sábado, 23 de julio de 2016

Declaración jurada

La Internet es una fuente inagotable de detalles curiosos de historias conocidas. Como estamos en el aniversario del regreso a la Tierra del Apollo 11 comparto la siguiente, que se agrega a la historia de las estrellas de navegación, a la del arte en la Luna y a la del primer telescopio espacial.

Edwin Aldrin subió a Twitter esta declaración de viáticos, que habrá encontrado haciendo limpieza de su escritorio. En ella el astronauta pide, y se le reconoce, el reembolso de $33.31 (219 dólares de hoy en día). No sé si las habrán hecho siempre, o si las siguen haciendo, pero parece completamente razonable. El formulario, como en cualquier declaración de un viaje de trabajo, detalla el itinerario: de su casa en Houston a Cabo Kennedy, luego a la Luna, el Océano Pacífico, Hawaii, y regreso a Houston. Inusual, ¿no?

Uno podría decir ¡qué poquito! Hasta los viáticos de los proyectos de investigación del CONICET, si bien rara vez alcanzan para el hotel, son un poco más generosos. Todo se aclara en la segunda hoja del formulario: los 33 dólares corresponden a haber usado su propio auto (POV) para manejar 8 millas hasta la base de la Fuerza Aérea. A partir de allí el transporte fue provisto por el Gobierno: un avión gubernamental, una nave espacial ídem, un portaaviones de la Marina, un avión de la Fuerza Aérea, y un vehículo gubernamental hasta su residencia; qué gesto tan amable dejarlo en la puerta de casa después de semejante viaje.

También dice que comidas y alojamiento fueron provistos por el Gobierno, así que no tuvo que llevarse sanguchitos. Finalmente, dice que usó su propio auto 100 millas en los alrededores de Cabo Kennedy (¿tenía un auto en Cabo Kennedy?). La suma de los dos autos, más algo que no entiendo (agregado a mano, ¿dos comidas a $2.25 cada una?) le dan $33.31 a su favor, pagaderos en un cheque. Cling, caja.

La burocracia no terminó ahí. Aldrin también encontró esta declaración de aduana presentada en Honolulu, por ingresar al país objetos extranjeros: muestras de rocas y polvo lunar, según manifiesto adjunto. firmado por él, Neil Armstrong y Michael Collins el 24 de julio al desembarcar en Hawaii. El formulario incluye una declaración de buena salud: ningún enfermo, y condición potencialmente infecciosa "a determinar" (los tres pasaron ¡21 días! en cuarentena, hasta asegurarse).

En la nota sobre las estrellas de navegación del Apollo, que recuerdan los nombres de los astronautas del Apollo 1 fallecidos en un incendio en 1967, puse una foto de Neil Armstrong tomada por Aldrin que me encanta, donde se lo ve feliz al terminar la actividad fuera del módulo lunar. Buzz aparece en ésta, que es otra de mis fotos favoritas del Apollo 11, tomada por Neil poco antes de descender en la Luna:



Los scans de los documentos están en este tweet de Buzz Aldrin. La foto de Aldrin está en el rollo 36/N de las Hasseblad, hoy todas accesibles en Flickr.

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sábado, 16 de julio de 2016

La Galaxia del Bicentenario

Hace 200 años, cuando en Tucumán los congresales declaraban la independencia de las Provincias Unidas, no existía ninguna galaxia. La palabra galaxia sí existía, es el nombre griego de la Vía Láctea, pero nadie la usaba como la usamos ahora. Doscientos seis años antes Galileo había descubierto que la Vía Láctea, que a simple vista parece una nubosidad continua cruzando el cielo, estaba formada por miríadas de estrellas pequeñitas y tan juntas que sólo a través del telescopio se podían distinguir individualmente. Pero durante siglos siguió siendo éso: una banda de luz tenue cruzando el cielo.

Un año antes, en 1815, Belgrano y Rivadavia habían viajado a Inglaterra en misión diplomática, a tantear cómo venía el ambiente político post-Waterloo. Allí vivía y trabajaba con salario real un talentoso músico y astrónomo de origen alemán: William Herschel. Me pregunto si se habrán cruzado en Windsor, en Kew o en Buckingham, antes o después de entrevistarse con Jorge III (quien le regaló a Belgrano un reloj de oro, que el prócer usó para pagar los honorarios de su médico en su lecho de muerte, al deberle el Gobierno muchos meses de sueldo). Desde hacía 30 años Herschel venía estudiando la cuestión de la Vía Láctea, en un esfuerzo por comprender lo que llamaba "la construcción de los cielos". Mediante el relevamiento minucioso de la cantidad de estrellas que podía observar a través de sus telescopios en distintas direcciones y un detallado análisis matemático, había llegado a la conclusión de que todas las estrellas formaban parte de un sistema extenso, más o menos irregular, achatado y mantenido por la gravitación. El Sol, en contra del principio copernicano, parecía hallarse en el centro de este disco.


Cien años después, mientras celebrábamos nuestro primer Centenario, existía en todo el universo una sola galaxia: la nuestra, la Vía Láctea, la Galaxia con mayúscula. El año antes un astrónomo norteamericano, Harlow Shapley, observando estrellas variables en los cúmulos globulares, descubrió que éstos formaban un enjambre centrado no en el Sol, sino en un punto muy lejano en la dirección de Sagitario. Shapley comprendió que la "construcción" de Herschel era inmensamente mayor que la que el músico había estimado. La Vía Láctea era vastísima, la Galaxia (como se había empezado a llamarla a mediados del siglo XIX) abarcaba el universo. Recién en 1923 la palabra galaxia adquirió el plural, al descubrir Edwin Hubble que la nebulosa de Andrómeda, que Herschel describía intrigado, era otra galaxia como la Vía Láctea.


Hoy, en el Bicentenario de las Provincias Unidas, sabemos que hay cientos de miles de millones de galaxias en la parte que podemos observar del universo. Que las galaxias son los verdaderos ladrillos en la estructura del universo. Que la Vía Láctea es una galaxia grande, de forma espiral. Todas las estrellas que vemos en el cielo, así como las nubes de gas brillante y las de polvo oscuro, forman un disco extremadamente chato, más chato que lo que sospechaba Herchel: tiene más o menos las proporciones de un CD, algo más abultado en el medio (donde están las familiares constelaciones de Sagitario y Escorpio). Sabemos que es casi tan antigua como el universo mismo, y que fue creciendo devorando galaxias más pequeñas. Que sus estrellas se suceden en generaciones, reciclando y enriqueciendo la materia que forma el medio interestelar, a partir del cual se forman nuevas estrellas y planetas. Y que nuestro Sol, nuestro sistema solar, nuestro planeta y nosotros mismos somos un eslabón en este reciclado permanente de materia en la Galaxia.


¿Qué sabremos de la Galaxia durante el Tricentenario? ¿Habremos zanjado la cuestión de si tiene 2 o 4 brazos? ¿Habremos mapeado la totalidad de sus estrellas? ¿Habremos enviado nuestros robots a visitar las más cercanas? ¿Habremos establecido si algunas de ellas albergan planetas vivos como el nuestro?

¿Y en el Cuarto Centenario?



El contenido de esta nota es más o menos lo que improvisé el pasado 8 de julio, cuando participé por teleconferencia en los festejos del Bicentenario organizados por el Club de Astronomía de Villa Mercedes. ¡Gracias por invitarme!

La figura de la sección transversal de la Vía Láctea de Herschel es de On the construction of the Heavens, Philosophical Transactions of the Royal Society of London 75:213-266 (1785).

La figura mostrando la distribución de cúmulos globulares es de Shapley, Globular clusters and the structure of the galactic system, Publications of the Royal Society of the Pacific 30:42-54 (1918).

La foto de la Vía Láctea en la región de Escorpio es mía mía. Pero se las presto.

El logo reciclado es un chiste.


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sábado, 9 de julio de 2016

El frío y el minisol

¡Uy, qué frío esta semana! Fui a fotear al Anfiteatro del Limay, y se me congeló el rocío en la lente. Se me congelaron los binoculares. Se me congeló la brújula. Y no eran ni las 9 de la noche. De día, el Sol calienta poquiiiiito. ¿Será que está más lejos?

Bueno, sí. Es decir, sí y no: el Sol está más lejos, pero no es por eso que hace frío. Después de todo, ¡en el hemisferio norte es pleno verano! Pero, ¿de veras el Sol está más lejos? ¿Cómo puede ser?

Es lo mismo que con la Superluna y la miniluna: las órbitas no son redondas, son un poquito ovaladas. La Luna a veces está más cerca de la Tierra y a veces más lejos, como hemos contado más de una vez. Y lo mismo pasa con la Tierra: a veces está más cerca del Sol y a veces más lejos. Una vez por año pasa por el punto de máximo acercamiento (el perihelio, alrededor del 5 de enero) y una vez por año pasa por el punto de máximo alejamiento, el afelio, alrededor del 4 de julio. La semana pasada, justo. El día que Juno llegó a Júpiter.

¿No se podrá ver el efecto? Es difícil. La órbita de la Tierra es una elipse casi redonda. Hice la prueba, pero un dibujo a escala para ponerlo aquí en esta columna es indistinguible de un círculo. Así que mejor que eso es mostrar directamente el Sol, usando imágenes del Solar Dynamics Observatory, que es un telescopio espacial que observa permanentemente el Sol, tomando imágenes cada 15 minutos en un montón de longitudes de onda. Revisé los perihelios y afelios desde el 2011 hasta esta semana, y los puse en un gif animado. Aquí está:


Además del pequeño pero perceptible cambio de tamaño, es interesante también ver cómo cambia la cantidad de manchas solares. Ahora estamos entrando en un período de poca actividad, así que el Sol del afelio del lunes pasado no tiene ninguna mancha.

Aquí están los valores numéricos, para que vean la pequeña excentricidad de nuestra órbita alrededor del Sol:

Afelio: 152 100 000 km

Perihelio: 147 095 000 km

El afelio es apenas 3.4% más lejano que el perihelio (compárese con el 15% de la Luna alrededor de la Tierra, responsable de las mediáticas Superlunas). La energía radiada por el Sol no disminuye proporcionalmente con la distancia, sino con el cuadrado de la distancia (según una ley que descubrió nada menos que Kepler hace 400 años). Así que, en invierno, los pobres diablos del hemisferio sur recibimos un 6.9% menos calor que los afortunados boreales en el suyo (1.0342=1.069). ¡Ah, pero en verano nos desquitamos, porque nos toca el perihelio! Vale la pena decir que la proximidad de afelio y perihelio a los solsticios de diciembre y junio es casual, y va cambiando a lo largo de los milenios.

Los aficionados a la astronomía (y quién, si no, leería estas líneas) se estarán preguntando por la unidad astronómica, la unidad de distancias que forma el primer escalón en las dimensiones cósmicas. Habitualmente se la define como "la distancia de la Tierra al Sol". Pero, si esta distancia va cambiando, ¿no habría que ser un poco más precisos? Sí, claro. Durante mucho tiempo se la definió como el semieje mayor de la órbita: la mitad de la distancia entre el perihelio y el afelio. O sea, el promedio de las dos que puse ahí arriba. Pero tanto las perturbaciones de las órbitas planetarias como la evolución de las técnicas de medición de la velocidad de la luz (durante el siglo XX se usó el radar para medir las órbitas) produjeron fluctuaciones, indeseables en un estándar de medición. Desde hace algunas décadas estamos abandonando las definiciones de las unidades basadas en objetos del mundo real (la única que resiste es el kilogramo, y le queda poco). Así que hoy en día, desde el año 2012, una unidad astronómica se define como 149 597 870 700 metros exactos. Cuando revisé el valor me encontré con que son casi exactamente 499 segundos luz (más 4 milésimas de segundo).

Esos "ocho minutos desde el Sol", que a veces se dicen, en realidad son "quinientos segundos". Lindo.


Las imágenes del Sol son de NASA/SDO (sdo.gsfc.nasa.gov).

El efecto de la excentricidad de la órbita de la Tierra en las estaciones es imperceptible: la distribución de masas continentales y océanos tiene un efecto mucho mayor en la diferencia entre las estaciones correspondientes de ambos hemisferios.

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sábado, 2 de julio de 2016

Juno en Júpiter

Esta semana Juno entrará en órbita de Júpiter. Se trata de un poderoso robot de exploración planetaria. Sus instrumentos tienen el propósito de medir el campo magnético, el campo gravitatorio y la magnetósfera del planeta gigante para develar su composición interna, siempre oculta a la vista por una gruesa y densa capa de nubes. La Juno mitológica, consorte de Júpiter, disipó unas nubes que el dios olímpico había conjurado a su alrededor para esconderse con una de sus amantes mortales (Io, hoy en apretada órbita joviana). La Juno tecnológica, de modo similar pero metafórico, observará dentro de las nubes que envuelven el planeta.

Para cumplir con su misión científica Juno no necesita una cámara. Le alcanza con sus magnetómetros, radiómetros, espectrógrafos, detectores de partículas subatómicas... y estos juguetitos que viajan a bordo: Júpiter con el rayo en la mano, Juno con una lupa (¡del tamaño de una raqueta!), y Galileo (primer explorador joviano) con su telescopio y un globo del planeta. Son de la famosa marca que empieza con le y termina con go.

Pero, claro: mandar una nave a Júpiter sin una cámara era una picardía. Así que aunque no fuera necesaria (como los juguetitos, reconozcamos) pusieron a bordo... ¡JunoCam! Basada en el diseño de las cámaras de los robots marcianos, su único propósito es sacar fotos copadas de Júpiter. No tiene una prioridad de operación muy alta, así que no hay que esperar una catarata de imágenes en tiempo real como pasa con Cassini en Saturno desde hace más de 10 años. (¡12 años ya!)

Durante la aproximación va a tomar cientos de fotos para armar una película. Luego tomará entre 5 y 20 imágenes en cada órbita de 14 días, principlamente alrededor del perijove (el punto de máxima aproximación de su órbita, que es muy estirada). Perijove 1 es el 27 de agosto, y seguramente habrá fotos espectaculares. Pero no llegarán inmediatamente a la Tierra. El procedimiento regular y automático de publicación de imágenes empezará en noviembre, y estarán disponibles en este sitio de JunoCam.

Una novedad de JunoCam es que, ya que se trata de un instrumento de divulgación más que de investigación, el público podrá votar los mejores sitios de la atmósfera joviana para fotografiar a partir del perijove 4 (16 de noviembre). La votación se hace en el mismo sitio, en otra pestaña. Hay fascinantes secciones de discusión y de planificación, donde aficionados de todo el mundo están participando hace meses, con imágenes fantásticas tomadas por ellos mismos y por otros, discutiendo acerca de las formaciones nubosas que vale la pena observar.

Como se ve en la foto de un cuarto de Tierra de aquí arriba, JunoCam es una cámara sensacional. La imagen está centrada en el océano Atlántico, con la Antártida y Sudamérica a la vista. El litoral de la Patagonia norte se destaca justo donde está el reflejo del Sol. Fue tomada el 9 de octubre de 2013, durante una maniobra orbital que usó la gravedad de la Tierra para lanzar a Juno en su viaje interplanetario. Imaginen fotos como ésta, ¡pero de Júpiter!


Las imágenes son de NASA/JPL/Juno. Hay información detallada de qué esperar de JunoCam en esta nota de Emily Lakdawalla en la Planetary Society.

Los viejos aficionados a los crucigramas recordamos la palabra de dos letras (dos vocales): "Hija de Inaco, cambiada en vaca por Júpiter". Es Io, metamorfoseada por Júpiter cuando se dio cuenta de que Juno estaba por descubrirlos.

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