sábado, 18 de junio de 2016

Alunado

Esta semana hay Luna llena: es el lunes 20 a las 8 de la mañana, así que la veremos llena durante la noche del domingo. Y también casi llena esta noche (sábado) y la noche del lunes. Pero casi no es lo mismo. ¿O sí? Hay un hecho sorprendente acerca de la luz de las distintas fases de la Luna que hace rato tengo ganas de comentar.

La Luna llena es algo extraordinario en el cielo. Hasta alguien con total desinterés por la astronomía se rinde ante el maravilloso espectáculo de una Luna llena: enorme cuando sale al crepúsculo y radiante en el cielo nocturno. Hay pequeñas variaciones de brillo mes a mes ya que la órbita de la Luna no es redonda sino ovalada, de manera que algunas lunas llenas están un poco más cerca y otras un poco más lejos.

¿Y la Luna en cuarto? Cuando la Luna está en cuarto vemos la mitad de su cara, la otra está en sombras, apenas iluminada tenuemente por la luz reflejada por la Tierra. Uno diría que, como una Luna en cuarto es la mitad de una Luna llena, brilla con la mitad de intensidad. ¿No?

Bueno, no. Una luna en cuarto es doce veces menos brillante que una luna llena. ¡Chan! ¿Cómo es posible? Hay un par de razones. En primer lugar, cuando vemos la Luna llena (como en la foto de arriba) no vemos sombras, ya que el Sol está detrás nuestro. Hasta es difícil darse cuenta de que la Luna es una esfera: parece chata. En cambio, durante los cuartos la iluminación llega de costado y vemos muchas sombras, como es evidente en esta foto del cuarto creciente. Buena parte del suelo lunar está en sombras debido al relieve, así que la superficie iluminada que percibimos es menos que media luna. El relieve lunar: los cráteres, las tierras altas, las montañas y los valles se vuelven manifiestos. Por eso es mucho más interesante observar la Luna a través del telescopio durante las fases no llenas, en contra de las expectativas de los principiantes.

Pero ésta no es la única razón. Ni siquiera la principal. La tremenda reducción del brillo se debe principalmente a una propiedad del suelo lunar: actúa como un retrorreflector en lugar de como una superficie normal y corriente. Es decir, envía la mayor parte de la luz que recibe de vuelta hacia el Sol. Durante la Luna llena la envía hacia nosotros, que tenemos el Sol a nuestras espaldas. Pero durante el cuarto la envía hacia el costado, donde está el Sol, y se nos pierde. Ya hemos contado esta propiedad del suelo lunar (el regolito) en una nota hace años, que vale la pena volver a leer: Luz de Luna. Esta rara propiedad es también la responsable de que la Luna llena parezca chata como un disco, en lugar de parecer una esfera como aparece, por ejemplo, el planeta Júpiter.

Y los dos cuartos, ¿son iguales? No, pero esto es una casualidad: el cuarto menguante (en la foto aquí al lado, un poco antes del cuarto exacto) está ocupado en buena parte por los grandes Océano de las TormentasMar de las Lluvias, que son de una lava muy oscura, así que es apeeeeenas más oscuro que el cuarto creciente, dominado por los más pequeños mares de la Tranquilidad, de la Serenidad, de la Fecundidad y de las Crisis y por las brillantes tierras altas del sur.

Bueno, ¿y cuándo brilla la Luna con la mitad del brillo de la Luna llena? ¿Será alguna fase gibosa, algún día intermedio entre los cuartos y la Luna llena? Sí, pero de nuevo es sorprendente la respuesta: ¡la mitad del brillo se alcanza cuando la fase es 95% llena, dos días y un poquito antes (y dos días y un poquito después) de la Luna llena! La Luna de ayer viernes, que al salir parecía llena, en realidad brillaba la mitad que la de mañana domingo. Qué vas a hacer.


La Luna llena brilla 400 mil veces menos que el Sol. Además, la Luna es 400 veces más chica que el Sol, y está 400 veces más cerca (gracias a lo cual tenemos eclipses totales del Sol). Y además, está a 400 mil kilómetros de distancia de la Tierra. En la quiniela astronómica, si soñás con la Luna, jugale al 400. ;)

La foto de la Luna llena es mía. Las de los cuartos son gentileza de Andrea Anfossi, lunática consagrada. ¡Gracias!

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sábado, 11 de junio de 2016

Atlas

¿Quién está ahí al fondo, frente a la entrada de la catedral de San Patricio en Nueva York, del otro lado de la Quinta Avenida? ¿Un gigante semidesnudo y con el logo de la IAEA en los hombros, desafiando a feligreses y turistas? ¿Está tratando de meterse en el atrio un personaje mitológico y pagano? ¿Es un colaborador de las Naciones Unidas en una promoción de los "átomos para la paz"?

Es Atlas, una de las magníficas esculturas art déco del Rockefeller Center. Atlas, sosteniendo sobre sus hombros la esfera celeste. Atlas, un titán, protagoniza un par de historias fascinantes en la mitología clásica. Ya hemos relatado uno de los mejores episodios de la titanomaquia (la tremenda guerra entre los dioses olímpicos y los titanes) en relación con la figura de Piscis (no se lo pierdan). Bueno, al terminar la guerra con la victoria de los olímpicos, Zeus desterró a muchos de los titanes. A Atlas lo condenó a sostener el Cielo, Ouranos, sobre sus hombros, manteniéndolo separado de la Tierra, Gaia, de cuya unión habían nacido los titanes. Marchó Atlas al confín de África, a orillas del océano epónimo y encaramado sobre la cordillera que también lleva su nombre, a sostener el Cielo con proverbial esfuerzo.

Ésa es una de las historias, pero la segunda es mejor. O, al menos, más divertida. Fue durante los Doce Trabajos de Hércules. Al semidiós le encargaron (décimoprimer trabajo) traer unas manzanas de oro que crecían en un jardín en Occidente, al cuidado de las Hespérides, hijas del titán. Hércules fue a Marruecos y le ofreció a Atlas un descansito, sosteniéndole un rato el Cielo a cambio de que le consiguiera las manzanas doradas. Atlas aceptó, fue y volvió con las manzanas, y en el momento de entregarlas vio la oportunidad de su liberación: ¡no tenía por qué volver a tomar su carga! No era un titán muy brillante, porque en lugar de escapar bailando en una pata intentó convencer a Hércules de que el que cargaba el Cielo tenía que cargarlo para siempre. Hércules, algo más listo, le dijo bueno, pero tenémelo un cachito mientras me acomodo la piel del león de Nemea sobre los hombros, porque el Cielo está muy pesado y se me está clavando acá. Atlas volvió a agarrar el Cielo, y Hércules pelito para la vieja regresó a Grecia muerto de risa. 

Atlas, dios de la astronomía, hijo de Japeto, padre de las Híades y de las Pléyades, vive hoy en órbita de su tío Saturno: es una rara lunita con forma de plato volador, que en esta foto de Cassini parece querer salir escapando como debió haber hecho cuando Hércules alivió su carga. 


La parte inferior de la foto muestra unos anillos. Es el borde del anillo A, el menos brillante y más exterior de los que vemos desde la Tierra. Atlas, el satélite, fue descubierto en la década de 1980 en fotos tomadas por Voyager 1, tan cerca del borde del anillo que se conjeturó que su gravedad ayudaba a mantener confinadas la infinidad de partículas que lo integran. Parecía sostener sobre sus hombros los anillos, y se ganó el nombre titánico. Hoy sabemos que no es así: el nítido borde del anillo A está definido por otros dos personajes que merecen aparecer en el blog, Jano y Epimeteo. Pero vean qué cerquita está Atlas. El anillo delgado por fuera es el F, mientras que la franja oscura gruesita dentro del anillo A es la división de Encke, a veces visible en telescopios de aficionados.

Atlas no es la única luna de Saturno con forma de plato volador. En esta foto las dos de la izquierda son de Atlas, y las dos de la derecha son de Pan, la luna que mantiene abierta la división de Encke. Es una mugre estar en órbita de Saturno, parece.



Las imágenes de los satélites de Saturno son de NASA/JPL/Cassini. (No se pierdan, este año, el Gran Final de la exploración de Cassini en Saturno.) Las de New York son mías.

En Cazador cazado conté que las Pléyades eran hijas de Enopión, no de Atlas. Pero ya se sabe cómo es la mitología.

Se dice que el origen del mito de las manzanas de oro, que también aparecen en el Juicio de Paris, son las naranjas de Andalucía, que en Grecia serían una rareza. Puede ser, pero esa es otra historia. 

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sábado, 4 de junio de 2016

Amanece, que no es poco

Ya hemos contado que, contrariamente a lo que casi todos aprendemos en la escuela, sólo dos veces en el año el Sol sale por el Este y se pone por el Oeste. Si no leyeron, o si no recuerdan esa nota, vayan a leerla que está muy buena. Yo espero acá, y mientras tanto pongo la foto que muestra el efecto tal como se ve desde mi balcón.


Como puede verse, durante el verano austral el Sol sale al Sur del Este, y también se pone más al Sur del Oeste. La posición exacta depende de la latitud del lugar. Desde Bariloche sale casi por el sudeste y se pone casi por el sudoeste. Si nos vamos más al sur, los puntos de salida y puesta se acercan más y más. ¿Hasta dónde pueden acercarse? ¿Pueden tocarse? ¿Podrá coincidir el ocaso de un día con el amanecer del día siguiente?

Sí, por supuesto. Desde todas las latitudes que se encuentran entre el Círculo Polar y el Polo puede verse el Sol, durante parte del año, permanentemente sobre el horizonte. El primero y el último día de este "día perpetuo" el Sol sale exactamente por el Sur (por el Norte si estamos en regiones árticas), describe un enorme círculo en el cielo, y vuelve al mismo punto. Y allí, sin ponerse, "rebota" y comienza un nuevo "día". Todo esto uno lo sabe y lo puede razonar. Pero muy distinto es verlo, como en este montaje hecho por el médico británico Eoin Macdonald-Nethercott, que se pasó una temporada en la base antártica franco-italiana Concordia:


Me encanta que el cielo permanece diurno, pero la iluminación del paisaje permite identificar claramente las etapas del día, incluyendo una larguísima golden hour, ideal para la fotografía de paisajes... ¡si no fuera todo blanco!

En el blog donde encontré esta foto también se mencionaba un fantástico time-lapse, tomado durante el día perpetuo en que el Sol no se pone, hecho por Anthony Powell en la base Scott. Está en Youtube (son dos minutos):


Mi amigo Eduardo, compinche astronómico de muchas de las fotos que aparecen aquí en el blog y en Fotones Lejanos, hizo dos campañas en la base Amundsen-Scott en el Polo Sur, incluyendo una de un año entero, construyendo un insólito telescopio de neutrinos. Le tendría que pedir un post invitado para contarlo.


Encontré la foto de este raro efecto en PetaPixel, en una nota de Michael Zhang.

Concordia es uno de los paisajes que se distribuyen con Stellariun, así que pueden simular el cielo en cualquier época del año tal como la vio el Dr. Mcdonald-Nethercott.

Amanece que no es poco es una excelente película de José Luis Cuerda.

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sábado, 28 de mayo de 2016

El código de la Luna

En el Museo de Arte Moderno de Nueva York uno va primero a ver La Noche Estrellada. Obviamente: para eso ha venido a Nueva York. Pero después, ya que está, uno recorre todo el museo. Y de golpe se encuentra con esto:


La obra mide unos 3 metros de alto. ¡Una pared llena de fotos de la Luna! Casi en seguida el lunático embelesado se da cuenta de que no es un calendario lunar, que las fases están mezcladas, y que cada tanto hay símbolos ortográficos: varias comas, un dos puntos, y un punto final. ¡Es una oración! ¡Escrita en código lunar, con las fases representando letras!

¿Qué dirá? Se trata seguramente de un código de substitución, en el que cada letra es substituída por un signo arbitrario (que puede ser otra letra). Si el texto es suficientemente largo las regularidades estadísticas de los lenguajes humanos permiten deducir la mayor parte del código y reconstruir el texto (a veces sí, y a veces no). Este párrafo no es muy largo, pero uno mira atentamente y ve grupitos de lunas separados por "lunas nuevas", signos completamente negros que seguramente representan los espacios del texto. Ya es algo.

Pero el champollion lunático deduce algo más: el alfabeto tiene 26 letras. 27 en español contando la eñe y sin contar los dígrafos. Más el espacio, son 28. Una lunación son 29 días y medio, digamos 29 días, y quien dice 29 dice 28, cuatro semanas. Un día de la lunación por cada letra. ¿Será?

Es. Estoy segurísimo de que es lo que pensó el autor: una foto cada día de un ciclo lunar da un código de substitución. Aparentemente el propio autor tomó las fotos (¿cuántos de nosotros, lunáticos consagrados, lo hemos hecho, día por día durante los 28 días con Luna?). Y, para ayudar a los perezosos, el código se exhibe en la pared de al lado. Acá está el alfabeto lunar. Tres por nueve veintisiete, más una luna nueva veintiocho. Sólo hay que leer el código y traducir la frase.

Pero el museo es grande, Nueva York es enorme, y el tiempo es precioso. Así que chak chak, fotos, y lo haremos luego. Hoy, ponele, un año más tarde. No es fácil. Tal vez por la calidad de mis fotos, o porque hay fases muy parecidas, mi primer intento no fue del todo exitoso. Me dio esto:
WHEN VE PULVESIZE WORDS, WEAT IS MEET IS NEITHER NESE NOISE NOR ARAHURARY, PURF FLENENTS, BWV STIKL OTHER VORER, SEFLECUHON OF AN INVISIBLE AND YFU INEFLIBLE SEPRERENTATHON: THIS IS THE NYUH IN VHICH WE NOW TRANOST OBSCURE AND SEAL ROWEST OF LANEWAFE.
Bueno, al menos se reconoce que está en inglés. Imaginando que los errores se deben a confundir fases de días vecinos, no me resultó tan difícil descifrar el texto:
When we pulverize words, what is left is neither mere noise nor arbitrary, pure elements, but still other words, reflection of an invisible and yet indelible representation: this is the myth in which we now transcribe the most obscure and real powers of language.
"Cuando pulverizamos las palabras, lo que queda no es ni mero ruido ni elementos puros, arbitrarios, sino otras palabras, reflejo de una representación invisible pero indeleble: el mito en el cual transcribimos los más oscuros y reales poderes del lenguaje."

Una frase maso, capaz que yo hubiera elegido otra. "Todos estos mundos son suyos...", "Cultivo una rosa blanca...", "Oíd mortales el grito sagrado...". Pero el autor, evidentemente un artista conceptual, eligió decir lo que dijo, y ahí está.

A propósito, ¿quién es el autor? El alfabeto tiene eñe, así que seguramente es un hispanohablante. Lo cual no tiene nada de raro, por supuesto. Pero uno, lunático argentino aficionado al arte, no deja de asombrarse al leer el cartelito junto a la obra. El autor es Leandro Katz, cineasta, fotógrafo y artista plástico argentino que vivió más de 40 años en Nueva York, y que actualmente vive en Buenos Aires. ¿Lo conocen? Su catálogo incluye las siguientes películas: Twelve Moons (& 365 sunsets), Moonshots, Moon notes y Mirror on the Moon. Un lunático, evidentemente.

En los museos de Nueva York, como de cualquier otro lado, hay abundantes lunas. En el mismo MoMA está la de la Noche Estrellada que ya visitamos. En el Met encontré un viejo conocido, un cuadro de uno de mis pintores románticos favoritos, Caspar Friedrich, Dos hombres contemplando la Luna. La versión que vi en Dresden me gustó más, me parece (han pasado muchos años). Observen con cuidado: además de una delgada creciente con luz cenicienta se ve una estrella. Seguramente es el planeta Venus, que también creímos ver en el cuadro de van Gogh. ¡Pero que pinturas tan distintas entre sí! Y no sólo porque una mira al Este (¿cuál?) y la otra al Oeste, claro está.


Los comentarios, por favor, los dejan en código lunar. Y si alguien descubre qué día de los 29 del ciclo lunar se salteó Katz en su alfabeto, que avise. Gracias.


Las obras son Lunar Alphabet II y Lunar Sentence II, de Leandro Katz, en exhibición en el MoMA, y Two men contemplating the Moon, de Caspar David Friedrich, en exhibición en The Met. Fotos mías.

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