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15/11/2025

Antares, su compañera y la Luna

Antares es una estrella roja brillante, bien conocida por su constelación, Escorpio, que es una de las más fáciles de reconocer en el cielo (¡además de ser una de las pocas que se parece al bicho que representa!). Antares está muy cerca de la eclíptica, y es una de apenas cuatro estrellas de primera magnitud que pueden ser ocultadas por la Luna (las otras son Spica, Regulus y Aldebaran). La ocultación más reciente ocurrió hace un par de semanas, y fue visible desde la Patagonia. "Visible" es una manera de decir, porque estuvo nublado. Yo había hecho planes de observarla, pero apenas pude fotografiarlas muy cerquita, minutos antes de que comenzara el mini-eclipse:

Era una linda oportunidad, porque la luna estaba en una fase muy finita. Cuando la Luna está más llena, su brillo hace difícil ver bien la estrella y fotografiarla. Igual se puede hacer, vean esta foto que mostró Dennis Oz en Cloudynights hace algunos años:

Si prestan atención, la estrella tiene una rayita hacia la izquierda, como si hubiera salido movida. Pero no: es la compañera de Antares. Hace poco contamos que Betelgeuse, la otra supergigante roja muy parecida a Antares de nuestro cielo, parece tener una compañera. Con Antares no hay dudas, es binaria. Antares B es difícil de observar, como pueden imaginarse, por el brillo de la estrella principal. Pero se la ha descripto como azul-verdosa, o directamente verde ("glittering emmerald", la describe Burnham). Como no hay estrellas verdes (las que tienen el máximo de radiación en la longitud de onda verde se ven blancas, como el Sol), generalmente se atribuye la impresión a un efecto de contraste por el color anaranjado de Antares. 

La cuestión es que las ocultaciones son la única oportunidad de ver a la compañera sola, cuando Antares está eclipsada por la Luna. De hecho, así se la descubrió, en 1819. En su descripción de la ocultación del 26 de marzo de 1856, el Rev. Dawes dice:

«The small companion appeared instantaneously at its full brightness. Its bluish green colour was very conspicuous.»

En Wikipedia hay un video del final de una ocultación de este tipo, en la que la compañera aparece antes, seguida por Antares 7 segundos después:

Lamentablemente no es un video en color, así que no podemos juzgar el efecto, y el autor no dice nada al respecto. En fin, tendremos que esperar otra oportunidad para tratar de ver el color de Antares B (hay varias el año que viene).

Antares es una supergigante roja, una estrella masiva que se acerca al final de su existencia. Es tan inmensa que, puesta en el sistema solar, llegaría más allá de la órbita de Marte. Como se encuentra relativamente cerca, es una de las pocas estrellas para las cuales se ha podido hacer una imagen de su superficie, en la que se pueden ver grandes manchas:

Esta imagen, hecha en 2017 con el Telescopio Muy Grande del Observatorio Europeo Austral, es probablemente la mejor imagen de la superficie de una estrella distinta del Sol. Pudieron hacerla combinando la luz observada con los cuatro grandes telescopios del VLT, con una técnica llamada interferometría, que es muy difícil de hacer en longitudes de onda visibles (en radio es más fácil). 

Antares se encuentra en una de las regiones más coloridas del cielo, con abundantes nebulosas de emisión y de reflexión, y estrellas de distintos colores. Mi amigo Eric González compartió hace algunos años una muy linda foto (Antares es la estrella brillante de la derecha, y debajo de ella se ve un cúmulo globular):

Los dejo con otra foto de la ocultación reciente, que hice cuando ya las nubes empezaban a ocultar la conjunción:

 


La foto de la ocultación de Antares es de Dennis_Oz. El video es de Dave Gault (dominio público). La imagen de la superficie de Antares es de ESO/VLT. La foto de la región de Antares y Rho Oph es de Eric González, del Observatorio Félix Aguilar de la UNSJ. Las otras son mías.

27/06/2026

La estrella no verde

Antares, la bien conocida estrella roja que marca el Corazón del Escorpión, es un sistema binario: son dos estrellas, que orbitan una alrededor de la otra. La compañera es una estrella mucho más tenue que la primaria. Brilla a magnitud 5.5, unas 100 veces menos que Antares, por lo cual es muy difícil observarla. Pero no es imposible, y desde hace siglos hay testimonios de que es una estrella verde. Por ejemplo, Arthur Cottam (aficionado a la astronomía y la microscopía), publicó en 1866 que había observado la compañera sin dificultad con un telescopio de 10 cm, y que «con certeza se la veía de un color verde». Lo mismo publicó otro aficionado, D. A. Freeman: «The colour of the small star appeared to be green». El gran Robert Burnham, en su enciclopédico Celestial Handbook, dice que en su telescopio de 6 pulgadas «aparece claramente como una pequeña chispa de destellante esmeralda, casi ahogada en el resplandor herrumbrado de la gigante Antares». También cita que Hartung la describe como "verde pálido", mientras que Olcott dice "verde vívido" y Proctor, "tono verdoso"... Otros observadores la han descripto simplemente como "verde", pero también "azul", "muy azul" o incluso "púrpura". 

Credit: Pete Lawrence 

Digámoslo de una vez: no hay estrellas verdes. El color de las estrellas es el resultado de la mezcla de colores que producen debido a su temperatura. Las estrellas más calientes producen más energía en el ultravioleta, de manera que en la región visible del espectro electromagnético domina el azul. Las menos calientes tienen su máximo en el infrarrojo, así que, de los colores visibles, domina el rojo. Las estrellas de temperaturas intermedias mezclan más o menos todos los colores por igual, de manera que las vemos más bien blancas. Incluso las que tienen su máximo en la longitud de onda del verde, ¡como el Sol! En el caso de Antares, debido al color rojo de la estrella primaria, es perfectamente posible que la compañera se vea verde por contraste. Si uno eclipsara a Antares, se podría ver a la compañera brillando solita, ¿no? Bueno, resulta que Antares es una de un puñado de estrellas de primera magnitud que regularmente es eclipsada por la Luna. Cuando las circunstancias fueran adecuadas, sería posible ver a la compañera mientras la primaria todavía está oculta... ¿Y de qué color se ve en estos casos? Pues bien, el gran astrónomo y divulgador científico Camille Flammarion observó una ocultación de Antares por la Luna en 1879, prestando particular atención a sus colores. Describe a Antares como de color "anaranjado intenso", y a la compañera «de tinte verde esmeralda tirando a azul». Por su parte, el Rev. Dawes observó la ocultación de 1856, y señala de manera destacada algo similar: «su color verde azulado era bien conspicuo».  

Las ocultaciones de Antares por la Luna ocurren de a rachas, y nos encontramos en medio de una. El pasado 3 de mayo hubo una favorable para Bariloche, y decidí sacarme la duda. Hice fotos de la hermosa conjunción minutos antes y minutos después de la ocultación. En esta imagen las muestro combinadas:

Por si no alcanzan a ver la estrella (por ejemplo, por leer el blog en el celu, cosa que nunca es recomendable), he aquí un recorte de antes y después:

En el momento de la desaparición, que ocurrió del lado del borde iluminado de la Luna, justo se formó una nubecita y la foto quedó un poco subexpuesta. Así que tuve que forzar un poco la edición para que se vea algo. ¡Está a punto de desaparecer!

De todos modos, me interesaba más la reaparición, porque la compañera (que está casi exactamente al oeste de la primaria) aparecería antes, con Antares todavía oculta. Tuve que tomar una decisión: ¿observar o fotografiar? Para mí, era más importante sacarme la duda del color que registrar el evento. Y ya se sabe que los colores, en fotografía, dependen de una multitud de parámetros y son difíciles de calibrar. Así que decidí observar, para contarlo aquí. 

Al acercarse el momento de la reaparición (calculable al milisegundo, por supuesto), puse el ojo en el ocular y observé sin parpadear un punto frente al Mar de la Fecundidad, entre el conocido cráter Langrenus y el Mar de las Crisis, donde debía aparecer, en primer lugar, la compañera. La fase estaba menguando desde hacía un par de días, así que la reaparición sería en el borde invisible de la Luna, lo cual favorecía la observación. La Luna no tiene atmósfera, así que la aparición sería súbita. Y de golpe... ¡ahí estaba! ¡La compañera de Antares! Azul, de un azul intenso e indiscutible, un azul eléctrico como pocas estrellas lucen. Conté los segundos: uno, dos, ¿a quién se le ocurre que ese color... tres... se puede describir como esmeralda? cuatro... ¿o siquiera verde azulado? cinco... ¿conté cinco? y de golpe ¡zas! una inundación de luz naranja, que abrumó por completo a la estrellita azul. Fue una de las cosas más lindas que vi en mi vida. Respiré. Miré hacia el cielo. La Luna casi llena deslumbraba, y no me dejaba ver la estrella. Fui a buscar la cámara para fotografiar la nueva conjunción. 

Me resultó tan obvio que la estrella era azul, que me dio ganas de haberla filmado. Trataré de hacerlo en la próxima ocultación favorable, en febrero. Mientras tanto, lo que hice es una simulación de lo que vi a través del ocular, en base a la foto que tomé segundos después y tratando de reproducir el color que quedó en mi memoria. 

Conté el tiempo entre la reaparición de la compañera y la de Antares porque así puedo calcular su separación. La reaparición sucesiva (y también la ocultación, por supuesto) se debe a que la Luna se mueve lentamente en el cielo: tiene que completar una vuelta entera en 27.3 días*. Así que si tarda 27.3 días en recorrer 360 grados, en 5 segundos recorre equis. Es un problema que aprendí a resolver en tercero o cuarto grado, no se necesita un doctorado en física. Me da una fracción de grado, que convertida a segundos de arco son 2.7" (esto ya es de primero de la secundaria). ¡Es muy poquito! Por eso es tan difícil de observar en el telescopio, especialmente en lugares con mala visibilidad, como Bariloche. Antares está 550 años luz de distancia (paralaje de Hipparcos), lo cual permite calcular la distancia entre ambas estrellas. La primaria es una supergigante, que puesta en el sistema solar llegaría más allá de la órbita de Marte. De todos modos, la compañera resulta estar bastante lejos, a más de 450 unidades astronómicas, o sea más de 10 veces la distancia del Sol a Plutón.

Si logro fotografiar o filmar la reaparición de febrero del 2027, lo contaré aquí, por supuesto. 

* La Luna tarda 29.5 días en completar su ciclo de fases (lunación), pero un par de días menos en estar en el mismo lugar del cielo con respecto a las estrellas. La diferencia se debe al movimiento de la Tierra en su órbita alrededor del Sol. Medí los 5 segundos más o menos, así que el cálculo es apenas aproximado (compatible con lo que aparece en Wikipedia).

 


La foto de Antares y su compañera (con colores bastante apagados) es de Pete Lawrence, y la tomé de esta nota en la BBC. 

Antares es una estrella muy evolucionada, de 12 masas solares y 100 mil veces más luminosa que el Sol. Los modelos de evolución estelar delatan su edad en apenas 15 millones de años. En un par de millones más, explotará como supernova. Antares B tiene la misma edad, pero apenas 7 masas solares, y todavía es una estrella de la secuencia principal, aún fusionando hidrógeno. Tiene un espectro de clase B, así que su color azul es el esperado para una estrella a 18500 K. Su masa está justo debajo del límite que requieren los modelos estelares para que explote como supernova, pero andá a saber. 

12/09/2026

Antares y sus globulitos

Las noches de invierno, en nuestras latitudes, están dominadas por la gran constelación de Escorpio, en la que se destaca la brillante Antares:

Antares es una estrella supergigante roja, y aunque no está en el top ten de las más brillantes del cielo, es una estrella que no pasa desapercibida. Es una estrella que es, por un lado, muy joven, con no más de 15 millones de años desde su formación. Por otro lado, es una estrella de edad muy, muy avanzada, cerca del final de su vida. Esta aparente paradoja se debe a que las estrellas envejecen a distinto ritmo según su masa. Una estrella como el Sol, que nació hace casi 5 mil millones de años, todavía está en la mitad de su vida. Antares, que es casi 20 veces más pesada, ya es una estrella anciana. Es, ciertamente, una estrella enorme, todavía más grande que la gigante Betelgeuse. Puesta en el sistema solar llegaría hasta más allá de la órbita de Marte.

Las estrellas pasan la mayor parte de sus vidas convirtiendo hidrógeno en helio en sus núcleos supercalientes. Pero la cantidad de hidrógeno es limitada, y en algún momento empieza a acabarse. En las estrellas más masivas el núcleo está más comprimido y más caliente, y la reacción avanza más rápido. Mientras dura el hidrógeno, la estrella se mantiene inflada, con la radiación que surge del centro equilibrando a la fuerza de gravedad, que busca comprimirla. Esta fase se llama secuencia principal, y es una franja diagonal en el gráfico de luminosidad vs. temperatura que forma el corazón de toda la astrofísica, el diagrama de Hertzsprung y Russell, que ya hemos comentado. Cuando el hidrógeno se agota, mengua la radiación y el núcleo se contrae. Al hacerlo se calienta (como se calienta cualquier cosa que se comprime), y la nueva radiación presiona sobre las capas exteriores de la estrella, que se inflan (y al inflarse se enfrían), y la estrella se convierte en gigante (o supergigante) roja, y se aleja de la secuencia principal. En el diagrama de aquí abajo, la vida de Antares está bien representada por la curva azul (15 masas solares). En una estrella como Antares, el recalentamiento del núcleo inmediatamente permite convertir helio en carbono y oxígeno, que empiezan a acumularse. 

Esta fase, de fusión de helio, es mucho más breve que la de fusión de hidrógeno. Actualmente, Antares se encuentra cerca de su final (el extremo de la derecha de la curva azul, donde hace un angulito hacia arriba y dice SGR). Probablemente estuvo 12 millones de años en la secuencia principal, y ya lleva un par de millones de años como supergigante, fusionando helio en el núcleo. Tal como ocurrió con el hidrógeno, el helio se le acabará, la energía de fusión nuevamente faltará, y el núcleo volverá a contraerse. Las estrellas muy masivas, como Antares, pueden repetir este proceso de fusión, agotamiento, contracción y nueva fusión varias veces, acumulando elementos progresivamente más pesados. Pero cada etapa es más rápida que la anterior, y el final es frenético: 

Hidrógeno en helio: varios millones de años (secuencia principal)
Helio en carbono: un par de millones de años (etapa actual de Antares, próxima a terminar)
Fusión de carbono: 1000 años
Fusión de neón: unos pocos años
Fusión del oxígeno: un añito
Fusión del sílice en hierro y níquel: ¡un día!

Una vez que el núcleo de la estrella es una bola de hierro, pesada y grande como el Sol, las reacciones nucleares se detienen por completo. La energía deja de fluir hacia afuera, y nada puede detener la compresión de la gravedad. En una fracción de segundo el núcleo colapsa, y ocurre una cantidad de procesos en rápida sucesión que hacen que la estrella explote como supernova. Es lo que pasará con Antares, dentro de no más de un millón de años (y seguramente bastante menos). Cuando esto ocurra, cambiará para simpre la familiar forma del Escorpión. Durante meses el rojo corazón del bicho será muy brillante, tan brillante como la Luna (¡visible de día!), y luego irá desapareciendo, quedando un Escorpión descorazonado.

Antares está en una región preciosa del cielo. Una foto un poco más ancha que la de arriba muestra hermosas sorpresas:

Muy, muy cerquita la acompañan dos lindos cúmulos globulares, Messier 4 y NGC 6144. Pensemos que Antares se encuentra a unos 500 años luz de nosotros, mientras que M4 está 6000 años luz más lejos, y el pequeñito NGC 6144 está todavía 25 mil años luz más allá. En la foto se alcanza a ver una niebla que llena toda la región, y que alrededor de la estrella lleva el nombre vdB 107. Es una nebulosa de gas y polvo, como tantas otras que hemos descripto en el blog. Pero en lugar de brillar por fluorescencia (típicamente en color rojo de hidrógeno), ésta se ve naranja, como la misma Antares. Sus fotones no tienen suficiente energía para hacer fluorescer el hidrógeno, y los vemos simplemente reflejados con el mismo color de su fuente. Es una nebulosa muy tenue, tengo que hacer una exposición más larga para que se vea mejor. Pero será después de las interminables tempestades que se abaten en estos meses sobre Bariloche. Si exagero la luz se ve mejor, sobre todo para los que leen el blog en el celu (algo que nunca es recomendable):

Abajo a la derecha se asoma la estrella i Scorpii, también embebida en su propia nebulosa de reflexión (como la estrella es azul, refleja luz azul). 

Messier 4 es un cúmulo notable:

Tiene una línea de estrellas todas de la misma magnitud que lo atraviesa casi justo por el medio. Es algo que se ve bien tanto en fotos como con el ojo en el ocular. A 6000 años luz, es el cúmulo globular más cercano al sistema solar. Es tan viejo como la Galaxia, y seguramente fue mucho más grande en el pasado. Su órbita, que lo hace atravesar una y otra vez el disco de la Vía Láctea, lo fue erosionando. El movimiento de las estrellas en su centro parece indicar que tiene un agujero negro de gran masa, como si fuera una mini-galaxia. Es algo que también sospechamos de otros globulares, como Omega Centauri.



Las fotos son mías, pero se las presto.

13/12/2014

Ares vs Antiares

Ares, el dios tracio, es amante de la batalla por el puro placer de la lucha. Su sed de sangre es insaciable. Su antagonista es Atenea, la diosa sabia asociada a la "guerra justa". Aunque a veces Ares resulta humillado, o toma el lado de los perdedores, a él no le importa: mientras haya violencia y horror la pasa bien. En el relato homérico, por ejemplo, Atenea tomó el partido de los aqueos, los vencedores, mientras que Ares protegió a los troyanos.

En el panteón romano Ares es Marte, y goza de un lugar más digno (claro, es el padre de Rómulo y Remo). Ambos dioses fueron asociados, desde tiempos muy antiguos, con la estrella vagabunda roja y ardiente: el planeta Marte. Y, en el cielo, el planeta también tiene una rival: la estrella roja que marca el corazón del Escorpión, Antares, anti-Ares. En septiembre pasado tuvo lugar un nuevo encuentro de esta milenaria batalla.

Sus recurrentes encuentros son siempre encantadores. Antares es una de las estrellas más brillantes, y como su color anaranjado es casi idéntico al del planeta, tradicionalmente es una de las conjunciones más esperadas. Además es una buena oportunidad para fotografiar ambos a la vez e ilustrar uno de los hechos más notables de las estrellas y los planetas tal como los vemos a ojo desnudo en el cielo: las estrellas titilan, los planetas no. 

Para hacerlo basta esperar que el planeta y la estrella se encuentren suficientemente cerca como para poder fotografiarlos a ambos a la vez con un teleobjetivo. Y entonces hay que hacer exactamente lo contrario de lo que uno hace habitualmente en la fotografía astronómica: ¡hay que sacudir la cámara! El resultado es, para cada estrella o planeta, una traza luminosa siguiendo el movimiento de la cámara. El tiempo queda congelado en esta breve trayectoria, de modo que podemos ver las variaciones de brillo a lo largo de las trazas. Como los planetas no titilan sus trazas son nítidas y constantes. En cambio las estrellas producen trazas de brillo y color cambiante.

Tomé estas fotos el 26 de septiembre, con Marte y Antares separados por apenas 3°. Sostuve la cámara en la mano para una exposición de 1 segundo. En lugar de esforzarme para mantenerla quieta la hice oscilar para acá y para allá. En las fotos vemos, además de Marte y Antares, la estrella de tercera magnitud Sigma (σ) Scorpii, una estrella azul que titila todavía más que Antares. En la foto de aquí arriba las acomodé una encima de otra. En la de abajo las vemos tal como aparecían en el cielo.



Hace un par de años hice algo similar con Saturno y la estrella Spica, también ambos de brillo similar como Marte y Antares, pero de colores muy contrastantes. Ya las he mostrado, pero el resultado me gusta tanto que reproduzco aquí la foto. Spica, que es una estrella azul, se ve cambiando de color como loca. En Antares el efecto no es tan notable. No sé si fue una casualidad de ese día (el titilar depende de la turbulencia de la atmósfera, de modo que cambia noche a noche), o si las estrellas rojas simplemente titilan menos. Habrá que seguir probando.

27/10/2012

Rival de Marte

Ares, el dios tracio, es amante de la batalla por el puro placer de la lucha. Su sed de sangre es insaciable. Se podría decir que su antagonista es Atenea, la diosa sabia asociada a la "guerra justa". A veces Ares resulta humillado, o toma el lado de los perdedores. No le importa: mientras haya violencia y horror la pasa bien. En el relato homérico, por ejemplo, Atenea tomó el partido de los aqueos, mientras Ares protegió a los troyanos.

En el panteón romano Ares es Marte, y goza de un lugar más digno (claro, es el padre de Rómulo y Remo). Ambos dioses fueron asociados, desde tiempos muy antiguos, con la estrella vagabunda roja y ardiente: el planeta Marte.

Marte, el planeta, también tiene una rival en el cielo: la estrella que marca el corazón del Escorpión, la estrella roja Antares, anti-Ares. En estos días Marte transita por Escorpio y realmente forma un par notable con Antares. Si todavía no los vieron, no dejen pasar mucho tiempo, ya que Marte se está moviendo rápido, y pronto estará en Sagitario. La semana pasada se les unió la Luna creciente, formando esta encantadora conjunción. La foto está ligeramente desenfocada para destacar el color de la estrella y del planeta. La segunda foto está bien enfocada, con ambos destacados al 100% de magnificación. La similitud del color es sorprendente a simple vista. Hay que mirar con atención una foto como ésta para ver la diferencia.

Antares es una de las estrellas más brillantes del cielo, y la constelación de Escorpio es una de las más fáciles de reconocer. Es una constelación "de invierno" en el hemisferio sur, así que es menos popular que Orión (su propio rival del verano, como ya contamos). Pero en esta época todavía la vemos, al anochecer, con la cola enroscada en la Vía Láctea, zambulléndose en el horizonte occidental.

Antares es una estrella supergigante roja. Su superficie está dos mil grados más fría que nuestro Sol, por eso la vemos tan roja. Si estuviera en lugar del Sol, su circunferencia abarcaría la órbita de su rival y ganaría la batalla devorando al planeta. Las estrellas están tan lejos que, en general, no sabemos muy bien su tamaño: se las ve como puntos aún con un poderoso telescopio. Pero Antares, por estar en medio del camino de los planetas (la eclíptica), cada tanto resulta ocultada por la Luna. Sí, como Júpiter hace poco. En esas ocasiones puede verse su luz desaparecer de a poquito, y así puede medirse su tamaño, apenas unas milésimas de segundo de arco. Como también se sabe a qué distancia está (550 años luz, medida mediante paralaje), resulta unas 900 veces más grande que el Sol: ¡1200 millones de kilómetros de diámetro!


Como tantos, recibí la mayor parte de mi educación mitológica de Monteiro Lobato, luego reforzada por Robert Graves. Las fotos son mías, tomadas con la Canon T1i, zoom Tamron 18-270, en mano, el jueves 18 de octubre de 2012. Les aumenté el brillo porque me parece que mi notebook es muy brillante, y que fotos que yo veo perfectamente en otros monitores no se ven nada. Avisen en los comentarios si notan cosas de este tipo. Las fotos astronómicas son en general oscuras, pero intento que se vean razonablemente bien.

21/05/2011

El Bicho

Se acerca el invierno. El astrónomo aficionado lo sabe. ¿Cómo lo sabe? ¿Porque crecen hongos bajo los pinos? ¿Porque hay escarcha en el césped por la mañana? ¿Porque los lomos de la cordillera se pintan de blanco? ¿Porque su teléfono celular dice que ya pasamos la mitad de mayo? ¿Eh? Bueno, puede ser. Pero sobre todo, el astrónomo aficionado, el buen astrónomo aficionado, lo sabe porque al anochecer, por el horizonte del Este, se alza un monstruo, un arácnido gigantesco y amenazante: el Escorpión.

Asolando los cielos de la Tierra desde la época de Babilonia, Scorpius —el Escorpión— persigue sin pausa al cazador Orión. El vanidoso gigante, en tanto, se escabulle al atardecer por el Oeste apenas el bicho sale por el Este. Orión preside los cielos del verano. Escorpio los del invierno. (Para el astrónomo aficionado que viva en el hemisferio norte, claro, es al revés.)

Escorpio es una constelación plena de objetos interesantes para observar, entre ellos algunos de mis favoritos. Pero vamos a esperar a que se alce un poco más, a medida que llega el invierno. Por ahora miremos a simple vista su silueta: al Sur está la cola, enroscada como un signo de interrogación, lista para clavar el aguijón que forman dos estrellas brillantes y juntitas: Shaula (la más brillante) y Lesath. En la base de la cola está Mu Scorpii, una doble que se aprecia a simple vista (se ve doble en mi foto de ahí arriba).

En medio del cuerpo (¿el cefalotórax?) se destaca Antares (sí, Antares es una estrella además de una cerveza). Es una de las estrellas más brillantes del cielo, una supergigante roja algo menor que Betelgeuse. Su nombre significa "rival de Marte", tal vez porque al ser roja, brillante y estar casi sobre la eclíptica, se la puede confundir con el planeta.

El extremo septentrional de la constelación tiene tres estrellas brillantes que forman las pinzas: Graffias, Dschubba (la del medio) y Pi Scorpii. Graffias, la pinza izquierda, siempre fue la más brillante del trío (de hecho, sólo superada en brillo por Antares). Pero en el año 2000 Dschubba empezó a aumentar su brillo hasta superar a su compañera y casi alcanzar a Antares, alterando el archiconocido aspecto de la constelación. Ahora sigue brillando en exceso. Se está apagando, pero sigue brillando.

19/03/2016

Escorpión, doble corazón

Al llegar el otoño, mientras Orión se hunde en el horizonte occidental, su eterno enemigo se alza por el oriente: el Escorpión, la constelación paradigmática del invierno austral, y una de las más fáciles de reconocer en el cielo.

Escorpio es una de las constelaciones más antiguas, identificado como tal durante toda la historia escrita de los pueblos occidentales: en Egipto, Sumeria, Babilonia, Fenicia, Persia y luego Grecia y Roma. Curiosamente hasta los mayas lo llamaron zinaan ek: estrellas del escorpión, mientras que en China su característica forma serpenteante lo hace parte de un gran dragón.

El mito tradicional lo confronta a Orión, en una historia que ya hemos contado. Escorpio aparece también en otro relato mitológico, contado por Ovidio en las Metamorfosis. Es una historia buenísima, que resultará familiar a cualquier padre con un hijo adolescente. Resulta que Faetón, el hijo del dios sol Helios, le pidió prestado el coche al padre: un carro espléndido, dorado y brillante que todos los días recorría el cielo. El padre le dijo que no, que era peligroso. Por supuesto, Faetón se lo robó y salió a pasear en el coche solar. ¡Y se lo chocó! Cuenta Ovidio que, pasando por el Escorpión, el chico se asustó y soltó el volante, digo las riendas (mentis inops gelida formidine lora remisit) y empezó a caer hacia la Tierra, convirtiendo casi toda África en un desierto. Faetón, mortal a pesar de ser hijo de un dios, murió en el accidente. En realidad parece que Júpiter lo liquidó con un rayo para evitar una catástrofe.

Bueno, basta de mito. Escorpio es una constelación notable y esta semana lo fue más aún porque presentó un aspecto inusual. Así la vi alzarse sobre Bariloche el martes pasado. Descargad, agrandad y disfrutad:


Al conocedor no se la pasará por alto que la pinza izquierda se ve inusualmente brillante. Y roja. Y parecida al Corazón del Escorpión, la roja Antares. Es que no es una estrella: es el planeta Marte, haciendo su habitual visita de cortesía a la constelación de su rival, anti-Marte, anti-Ares: Antares. Vale la pena una versión anotada:


Notarán que dibujé las pinzas del bicho mucho más largas que lo habitual, abarcando incluso estrellas de Libra. Así se lo conoció en la Antigüedad, ya que Libra es un invento romano. Los nombres de las estrellas brillantes de Libra lo delatan. La pinza derecha, por ejemplo, tiene el fantástico nombre de Zubenelgenubi, que significa precisamente "pinza derecha".

Marqué también otras estrellas notables del asterismo. Antares, por supuesto, una de las dos únicas supergigantes rojas de primera magnitud (la otra es Betelgeuse, justo). Una rareza son las dos estrellas que flanquean Antares y forman el cuerpo del arácnido: ¡tienen el mismo nombre! Alniyat y Alniyat. En la punta de la cola Shaula (también lindo nombre) y Lesath forman el aguijón, y eso mismo significan.

En el arranque de la cola hay dos dobles notables sin nombre propio. Mu Scorpii es una doble visible a simple vista, separadas un décimo de grado. En el mito polinesio se las conoce como piri-ere-ua, "los inseparables", dos niños huyendo de sus padres en una historia como la de Hansel y Gretel. No se sabe si están ligadas gravitacionalmente: tienen el mismo movimiento propio, pero están a casi 0.9 años luz una de otra.

Dseta Scorpii es una de las dobles más lindas del cielo, ya que son dos estrellas de colores muy contrastados, una naranja y la otra azul. No es una binaria, se ven cerca por perspectiva simplemente. Junto a ellas está el compacto cúmulo estelar NGC 6231, el "joyero del norte". En mi foto se lo ve como una estrella justo donde termina la raya que marqué de Mu a Dseta.

En la cabeza del Escorpión está Dschubba, que significa "frente". Siempre fue más tenue(*) casi igual de brillante que Graffias, la pinza izquierda, pero en junio de 2000 el gran observador argentino Sebastián Otero descubrió que estaba volviéndose más brillante. Rápidamente superó a Graffias, convirtiéndose en la segunda estrella más brillante de la constelación y cambiando su aspecto ancestral. Quién dice que en los cielos inmutables nada cambia.

A propósito, se cuenta también que en la cabeza del Escorpión apareció una nova en el año 134 AC, lo cual convenció a Hiparco de que tenía que hacer ese catálogo de estrellas que venía procrastinando. O tal vez no.

Graffias y Marte, el día que tomé la foto, también formaban un par muy apretado de colores contrastados. Así las retraté con el teleobjetivo:


Junto a ellas, Omega Scorpii que también es un lindo par (amarillo y azul). Graffias misma es una estrella binaria, pero no llega a verse en mi foto. En realidad es una múltiple jerárquica, como conté acerca del Trapecio. Abajo en la foto vemos a Nu Scorpii, otra binaria que es probablemente séptuple. En el telescopio se la ve como una doble-doble.

La cola del Escorpión se engancha en la región más gruesa y rica de la Vía Láctea. Pero para disfrutarla así hay que esperar un par de meses, cuando esté más alta en el cielo sin tener que esperar hasta altas horas. Valdrá la pena aguantar el frío.


Casi todo lo que conté en esta nota lo leí en el enciclopédico Burnham's Celestial Handbook, ¡donde Escorpio ocupa 84 páginas! Cuando salió Saturno me asusté, creí que era una supernova. No es la primera vez que confundo planetas con supernovas.

* ¡Gracias a Sebastián Otero por la corrección! En realidad Dschubba ya era 2 décimas de magnitud más brillante que Graffias. Durante su outburst llegó a ser casi una magnitud entera más brillante.

25/02/2023

En las entrañas de la Hydra

He aquí un lindo plan para una noche de verano o principios del otoño (australes): meterse en la Hydra. No la organización terrorista nazi de Marvel. Tampoco el monstruo que le dio trabajo a Hércules. La Hydra que, según Eratóstenes, está en el cielo junto al Cuervo (Corvus) y la Copa (Crater) por una razón mitológica.


Resulta que Apolo mandó a un cuervo a traerle agua de una fuente (esas cosas que hacen los dioses, para molestar más que nada). Junto a la fuente había una higuera con higos todavía verdes. El cuervo se tentó y se quedó esperando a que madurasen. Cuando finalmente se los comió, se dio cuenta de que había metido la pata. Entonces llenó la copa de agua y puso también una hidra (el pequeño pólipo de agua dulce) que encontró en la fuente. Le llevó la copa al dios y le dijo que la demora era culpa de la hidra, que todos los días se bebía el agua que él tenía que llevarle. Apolo, que obviamente sabía lo que había ocurrido, lo castigó poniéndolo en el cielo, con copa e hidra. Así la pobre hidra, sin comerla ni beberla, terminó también en el cielo. Sin beberla, sobre todo, porque le puso la boca muy lejos de la copa para que no se bebiera el agua: la cabeza quedó cerca del Cangrejo (que sí tiene que ver con Hércules y su aventura en Lerna) y la cola muy lejos y al sur, en el Centauro.  

Volviendo a la panza de la Hydra: más o menos por la mitad del largo bicho, cerca de Crater, señalé una estrella notable. Es V Hydrae, que compite con el Rubí de la Cruz el puesto de estrella más roja del cielo. 


En esta foto, que intencionalmente desenfoqué un poquito para destacar el color de las estrellas, y le hice un zoom para que se note mejor, la vemos contrastando fuertemente con el triangulito que ayuda a encontrarla (la más brillante es B3 Hya, que también está marcada en la carta). El color de V Hydrae es un rojo increíble: índice de color +5.43 (ver al final esto del índice de color). Hace que estrellas "rojas" como Betelgeuse o Antares parezcan anaranjadas (ambas con un índice +1.8). 

V Hya es una estrella de carbono, una gigante roja con más carbono que oxígeno en su superficie. Esto, junto a su temperatura muy moderada (menos de 3000 K), hace que se forme un hollín de distintos compuestos de carbono en su atmósfera, que enrojece aún más la luz de la estrella. Las estrellas de carbono son muy escasas, porque son una etapa efímera de la evolución de las estrellas, al final de la fase de gigante roja (la AGB) y justo antes de convertirse en nebulosa planetaria más enana blanca. Pero V Hya es un caso extremo: muy cerca de ella se encuentra otra estrella de carbono, U Hya, más brillante pero cuyo índice de color es un más moderado +2.69. Traten de observar las dos con el mismo instrumento para compararlas. 

Prácticamente la única otra estrella de carbono tan roja como V Hya puede observarse la misma noche (desde nuestras latitudes). Es DY Crucis, la roja compañera de Mimosa (Beta Crucis), en la Cruz del Sur, que ya hemos comentado. Hice una foto de campo ancho para mostrarla junto con el Joyero (NGC 4755):

El contraste, tanto de magnitud como de color, entre Mimosa y su compañera es encantador, al igual que entre DU Crucis y el puñado de estrellas azules de brillo similar en el Joyero. DU Crucis, de todos modos, es bastante menos roja: +2.16. En este caso se trada de una supergigante roja, como Betelgeuse y Antares, condenada a brillar un milloncito de años más y después ¡bang!, supernova.

Volviendo a V Hya, es una estrella variable (como todas las gigantes rojas), que se encuentra generalmente a magnitud 7/8, con una pulsación bastante regular de 530 días, más grandes bajadas hasta magnitud 13. El color depende del brillo, así que puede valer la pena tratar de verla repetidamente.

V Hya es una estrella de evolución tan avanzada que a veces se la considera post-AGB, ya construyendo la nebulosa planetaria final, algo que manifiesta en forma de un disco a su alrededor y (lo más raro) eyecciones de materia muy colimada a alta velocidad, que han sido llamadas “balas de plasma”, que emite cada 8.5 años. Es la única estrella que se conoce haciendo algo semejante, por lo cual se sospecha que es una etapa muy breve, y que está dando importante información acerca del mecanismo de construcción de las nebulosas planetarias.

Si están con el telescopio, aprovechen para observar las Galaxias Antenas, entre el Cuervo y la Copa, que también marqué en la carta. Y en la Hydra está el cúmulo globular M68 (también lo marqué), que ya comenté en otra nota, junto al cual hay otra linda estrella roja (índice de color +3.16), una variable tipo Mira: FI Hya. Llena de estrellas rojas interesantes, está la Hydra. 



Las fotos son mías, la carta está hecha con Cartes du Ciel, y la curva de luz es de AAVSO.

El índice de color más usual es el B-V: la diferencia entre la magnitud medida con un filtro azul (B) y la que se obtiene con un filtro V (verde-amarillo, "visual"). Como la magnitud disminuye con el brillo, si la estrella es roja la magnitud azul es menor que la visual, y el índice da positivo, como los que citamos arriba.

Scibelli et al., High-velocity bullets from V Hydrae, an AGB star in transition: Ejection history and spatio-kinematic modeling (arXiv:1811.09277v1).

09/11/2013

Polvo de estrellas

En pleno invierno, en una accidentada noche de observación, nos metimos con el auto entero en un pozo con 30 cm de barro cubiertos de 10 cm de hielo. Es lo malo del invierno. Lo bueno es que oscurece tan temprano que, una vez rescatados, estábamos todavía a tiempo de llevar a cabo nuestra sesión astrofotográfica.

Pero en realidad, lo realmente bueno del invierno, es que se cierne sobre nuestras cabezas el magnífico centro de la Vía Láctea, que uno podría pasarse la vida observando y fotografiando. En esta ocasión fue la gran nebulosa oscura que, desde los alrededores de la estrella ρ Ophiuchi (léase "ro ofiuqui" en español), extiende sus tentáculos hacia la Vía Láctea. Aquí está:


Se trata de una de las nebulosas más extraordinarias del cielo. Es completamente invisible a simple vista, aún a través de un gran telescopio, y sólo se la puede disfrutar fotográficamente. Forma parte de la maraña de filamentos de polvo frío que se entrecruzan en el plano del disco de nuestra galaxia, y que son característicos de todas las galaxias espirales. Estas nebulosas oscuras están compuestas de gas y polvo (finísimo, como si fueran partículas de humo, más que polvo) muy, muy frío. Cuando digo frío digo 250 grados bajo cero. Son inmensas, abarcando el espacio interestelar por cientos de años luz, oscureciendo con su manto de tinieblas estrella tras estrella tras estrella.

La nebulosa de Rho Oph no es completamente oscura, como resulta evidente en la fotografía. Muchas de las estrellas que abarca contribuyen a iluminarla. Pero no se trata del efecto de fluorescencia como el que vemos en tantas otras nebulosas notables, como la de Orión, la de Carina, o la de la Laguna. Es simplemente luz reflejada de las estrellas. Así que los colores son variados, como en un escenario teatral iluminado por una batería de luces. El fenómeno le da a esta región del cielo un multicolor inusual. Veamos un detalle:


Ésta es la región más luminosa y colorida. Se destaca la estrella Antares (la supergigante roja del Escorpión), iluminando con su luz dorada la región más austral del complejo de nubes. Cerca de Antares vemos dos cúmulos globulares, ambos muy lejanos: el gran M4 (a 7200 años luz) y el más pequeño NGC 6144 (a 30 mil a.l.). La estrella σ (sigma) Scorpii es una gigante azul suficientemente energética para producir una fluorescencia roja de hidrógeno. Otras tres estrellas muy brillantes proveen la mayor parte de la luz azul de la nebulosa. Son todas ellas estrellas múltiples: 22 Scorpii, HD147889, y la que le da nombre a la nebulosa, ρ Ophiuchi, en la constelación de Ofiuco, el Encantador de Serpientes.

En la foto señalé varias regiones oscuras con sus nombres propios. Las que tienen una letra B corresponden al catálogo de Edward Barnard, un gran astrónomo de principios del siglo XX quien fue el primero en estudiar sistemáticamente la Vía Láctea usando fotografías. Su Atlas es accesible digitalmente, y su foto de esta región del cielo aparece en la placa 13. La naturaleza de estas regiones oscuras era desconocida en tiempos de Barnard. ¿Eran regiones vacías de estrellas, o verdaderas nubes oscuras ocultando las estrellas del fondo? En su descripción de la Placa 13 dice: "la nebulosa [brillante] es en sí misma un objeto hermoso. Con sus conexiones laterales y la mancha oscura en la que se ubica, y los carriles oscuros que es extienden hacia el Este, da toda la evidencia de que oscurece las estrellas que se encuentran detrás." Y también, en un artículo publicado en 1919: "Para mí es concluyente la evidencia de que existen masas oscuras en el espacio, [si bien] cuál sea la naturaleza de esta materia es otra cuestión."  

Hoy sabemos que estas nubes forman el medio interestelar en la región del disco de la galaxia. Son gas y polvo fríos, resultado de la evolución y muerte de estrellas de generaciones anteriores. Y son el material del que se forman las nuevas estrellas. La nebulosa de Rho Ophiuchi es, de hecho, la región de formación estelar más cercana a la Tierra (a pocos cientos de años luz). Escudriñándola en radiación infrarroja se puede ver dentro del polvo oscuro, y se han identificado cientos de estrellas bebés, de apenas un par de millones de años de edad, algunas de pocos cientos de miles de años, y otras recién condensándose a partir de la nebulosa.

Las nubes oscuras identificadas con una letra L corresponden al catálogo de nebulosas oscuras elaborado en la década del '60 por Beverly Lynds, usando el extraordinario survey del cielo realizado desde Monte Palomar en la década anterior. Hay muy poca información en la web sobre Beverly Lynds. Me costó bastante identificar su nombre, y hasta su sexo, ya que sus trabajos están firmados B. T. Lynds. Según puede leerse en su artículo sobre las nebulosas oscuras, las calcó a mano a partir de los negativos de vidrio de Palomar. El procesamiento de datos lo hizo con una IBM 1620, una de las primeras computadoras accesibles a los científicos. Era un armatoste primitivo, con una arquitectura decimal en lugar de binaria como tienen todas las computadoras modernas. No tenía sistema operativo; o mejor dicho: el sistema operativo ¡era el operador! Hay una fascinante nota sobre la máquina en Wikipedia, con una cantidad pasmosa de detalles. Rescato, además de lo que comenté, este dial que se parece sorprendentemente al de mi lavarropas (quizás más inteligente que la IBM 1620). Hay también una foto de una chica manipulando el dial, que uno se imagina podría ser Beverly. Según leí allí también, varios paneles de 1620s se usaron para la escenografía de la genial película Colossus: El Proyecto Forbin.

En esta época del año ya Ofiuco y Escorpio se empiezan a esconder antes del anochecer, así que tienen poco tiempo para observarlas. Pero es obligatorio dedicarles al menos una noche el año que viene.


El Atlas Fotográfico de Regiones Seleccionadas de la Vía Láctea está online, como dije. De allí reproduje la Placa 13. Un artículo interesante, con una foto preciosa en colores de la zona, es Star Formation in the rho Ophiuchi Molecular Cloud. El paper de Lynds es Catalogue of Dark Nebulae.

La UNESCO debería declarar patrimonio de la Humanidad la colección de miles de placas de vidrio que constituyen el survey de Monte Palomar, en el cual están basados la mayoría de los catálogos astronómicos hasta fines del siglo XX. Hay varias maneras de consultarlo, por ejemplo en el STScI.

13/11/2010

Cazador cazado

Las constelaciones son fruto de la imaginación humana, no de la naturaleza. Pero están tan enraizadas en nuestra cultura que la astronomía no se ha desembarazado de ellas. Después de todo, ¿por qué no dividir el cielo en rectángulos de 18°x18°, en lugar de llenar libros de ciencia con los nombres de personajes de ficciones milenarias, con formas apenas insinuadas por un puñado de estrellas? ¿Por qué los astrónomos de la revolución científica de los siglos XVI a XVIII siguieron haciéndolo, poniéndoles nombres como Mesa o Indio a las constelaciones del hemisferio sur? Porque nadie se resiste a una buena historia. Por eso. Y las historias de las constelaciones están muy buenas, y vienen capturando nuestra imaginación desde hace cientos de generaciones. Cuando yo era un niño las historias mitológicas de las constelaciones me gustaban tanto como las noticias de los viajes a la Luna y los planetas, que estaban en auge.

¿A cuento de qué viene todo esto? Bueno, en esta época del año podemos ver el final de una de estas historias, protagonizada por dos de las constelaciones más fáciles de identificar: Orión y Escorpio.

06/06/2011

Puyehue - El Volcán y el Escorpión

En el sitio de noticias BioBíoChile hay unas impresionantes fotos de la columna eruptiva tomadas durante la noche. El Sr. Ricardo Mohr R, de entre Lagos, mandó ésta, titulada Erupción Nocturna. Pueden verse las descargas eléctricas que se producen dentro de la nube de cenizas por efecto de la separación de cargas eléctricas por fricción. Durante la noche del sábado tuvimos este show de relámpagos y truenos constantes sobre nuestras cabezas, en Bariloche, a 100 kilómetros de distancia.

Además de la erupción, los rayos, y la nube que se ensancha donde la columna llega a la estratósfera ¿qué se ve? El cielo nocturno de invierno: detrás de la cúpula de polvo, asomando justo en el borde, vemos la cola enroscada y ponzoñosa del Escorpión celeste, y al medio su cuerpo, con la roja estrella Antares justo encima del rojo del volcán. Sólo las pinzas quedaron fuera del cuadro. Preciosa foto. Felicitaciones al amigo Ricardo.

27/12/2025

La Luna en 2026

No podemos dejar que termine el año sin prepararnos para las lunas de 2026. Así que aquí están, con el año comprimido a 3 minutos, y con el sur hacia arriba tal como la vemos en el hemisferio sur.


Habrá dos eclipses lunares y dos solares, un par en cada temporada. Para empezar, el 17 de febrero habrá un eclipse solar visible desde el océano Índico y la Antártida, de muy poco interés. Le sigue el 3 de marzo uno lunar centrado en el océano Pacífico, que desde algunas regiones de Argentina se podrá ver, chiquito, antes del amanecer. Desde Bariloche veremos ponerse la luna apenas eclipsada, así:

El gran eclipse del año será el solar total del 12 de agosto. Nosotros no lo veremos, ni siquiera parcial. Y no está muy bien ubicado: se podrá ver desde el extremo occidental de Islandia, y luego cruzará España, desde donde se verá muy bajito, acabando en las islas Baleares. Si pueden, vayan.

El último eclipse del año es uno lunar, en la noche del 27 al 28 de agosto. Es parcial pero casi total (en el caso de los eclipses lunares, vale decir "casi total", no como en los solares), y estará muy bien ubicado para verlo desde la Argentina:

Además de los eclipses, habrá interesantes ocultaciones lunares. Tal vez las dos mejores para nuestras latitudes son las de noviembre, ambas favorables desde el sur del país. El día 7 la Luna ocultará a Venus:

Y el 30 de noviembre a Júpiter:

Ya nos ocuparemos de ambas cuando se acerquen las fechas. Además, la Luna ocultará varias veces a Antares en 2026; esperemos que sean buenas oportunidades de lograr ver a su "verde" compañera, cosa que no pudimos hacer en 2025. Creo que la mejor chance es la de mayo:

Bueno, felicidades, nos vemos el año que viene.  

 


Los mapas de eclipses son de Timeanddate. Los de ocultaciones son de In the sky. La simulaciones están hechas con Stellarium. 

31/10/2020

El eclipse de la Gran Conjunción

El planeta Saturno, que lleva el nombre del dios del tiempo, es el más lento de los visibles a simple vista y conocidos desde la antigüedad. Orbita el Sol con un período de 29.5 años. Júpiter, en cambio, lo hace en 11.86 años. Esto hace que Júpiter se adelante a Saturno en el cielo y finalmente lo alcance por detrás, una vez cada 20 años. Una conjunción de este tipo, entre los dos planetas gigantes, se llama Gran Conjunción. La anterior ocurrió en mayo del año 2000, con ambos planetas cerca del Sol, así que no la pudimos ver. La próxima ocurrirá el 21 de diciembre de este año, pocos días después del eclipse total de Sol del 14 de diciembre, así que será uno de los atractivos adicionales del oscurecimiento del cielo durante el eclipse, que va a ser un festival de planetas súbitamente visibles en medio del día: 

El más cercano al Sol será Mercurio (magnitud -1) y un poco más lejos Venus (magnitud -4). Del otro lado, Júpiter (-2) y Saturno (0.6) estarán a algo más de 30 grados del Sol, separados entre sí por menos de un grado, más o menos el tamaño del "eclipse", contando la corona solar, la atmósfera del Sol que normalmente está perdida en el resplandor del cielo y que sólo vemos en los eclipses totales. La estrella que se ve en la figura entre Mercurio y Venus es la brillante Antares (magnitud -1), que también será visible.

Definitivamante, anoten la conjunción de Júpiter y Saturno como una de las cosas a observar el día del eclipse. Si pueden llegar a la totalidad, claro. 

La Gran Conjunción de este año es especialmente notable, así que volveremos sobre ella más cerca de la fecha.


Las ilustraciones están hechas con Stellarium.

21/01/2023

Pi Gruis

Hace poco mostré una foto de la galaxia aislada IC 5201. En el campo, a menos de medio grado de distancia, hay una hermosa estrella doble, Pi Gruis, de colores muy contrastantes:

No es un sistema binario, sino que se trata de dos estrellas que aparecen cercanas en el cielo por la perspectiva desde la Tierra. La estrella azulada, Pi2 Gruis (se dice "pi dos"), es la más cercana, a 130 años luz de nosotros. 

Pero la estrella realmente interesante es la roja, Pi1 Gruis. Es una estrella supergigante muy luminosa pero muy "fría" (unos 3000 grados) y, por lo tanto, roja. Está más lejos que Pi2, a 500 años luz. Pero es tan grande, tan grande, que es una de las pocas estrellas del cielo cuya superficie se puede realmente ver, distinguiendo detalles de su superficie. No con mi telescopio, por supuesto. Y casi con ningún telescopio de la Tierra y alrededores. Pero sí con telescopios capaces de hacer interferometría. Consiste en usar varios telescopios funcionando como uno solo, combinando la luz que llega a cada uno para producir imágenes de resolución extraordinaria. Es una técnica bien establecida en la radioastronomía desde hace décadas (y que actualmente está produciendo las increíbles imágenes de los agujeros negros en el centro de M87 y de la Vía Láctea). Pero con las longitudes de onda más cortas de la luz visible, la tecnología para hacerlo está muy al límite. Se ha podido hacer con Antares (la estrella roja de Scorpius), Betelgeuse (la de Orión), Pi1 Gruis y alguna más (más algunas en infrarrojo). Esta es la superficie de Pi1 Gruis, observada con el instrumento PIONIER instalado en el Telescopio Muy Grande del Observatorio Europeo Austral:

El diámetro de esta estrella es 350 veces mayor que el del Sol: puesta en el sistema solar, llegaría más allá de la órbita de la Tierra. Las estructuras que vemos en su superficie son granulaciones, producto de la convección del gas. Son similares a las que vemos en la superficie del Sol (foto abajo), pero inmensas, cada una mide como 120 millones de kilómetros (sí: casi una unidad astronómica 😮). El mismo fenómeno, pero a una escala muy distinta que la del Sol, porque la estrella es mucho más grande, y la aceleración de la gravedad en su superficie es muchísimo menor.

En una nota sobre Betelgeuse de hace unos años puse una animación de cómo se vería esta convección en estrellas gigantes. Esto no es un dibujo animado, es el resultado de un cálculo científico:

Las clases estelares normales, ordenadas de más azul a más roja, son: O, B, A, F, G, K y M. La inmensa mayoría son enanas (estrellas que fusionan hidrógeno) pero algunas son gigantes o supergigantes, estrellas ancianas que se van quedando sin combustible en sus núcleos. Al iniciarse la fusión de elementos más pesados, que producen más energía, se inflan. Al inflarse la superficie se enfría, y se ponen rojas. Pero la superficie es enorme, así que son muy luminosas. Al envejecer van cambiando bastante rápidamente de color y luminosidad, formando una familia de gigantes rojas llamada rama asintótica de gigantes (AGB), que una vez ya comentamos. 

La superficie de estas estrellas es tan fría que tienen moléculas visibles en sus espectros, típicamente óxido de titanio. Una subclase de estrellas de esta rama asintótica tiene, además, óxido de zirconio. Se las llama clase S, y son muy escasas. Pi1 Gruis es de este tipo. Se conjetura que siguen evolucionando y se convierten en estrellas de carbono, clase C, que tienen distintas moléculas de carbono detectables en sus espectros. Estas estrellas de carbono son súper rojas. La preciosa estrella Rubí, en la Cruz del Sur, muy fácil de observar, es de este tipo.

Estrellas rojas: volveremos sobre ellas.



La imagen de la superficie de Pi1 Gruis es del ESO/VLT/PIONIER.

La imagen de los gránulos solares es del Telescopio Daniel Inouye (NSF/NSO). Cada gránulo mide algunos cientos de kilómetros de diámetro.

La foto con la galaxia es mía.

El paper es: Paladini et al., Large granulation cells on the surface of the giant star π1 Gruis, Nature (2018). En ESO hay un preprint con otro nombre, pero es el mismo.