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18/01/2025

El ático del cielo

Hoy en día hay inmensos catálogos de objetos astronómicos, con miles de millones de objetos: estrellas, cúmulos de estrellas, nebulosas de varios tipos, pulsars, galaxias, quasars... Casi todos son compilados por robots, que escudriñan el cielo sin pestañear, y con la paciencia que sólo los robots pueden sostener. Estos catálogos coexisten (y se cruzan) con decenas de catálogos grandes, trabajosamente compilados por astrónomos durante el siglo XX, a partir de fotografías tomadas en frágiles placas de vidrio, o en trazas de tinta sobre cintas de papel en el caso de los radiotelescopios. Y todos ellos abarcaron y mejoraron los primeros grandes catálogos y atlas del cielo, que hicieron astrónomos todavía más esforzados durante el siglo XIX, con el ojo pegado al ocular de un telescopio, un reloj en una mano y un lápiz en la otra...

En el siglo XVIII había muy pocos atlas celestes. Hemos mencionado alguna vez a Johann Bayer, que publicó en 1603 su Uranometria a partir de las observaciones de Tycho Brahe y Johannes Kepler. Otro Johannes, Hevelius, publicó otra Uranometria mucho más completa a fines del mismo siglo. Pero en el siglo XVIII, ya con telescopios, los catálogos empezaron a crecer. John (y dale con los juanes) Flamsteed sentó un estándar con su Atlas Coelestis en 1729. Pero todos estos catálogos y cartas describían el cielo visible desde Europa. El cielo austral necesitaba su uranógrafo. Y el que asumió la tarea fue un abad francés, Nicolás Louis de Lacaille. En 1739, a los 26 años, hizo un trabajo sensacional midiendo un grado del meridiano de París, mejorando el trabajo de Cassini, lo que le valió una cantidad de reconocimientos. Se estableció como astrónomo y profesor, y fue el primero en defender y enseñar las teorías de Newton en Francia. Habiendo medido con precisión la Tierra, quiso hacer lo mismo con el sistema solar, midiendo la distancia a los planetas haciendo observaciones simultáneas desde el Cabo de Buena Esperanza y París. Así que propuso un proyecto ambicioso y la Academia de Ciencias se lo financió. En 1750 viajó a Sudáfrica (varios meses de viaje, no vayan a creer que era cosa de volar del Charles de Gaulle a Cape Town en Air France). La expedición duró más de cuatro años. No sólo completó su proyectada medición de los planetas, sino que aprovechó para medir un arco de meridiano africano, para seguir estableciendo la forma de la Tierra. Pero su mayor legado fue un catálogo de 9776 estrellas (entre las cuales está la enana roja más brillante del cielo, Lacaille 8760, que comentamos recientemente), más 22 cúmulos abiertos, 4 cúmulos globulares (incluyendo Omega Centauri y 47 Tucanae, una galaxia y dos nebulosas brillantes: la de la Laguna y la de Carina ¡El tipo descubrió la Nebulosa de Carina!

Al asumir su tarea cartográfica, Lacaille se encontró con que le faltaban constelaciones, así que las inventó. De las 88 constelaciones modernas, Lacaille definió 14, que aquí vemos en un mapa publicado de manera póstuma, el Coelum Australe Stelliferum, donde latinizó sus nombres originales en francés:

Las constelaciones del hemisferio norte son mayormente personajes de los mitos griegos, o incluso más antiguos, porque los astrónomos europeos las habían recibido desde la profundidad de los tiempos. Para las constelaciones australes, Lacaille usó objetos más cercanos a la Revolución Científica de su siglo. 

Lacaille Coelum Australe Stelliferum Delporte
La Machine Pneumatique Antlia Pneumatica Antlia La Bomba de Vacío
Le Burin Caelum Sculptorium Caelum El Cincel del Escultor
Le Compas Circinus Circinus El Compás de dibujo (¿El suyo?)
Le Fourneau Chymique Fornax Chimica Fornax El Horno químico
L'Horloge à pendule et à secondes Horologium Horologium El Reloj de péndulo (¿El suyo?)
La Montagne de la Table Mons Mensa Mensa El Cerro Mesa (Table Mountain), que se alza sobre la Ciudad del Cabo
Le Microscope Microscopium Microscopium El Microscopio
L'Équerre et la Règle Norma et Regula Norma La Escuadra y la regla (¿las suyas?)
L'Octante de Reflexion Octans Octans El Octante (¿el suyo?)
Le Chevalet et la Palette Equuleus Pictoris Equuleus El Caballete de pintor
La Boussole Pixis Nautica Pyxis La Brújula
Le Réticule Rhomboide Reticulus Reticulum El Retículo de astronomía (el suyo)
L'Atelier du Sculpteur Aparatus Sculptoris Sculptor El Taller del Escultor
Le Telescope Telescopium Telescopium El Telescopio

Varias de ellas representaban objetos reales de su valija de astrónomo: Reticulum era el retículo de su propio telescopio, que había usado noche tras noche durante un año para llevar a cabo su tarea. Junto al Retículo está Horologium, el Reloj, que sospecho puede ser el que usaba para sus mediciones de posiciones estelares.

Aunque en la carta celeste Lacaille preservó la enorme constelación de Argo Navis, en el catálogo la dividió en tres: Carina (la proa), Puppis (la popa) y Vela (las velas), un desguace que también llegó al cielo actual. Junto a la Popa agregó su Brújula.

El telescopio que usó Lacaille para sus observaciones astronómicas formaba parte de un instrumento llamado cuadrante, que montó en un departamento que alquiló a una cuadra de la playa en Ciudad del Cabo, con su reloj de péndulo y su cuaderno de notas. Era un instrumento minúsculo, con una apertura de media pulgada. ¡Media pulgada! Quien haya usado esos buscadores chiquitos en su propio telescopio sabe cuánto se ve: ¡poquísimo! Sumado al aire marino, el trabajo de Lacaille es todavía más sorprendente.

Lacaille regresó a París en 1754 (previa escala de trabajo en Mauritius), completó la reducción de sus mediciones, y las publicó en la Academia de Ciencias en 1756 (segunda edición en 1763, con los nombres latinizados). Murió muy joven, a los 49 años. Era un tipo callado, de pocos amigos, modesto, honrado e inmensamente dedicado a su trabajo. En su corta vida completó más observaciones y cómputos que todos sus contemporáneos juntos. Todos los que lo conocían lo admiraban sinceramente. Casi nadie lo recuerda hoy en día, pero es una suerte que Delporte (basado en el trabajo de Benjamin Gould, en Córdoba) haya sancionado para la posteridad sus constelaciones, oscuras y difíciles de reconocer, un verdadero "ático del cielo".  



El catálogo de Lacaille, incluyendo las fechas de observación de cada estrella, está publicado como: TABLE DES ASCENSIONS DROITES ET DES DÉCLINAISONS APPARENTES. Des Étoiles australes rensermées dans le tropique du Capricorne; observées au cap de Bonne-espérance, dans l'intervalle du 6 Août 1751, au 18 Juillet 1752. Par M. l'Abbe DE LA CAILLE. Puede consultarse online.

01/02/2025

La mesa y el mantel

Cuando estuve revisando el atlas de Lacaille, en ocasión de la estrella enana roja más brillante, me llamó la atención la representación de la constelación que llamó Montagne de la Table en su atlas de 1756. Es el Cerro Mesa, refiriéndose a la montaña que se alza tras la Ciudad del Cabo, desde donde hizo sus observaciones en 1751 a 52. Es una de las 14 constelaciones que inventó Lacaille, y es la única que se refiere a un accidente geográfico del mundo real. En el atlas póstumo de 1763 ya aparece con el nombre latinizado, Mons Mensae, de donde viene el nombre actual, Mensa:

Lo que me llamó la atención es que está "pegada" a la Nube Mayor de Magallanes (Nubecula major). La voy a dar vuelta para que quede en la orientación "correcta", montaña abajo y nube arriba:

El cerro aparece "soportando" la Nube Mayor de Magallanes. Yo ya sabía que nuestra galaxia satélite está repartida entre Dorado y Mensa, pero no había prestado atención a la estrecha relación con Mensa. Cuando busqué fotos de la Table Mountain en la web, de inmediato me di cuenta por qué Lacaille eligió este nombre: ¡el Cerro Mesa suele estar cubierto de una capa de nubes que los locales, apropiadamente, llaman el Mantel!

No cabe duda de que el encantador fenómeno meteorológico llamó la atención de Lacaille, y quiso inmortalizarlo en su cielo austral. La Nube de Magallanes le venía al pelo. Tuvo que esforzarse para definir la Mesa, eso sí, porque las estrellas junto a ella son todas muy tenues. Aquí marqué las estrellas de Mensa que tienen designación con letras griegas, al estilo de Bayer:

Como se ve, apenas se las distingue de la multitud de estrellitas que aparecen en una exposición prolongada. La estrella Alpha es la más brillante, y es de quinta magnitud. Pero bueno, ahí está el cerro Mesa con su mantel de nubes. Podríamos llamar a la Nube Mayor de Magallanes la "galaxia Mantel".

El panorama completo de esa región del cielo muestra varias de las constelaciones de Lacaille, una región donde pocos se animan a señalar la figura de alguna de ellas:

Encontré un lindo seminario sobre Lacaille y su trabajo, presentado por el astrónomo sudafricano Ian Glass en Cape Town en 2012. La filmación no es muy buena, pero vale la pena si les interesa saber más sobre Lacaille, o al menos escuchar cómo se pronuncia su nombre.

22/02/2025

Figuras en el cielo

Cuando conté sobre la enana roja más brillante, AX Microscopii, me encontré con que la estrella no aparecía en el atlas publicado por su descubridor, el Abad Lacaille. Así que la mostré en la Uranographia, de Johann Bode, publicada en Berlín en 1801, algunos años después del trabajo de Lacaille.

La Uranographia de Bode es un atlas hermoso, que marcó el final de una Edad de Oro de la cartografía celeste, que había comenzado dos siglos antes con la Uranometria de Bayer. Es un libro enorme, con 20 cartas a doble página. Contiene 17000 estrellas, muchas más que las visibles a simple vista, y varios miles de nebulosas. Vean por ejemplo este detalle de Virgo, con el cúmulo de galaxias ocupando el ala de la diosa (vale la pena descargar la imagen para ver los detalles de la ilustración, especialmente si están leyendo esto en el celu, algo que nunca es recomendable):

Como puede verse, las figuras son de una calidad extraordinaria. Para comparar con cartógrafos anteriores elegí la familiar constelación de Orión. Estos son Oriones anteriores, a la izquierda el del Atlas Coelestis de Flamsteed (1729) y a la derecha el de la Uranometria de Bayer (1603):

Y he aquí el extraordinario Orión de Bode:

La Uranographia abarca los dos hemisferios celestes, pero las constelaciones del hemisferio austral estaban todavía en un estado de flujo. Bode, como todos, creó las suyas propias, usando objetos de su época. Qué me dicen de estas dos, el Aparato Químico y la Máquina Eléctrica:

Orión tiene cierta forma humanoide, ¿pero estas dos? Están más tiradas de los pelos que el Cerro Mesa de Lacaille. ¿Y el Globo Aerostático?

La Uranographia de Bode fue el último atlas en usar figuras artísticas para representar las constelaciones. Ya en 1786, Alexandre Ruelle había publicado una Nouvelle Uranographie, donde dice:

«No hay manera más fácil de enseñar el cielo que substituir estas figuras fantásticas por triángulos, cuadrados, polígonos u otras figuras geométricas que realmente hagan visibles los grupos de estrellas, uniendo las más brillantes con líneas.»

¡Vamos Ruelle!  Uno ve su Orión, y realmente parece más moderno:

A lo largo del siglo XIX las figuras de palitos se convirtieron gradualmente en estándar, con los atlas de Pierre y Alexandre Lapie (reimpreso varias veces), o el de Charles Dien de 1831, muy parecido al de Ruelle y que se reimprimió hasta el siglo XX y llegó a ser revisado y expandido por el gran Camille Flammarion. 

Pero ya a fines del siglo XIX se abandonaron incluso las líneas. La gran Uranographia Argentina de Benjamin Gould, de 1877, representa así a Orión:

Están sólo las estrellas, y los límites entre las constelaciones, que fue el criterio adoptado por Delporte cuando la Unión Astronómica Internacional le encargó estandarizar las constelaciones de una vez por todas. Un estándar moderno, como el Sky Atlas 2000.0 del gran Wil Tirion, tampoco tiene palitos ni nada por el estilo:

Quedaron sólo los nombres de los dioses y los héroes en el cielo. En el siglo XX, los astrónomos los reemplazaron por un panteón tal vez más fantástico: gigantes rojas y enanas blancas, pulsars y magnetars, novas, kilonovas y supernovas, quasars y agujeros negros.

21/12/2024

La enana roja más brillante

Hace algo más de 100 años los astrónomos descubrieron que las estrellas rojas venían en dos tamaños, que naturalmente llamaron gigantes y enanas. Fue parte de un descubrimiento crucial de la astrofísica, el diagrama de Hertzsprung-Russell, que estaría en el corazón de la ciencia que a lo largo del siglo XX logró explicar el funcionamiento de las estrellas.

Las estrellas rojas que conocemos del cielo nocturno son gigantes o supergigantes: Betelgeuse, Antares, Aldebarán, Arcturus, Gamma Crucis... Llaman la atención precisamente porque son raras entre las estrellas brillantes, mayoritariamente azules o blancas. Las enanas rojas son una población completamente diferente. Son extremadamente abundantes. Tan abundantes que son el 75% de todas las estrellas de la Via Láctea. El nombre de "enana", de todos modos, hace sospechar que no deben ser fáciles de ver. ¡Pero son tantas! Alguna podremos ver. ¿O no? A simple vista se pueden ver unas 10 mil estrellas. El 75% son 7500. ¿Cuántas de ellas son enanas rojas?

Ninguna. Ni una sola.

La enana roja más brillante está un poco por debajo del límite visible a simple vista. Es la estrella AX Microscopii, de magnitud visual 6.67. Algún joven podrá verla desde un sitio extremadamente oscuro, pero los demás necesitaremos al menos un par de binoculares.

La constelación del Microscopio es una de las más pobretonas del cielo: sus estrellas más brillantes son de quinta magnitud. Está a 40 grados de latitud galáctica, así que también es pobre en objetos del cielo profundo. Es tan poco atractiva que casi no hay fotos de ella para mostrarles nada menos que la enana roja más brillante del cielo. Por suerte encontré esta imagen de Axel Mellinger, que no pudo esquivarla simplemente porque estaba fotografiando el cielo entero de polo a polo:


AX Mic fue descubierta por Nicolas Lacaille en su exploración del cielo austral desde Ciudad del Cabo en 1752, y ocupa el lugar 8760 en su catálogo. Es una estrella muy cercana, a 12.6 años luz, y a eso se debe, en parte, que sea la más brillante de su categoría. Pero, en comparación, la estrella más cercana al sistema solar, Proxima Centauri —que también es una enana roja— brilla mucho menos, a magnitud 11. Es decir, AX Mic es intrínsecamente bastante brillante, para ser una enana roja. Aún así, es diminuta: tiene la mitad del tamaño de nuestro Sol y el 60% de su masa. Su superficie, que está a 3500 C (no mucho más caliente que el hierro de una fundición) emite sólo el 3% de la luz solar, y tarda un mes en producir la luz que nuestra estrella emite en un día. En comparación, Proxima se esfuerza durante ¡30 años! para producir es misma cantidad de luz. Hay que tener en cuenta, de todos modos, que a esa temperatura una buena parte de la emisión está en el invisible infrarrojo (la luminosidad total trepa al 7% de la solar, lo que debe ser un récord para una enana roja). La estrellita no está en el atlas de Lacaille, pero sí está en el más completo de Bode, la Uranographia de 1801, que se basó en el catálogo de Lacaille para las estrellas australes:


La manera tranquila que tienen las enanas rojas de producir energía, asegura que sus interiores están bien mezclados por convección térmica. Así que no acumulan helio en el centro, como el Sol, y pueden seguir fusionando hidrógeno de manera lenta pero incansable. AX Mic tiene más o menos la edad que el Sol, pero seguirá brillando por billones de años, cuando el Sol ya esté recontra apagado.

Si quieren encontrarla, hay que buscarla cerca de Theta 1 Mic, que es una de las estrellas "brillantes" de la constelación. Descargué y anoté una imagen del survey de Mellinger de 25 grados de ancho para mostrar su posición. Para ubicarse en esta región poco frecuentada del cielo, pueden usar las estrellas de la Grulla que aparecen en la foto. La Grulla es relativamente fácil de identificar. Alnair es una estrella de segunda magnitud, que marca su ala derecha, mientras que Aldhanab es el pico del ave, un poco menos brillante. Theta 1 forma un triángulo con estas dos, relativamente fácil de reconocer. Una vez identificada Theta 1, con binoculares habrá que identificar a su compañera Theta 2, y desde allí buscar a AX Mic a 2 grados de distancia. La foto del principio tiene 6 grados de ancho, un poco mayor que el campo de unos binoculares de 10 aumentos.




El panorama de la Vía Láctea de Axel Mellinger es extraordinario, y descubrí recientemente que puede consultarse en el SkyView de la NASA. Está documentado en Mellinger, A Color All-Sky Panorama Image of the Milky Way, Publ. Astron. Soc. Pacific 121:1180-1187 (2009). Dan ganas de comprarse el póster.

El nombre "enana roja" no está definido rigurosamente (ni hay necesidad). AX Mic es la estrella más brillante de tipo espectral M. A veces se incluye en la categoría las más tenues de tipo espectral K, también muy abundantes. Juntándolas con las M, y algunas de las G, resulta que el Sol es más brillante que el 95% de las estrellas de la Vía Láctea. El Sol no es una estrella "promedio" u "ordinaria". 

Theta es la letra griega θ. Se pronuncia como la z de los españoles, zeta, con la lengua contra los dientes. No "seta", ni "teta", y mucho menos "tita". Es la letra inicial de las palabras que en inglés se escriben con th, como theater.

28/04/2012

Constelaciones de objetos reales

Más o menos la mitad de las 88 constelaciones hacen referencia a seres mitológicos de la Antigüedad clásica. El resto recibió nombres en los siglos XVII y XVIII, y se refieren a cosas que le interesaban a la gente de esos tiempos de viajes de descubrimiento: barcos, brújulas, relojes, telescopios y microscopios, peces y aves, indios, etc. Unas pocas, sin embargo, son objetos reales, objetos únicos que existieron de verdad. ¿Qué tal tener algo en el cielo que recuerde, por los siglos de los siglos, algo que alguna vez uno tuvo en sus manos, ante sus ojos? Aquí van.

El Sextante de Hevelius

En 1679 el observatorio del astrónomo polaco Johannes Hevelius se incendió. Perdió todos sus libros y sus instrumentos. Entre estos, un sextante que usaba junto con su esposa Elisabeth, también astrónoma. Una vez reconstruido todo bautizó Sextans la constelación donde observó un gran cometa en 1680, para recordar a su instrumento perdido. Este grabado lo muestra usando el sextante con su señora.

La "figura" del Sextante está formada por tres estrellas de cuarta y quinta magnitud, a los pies de Leo, muy cerca de la estrella brillante Alphard, Alfa Serpentis.

El Escudo de Sobiesky

Tres años después Hevelius le puso nombre a otra constelación: Scutum Sobiescianum, hoy llamada Scutum, el Escudo. Es el Escudo de Sobiesky, en referencia al escudo de armas del rey de Polonia Juan III Sobiesky, comandante de las tropas aliadas que derrotaron a los turcos en la Batalla de Viena, que marcó el final de las pretensiones otomanas de invadir Europa.

Scutum tampoco tiene estrellas brillantes, pero está en una región muy densa de nubes estelares en dirección del centro de la Galaxia (justo al norte de la Tetera de Sagitario).


La cabellera de Berenice

Esta historia es más antigua y parece mitológica, pero es verdadera de cabo a rabo. La reina Berenice II de Egipto era la esposa del tercer Ptolomeo, de la dinastía macedónica que reinó en Egipto tras la conquista de Alejandro Magno. Durante una campaña bélica de su marido a Siria ofrendó su cabellera a la diosa Afrodita para augurar el regreso seguro del rey. Durante la noche las trenzas desaparecieron. Alguien se las afanó, seguro. La reina montó en cólera, además del julepe que le dio por la suerte del rey. Un sacerdote barra astrónomo (¿principal sospechoso?) la convenció de que la diosa, encantada con la ofrenda, había puesto la cabellera en el cielo, en forma de un montoncito de estrellas entre Leo y Virgo. La reina se tranquilizó, el rey volvió sano y salvo, y el cielo ganó la constelación Coma Berenices, hoy simplemente Coma, la Cabellera. El cuadro muestra a Caterina Sagredo Barbarigo como Berenice, obra de Rosalba Carriera, una artista veneciana de una época con pocas mujeres pintoras.

Coma, detrás de la cola del León, además de su famoso grupito de estrellas que le da el nombre, tiene muchas galaxias en su frontera con Virgo.

El Cerro Mesa

Mensa fue bautizada así por el astrónomo francés Nicolás de Lacaille por el Cerro Mesa, junto a Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, donde trabajó en el siglo XVIII. Lacaille le puso nombre a 14 constelaciones australes, nada menos. Estoy seguro de que casi todos recuerdan al Cerro Mesa, llamado Table Mountain en inglés, de la última Copa del Mundo de fútbol, ya que es una de las imágenes más características de Ciudad del Cabo. Inclusive, los que se sentaron en las filas más altas del estadio durante este cuarto de final entre
Argentina y Alemania (ay, ¿era necesario recordarlo?) podían verla como en esta foto de Clive Rose.

Las estrellas más brillantes de Mensa brillan apenas con magnitud 5. Y nadie les presta atención porque Mensa alberga un tercio, más o menos, de la Nube Mayor de Magallanes, que se lleva todas las miradas.


Alguno dirá que también la Cruz del Sur se refiere a un objeto real. Es cierto, pero es más indirecto, ya que hace referencia al símbolo religioso, que a su vez recuerda el objeto histórico. Y hubo otras, ya en desuso: el Telescopio de Herschel, el Río Tigris, un toro de otro escudo polaco...

La imagen del Escudo de Sobiesky es del usuario WarX de Wikipedia, licencia CC-SA.

31/07/2021

Le ciel austral

Mi amiga Karen Hallberg me mandó unas ilustraciones de un libro de astronomía que pensó que podían interesarme. No sabía la fuente, pero no me costó averiguar que eran de un notable libro de Amédée Guillemin, Le ciel, de 1877. La más hermosa de las láminas es además la que más me llamó la atención:

Esta notable litografía está firmada por Philippe Benoist, artista francés discípulo de Daguerre, (el pionero de la fotografía). Representa la Vía Láctea austral, acompañada por las Nubes de Magallanes, alzándose verticalmente sobre un paisaje marino. Es una vista familiar desde nuestras latitudes a comienzo de la noche en otoño. Me pregunto cómo habrá hecho Ms. Benoist para crear este grabado. ¿Habrá viajado alguna vez a los mares del sur? ¿Se habrá basado en mapas estelares? En todo caso, su hermoso trabajo manual es tan impactante como las astrofotografías con paisajes que hoy nos hemos acostumbrado a ver pero que, apenas hace un par de décadas, no existían. Y en una época en que la fotografía astronómica estaba en pañales, seguro que inspiraba a los lectores como hoy nos fascinan, por ejemplo, las de Jorgelina Álvarez.

Cualquier aficionado se da cuenta además del enorme realismo de la representación: las estrellas no son puntitos pintados así nomás, ¡sino que son realmente las estrellas del cielo austral! Reconocemos inmediatamente la Cruz del Sur y sus Punteros, el Saco de Carbón, y las brillantes Canopus (arriba) y Achernar (a la derecha). Cuando noté esto empecé a mirar con más detalle, y entonces vi algo extraordinario: Eta Carinae se ve mucho más brillante que ahora, se ve como una estrella de primera magnitud. 

Vemos que brilla casi como Gamma Crucis. Considerando la dedicación del artista me animé a hacer una "fotometría" aproximada, que me dio una magnitud 1.15. Este brillo corresponde a la primera etapa de la erupción que sufrió la estrella en el siglo XIX. Eta Carinae brilló con magnitud 4 durante siglos. A principios del siglo XIX tenemos las primeras sospechas de su variabilidad, con algunos observadores reportándola de primera magnitud. Las primeras mediciones sistemáticas y confiables son las de John Herschel, quien le dedica una larga sección en su monumental paper Results of astronomical observations made during the years 1834, 5, 6, 7, 8 at the Cape of Good Hope, donde dice "no existe otro objeto celeste que reúna más puntos de interés que esta estrella y la gran nebulosa que la rodea.".

Durante 3 años sus observaciones dan un promedio de 1.2. Así es como la vemos en la ilustración, y estamos seguros de que es antes del 1 de diciembre de 1837. ¿Por qué? Porque fue la última vez que Herschel la vio así. La vez siguiente que la observó, dos semanas después, Eta Argus (como se la llamaba entonces) había aumentado una magnitud y brillaba "decididamente más que Rigel". Fue el comienzo de la Gran Erupción que formó el Homúnculo. La estrella alcanzó y superó el brillo de Canopus en abril de 1843, y luego se apagó a lo largo de unos 20 años. Para 1877, la época de la quinta edición de Le ciel, ya era una estrella invisible de 8a magnitud. Fue como una pequeña supernova, pero la estrella sobrevivió, y alrededor de 1890 ocurriría la Pequeña Erupción, que se alcanza a ver en esta curva de luz.

Guillemin, por supuesto, discute la rareza de esta estrella, y muestra una curva de un tal Loomis, que trató de forzar una periodicidad inexistente con un período de 70 años, usando dos observaciones singulares de Halley y de Lacaille siglos antes de la Gran Erupción:

La naturaleza de la Gran Erupción permaneció en el misterio hasta las observaciones espectroscópicas y fotográficas de Enrique Gaviola en el Observatorio de Córdoba, 100 años después, que mostraron que había sido un evento explosivo que formó el Homúnculo. Hoy sabemos también que Eta Car es un  sistema binario, formado por dos estrellas monstruosas con una órbita muy elongada, similar a la del cometa Halley en tamaño y forma. La colisión de sus vientos estelares produce una verdadera periodicidad de brillo (especialmente en rayos X), pero con un ciclo mucho más breve que el de Loomis, de sólo 5 años.

Me pregunto si existirá alguna ilustración equivalente a la de Benoist correspondiente a la Gran Erupción. No pude encontrar nada, así que la simulé y me quedó así, con Eta Argus más brillante que Canopus:



La curva de luz es de Frew, The historical record of  η Carinae I. The visual light curve, 1595–2000, The Journal of Astronomical Data 10:1-76 (2004). Súper interesante. 

El libro de Guillemin también se consigue en la web, y es fascinante: Guillemin, Le ciel: notions elementaires d'astronomie physique, 5ème ed. (Hachette, Paris, 1877).

El reporte de Herschel también está muy bueno: Herschel, Results of astronomical observations made... at the Cape of Good Hope. (Smith, Elder & Co., London, 1847). 

Allí leemos que el 16 de diciembre de 1837 Eta Argus lo sorprendió con un brillo 3 veces mayor que sus registros de tres años anteriores. Luego, el 28 de diciembre, la ve mucho mayor que Rigel y comparable a Alfa Centauri. Alcanzó un máximo el 2 de enero de 1838, idéntica a Alfa Centauri (la tercera estrella más brillante del cielo nocturno). A partir de allí disminuyó un poco el brillo, y el 22 de enero estaba entre Arturo y Beta Cen (5a y 12a, resp). El 14 de abril la compara con Aldebarán, la 15a. Hasta allí llegan sus observaciones, pero refiere una carta que le envió el Rev. Mackay, quien le informa que en marzo de 1843 alcanzó y superó en brillo a Canopus, la 2a estrella más brillante del cielo. 

A lo largo del siglo XX Eta Carinae fue aumentando de brillo, especialmente desde la década de 1940 cuando permitió su estudio por parte de Gaviola. Hoy en día está nuevamente en la cuarta magnitud, y sigue aumentando. Hace un par de años vi una charla de un especialista, quien sostiene que pronto el Homúnculo se habrá disipado lo suficiente para que Eta Car brille con todo su esplendor.

La tercera edición (1866) de Le ciel tiene una versión distinta de la vista del cielo austral. Es un paisaje más tropical, y si bien el cielo se ve menos realista, Eta Car está igualmente brillante. El scan es de menos calidad y no alcanzo a entender el nombre del artista, pero se reconoce que es distinto. 



02/05/2020

Constelaciones perdidas del sur

Durante la fugaz visita a Piedra del Águila, y durante la misma noche que hice la foto del quasar PKS 0405-123, hice también esta foto de las Nubes de Magallanes, perdidas en el tapiz de estrellas del cielo austral.


Las Nubes de Magallanes son galaxias satélites de la Vía Láctea, y seguramente serán fagocitadas por ella en el futuro. Están a 160 y 170 mil años luz de nosotros, y sus estrellas no se distinguen a simple vista. Las vemos como nubecitas difusas, y como magníficas galaxias en fotos y con instrumentos. Son la envidia de nuestros colegas aficionados del hemisferio norte, que no tienen nada siquiera parecido a esto.

Esta foto abarca un campo muy ancho en el cielo, unos 60 grados. Se ve aumentar la densidad de estrellas hacia arriba y la izquierda, porque allí empieza la banda de la Vía Láctea. La única estrella destacable en esta inmensidad es Canopus (arriba a la derecha), la estrella más brillante de la constelación de Carina y la segunda más brillante del cielo. Junto a la Nube Pequeña, lo que parece una estrella es el cúmulo globular 47 Tucanae, otra de las maravillas del cielo austral. Se le nota un color blanco cremita, carácterístico de las estrellas extremadamente antiguas de los cúmulos globulares. Canopus, por contraste, es una estrella blanco-azulada de tipo espectral A. Por lo demás, no se distinguen constelaciones en este mar de estrellas. Pero están ahí, a ver quíen las conoce:


No son los seres mitológicos que estamos acostumbrados a ver en el cielo de los pueblos de la Antigüedad clásica. Son bichos y cosas, constelaciones inventadas durante los viajes de descubrimiento del Renacimiento, o incluso la Revolución Científica y la Ilustración. Está Octans (el Octante), donde se encuentra el Polo Sur Celeste (sin estrella brillante que lo marque). A su alrededor el Pavo (donde también hay un líndo cúmulo globular), el Tucán, Hydrus (la Serpiente Acuática), Mensa (el cerro Mesa en Ciudad del Cabo), Volans (el Pez Volador), el Retículo (de un ocular de de Lacaille, mirá qué piola), el pez Dorado (¿el del Paraná?), el mutante Camaleón (donde vemos unas nubes oscuras, que forman parte de su complejo de formación estelar, el más cercano a nosotros), Apus (el Ave del Paraíso, aparentemente "sin pies"), la Mosca, Horologium (el Reloj de Péndulo) y Pictor (el Caballete del Pintor, aunque perdió el caballete del nombre en el camino). ¿Las conocías? El mapa de aquí al lado es la carta 49 de la Uranometría de Bayer, de 1603. La roté para que tenga más o menos la orientación de mis fotos.


La foto es un stack de 11 frames de 120 segundos cada uno, F/2.8, menos darks, Canon T3i, Tokina 14-20 F2.0 sobre iOptron SkyTracker.

27/03/2021

Genitivos

Hace años conté que la denominación de las estrellas con una letra griega y el genitivo de la constelación en latín fue inventada por Johann Bayer para su catálogo Uranometria, a principios del siglo XVII. Ya escribí una nota sobre las letras griegas y la manera correcta de pronunciarlas. Hoy le toca al genitivo, que hemos sufrido todos los que estudiamos latín (o alemán). El genitivo es el caso posesivo, así que cuando decimos, por ejemplo, Alpha Centauri, en castellano es "Alfa del Centauro". 

En muchas lenguas modernas (pero no todas) usamos preposiciones para las distintas funciones de los sustantivos en la oración, como la preposición "de" para indicar el posesivo. En latín, en cambio, las distintas funciones gramaticales necesitan distintos casos, que se construyen cambiando la terminación de la palabra. El caso básico es el nominativo, que es el caso de un sustantivo usado como sujeto gramatical. Existen cinco declinaciones, que son cinco maneras distintas de cómo formar cada uno de los seis casos. En cada declinación hay sustantivos de tres géneros: masculino, femenino y neutro, y dos números: singular y plural, más las irregularidades de rigor en cualquier idioma natural. Los adjetivos (que en varias constelaciones acompañan al nombre) también deben declinarse. Y también los pronombres. Es un lío.

Preparé una tabla con los nombres de las constelaciones (el nominativo), sus significados en castellano, los genitivos, y notas que me vinieron a la mente mientras revisaba el diccionario. Quiero aprovechar para señalar una diferencia de pronunciación importante con el castellano: ae es diptongo en latín, hay que pronunciarlo sin separar las letras. Muchas veces he escuchado decir, en Argentina, Eta Carináe (con acento en la a de ae). Esto destruye el diptongo. La pronunciación correcta es Eta Carínæ (con acento en la í, y pronunciando juntitas las a y e del final en una única sílaba, æ). Como curriculum vitæ, no "vitáe".

Andromeda Andrómeda Andromedae Femenino de la primera declinación. Aquí está el primer caso de diptongo final. El genitivo se pronuncia "Andrómedae", con acento en la o.
Antlia Bomba de vacío
Antliae En general la traducen como "máquina neumática", pero es lo que hoy llamamos bomba de vacío.
Apus Ave del paraíso Apodis Literalmente, "sin pies": un misterio ornito-astronómico. Es de la tercera declinación. El nominativo es irregular, por eso apus, apodis en lugar de "apodus, apodis".
Aquarius Acuario Aquarii Masculino de la segunda, con la típica doble i del latín. Este aguatero es muy antiguo, aparece también en las constelaciones hindúes.
Aquila Águila Aquilae Se acentúa en la a inicial, como en español.
Ara Altar Arae Ídem.
Aries Carnero Arietis Otro irregular de la tercera. La tercera es tremenda. Éste es el animal que tenía lana de oro, y que Jasón y los argonautas fueron a buscar en su barco Argo, que está partido en varias constelaciones.
Auriga Cochero Aurigae Hoy en día sería un chofer, un remisero. Es un sustantivo femenino para una ocupación que, en la Antigüedad, era exclusivamente masculina, fijate un poco. Se acentúa en la i.
Bootes Boyero Bootis A veces se escribe Boötes. Es un boyero: un tipo que maneja bueyes. En algún mito griego, Bootes es nada menos que el inventor del arado. Está junto a la Osa mayor, en cuyas estrellas es fácil ver un arado, más que una osa.
Caelum Cincel Caeli Neutro de la segunda declinación. Nótese aquí el diptongo ae en el medio de la palabra. La pronunciación correcta no es "caélum", porque la acentuación de la e rompe el diptongo. Significa cincel.
Camelopardalis Jirafa Camelopardalis Cruza de camello y leopardo, o sea: jirafa. Nominativo igual al genitivo, otra rareza de la tercera.
Cancer Cangrejo Cancri Esta no la entiendo. El genitivo de cancer es canceris, no "cancri"; es de la tercera, no de la segunda. Así que no sé. Es posible que sea el cangrejo del mito de Hércules en su lucha con la Hidra de Lerna, y hay palabras griegas con declinación latina irregular.
Canes Venatici Perros de caza
Canum Venaticorum Esta es en plural: canes es el plural de canis, perro. Así que el genitivo, en lugar de ser canis (igual al nominativo) es canum, plural. Y la terminación del adjetivo es la típica del masculino plural de la segunda: nomintativo en i, genitivo en orum.
Canis Maior Can mayor Canis Maioris Maior en castellano no necesita explicación. Pero nótese que seguimos encontrando nominativos raros de la tercera.
Canis Minor Can menor Canis Minoris Otro perro, más chico.
Capricornus Capricornio Capricorni Masculino regular de la segunda, sin secretos.
Carina Quilla Carinae En español existe también carena, o carenado. Es una parte del barco Argo, en el que navegaron Jasón y sus compañeros.
Cassiopeia Casiopea Cassiopeiae Femenino regular de la primera.
Centaurus Centauro Centauri Masculino de la segunda. Es el sabio centauro Quirón, preceptor de Hércules.
Cepheus Cefeo Cephei La ph es la fi griega, nuestra efe.
Cetus Ballena Ceti También de la segunda. El nombre del animal es masculino en latín, si bien también existe la palabra ballaena. Es posible que cetus, del griego ketos, sea un monstruo marino más genérico.
Chamaeleon Camaleón Chamaeleontis Otro irregular de la tercera. La ch se pronuncia k. ¡Notar el diptongo en el medio! Es difícil de pronunciar.
Circinus Compás Circini El instrumento para dibujar círculos, no para encontrar el norte.
Columba Paloma Columbae Un animal merecidamente fuera del zodíaco. Acento en la u.
Coma Berenices Cabellera de Berenice Comae Berenices Coma es cabellera, por eso el signo de puntuación se llama así (es como un punto con melena). Berenices está en genitivo en el nombre básico, porque es la cabellera de Berenice. El nominativo es Berenice, como en español, o Berenica; súper irregular de la primera. Esta constelación tiene asociada una de las mejores historias, que además es cierta.
Corona Australis Corona austral Coronae Australis El adjetivo australis tiene en is tanto el nominativo como el genitivo.
Corona Borealis Corona boreal Coronae Borealis Borealis no podía ser distinto de australis.
Corvus Cuervo Corvi Gloriosa ave azulgrana.
Crater Copa Crateris De la tercera. Literalmente significa cuenco, que le da el nombre a lo que hoy llamamos cráter (volcánico o de impacto). Pero siempre se la representa como una copa.
Crux Cruz del Sur Crucis Seguimos entregando irregulares de la tercera... En la pronuciación clásica, habría que decir crukis, pero si no querés que te miren raro, decí crucis nomás.
Cygnus Cisne Cygni Una palabra latina con y griega. Raro, que no haya una palabra latina para un ave que en Europa es común.
Delphinus Delfín Delphini Otra ph donde nosotros usamos la efe.
Dorado Dorado Doradus Genitivo en us, es de la cuarta. El nominativo en o es raro, pero no es una palabra antigua. Es una constelación moderna, un pez dorado. No está muy claro cuál, así que podemos decretar que es el del río Paraná.
Draco Dragón Draconis Esta tiene nominativo en o, pero es (irregular) de la tercera.
Equuleus Caballito Equulei Caballito (o caballete, o potrillo).
Eridanus Erídano Eridani El nombre de varios ríos. Probablemente sea el Po, donde navegaron los argonautas.
Fornax Horno Fornacis Femenino raro de la tercera, con un nominativo irregular. Es el horno de los alquimistas (pero significa horno en general).
Gemini Gemelos Geminorum Gemelos, plural de la segunda. La palabra no tiene singular. En latín no se puede decir "el mellizo", como se le dice a Guillermo Barros Schelotto, por ejemplo.
Grus Grulla Gruis Ya perdí la cuenta de los nominativos diferentes de la tercera.
Hercules Hércules Herculis El héroe máximo de la mitología griega.
Horologium Reloj Horologii Neutro de la segunda.
Hydra Hidra Hydrae El monstruo del mito de Hércules.
Hydrus Hidra macho Hydri Hydrus, Hydruntis, femenino de la tercera, es la ciudad de Otranto, en Italia. Hydrus, hydri, masculino de la segunda, es una serpiente de agua.
Indus Indio Indi Un indio americano, genérico.
Lacerta Lagarto Lacertae O lagartija.
Leo León Leonis A diferencia de los perros, el león mayor es Leo a secas.
Leo Minor León menor Leonis Minoris Pero el menor es minor.
Lepus Liebre Leporis Que no te engañe la terminación en us, es de la tercera. Animal masculino, en latín.
Libra Balanza Librae Balanza, pero también es la unidad de peso, como la que siguen usando en algunos países.
Lupus Lobo Lupi Esta es en us, pero de la segunda a pesar de su parecido con la liebre.
Lynx Lince Lyncis ¿Como fornax, no? De la tercera.
Lyra Lira Lyrae El instrumento musical, no la moneda.
Mensa Cerro Mesa Mensae Literalmente: mesa. Pero es el cerro de cima chata cerca de Ciudad del Cabo.
Microscopium Microscopio Microscopii Neutro de la segunda, genitivo en doble i, una belleza.
Monoceros Unicornio Monocerotis De la tercera con nominativo en os. Suena bien griego, sobre todo si decimos monokéros.
Musca Mosca Muscae Sí, hay una mosca. ¿Era necesario?
Norma Escuadra Normae La escuadra de dibujar.
Octans Octante Octantis El instrumento astronómico. Otra palabra rara de la tercera.
Ophiuchus Ofiuco Ophiuchi Masculino regular de la segunda. Literalmente, del griego "el que sostiene la serpiente". Para los griegos era Apollo sosteniendo una serpiente. Se pronuncia ofiukus, ofiuki.
Orion Orión Orionis El cazador mitológico, no el arquero. Una más de la tercera.
Pavo Pavo Pavonis De la tercera. Es un pavo real.
Pegasus Pegaso Pegasi Un caballo volador, qué buena idea. Belerofonte lo domó.
Perseus Perseo Persei Regular de la segunda. Otro gran héroe.
Phoenix Ave Fénix Phoenicis De la tercera.
Pictor Caballete del Pintor Pictoris Masculino de la tercera, significa pintor. Pero originalmente era el caballete del pintor. El caballete (equuleus) quedó por otro lado, pero no sé si es el mismo.
Pisces Peces Piscium Es plural: pisces, piscium. En castellano decimos Piscis, que es la forma singular. Tiene una muy buena historia.
Piscis Austrinus Pez austral Piscis Austrini Acá está el singular, con nominativo igual al genitivo de la tercera. Es una constelación bastante austral, pero que los griegos antiguos podían ver por la precesión de los equinoccios, así que posiblemente sea un pez asociado al aguatero Aquairus, que lo tiene a sus pies.
Puppis Popa Puppis De la tercera, con nominativo igual al genitivo. Es la popa del Argo.
Pyxis Brújula Pyxidis Femenino irregular de la tercera. Significa frasquito o algo así, pero representa la brújula magnética del Argo.
Reticulum Retículo Reticuli Neutro regular de la segunda. Es uno de los pocos objetos reales en el cielo: es el retículo de un ocular de Lacaille.
Sagitta Flecha Sagittae Era una flecha también para los griegos, con otro nombre; tal vez una de las de Hércules. Se pronuncia saguíta, con ge suave, y lo mismo la que sigue.
Sagittarius Sagitario Sagittarii Masculino de la segunda. Significa arquero (el que lanza flechas, no el que ataja), y está asociado a un centauro desde tiempos babilónicos.
Scorpius Escorpión Scorpii El animal que mató a Orión.
Sculptor Escultor Sculptoris Masculino de la tercera.
Scutum Escudo Scuti Neutro de la segunda, designa el arma defensiva. También representa un objeto real: el escudo que usó el Rey Jan Sobieski en la decisiva batalla de Viena contra los turcos en 1683.
Serpens Serpiente Serpentis La serpiente que sostiene Ofiuco, mitad de un lado, mitad del otro: Serpens caput y Serpens cauda (con genitivos Serpentis capitis y caudae, pero nunca vi estas formas). ¡Yo tenía un mapa que traducía Serpens caput como "Serpiente muerta"!
Sextans Sextante Sextantis Instrumento astronómico que perteneció a Hevelius y su señora, y que se perdió en un incendio.
Taurus Toro Tauri Masculino de la segunda. Animal masculino emblemático para muchos pueblos mediterráneos.
Telescopium Telescopio Telescopii Neutro de la segunda, con esa doble i característica del latín.
Triangulum Triángulo Trianguli También neutro de la segunda. Para los griegos, era la letra delta mayúscula. Es un triángulo isósceles.
Triangulum Australe Triángulo austral Trianguli Australis Neutro de la segunda, pero con adjetivo. Mucho más equilátero que el boreal.
Tucana Tucán Tucanae El ave, femenino de la primera vaya uno a saber por qué.
Ursa Maior Osa mayor Ursae Maioris Otro animal duplicado, grande y chico. Esta vez, femenino de la primera.
Ursa Minor Osa menor Ursae Minoris La osita u osezna.
Vela Velas Velorum No engañarse: vela no es femenino singular de la primera, ¡es neutro plural de la segunda! Lo delata el genitivo, típico plural del latín. Son las velas del barco Argo.
Virgo Virgen Virginis De la tercera, masculino y femenino son iguales. Representa una doncella que sostiene una espiga de trigo (la estrella Spica), así que posiblemente sea la diosa de la agricultura, Ceres o Démeter.
Volans Pez Volador Volantis De la tercera, irregular. Es el adjetivo "volador". Perdió el sustantivo en el camino (como "la térmica"). Dicen que era un pez.
Vulpecula Zorrita Vulpeculae Una cachorrita. Pero puede ser machito también. El sustantivo de base es vulpes, femenino, que es el nombre genérico del animal en latín.

Muchas de estas constelaciones son antiguas, algunas anteriores a los griegos. Las hemos recibido a través del catálogo de Ptolomeo. Las modernas son mayormente del holandés Petrus Plancius, el francés Nicolás de Lacaille, el polaco Johannes Hevelius, y el propio Bayer (quien incorporó en la Uranometria constelaciones creadas por los holandeses Pieter Keyser y Frederick de Houtman). La sistematización definitiva actual es de principios del siglo XX, debida a Henry Norris Russell, emprolijada por la Unión Astronómica Internacional.

Además del nominativo y el genitivo existen en latín el vocativo, el acusativo, el dativo y el ablativo, que por suerte no cumplen ningún rol en la astronomía. El acusativo es el caso base, a partir del cual se forman los demás y también las palabras derivadas, por eso en las notas señalé los nominativos irregulares; en esos casos, el genitivo se deriva regularmente del acusativo. 



Antes de que algún filólogo me salte al cuello, aclaro que el genitivo no es exactamente el posesivo, ya que las construcciones que hacemos en castellano con la preposición de no indican necesariamente la posesión. Puede ser la composición ("empanada de carne") o alguna otra relación ("barco de vela", "cine de terror"). En el caso de las constelaciones es posesivo, y así se entiende sin tecnicismos gramaticales que no vienen al caso.