter 4. Las otras son mías. Ciencia y Tragedia: Los griegos y sus herederos, de Miguel Hoyuelos (Universidad Nacional de Mar del Plata, 2013), está buenísimo. Ah, y lo de Mascherano es un chiste, claro está.

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sábado, 12 de julio de 2014

La Luna oculta a Saturno

Otro post cortito el de hoy, porque vamos a estar con la cabeza en otro lado todo el fin de semana.

El lunes pasado la Luna ocultó al planeta Saturno. Como ya conté, este año tenemos una racha de ocultamientos de Saturno fuera de lo común. ¡Trece veces! Claro, no todas son visibles desde cada rincón del planeta. El evento del 7 de julio fue el último de los visibles desde la Argentina. Por suerte estuvo apenas nuboso en Bariloche, así que pude observarlo. Al menos la primera fase, la desaparición del planeta detrás del limbo oscuro de la Luna, que ocurrió a las 23:30 en Bariloche. La reaparición fue a la una menos diez, pero la nubosidad hacía casi imposible verlo, mucho menos fotografiarlo. Para ver las fotos conviene descargarlas y verlas pantalla completa.


La diferencia de brillo de Saturno y de la Luna hace muy difícil fotografiar simultáneamente ambos. Pero salieron bastante bien, inclusive a pesar de la nubosidad. La siguiente foto muestra un detalle del momento en que el gigante anillado desaparece en el horizonte lunar. La hermosa formación del extremo derecho es la Bahía del Arco Iris, y el gran cráter del medio es Copérnico, que pasó por aquí recientemente.


Mucho mejor que las mías es esta fenomenal foto que sacó mi amigo Eric González, del Observatorio de la Universidad de La Punta (cuyo telescopio puede ser libremente usado de manera remota por cualquier usuario que lo desee, no se lo pierdan). Vean, está tomada justo antes de la desaparición del planeta. Noten la diferencia de perspectiva, debida a la distancia de Bariloche a San Luis. La Luna, aunque está lejos, tiene una paralaje apreciable vista desde distintos lugares del planeta.

De todos modos, tengo que decir que a través del telescopio la escena se veía mucho mejor que en las fotos. La capacidad del ojo (¿o del cerebro?) de apreciar un enorme rango dinámico de brillos ayuda. Y la sensación de estar viéndolo en directo también. Así que si se lo perdieron, no dejen de intentarlo la próxima vez. Que, para el Cono Sur, será dentro de cinco años, el 19 de junio de 2019...

Los ocultamientos de Saturno son los mejores, simplemente porque Saturno es precioso. Pero bien vale la pena tratar de observar todos los ocultamientos planetarios tras la Luna. Ya hemos mostrado alguno de Júpiter. Para el año que viene tengo ya anotado uno de Urano, que desde Bariloche será apenas rasante.

Los interesados pueden usar el programa Occult 4, de la International Occultation Timing Association, con el cual están hechos los mapitas que mostré. La observación precisa de ocultamientos de planetas, estrellas y asteroides sigue siendo muy importante, y es una actividad en la que la participación de aficionados es crucial.


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sábado, 5 de julio de 2014

Los cráteres de mi vida

Los cráteres de mi vida. No es una lista muy larga, como pueden imaginarse. Pero hace poco un amigo me preguntaba cómo era estar en un gran cráter, y le dije que era como estar en un estadio. El de Brasilia, por ejemplo, no sé por qué me viene a la mente. Pero sin el techo. Así se ve el Meteor Crater, o Barringer Crater, en Arizona, desde la platea superior...


Sólo que es gigantescamente más grande que un estadio de fútbol. El estadio de Brasilia se perdería ahí al fondo.

Otro cráter notable de mi vida no es uno de impacto, sino volcánico. El cráter del volcán Villarrica, siempre cambiante. Cuando lo visité se veía así. Un pozo de 100 metros de ancho, descendiendo en forma de chimenea vertical 100 metros o más hacia las entrañas del volcán...


Sí, esas pulguitas del otro lado del abismo son personas. Asomándose por el borde (echado de panza, no vayan a creer que uno se asoma así nomás en un lugar como éste) alcancé a sacar la foto de aquí al lado. Rocas del tamaño de casas caían todo el tiempo de las paredes. Burbujas aún más grandes explotaban en el lago de lava hirviente. Todavía me da escalofríos.



Estuve en otros cráteres volcánicos, pero el de Villarrica y el Meteor son los más memorables. Cráteres de libro de texto, se podría decir. Así que cierro con uno que me gustaría visitar, un cráter muy raro, un poco al sur del gran cráter Huygens en Marte...


¡Qué rasante debe haber sido el impacto para hacer algo así! Otro día cuento más sobre estos cráteres estirados.

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sábado, 28 de junio de 2014

Luna gibosa et al.

La semana pasada mostré imágenes de la Luna gibosa creciente, y me entretuve comentando tres grandes cráteres, parecidos y diferentes: Tycho, Copérnico y Platón. Estos tres cráteres son los más notables de la región bien iluminada de esta Luna gibosa. Pero, como suele ocurrir, la iluminación rasante cerca de la línea que separa la noche del día (se llama terminador) siempre revela detalles interesantes del suelo lunar. Aquí está el recorte del terminador (rotado, con Tycho a la izquierda y Platón a la derecha). Observen a mitad de camino entre Platón y Copérnico, pero sobre el terminador. Un mar redondito con un gran cráter en sus costas:


Se trata del gran cráter Gassendi, que se planta sobre el borde de uno de los mares pequeños de la Luna, el Mar de los Humores (¿de las humedades?). Gassendi también es grande y muy antiguo, como Platón, y su fondo también está inundado de lava pero es más rugoso. El pico central, triple, sobrevivió a la inundación. El borde es muy irregular, y por momentos desaparece en el Mar mientras que en otros lados se alza a más de 2000 metros de altura. Tiene adosado, y parcialmente superpuesto, un cráter más chico que le da un aspecto de muñeco de nieve. La iluminación rasante muestra algo interesante en el Mar: largas y sinuosas líneas donde la lava aparece "arrugada". No es difícil imaginar por qué ocurre esto. Basta iluminar cualquier pared con una linterna de manera rasante, y se destacan hasta las mínimas irregularidades. Cerca del terminador lunar vemos que hasta las planicies aparentemente tan chatas de los mares tienen arrugas. El basalto se arrugó cuando la Luna se contrajo al enfriarse, igual que se arruga la corteza del pan cuando se enfría.

Y tengo un par de yapas. Durante la misma sesión, además de la Luna pude hacer un par de buenas imágenes de los planetas Saturno y Marte. Aquí está Saturno, que teníamos en esos días a algo menos de 9 unidades astronómicas de nosotros, brillando con magnitud 0, y abarcando casi 19 segundos más los anillos. Es prácticamente la condición más favorable para observar Saturno desde la Tierra, cuando se encuentra en la dirección opuesta al Sol, en su máximo acercamiento a nuestro planeta. Los anillos se encuentran en esta ocasión bien desplegados hacia nosotros. Podemos ver claramente que hay un anillo interior más brillante (el anillo B), rodeado de otro menos brillante (el anillo A). Se llega a distinguir que entre ambos hay un espacio todavía más oscuro: es la División de Cassini, una región casi libre de anillos. Allí donde el sistema de anillos pasa delante del planeta, vemos también una delgada línea oscura: es la sombra de los anillos (a 7000 km de altura) sobre el planeta. No podemos ver la sombra del planeta sobre los anillos porque el Sol está exactamente a nuestras espaldas, así que esa sombra queda detrás del planeta. Finalmente, se distingue una banda de nubes marroncitas separando las regiones ecuatoriales (más amarillas) de las polares (con un tinte verduzco). Muchos, muchísimos más detalles, por supuesto, se ven desde cerca, tal como comentamos hace algún tiempo. Y también en fotos de aficionados que tienen equipos similares al mío pero mejores cielos... 

Por último, aquí está Marte, también cerca de su máxima aproximación del año. A pesar de encontrarse muchísimo más cerca que Saturno (0.7 unidades astronómicas) abarca menos de 14", menos que el gigante anillado. Marte es una gran decepción para muchos aficionados principiantes que se frustran tratando de ver su superficie a través de un pequeño telescopio. La técnica de apilado de los fotogramas de un video, sin embargo, deja ver sorprendentes detalles de su geografía. Debo decir que no es éste el caso. ¡Justo Marte nos mostraba su cara más aburrida! pero bueno, algo se ve. El puntito blanco de arriba a la izquierda son los hielos del casquete polar norte. A la derecha del disco del planeta también se ve una manchita blanquecina, más grande y más difusa que el hielo. Son nubes cubriendo la región del pantagruélico Valle del Mariner. La inmensa meseta de Tharsis, coronada por los tres volcanes gigantes: Arsia, Pavonis y Ascraeus, está en el borde de estas nubes. Y el descomunal Monte Olympo, de 600 km de ancho y 22 de altura, está justo en el centro del planeta. Por supuesto no podemos ver ninguna de estas formaciones. Apenas se ven unas regiones más oscuras (una cerca del borde derecho, otra entre las nubes y el hielo), pero no estoy muy seguro de qué son. El simulacro hecho con Celestia muestra exactamente la vista de esa noche (sin las nubes, claro).

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sábado, 21 de junio de 2014

Luna gibosa

Después de varias semanas paseando por los confines del universo vamos a regresar un poco a casa. Sin olvidar que el Big Bang ocurrió acá, claro está. Tengo para compartir las fotos de mi última sesión otoñal, tomadas desde el balcón de casa el 10 de mayo de 2014.

Había una hermosa Luna gibosa, pasada del cuarto creciente, una Luna de 11.68 días. No hay que despreciar a la Luna. Si bien su intenso brillo suele ocultar las maravillas del cielo profundo, la Luna es en sí misma un fantástico objeto para explorar. Inclusive con binoculares, y especialmente con un pequeño telescopio, las maravillas de la Luna alcanzan para una vida entera de observación. Además, su cambiante iluminación hace que cada día podamos ver su fascinante geografía bajo una, bueno, luz, distinta.

Empecemos con la Luna entera, tomada con la cámara réflex en el foco principal del telescopio. Acá está, reducida considerablemente para ponerla aquí:


No es una exposición única. Como siempre, las mejores imágenes astronómicas se obtienen superponiendo una multitud de tomas individuales. En este caso son una veintena, con el agregado del casquete sur que tomé con otra técnica porque no me gustó cómo había salido. A propósito dejé el sur hacia arriba, que es como la vemos desde nuestras latitudes. Hay tres grandes cráteres en esta imagen que saltan a la vista, bien iluminados. Son: Tycho, arriba, rodeado por su increíble sistema de rayos que se extienden miles de kilómetros; Copérnico, algo a la derecha y abajo del centro de la Luna, con un faldón de rayos irregulares como una telaraña; y Platón, un óvalo gris oscuro, bien abajo, justo por fuera de la "costa" del Mar de las Lluvias. Platón no tiene rayos, y su fondo plano y oscuro es bien distinto de los otros dos.

Veamos algunos detalles de esta asombrosa geografía. Las imágenes siguientes fueron tomadas con otra cámara, una cámara de video también puesta en el foco principal. Es esencialmente una webcam sin lente, con la cual hacemos un videíto de un par de minutos. Luego cada fotograma se usa como una sub-imagen en el apilado.

Empiezo por el casquete sur. Atentos que la orientación de la imagen es distinta, pero es la misma zona alrededor de Tycho de la Luna entera. Esta región de la Luna es un caos de cráteres, y es fácil perderse. Pero Tycho se destaca como el cráter más brillante, con unas paredes complejas, que se ven como derrumbadas, y una gran montaña central. La cima se alza 1600 metros sobre el fondo del cráter. ¿Quién será el Edmund Hillary que primero la escale? Tycho es un cráter relativamente joven, tiene 108 millones de años, medidos con gran exactitud a partir de las muestras tomadas por los astronautas del Apollo 17 en uno de sus rayos. Mucho más antiguo es el gigantesco Clavius, que vemos a la derecha y abajo de Tycho en la foto. Clavius es uno de los cráteres más grandes de la Luna, mide más de 200 km de diámetro. Lo vemos con muchos cráteres superpuestos, varios en sus desgastadas paredes, pero muy notablemente con una cadena de cráteres que forman una línea curva en su fondo, ordenados de mayor a menor (de derecha a izquierda y curvándose hacia abajo en la foto). Yo veo seis cráteres en esta imagen, tal vez Uds. vean 5 en la imagen reducida. En la película (y en la novela) 2001 A Space Odyssey, Heywood Floyd viaja de Clavius a Tycho para revisar el monolito extraterrestre. Son varios cientos de kilómetros. ¿Cuánto tiempo les habrá llevado?

Pasemos a Copérnico. Es también un gran cráter, similar a Tycho en tamaño y estructura, pero bastante más antiguo (unos 800 millones de años, de todos modos un cráter joven para la Luna). Tiene, como Tycho, unas complejas paredes y un macizo central, recordatorio eterno del desbarajuste geológico que causó el asteroide que lo formó con su violento impacto. A diferencia de Tycho, que se pierde en un mar de cráteres, Copérnico se destaca aislado en la cuenca oriental del Océano de las Tormentas. Me encanta cómo salió en esta foto, en medio de su telaraña de material eyectado. Al noroeste de Copérnico (a la izquierda en esta foto) se alzan los Montes Cárpatos, que son parte del borde de la gigantesca cuenca de impacto que reconocemos como el Mar de las Lluvias, ese mar bien redondito, con un enorme golfo (que se llama Bahía del Arco Iris), que en la foto de la luna entera vemos entre Copérnico y Platón. Varias formaciones que parecen colinas, en la zona inferior izquierda de la foto (se nota que tienen la iluminación "al revés" que los cráteres) son de origen volcánico. Una de ellas es bien redonda, pero tendría que dibujar sobre la foto para mostrárselas. Googléenla, se llama Milichius Pi.

El tercero de los grandes cráteres que mencioné al principio es Platón. Aquí está su encantador entorno (ojo, que la orientación es distinta que en la foto de la Luna entera). Platón es muy antiguo, tiene 3 mil 800 millones de años. Y aunque es más o menos del mismo tamaño que Tycho o Copérnico, lo que queda de él son sólo las paredes, ya que la lava lunar en esa época todavía fluía, e inundó el cráter, dándole un fondo plano de basalto. La planicie que aquí vemos hacia abajo y la izquierda es la orilla norte del Mar de las Lluvias. Del otro lado de Platón, otra planicie oscura es el Mar del Frío, un mar finito y largo. Hacia la derecha de Platón se extiende otra cordillera montañosa que, como los Cárpatos, forma parte del borde de la cuenca de impacto del Mar de las Lluvias. Son los Montes Alpes. Y cruzándolos transversalmente y en línea recta, uno de los más hermosos valles lunares, el Valle de los Alpes. El fondo del valle es plano, y mide apenas 20 km de ancho pero casi 200 de longitud. Lo surca un canal muy estrecho, muy difícil de ver desde la Tierra, pero bien lindo en las fotos tomadas desde la órbita lunar. ¡A googlearlo! Los Alpes se extienden hasta un cráter que vemos casi sumergido en el basalto del Mar, Cassini. El otro cráter notable casi en el borde de la imagen es Aristillus. Si trazan una línea desde Aristillus a Platón, hay una gran montaña en medio del Mar. Es el gran Monte Pitón, de más de 2000 metros de altura.

Bueno, tenía más de esa sesión, pero ya me excedí. Retomo la semana que viene.


El mejor compañero para el observador lunar es el Virtual Moon Atlas.

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