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01/07/2023

Agarrá los libros que no muerden

Cada tanto me piden que recomiende algún libro para los aficionados a la astronomía, así que aquí van. Estos son libros para observar el cielo: para planificar observaciones, para reemplazarlas cuando hay mal tiempo, para repasar y entender lo que observamos. 

En primer lugar, Cielo Brillante, de Enzo de Bernardini. Si observás desde una ciudad, éste es el libro para vos. Pero los objetos seleccionados también se ven desde un cielo suburbano o rural, por supuesto, y mucho mejor. Si recién empezás, si lo único que sabés encontrar en el cielo nocturno es la Luna, si no sabés qué observar con tus binoculares o con tu telescopio, no pienses más: los ciento y pico de objetos seleccionados por Enzo deberían integrar un nuevo catálogo, el catálogo De Bernardini. Olvidate de Messier, olvidate de Caldwell: empezá por acá. 

Cielo Brillante es, además, una belleza de edición. Para cada objeto se incluye una foto de referencia, una tabla de datos, un mapa de ubicación y una descripción que casi siempre contiene jugosos datos históricos y de observación de destacados observadores. Algunos objetos tienen mapas adicionales, a otras escalas, para facilitar su ubicación. ¡Hasta hay un pequeño casillero para tildar cuando lo veamos! El libro está organizado en estaciones, para que los objetos visibles en cada época del año estén juntos, con mapas de todo el cielo al comienzo de cada parte y hermosas ilustraciones. 

Cuando marques todos los casilleros de Cielo Brillante pasá a Exótico Cielo Profundo. En dos volúmenes imperdibles, el mismo Enzo y su amigo Rodolfo Ferraiuolo te presentarán cientos de objetos fascinantes para observar con todo tipo de instrumentos.

Exótico Cielo Profundo está organizado en regiones del cielo elegidas por los autores, quienes nos invitan a recorrer sus objetos destacados. El texto descriptivo es impecable y está acompañado por fotos de referencia y hermosas cartas para orientarse en el cielo. Los dos tomos son buenísimos, pero el volumen 2 tiene algo extraordinario: más o menos una cuarta parte está dedicada a la constelación de Orión, con una larga, completísima y fascinante nota sobre la Gran Nebulosa de Orión, abarcando desde las observaciones históricas hasta los detalles astrofísicos que se conocen hoy en día. 

Como ya dije, estos son libros de observación. Pueden leerse en cualquier orden, tienen índices muy completos, y pueden usarse junto al telescopio. Cielo Brillante tiene además una breve introducción a conceptos básicos de astronomía, pero su propósito principal es la observación. Si estás todavía más perdido, si no entendés ni jota y no sabés distinguir una nebulosa planetaria de un planeta, si no estás seguro de si armaste el telescopio al derecho o al revés, pero te fascinan la astronomía y el cielo nocturno, entonces además necesitás el Manual del Astrónomo Aficionado, también de Enzo de Bernardini. El cielo y sus movimientos, el brillo y las magnitudes, espectros y colores, estrellas dobles y variables, todos los instrumentos y accesorios, mapas del cielo y todos los tips para observar, basados en una vida de experiencia.


¿Cómo es esto, siempre los mismos autores? ¡Sí! Ya hubiera querido yo tener estos libros hace 30 años, escritos especialmente (pero no exclusivamente) para observadores del hemisferio sur. Advierto que Enzo y Rodolfo son mis amigos, pero yo no tengo nada que ver con sus proyectos editoriales. Los libros son buenísimos y los recomiendo porque se lo merecen.

Visiten el sitio de Enzo, Astronomía Sur, donde además de comprar los libros (incluso algunos más, que no mencioné en esta nota) encontrarán una cantidad de recursos. Y también Sur Astronómico, un sitio colectivo de Enzo, Rodolfo y otros, también con enlaces a los libros y muchos recursos más.

11/11/2017

La tetera y la cafetera

It is just stars, and you could join up the dots in any way you wanted,
and you could make it look like a lady with an umbrella who is waving,
or the coffeemaker which Mrs. Shears has, which is from Italy,
with a handle and steam coming out, or like a dinosaur.

Mark Haddon, The curious incident of the dog in the night-time

Carlos Balseiro estaba hojeando mi reciente libro En el Cielo las Estrellas, y al llegar a una ilustración de la constelación de Orión me dice "A mí Orión siempre me pareció que era una cafetera, una de esas italianas".

¿Orión una cafetera? Desde tiempo inmemorial el gran cuadrilátero cruzado por las Tres Marías ha sido asociado con una figura humana: Gilgamesh, el cazador Orión, el ex arquero de Boca... ¿Pero una cafetera?

"Una moka", me dice Balseiro. "Y no soy el único. Leí una novela policial donde hay un chico autista, no me acuerdo el autor". "Mark Haddon", le digo (yo también leí The curious incident...). "Esa. Y el chico dice que a él Orión le parece una cafetera. Mirá".

Me describió la cafetera, con la base del recipiente donde se pone el agua formada por Rigel y Saiph, la rosca donde va el filtro son las Tres Marías, la parte donde se junta el café es el otro trapecio, con la brillante Betelgeuse haciendo de pico, la tapita coronada por Lambda Orionis y, sujeta a Bellatrix, el asa formada por el arquito de las Pi Orionis. Hasta el vapor saliendo por el pico, gentileza de la Vía Láctea estival (austral) y el triangulito Mu-Nu-Xi.  

Chan. Una cafetera. Era innegable e irresisitible. Acá está, díganme si no es.

Ya se sabe que Orión y el Escorpión se presiguen mutuamente en el cielo, obedeciendo a la enemistad del mito griego. No queremos romper esta simetría celeste entre el cielo estival dominado por el cazador y el invernal supervisado por el arácnido. No hay problema: junto a Escorpio está Sagitario, en la parte más gruesa y brillante de la Vía Láctea. La figura del centauro (también arquero, fijensé un poco, si bien del otro tipo) no es fácil de identificar, pero hay un grupo de estrellas que todo aficionado sabe reconocer como una Tetera (también con vaporcitos galácticos).

Así que ahora tenemos la Tetera y la Cafetera celestes, persiguiéndose en el cielo en extremos opuestos de la Vía Láctea. Una preciosidad.

Salgan a verlas. En estos días, tipo 22:30, la Cafetera sale por el Este mientras la Tetera se esconde por el Oeste.
And anyway, Orion is not a hunter or a coffee maker or a dinosaur. It is just Betelgeuse and Bellatrix and Alnilam and Rigel and 17 other stars I don't know the names of. And they are nuclear explosions billions of miles away.
Mark Haddon, The curious incident of the dog in the night-time


Carlos Balseiro es físico, especialista en temas de materia condensada y nanociencia. Fue mi profesor de Mecánica Cuántica I cuando ambos éramos mucho más jóvenes. Es hijo de José Balseiro, uno de los pioneros de la física argentina y fundador de nuestro Instituto. Carlos es actualmente Director del Insituto Balseiro, lo cual lleva a irremediables confusiones de nombre. Las figuras están hechas con Stellarium.


29/04/2017

En el Cielo las Estrellas

Tengo el enorme gusto de anunciar la publicación de mi nuevo libro, En el Cielo las Estrellas - Mitos, historias y ciencia en una astronomía para todos, en EDIUNC, la editorial de mi universidad, la Universidad de Cuyo. Esta semana, el 2 de mayo a las 20 horas, haremos la presentación oficial en el stand del Consejo Interuniversitario y Librería  Universitaria Argentina (Pabellón Amarillo, stand 1507), en la Feria del Libro de Buenos Aires.

Me acompañarán en la mesa académica Teresa Bruno, la diseñadora que estuvo a cargo de la preciosa edición del libro, y Ariel Torres, escritor y periodista (mi columnista favorito de La Nación). ¡Los espero!

Les dejo aquí el Prefacio, para tentarlos.

«En el cielo las estrellas, en el campo las espinas…» ¿Quién no se ha pasado horas echado de espaldas en el campo (evitando las espinas), en la playa o en una roca pelada contemplando el maravilloso espectáculo natural de la bóveda estrellada? Lejos de la luz de las ciudades el cielo nocturno es uno de los panoramas sobrecogedores de nuestro mundo, una de las visiones inspiradoras de la experiencia humana. Hay quien se vuelve poeta. Hay quien se siente insignificante. Hay quien se siente enorme por ser parte del cosmos. Hay quien deleita su espíritu con imaginarios viajes a los mundos que vemos tan distantes, y con los extraordinarios fenómenos físicos que los animan, tan lejos de la experiencia y la escala humanas.

Estas páginas no son una introducción a la ciencia de la Astronomía. Tampoco son un compendio de la mitografía del cielo ni una detallada historia de sus observadores. Son el intento de compartir una experiencia personal en la contemplación del universo, que para mí siempre es una experiencia compuesta de todas esas cosas: la ciencia, el mito y la historia. Son una invitación a disfrutar del cielo nocturno como parte de nuestra cultura, porque en el cielo hay tanto fenómenos fascinantes como anécdotas jugosas. Y si algo queda sin explicar, a no desilusionarse: que sea una invitación a averiguarlo, ya que hoy en día podemos acceder fácilmente a tanta información, desde libros clásicos hasta artículos técnicos en las fronteras de la ciencia.

Que sean una fuente de inspiración bajo el cielo estrellado.


El 2 de mayo, además, participaré del Foro de Ciencias y Tecnologías, una actividad para docentes de ciencias. Hay que anotarse, no sé si habrá lugares disponibles todavía.

10/12/2016

Manual del astrónomo

¿No sabés qué pedirle a Papá Noel? En el Cielo las Estrellas tiene la solución: pedile el flamante Manual del Astrónomo Aficionado.

Tengo en mis manos este hermoso libro de Enzo de Bernardini, y no puedo dejar de recomendarlo. Y ya que estamos recomiendo (¿para Reyes?) el complemento perfecto: la otra obra de Enzo, en colaboración con Rodolfo Ferraiuolo, Exótico Cielo Profundo. Ambos libros han sido publicados por Sur Astronómico, el excelente sitio web de estronomía que siempre está listado en el menú de aquí al lado. Pueden comprarlos allí.

Tuve el agrado de que Enzo me invitara a escribir un prólogo para su obra, y voy a reproducirlo acá. Un poco por pereza findeañera, un poco más porque es lo que realmente pienso del libro. Aquí está.
Prólogo

El universo es generoso con sus fotones. Prácticamente todo lo que sabemos sobre el universo lo sabemos gracias a la luz que nos llega del espacio exterior. Todo mirando de lejos ese abismo invertido, esa profundidad hacia las alturas que todavía podemos contemplar alejándonos de las luces cada vez más extensas de las ciudades. ¿Quién no ha sentido la fascinación del cielo estrellado? Miles de luminarias frías, misteriosas, tan distintas de las otras luces de nuestras vidas.

Hoy en día nos hemos acostumbrado a las extraordinarias imágenes tomadas por los increíbles telescopios con espejos de 10 metros de diámetro, o que están en el espacio por encima del efecto de la atmósfera terrestre. O a las que envían los robots que exploran los mundos del sistema solar. Lo que hemos aprendido del universo y de nosotros mismos con estos instrumentos, y con nuestra física y nuestra matemática, es fascinante.

Muchos, atraídos tanto por estos descubrimientos como por la belleza del cielo estrellado, buscan acercarse a la astronomía. Curiosos, aficionados y entusiastas de todas las edades participan cada vez más en clubes, asociaciones, star parties y otras actividades públicas de astronomía. Naturalmente, muchos de ellos se encuentran con preguntas tan elementales como difíciles. ¿Por dónde empezar? ¿Cómo uso este telescopio que me regalaron? ¿Qué puedo observar? ¿Qué es lo que estoy viendo? ¿Me compro un mapa o uso el celular? No hay que desalentarse. Claro: la astronomía es una ciencia y una actividad compleja. Pero, afortunadamente, la complejidad está organizada en capas, y hay capas para todos los gustos.

Por estas razones es una gran alegría presentar un libro como éste, particularmente en nuestra lengua, y más aún escrito desde la perspectiva del hemisferio sur. El autor es uno de los más dedicados observadores de nuestro país, y celebro que hoy, una vez más, esté poniendo su experiencia y su entusiasmo por escrito, para compartirlo con nosotros. Este Manual de Astronomía será el mejor tutor de los astrónomos principiantes. Para quien lo necesite, puede leerse como un libro de texto, progresando en nuestro conocimiento, dominio y familiaridad con el cielo y las técnicas de observación. Quien lo prefiera podrá consultarlo como el manual que es, leyendo las secciones que le hagan falta. No tengo duda de que, a todos y cada uno, continuará acompañándolos durante muchos años a lo largo de cada etapa de su camino individual de conocimiento de los cielos.

16/06/2012

Las lunas de Barsoom

Hace unos meses fui a ver John Carter, una película basada en el Marte de fantasía imaginado por Edgar Rice Burroughs (sí, el creador de Tarzán) a principios del siglo XX. No es una buena película, pero no es eso lo que quiero comentar hoy. Quiero mencionar una barbaridad astronómica que me llamó la atención, y que es inaceptable aún en una historia fantástica donde hay perros extraterrestres que parece que tomaron Red Bull. Seré breve.

Las lunas de Barsoom

John Carter, de la Tierra, viaja mágicamente a Marte, cuyos habitantes llaman Barsoom. Marte, como sabemos desde la escuela primaria, tiene dos lunas: Fobos y Deimos (Temor y Terror, los hijos de Ares o Marte, dios de la guerra). Así que a nadie (imagino) le sorprende que en varias escenas se vean las dos lunas en el cielo. Lo que debería llamarle la atención a cualquiera es que, escena tras escena, noche tras noche, las dos lunas estén en el mismo lugar en el cielo, y ambas en la misma posición una con respecto a la otra. Eso es, para decirlo de una vez: ¡ridículo!

Las lunas de 1Q84

Poco antes había leído la más reciente novela de Haruki Murakami: 1Q84. En el mundo de 1Q84 también hay dos lunas: la Luna, la nuestra, y otra, más chiquita y verdosa. Y de nuevo lo mismo: los protagonistas las ven, noche tras noche, en el mismo lugar del cielo. Siempre la chiquita un poco abajo y a la derecha de la otra. Me daba bronca cada vez que lo leía. Estoy dispuesto a suspender mi incredulidad para enterarme de la crisálida de aire, pero no tolero que se violen así las leyes de Kepler.

Se me dirá que son historias fantásticas, y que no puedo pedir que valgan las leyes de Kepler si hay princesas en Marte y crisálidas de aire. No se me malentienda: soy un entusiasta de las historias fantásticas, desde las de calabazas que se convierten en carruajes hasta las de monstruos extraterrestres que se crían dentro de señoritas. Mientras la historia sea buena, la mala ciencia me preocupa poco. Aún así, puedo perfectamente trazar un límite. Hasta las historias fantásticas tienen que tener leyes. Y yo la línea la trazo ahí: en las leyes de Kepler. Dos lunas en órbita de un planeta, dos lunas cada una en su órbita, necesariamente se mueven a velocidades distintas. La más baja se mueve más rápido y la más alta se mueve más lento. Cualquiera diría que en el siglo XXI, cuatrocientos años después de Kepler, esto tendría que ser parte de la cultura general. En fin.

Las lunas de Marte

Para apoyar mi argumento, observen lo siguiente. Cien años después de Kepler, 50 después de Newton, el escritor satírico, ensayista, poeta y clérigo irlandés Jonathan Swift "inventó" dos lunas de Marte, que en su época no se conocían. En 1726, en los Viajes de Gulliver, relata el viaje del protagonista a Laputa (sin chistes, por favor), cuyos habitantes:
...han descubierto dos estrellas menores, o "satélites", que orbitan alrededor de Marte, de las cuales la más interior dista del centro del planeta exactamente tres de sus diámetros, y el más exterior cinco; el primero orbita en diez horas, y el segundo en veintiuna y media; de modo tal que los cuadrados de sus períodos están casi en la misma proporción que los cubos de sus distancias al centro de Marte, lo cual evidentemente muestra que los gobierna la misma ley de gravitación que influye a los otros cuerpos celestes.
Y esto, observesé, dicho por un hombre con una cultura astronómica modesta, comparable a la de un novelista japonés o la de un guionista de ciencia ficción, ojo. Sus lunas marcianas inventadas no sólo se mueven en sus órbitas a distintas velocidades (de modo que día tras día cambiarían sus posiciones en el cielo), ¡sino que cumplen las leyes del movimiento planetario de Kepler!

Fobos y Deimos

Bueno, pero aprovechemos para comentar algo más sobre las lunas de Marte. Su mención en la obra de Swift es una sorprendente curiosidad, porque Fobos y Deimos no fueron descubiertas sino hasta un siglo y medio después, en 1877. No sólo eso, sino que sus características orbitales son muy similares a las que habían observado los astrónomos de Laputa:

Marte. Radio: 3400 km, duración del día: 24.5 horas.

Fobos. Radio orbital: 9400 km, período orbital: 7.7 horas.

Deimos. Radio orbital: 23500 km, período orbital: 30.4 horas.

Nótese que los períodos orbitales son muy parecidos a los que da Swift, y que los tamaños de las órbitas son más o menos 3 y 5 veces el radio de Marte, en lugar de su diámetro. ¿Es, o no es, sorprendente?

Los movimientos de Fobos y Deimos en el cielo de Marte son muy distintos de los de nuestra Luna. Fobos va tan bajito, y se mueve tan rápido (en menos de un día marciano) que sale por el Oeste y se pone por el Este. Como la Estación Espacial Internacional en órbita de la Tierra, por ejemplo. ¡Y varias veces al día! Deimos no: sale por el Este y se pone por el Oeste, como nuestra Luna. Pero como está apenas por encima de las órbitas geoestacionarias (¿arestacionarias?) se mueve muy despacito, y tarda varios días en recorrer el cielo de horizonte a horizonte. En 2005 el robot Spirit, desde el cráter Gusev en Marte, sacó varias fotos de Fobos y Deimos en el cielo nocturno, que están montadas en esta peliculita. Fobos se ve como un tercio de nuestra Luna, y Deimos apenas como un punto brillante. El tiempo total es de menos de una hora. ¿Reconocen las estrellas que se ven detrás? Otra cosa: en esta animación las dos lunas parecen moverse para el mismo lado, ¡aparentemente contradiciendo lo que expliqué antes! ¿Por qué?

Hay notables excepciones al caso de dos lunas moviéndose a velocidades claramente distintas. Una de ellas son los troyanos, de los que ya hemos hablado acá. Otra excepción son lunas en la misma órbita (como Jano y Epimeteo en Saturno). Algún día contaré algo, pero hoy ya me extendí demasiado. (Aquí está: Jano y Epimeteo.)

21/04/2012

La Biblioteca de Babel

Veníamos hablando de finitos e infinitos, y además estoy leyendo textos de Alan Turing para una charla que estoy preparando (2012 es el Año de Turing). Turing, así como Gödel y otros matemáticos, analizaron las proposiciones matemáticas codificándolas como secuencias de símbolos. Entre todas las posibles secuencias hay algunas verdaderas, que corresponden a los teoremas de la matemática: "La suma de los ángulos interiores de un triángulo es igual a dos rectos", por ejemplo. Hay otras que son falsas, hay otras simplemente mal formadas, etc. Algún día hablaremos de esto. La cuestión que vislumbré, que me llamó la atención y que quería comentar aquí, es que Russell, Whitehead, Gödel, Turing, etc., hicieron esto antes de que supiéramos que ciertos polímeros equivalentes a secuencias de caracteres contenían las verdades de la vida en el interior de cada célula. Antes de que tuviéramos secuencias de unos y ceros capaces de computar cualquier cosa computable, desde Angry Birds hasta Deep Blue. Y en todos los casos se trata de enormes cantidades de secuencias de caracteres, entre las que es difícil encontrar algún sentido. Ups. ¿No escribió Borges sobre esto? Y de golpe recordé que yo mismo había escrito algo al respecto hace unos años (cuando estudiaba mucha biología) y aprovecho para rescatarlo aquí.

Hay un cuento de Borges sobre una Biblioteca que se parece al universo, que funciona también como una hermosa metáfora del genoma (según señalara Daniel Dennett en Darwin's Dangerous Idea). Es una metáfora particularmente inspiradora, no sólo porque es hermosa sino también porque ayuda a capturar la inmensidad y la riqueza del "espacio genómico" de una manera que no había observado antes.

En La Biblioteca de Babel (Ficciones, 1941), Borges describe "el universo, que otros llaman la Biblioteca". Consiste de un arreglo tridimensional, regular, de habitaciones cuyas paredes están cubiertas de estanterías con libros. Hay poco más en este universo, apenas lo indispensable para las necesidades humanas. Los habitantes se dedican al estudio de los libros, algunos buscando el orden en el caos, ya que los volúmenes no siguen ningún orden aparente. La visualización de este universo es suficiente para quitar el aliento, en particular si uno es aficionado a los libros y a las bibliotecas, si uno creció con la convicción de que hay algo milagroso en el concepto mismo de libro. Pero es con la descripción del contenido de los libros que uno empieza a vislumbrar cuán extraordinaria es esta Biblioteca, cuán difícil es aprehenderla.

Todos los libros de la Biblioteca tienen exactamente el mismo formato: el mismo número de páginas, cada página el mismo número de líneas, cada línea el mismo número de caracteres de un alfabeto de 25 letras más signos ortográficos. La mayoría de los libros contienen texto ilegible, un galimatías de letras que según algunos contiene mensajes cifrados [de nuevo recuerdo a Turing...], o narraciones escritas en lenguas antiguas y olvidadas hace tiempo. El trabajo paciente de los estudiosos ha llevado, hace siglos, a la formulación de la Ley Fundamental de la Biblioteca: que cada libro contiene una de las posibles combinaciones de las 25 letras y signos. La Biblioteca es total: no hay libros idénticos, y contiene todos los libros posibles.

Calculemos el número de libros. Cada uno tiene 410 páginas, 40 líneas por página, 80 caracteres por línea. Esto da poco más de un millón de caracteres por libro. Con 25 símbolos posibles, el número de libros resulta 1.9×101 834 097, que es aproximadamente 2×102 000 000. Un cálculo sencillísimo, cuyo resultado es un número tan grande que me resulta imposible darle algún sentido. Es, ciertamente, un número finito: la Biblioteca, si bien es vasta, no es infinita, como cree mucha gente. Pero, ¿dos por diez a la dosmillonésima potencia? ¿Cuán Vasta es, así, con mayúscula?

Como Borges, como Dennett, es mejor explorar lo que implica el concepto de una Biblioteca Total para tener una idea de semejante Vastedad. Digámoslo de una vez: los libros contienen todas las verdades, más todas las mentiras, más todos los galimatías ininteligibles. El descubrimiento de lo primero, cuenta Borges, fue causa de una felicidad extravagante: había allí un tesoro secreto al alcance de la Humanidad, cada verdad, cada profecía, cada vindicación. El secreto del universo, su justificación así como la de la Humanidad toda. Los orígenes, los propósitos, las palabras de esperanza. Este reconocimiento desencadenó una gran era de viajes de exploración y descubrimiento. El resultado, por supuesto, fue el fracaso. Las Vindicaciones resultaron estar perdidas en un mar de mentiras y sinsentido. Peor aun: ¡eran indistinguibles de las Falsas Vindicaciones!

La Biblioteca contiene cada texto que conocemos. Las obras de Shakespeare, por ejemplo, así como sus traducciones a toda lengua con el mismo conjunto de caracteres, y aún la mejor traducción posible a toda lengua con un alfabeto ligeramente distinto, como el español o el portugués. Buenas y malas traducciones, por supuesto, esparcidas por acá y por allá. En verso y en prosa. Y los comentarios, las críticas, las tesis escritas sobre el tema. Todas las Grandes Obras de la Humanidad, así como todas las novelas baratas que se venden en las estaciones de tren. ¡Contiene todos los libros perdidos de los Clásicos! Si pensamos en cualquier gran biblioteca de nuestro mundo, como una Biblioteca Nacional de cualquier país, empezamos a ver en qué sentido la Biblioteca es más Vasta.

Mucho, mucho más vasta. Contiene todo lo que es posible expresar en todos los lenguajes. Contiene todas las cartas de amor que escribiste, aun las que nunca mandaste y destruiste de inmediato. Inclusive todas las que soñaste escribir pero nunca llegaste a hacerlo. Contiene una detallada historia del universo. Contiene una biografía exacta de mi vida hasta la edad de 10 años. Hasta hoy. Hasta mi momento final. ¡Más, más! Contiene biografías alternativas, falsas, con distintas elecciones de carrera, de cada helado que me tomé, de cada pequeña o gran cosa. Contiene biografías mías que son casi exactas, pero con pequeños errores. Contiene las biografías de los arcángeles y de gentes del futuro lejano.

¡Contiene el Catálogo de la Biblioteca! ¡Ah, quién pudiera encontrarlo! Hay, por supuesto, miles y miles de falsos catálogos.

Todo está en la Biblioteca. Ese Libro Realmente Bueno que me gustaría escribir. La Buena Traducción de Moby Dick que me gustaría leer. Este mismísimo post. Inclusive la nota del sábado que viene, que todavía no escribí. Y las malas versiones de todas las notas del blog, con errores de ortografía o peor sintaxis. ¡La adaptación de tu vida como comedia musical, qué te parece! Buenas y malas versiones, claro está. Y sus adaptaciones para la pantalla grande. En el estilo de Spike Lee y en el estilo de Ingmar Bergman.

Uno empieza a sentir la Vastedad de la Biblioteca. Es algo vertiginoso, ¿no? Pero recién empezamos.

Junto a todas las obras de sensatez y sentimientos, algunas verdaderas, algunas falsas, algunas posibles, está el sinsentido. Imaginen un libro conteniendo sólo la letra a. El narrador del cuento menciona uno que describe como un "laberinto de letras" pero que, en la penúltima página, dice "Oh tiempo tus pirámides". Para cada libro que se te ocurra, digamos Facundo, hay millones de libros que contienen un texto ininteligible, y apenas una oración de ese libro inmersa en el sinsentido. En distintos lugares. Al derecho y al revés. En tus propias palabras. En el estilo de Murakami (en romanji). Y así sucesivamente. En realidad, estos libros son mucho más numerosos que aquellos que se pueden entender. De hecho, una secta de bibliotecarios cree que es supersticioso procurar encontrarle sentido a cualquier libro, que es como tratar de encontrarle sentido a los sueños o a las líneas de la mano, y que los libros no significan nada. El parecido con el lenguaje natural que se encuentra en algunos volúmenes es, dicen, meramente casual.

En algún sentido, también, la Biblioteca se parece a la Web, como señaló Douglas Wolk en Salon.com hace ya unos cuantos años.

En el cuento de Borges, como dije, no hay orden en la Biblioteca. Dennett, de todos modos, nos invita a pensar en una biblioteca donde existe cierto orden. Donde los libros con pequeñas diferencias son cercanos unos a otros. Tomemos Moby Dick, por ejemplo. Alrededor de la "versión definitiva" de Moby Dick hay una galaxia de libros que apenas difieren unos de otros. La mayor parte de ellos son tan maravillosos de leer como Moby Dick. Otros, lamentablemente, empiezan "Llámame, Ismael". La Galaxia de Moby Dick, por sí sola, es tan vasta que podríamos viajar a través de ella en una nave espacial a velocidad warp durante años.

No es difícil imaginar en qué sentido la Biblioteca se asemeja al espacio genómico. Un genoma es equivalente a una secuencia de cuatro letras: A, C, G y T. Así que, en algún sentido, aun cuando los genomas típicos son mucho más largos que libros de 400 páginas, el espacio genómico ¡está ya contenido en la Biblioteca, sólo que cada genoma ocupa varios miles de volúmenes! Tal vez es mejor pensar en una Biblioteca Genómica específica para guardar genomas. Así como la Biblioteca de Babel contiene Muchos Más libros que los que jamás se escribirán, la Biblioteca Genómica contiene Muchos Más genomas que los que jamás existirán en seres vivos. ¿Es posible imaginar algún orden en esta biblioteca, de modo tal que genomas relacionados aparezcan en volúmenes cercanos? ¿Qué aspecto tiene el Árbol de la Vida en esta biblioteca ordenada? Desde la primera criatura basada en ADN hace miles de millones de años, en el curso de la evolución los organismos vivos han personificado un conjunto creciente de estos genomas, que de algún modo se va extendiendo por los corredores de la Biblioteca. ¿Cuán rápido, cuán lejos, cuán desparramado? ¿Dónde están los individuos de una población, y dónde los miembros de distintas especies?

Y así como podemos imaginar una Biblioteca Genómica donde los volúmenes son secuencias genéticas, podemos imaginar una Biblioteca Matemática, donde las secuencias son codificaciones alla Göedel o Turing, de afirmaciones matemáticas. ¿En la Biblioteca Matemática, dónde están las proposiciones verdaderas? ¿Se las puede delimitar de las falsas?  Son preguntas difíciles de responder, pero muy inspiradoras. Las dejaré como ejercicios para la imaginación de los lectores.